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Tercios Españoles: Defensores de la Monarquía Hispánica


Los Tercios de Flandes

Los Tercios de Flandes fueron un ejército formidable, cuyo legado resuena en los anales de la historia militar. Estos valientes guerreros, orgullosos y leales, desempeñaron un papel crucial en la defensa de la Monarquía Hispánica en las 17 provincias que componían los Países Bajos bajo la bandera del imperio español. Desde 1534 hasta 1713, estos soldados, provenientes de diversos países, protegieron un territorio que se redujo con el paso de las décadas debido a las numerosas guerras que España libraba en Europa.

El Origen de los Tercios de Flandes

Oficialmente, los tercios fueron creados por Carlos I tras una reforma militar en octubre de 1536. Aunque ya en la época de los Reyes Católicos existían tropas inspiradas en los piqueros suizos, los primeros Tercios, asentados en Italia (Nápoles, Sicilia y Lombardía), se conocieron como Tercios Viejos. Posteriormente, surgieron los Tercios Nuevos, incluyendo los famosos Tercios de Flandes.

Características de los Tercios

Los Tercios de Flandes eran una fuerza de infantería formidable. Sus armas favoritas eran las picas, los arcabuces y los mosquetes. Su uniforme variaba según el país de origen de los soldados, pero todos compartían un orgullo y una lealtad inquebrantables hacia la Monarquía Hispánica. Pertenecer a este cuerpo de infantería se consideraba un honor y un privilegio que trascendía toda la vida del soldado.

Organización y Técnica Militar

Los Tercios se inspiraban en los legionarios romanos. A diferencia de las levas medievales, estos no estaban formados por reclutas temporales, sino por soldados profesionales y voluntarios que servían permanentemente al Imperio español. Las unidades militares de los Tercios se distribuían según las necesidades militares en todo el territorio del imperio. A mediados del siglo XVII, muchos nobles financiaban compañías de su propio bolsillo, convirtiéndose en sus propietarios. 

 

Tercio de Flandes

Leyenda y Legado

Los Tercios de Flandes marcaron un hito en la historia militar. Su combinación de armas blancas y de fuego los hacía casi invencibles en el campo de batalla durante más de un siglo. Sin embargo, no todo fue gloria. La Leyenda Negra también los persiguió, difamando su reputación. A pesar de ello, su legado perdura como un ejemplo de valentía, lealtad y sacrificio en defensa de la Monarquía Hispánica.

En resumen, los Tercios de Flandes fueron más que simples soldados; fueron los guardianes de un imperio y los amos de la guerra en la Europa moderna. Su historia, llena de hazañas y sacrificios, sigue inspirando a generaciones posteriores.

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Los Samuráis Japoneses

Los Samuráis JaponesesLa palabra samurái, generalmente es utilizada para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, si bien su verdadero significado es el de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años.

El origen del samurái se data en el siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país.

Aunque no existe certeza del origen exacto de la palabra samurai (侍, 'samurai'?), la mayoría de los historiadores concuerdan en que tiene su origen en una variación del verbo, en japonés antiguo, saburau que significa «servir», por lo que el término derivado saburai se convierte en «aquellos que sirven»

Los Samuráis JaponesesLos términos bushi y samurai han sido utilizados como sinónimos, pero la diferencia radica en que la palabra bushi significa sencillamente «guerrero» sin importar la posición o jerarquía, mientras que la palabra samurái se refiere a los miembros de una élite militar.

Armadura e indumentaria
Las primeras armaduras, encontradas mediante excavaciones en los kofun, recibieron nombre de tankō.

Armadura e indumentariaEran fabricadas en hierro macizo, las planchas de blindaje se sujetaban unas a otras con correas de cuero y estaban específicamente diseñadas para ser usadas de pie. Para proteger la parte baja del cuerpo, los guerreros llevaban una falda acampanada llamada kusazuri.

Debido a que si la armadura era hecha completamente de hierro tenía un peso considerable, sólo se empleaban piezas de ese metal en las zonas donde se requería de más protección y en el resto de la armadura se alternaban piezas de hierro con cuero.

Armas de los Samuráis
Armas de los SamuráisEl nihontō, conocido más comúnmente en occidente como katana, es el arma más estrechamente relacionada con el samurái e incluso se le llegó a considerar durante el periodo Edo como «el alma del samurái». Un samurái nunca abandonaba su espada, aun en tiempos de paz. El mejor regalo que podía recibir un samurái de parte de su daimyō era una espada forjada por un célebre maestro. No obstante, cabe resaltar que durante la mayor parte de la historia japonesa, las principales armas fueron el arco y la lanza. No fue sino hasta que terminaron las guerras que la espada adquirió la fama que tiene actualmente.

Las primeras espadas utilizadas por soldados yamato eran rectas, algunas con empuñadura en forma de bulbo y eran conocidas como «espada con cabeza de mazo». Algunas otras, como las llamadas «espadas coreanas», tenían empuñadura en forma de argolla terminando con el aspecto de la silueta de algún animal. Estas armas medían 90 centímetros en promedio.

Armas de los SamuráisLa tachi fue la clásica espada samurái y colgaba con la hoja hacia abajo. Este tipo de espada tenía que ser desenfundada con ambas manos, por lo que se tenía que dejar el arco para utilizarla. Más tarde se logró desarrollar la katana, la cual, junto con el wakizashi, eran conocidas como daishō («grande y pequeña»). Cuando un samurái portaba su armadura completa, la katana colgaba con la hoja hacia abajo y el wakizashi era a veces reemplazado por un tantō, el cual llegó a ser considerado como una de las armas más importantes en el campo de batalla. Se decía que una buena espada debía ser capaz de dos cosas: cortar siete cuerpos apilados uno encima del otro y estar lo suficientemente afilada como para que al sumergirla en el agua pudiera cortar un nenúfar que flotara en la superficie.

La fuerza impresionante de la katana se debía a su curvatura, que hacía posible que el corte producido pudiera incluso seccionar el hueso del oponente. Ya que se la debía de empuñar con ambas manos, el portador de la espada se tenía que colocar en ángulo recto con respecto al enemigo.

Los samuráis no utilizaban ningún escudo para su protección, dado que la katana era un arma defensiva y ofensiva al mismo tiempo. Debido a su gran resistencia, podía golpear el arma del oponente para desviar el ataque y acto seguido asestar un golpe mortal. Debido a todas éstas características, no es exageración que muchos historiadores afirmen que la katana es muy superior a las espadas diseñadas por otras culturas.

Armas de los SamuráisOtro tipo de espada desarrollada fue la nodachi, conocida como «espada de campaña». Ésta contaba con una hoja extra larga y apareció a comienzos del siglo XVI. Existen escasos registros de que esta arma fuera usada efectivamente en el campo de batalla, ya que, debido a su gran peso, el portador debía de tener una gran fuerza física para esgrimirla de pie, más aún si se portaba mientras se cabalgaba. La mayoría de los registros documentan que este tipo de espadas fueron creadas con la finalidad de servir como ofrendas a santuarios y templos.

Armas de los SamuráisEl naginata (un tipo de espada larga) es el arma más citada en las crónicas samurái. Constaba de una hoja curva montada sobre un mango de madera y su aspecto de asemejaba al de las alabardas chinas.

La naginata era un arma sumamente versátil, ya que con ella se podía golpear, apuñalar o acuchillar al enemigo. Los sōhei, una clase de monjes guerreros, fueron reconocidos por el grado de especialización que alcanzaron esgrimiéndola.

Otra arma muy recurrente fue la yari, una especie de lanza japonesa que apareció como el arma utilizada por las tropas de infantería durante el siglo XV. Un tipo de yari, conocida como mochi yari, pasó también a formar parte del arsenal de los samuráis.


Armas arrojadizas
Durante la mayor parte de la historia de los samuráis, el arco japonés (llamado yumi) fue su arma preferida y sólo se solía recurrir a la espada al descender del caballo y entablar combate cuerpo a cuerpo. Los samuráis solían ser expertos en el kyūba no michi «camino del arco y el caballo». Los arcos utilizados en aquella época se asemejan en gran medida a los que se utilizan actualmente en el kyūdō.

El arco tenía que ser levantado a la altura de la cabeza del jinete para poder disparar adecuadamente. La práctica del caballo y el arco dieron lugar al yabusame, el cual es practicado hasta nuestros días.

La técnica del uso del arco a caballo necesitaba de mucha práctica, ya que sólo se podía disparar por el lado izquierdo del jinete y se contaba con un ángulo de disparo de 45º. Esto se complicaba en mayor medida si el jinete portaba una armadura. Durante el periodo Sengoku el tiro con arco se combinó con el uso de arcabuceros ashigaru.

Durante 1510, los samuráis conocieron el cañón de metal y en ese mismo año, Hōjō Ujimasa compró una pistola china. Para 1548, durante la Batalla de Uedahara, se registró el uso de armas de fuego, con lo que de una forma u otra su uso se había extendido entre los distintos clanes.

En 1543, comerciantes portugueses arribaron a Japón buscando un intercambio comercial. Entre los artículos que intercambiaron estuvieron los arcabuces europeos. A partir de 1549, diversos artesanos desarrollaron la técnica necesaria para reproducir estas armas y comenzaron a fabricar arcabuces japoneses llamados Teppō (鉄砲, 'Teppō'? lit. «cañón de acero»). Para 1553 el ejército de Oda Nobunaga ya contaba con 500 arcabuceros, los cuales darían muestras de su efectividad con las tácticas adecuadas como disparos circulares utilizados en la batalla de Nagashino.

Japón buscando un intercambio comercialAunque muchos samuráis se opusieron a su implementación debido a que con estas nuevas condiciones cualquier soldado estaba en posición de matar de un solo tiro a un entrenado y diestro maestro de las artes marciales (aun si fuera un humilde ashigaru), su implementación se propagó por todo el país y se volvió un elemento típico en los conflictos bélicos.

Cabe destacar que el uso de grandes cañones no se difundió ni causó el mismo impacto emocional que se vivió con los resultados de las armas de fuego. Existen diversos registros que mencionan el uso de pequeños cañones que se obtuvieron de barcos europeos adaptados para su uso en el campo de batalla. Sin embargo, debido a que las tácticas de guerra no consistían en el derribo de fortalezas, sino más bien en el asedio y la lucha a campo abierto, no se desarrollaron técnicas para producir cañones de grandes dimensiones.

Técnicas de combate
samuráis Técnicas de combate Durante la existencia de los samuráis, reinaron dos tipos opuestos de organización. El primer tipo eran ejércitos basados en reclutas: al inicio, durante el periodo Nara, los ejércitos samuráis se basaron en ejércitos de reclutas del tipo chino y hacia el final en unidades de infantería compuestas por ashigaru. El segundo tipo de organización era el de samurái a caballo que luchaba individualmente o en pequeños grupos.

Al inicio de la contienda se disparaban una serie de flechas con cabeza de bulbo, las cuales zumbaban en el aire. El objeto de estos disparos era llamar a los kami a que presenciaran las muestras de valentía que estaban a punto de desarrollarse. Después de un breve intercambio de flechas entre uno y otro bando, se desarrollaba una contienda llamada ikkiuchi, donde grandes rivales de uno y otro lado se enfrentaban.

Técnicas de combate En este tipo de duelos influían mucho aspectos como el rango, el nombre, la posición dentro del ejército, etc. Después de estos combates individuales, se daba paso a los combates mayores, generalmente enviando tropas de infantería lideradas por samuráis a caballo. Al comienzo de las batallas samurái, era todo un honor ser el primero en entrar en batalla.

Esto cambió en el periodo Sengoku con la introducción del arcabuz. Al comienzo del uso de las armas de fuego, la metodología del combate era la siguiente: al inicio se hacía un intercambio de disparos de arcabuz a una distancia de 100 metros aproximadamente; cuando se encontraba el momento oportuno se ordenaba que avanzaran los lanceros ashigaru y finalmente los samuráis atacarían, ya fuera a pie o a caballo.


Técnicas de combate
El jefe del ejército solía estar sentado en una silla de tijera dentro de una tienda semi abierta llamada maku, que exhibía su respectivo mon. Como muestra del simbolismo tan fuerte que esto representaba, otra forma de llamar al shogunato instituido por Minamoto Yoritomo era el término bakufu, que significaba «gobierno desde la maku».

En medio de la contienda, algunos samuráis decidían bajar del caballo y buscar cortar la cabeza de un rival digno. Este acto era considerado todo un honor. Además, mediante el mismo ganaban respeto entre la clase militar. Después de la batalla, los samuráis de alto rango celebraban normalmente la ceremonia del té, y el general victorioso pasaba revista a las cabezas de los miembros más importantes del enemigo que habían sido cortadas.

de combate Es importante hacer notar que la mayoría de las batallas no se resolvieron de la forma tan idealista antes expuesta, sino que la mayoría de las guerras se ganaron mediante ataques sorpresas, como incursiones nocturnas, incendios, etc. El reconocido samurái Minamoto no Tamemoto aseguraba:

De acuerdo con mi experiencia, no hay nada más ventajoso a la hora de machacar al enemigo que un ataque nocturno[...]. Si prendemos fuego a tres de los lados y cerramos el paso por el cuarto, quienes huyan de las llamas serán derribados por flechas, y quienes busquen escapar de éstas no podrán huir de las llamas.
Minamoto Tamemoto.

Foto(s): kamikasineo | globalcitizen01 | colodio
Fuente(s): wikipedia

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Documental: La Última Batalla de los 300 Espartanos


Documental: La Última Batalla de los 300 Espartanos
Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno por parte de un pequeño grupo de combatientes.


Asimismo, el comportamiento de los defensores se ha utilizado como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicadores de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.

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Las Hoplitas Griegos

Las Hoplitas GriegosEl hoplita era un ciudadano-soldado de las ciudades estado de la Antigua Grecia. Era un soldado de infantería pesada, en contraposición al gimneta (griego antiguo γυμνής, gumnếs) y al psilós (griego antiguo ψιλός), soldados de infantería ligera.


Estos soldados aparecieron probablemente a finales del siglo VII a. C. Formaban parte de una milicia ciudadana, armada como lanceros. Éstos eran relativamente fáciles de armar y mantener, y además podían pagar el coste del armamento. Casi todos los griegos conocidos de la Antigüedad clásica lucharon como hoplitas, incluso filósofos y dramaturgos.

Las Hoplitas GriegosDesde la formación de los hoplitas como milicia, no recibieron permanentes ataques y las campañas eran cortas. La excepción de esto eran los guerreros espartanos, que eran soldados especializados, y que tenían en sus estados tierras asignadas a las clases bajas que eran quienes se encargaban de ellas.

Los ejércitos marchaban directamente hacia su objetivo. Allí, los defensores podían esconderse tras las murallas de la ciudad; en ese caso los atacantes debían contentarse con hacer estragos en el campo, aunque los primeros también podían decidir encontrarse con ellos en el campo de batalla. Las batallas entonces tendían a ser decisivas. Eran cortas, sangrientas y brutales, por lo que se necesitaba un alto grado de disciplina.

Las Hoplitas GriegosAmbas fuerzas se alineaban en una llanura, con una formación rectangular aproximada, alrededor de ocho filas, aunque esto variaba. Otras fuerzas eran menos importantes; como los hippeis (caballería), que se situaban en los flancos, y tanto la infantería ligera como las tropas que lanzaban proyectiles eran insignificantes. Los hoplitas más conocidos eran los hoplitas espartanos, que eran entrenados desde su niñez en el combate y en la guerra, para convertirlos en una fuerza de ataque superior y excepcionalmente disciplinada.


Equipamiento
Las HoplitasLos hoplitas se armaban generalmente poco antes de la batalla, pues su armamento era muy pesado: el peso total de la armadura hoplita estaba entre los 22 y los 27 kilogramos. Cada hombre se hacía con su propio equipo que no era uniforme en el ejército.

Como resultado de la no existencia de un equipo común, a menudo las tropas amigas no se reconocían. Típicamente, un hoplita tenía una coraza de bronce que reproducía la forma de los músculos del torso, las cnémidas (griego antiguo knêmis) para protección de las tibias, un casco (κράνος, krános) de bronce con protecciones para las mejillas, más un escudo de forma circular llamado aspis, que medía un metro de diámetro. También se le puede llamar hoplon.

GriegoEl aspis era un escudo hecho de madera o de bronce. Era muy pesado (de 8 a 38 kg) y cubría desde el mentón hasta la rodilla. En la cultura militar espartana, que un soldado tirara el aspis era inadmisible. Se decía «Vuelve a casa con este escudo o sobre él».

Cada griego hoplita tenía una armadura diferente, hecha a medida, y en el escudo colocaba los símbolos de su familia. Por el contrario, los espartanos tenían el mismo uniforme y la letra griega lambda (Λ) en sus escudos, en referencia a su tierra de origen, Lacedemonia (Esparta). Cada espartano llevaba una capa escarlata, presentándose como espartano, aunque esta capa nunca se llevaba en combate. El diseño de los cascos solía variar con el tiempo:

* El casco corintio era el casco estándar, y era el que tenía más éxito. Entre los espartanos, éste estaba reservado para los líderes y jefes de filas, mientras que en otras ciudades ocurría lo contrario.

Las Hoplitas Griegos* El casco tracio tenía una gran visera en la frente, que además protegía la cara. Todos los cascos estaban hechos de bronce.

* La linotorax, utilizada desde época micénica y por otros pueblos también, era un modelo más ligero, cómodo y flexible que la coraza de bronce, aunque ofrecía menor protección. Estaba fabricada por varias capas de lino, entre unas quince o veinte, encoladas entre sí y las endurecían sumergiéndolas en vinagre y sal. Podían ser reforzadas para otorgar mayor protección frente a ataques punzantes con escamas de bronce o láminas cuadradas no superpuestas cosidas a la linotorax.

coraza HoplitaSolían disponerse estas escamas en la cintura, pero también se ponían en hombreras e incluso el pecho. En la parte de la nuca tenía un saliente que se prolongaba para otorgar mayor protección a esa parte, y de la cintura colgaban dos capas de tiras (pteryges) superpuestas unas encima de otras de manera que no dejaban huecos entre sí, protegiendo así el bajo vientre y muslos sin restar movilidad.

El arma primaria era la lanza de alrededor de 2,7 m de largo llamada doru (δόρυ, dóry). Los hoplitas también llevaban una espada corta llamada xifos (ξίφος, xíphos). La espada corta era un arma secundaria, para después de que la lanza quebrase. También, si el enemigo se retiraba, tiraban la espada y el escudo, y después le perseguían. Protegían sus piernas con unas grebas, denominadas cnémidas (κνημῖδες, knêmĩdes) .Todas las armas y armaduras estaban hechas principalmente de bronce.

El equipamiento era muy costoso, así que sólo los ricos podían permitirse ser hoplitas. Los soldados, en ocasiones, heredaban el equipo de sus padres o abuelos. Si el soldado era lo suficientemente rico, podía comprar un caballo y servir en la caballería regular, llamada hippeis, o en la caballería preparada para las escaramuzas, llamada Hippakontistai (lanzadores de jabalina montados). En algunas ciudades estado, era obligatorio servir durante unos años como soldado.

Pero, desde luego, debían comprarse sus armas y su equipo. Después de los años de servicio, podía continuar su carrera militar o ganarse la vida con otra profesión. Pero en la cultura espartana, cada ciudadano tenía que ser un soldado, así que los hilotas hacían sus trabajos y cultivaban sus campos. A cada espartano le pertenecía una granja trabajada por hilotas. Cada soldado obtenía una pensión, al igual que beneficios y una paga.

Como contraste, cabe destacar a otra infantería contemporánea, que solía llevar una armadura más ligera y lanzas más cortas, jabalinas o arcos. El escudo mediano del hoplita permitía ser apoyado en el hombro. En formación, los escudos eran superpuestos de manera que defendiesen el lado izquierdo de su dueño, y el derecho del vecino. Es un tema de discusión para los historiadores si los hoplitas usaban la lanza por debajo o por encima del brazo.

Tácticas
La fuerza de los hoplitas estaba en el combate sorpresa. Los dos ejércitos chocaban con la esperanza de romper o rodear la línea enemiga. De no ser posible esto, la batalla se convertía en una serie de empujones, con la retaguardia intentando que la vanguardia penetrase en la línea enemiga. Esta maniobra era conocida como el othismos. Las batallas raramente duraban más de una hora.

Una vez que una de las líneas se rompía, los vencidos escapaban del campo, seguidos por la caballería o los peltastas. Si un hoplita escapaba, en ocasiones se le obligaba a dejar su voluminoso aspis, y caía en desgracia para su familia y amigos. Las bajas eran leves comparadas con las batallas más cercanas a nosotros y raramente superaban el cinco por ciento en el bando perdedor, pero en estas bajas solían estar los ciudadanos más importantes y los generales que lideraban la vanguardia.

Por ello, toda la guerra podía ser decidida en una sola batalla; la victoria se reforzaba con el rescate pagado a los vencedores por los vencidos, llamado "la costumbre griega". Los espartanos nunca huirían de la batalla, por el contrario, luchaban hasta la muerte.

Un hoplita en formación estaba protegido por la mitad derecha de su escudo (llevado en su brazo izquierdo) y por la mitad izquierda del escudo del hombre a su derecha. Por lo tanto, el hombre del extremo derecho de la falange estaba solo protegido a medias. En la batalla, las falanges opuestas explotarían su debilidad dirigiéndose al flanco derecho de su enemigo.

La formación del hoplita se llamaba la falange. Los soldados más fuertes estaban a la derecha. En una falange había una serie de filas, y los líderes de cada una de ellas se situaban en la parte derecha. Había un instructor veterano en la retaguardia manteniendo el orden. Hasta el siglo VIII a. C., los soldados luchaban "por libre", por lo que las batallas se basaban en el heroísmo. La clave de la batalla estaba en golpearlos con el hoplon de los hoplitas y apuñalar al enemigo en la cara y en el torso.

La principal debilidad de las tácticas era el limitado uso combinado de las armas, con arqueros o tropas ligeras usados escasamente. Los ilotas acompañaban normalmente a los espartanos en la batalla, montando los campamentos o haciendo tareas para los espartanos. Las formaciones y las tácticas variaban en el tiempo y en las ciudades.

Uno de los primeros problemas con la formación de los hoplitas era la incapacidad de marchar recto cuando entraban en combate. Esto estaba causado por la tendencia normal de los soldados de acercarse lo máximo al vecino (y por lo tanto a su escudo) para estar bien protegidos. Esto lo cuenta Epaminondas de Tebas a principios del siglo IV a. C. La innovación fue entrenar a los hoplitas para que marchasen en diagonal. Antes de eso, sólo los espartanos habían conseguido marchar en línea recta, pero gracias a intensos años de disciplina y entrenamiento.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Hoplita

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Documental: Los Caballeros Templarios

Los Caballeros TemplariosLa Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (en latín, Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici), comúnmente conocida como los Caballeros Templarios o la Orden del Temple (en francés, Ordre du Temple o Templiers) fue una de las más famosas órdenes militares cristianas.

Esta organización se mantuvo activa durante poco menos de dos siglos. Fue fundada en 1118 o 1119 por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payens tras la Primera Cruzada.

Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaron a Jerusalén tras su conquista. Fueron reconocidos por el Patriarca Latino de Jerusalén, Garmond de Picquigny, el cual les dio como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro.

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La Guardia Varega

La Guardia Vikinga varega era la guardia de élite personal de los emperadores bizantinos, de procedencia nórdica (durante los siglos X y XI) tras los acuerdos alcanzados entre el Príncipe Vladímir I de Kiev y Basilio II de Bizancio.


Entre la segunda mitad del siglo IX y la primera del X los vikingos fundaron varias colonias a lo largo del río Volga, desde las que organizaron numerosos ataques contra Constantinopla llegando incluso a saquearla en el año 860.

Un siglo más tarde, en el año 988, el rey Vladimiro I de Kiev, de origen vikingo, se alió con el emperador bizantino Basilio II y, a cambio de la mano de su hermana, le proporcionó un ejército de 6000 hombres.

Basilio, dada su bien fundada desconfianza hacia la cambiante lealtad de sus guardias nativos, y conociendo la profunda lealtad de los varegos, decidió emplearlos como guardia personal.

A esta nueva fuerza se la conoció como la Guardia Varega (Gr. Tagma ton Varangion, Τάγμα των Βαραγγίων) Con un hacha de doble filo, como arma principal (años después se adaptaron a la espada), su cometido era lucir uniformes y armas en ceremonias y festejos, además colaborar en la protección de la familia imperial, para luego ser el principal y más importante cuerpo con esta labor.

Características
El núcleo fundacional de la guardia estaba formado por vikingos varegos, también llamados 'rus', aunque con el tiempo se incluyó en ella a sajones, daneses y a otros hombres procedentes del norte.

La fuerza la integraban unos 6000 hombres entre los mejores pagados del ejército bizantino y existió durante 300 años.

El más renombrado de todos sus comandantes fue Harald III quien conquistó para los bizantinos territorios de África, Asia Menor y Bulgaria, además de Lombardía y Sicilia.

Posteriormente este comandante regresó a Noruega y se convirtió en Harald Haardrade quien murió tratando de conquistar Inglaterra, en la batalla de Stamford Bridge, con esa derrota terminó prácticamente la Era Vikinga.

Los mercenarios varegos, aparte de proteger al emperador, solían acompañarlo en la guerra.

Tenían fama de hombres hábiles y de grandes recursos, excelentes luchadores y, sobre todo, muy leales.

Los historiadores bizantinos (especialmente Miguel Psellos) los mencionan como «los portadores de hacha».

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Las Legiones Romanas


La legión romana era la unidad militar de infantería básica de la Antigua Roma. Consistía en un cuerpo de infantería pesada de unos 4.200 hombres, según el historiador antiguo Polibio, que más tarde alcanzaría entre los 5.200 y 6.000 soldados de infantería y 300 jinetes para completar un total de entre 6.000 y 6.300 efectivos, según nos cuenta Tito Livio. Las legiones tenían asignado un nombre y un número; se identificaron cerca de 50, pero nunca llegaron a existir tantas en un mismo momento de la historia de Roma. Usualmente había 28 legiones con sus auxiliares, y se reclutaban más según las necesidades y la situación en cada momento.

Es considerada la más efectiva unidad militar que ha pasado por los anales de la humanidad, ya que fue la máquina que impulsó el más poderoso imperio de la historia: el grandioso Imperio Romano, cuya fama e importancia le preceden y sigue siendo objetos de estudios por muchos.

Originalmente, en la época de los reyes, la legio englobaba al ejército romano en su totalidad, compuesta de ciudadanos romanos reclutados para las armas. En el campo de batalla formaba al estilo de la falange macedonia, una formación muy cerrada y consistente pero de escasa movilidad, en la que los soldados oponían un frente de picas al enemigo.

Nada cambió con el advenimiento de la República Romana, en la que la legio se subdividió en dos legiones separadas, cada una bajo el mando de uno de los dos cónsules. Los primeros años de la República se caracterizaron por las continuas invasiones del territorio romano que realizaban los vecinos de la Urbs. La formación de falange estaba totalmente adaptada para combatir en terreno llano, por lo que mientras Roma no salió del Lacio no se cambiaron las disposiciones tácticas de la Legión.

Fue durante las Guerras Samnitas (guerras intermitentes entre el 343 y el 290 a.C.) cuando las legiones se organizaron de un modo más formal, ya que se vieron obligadas a luchar en un terreno montañoso no apto para la falange. Fue también por entonces cuando las campañas empezaron a estar estratégicamente mejor planificadas y el ejército consular se dividió en dos legiones. Debido a esto se pasó del sistema de falange al sistema de manípulos y centurias, más flexible y apto para el terreno montañoso. Más tarde, tras la reforma de Cayo Mario, se adoptó el sistema de cohortes, formadas por unos 480 hombres divididos en tres manípulos de 160 soldados, pues cada manípulo estaba compuesto por dos centurias de 80 hombres.

Durante el Imperio (al menos desde el año 30 a. C. hasta el año 284 d. C.), la legión era comúnmente reforzada por tropas aliadas, los auxilia, compuestas por soldados que no eran ciudadanos romanos y cuyo propósito principal era apoyar a las legiones romanas en combate, compuestas en exclusiva por ciudadanos romanos. Estas tropas auxiliares eran reclutadas entre mercenarios o entre pueblos cuya habilidad bélica era bien conocida en el mundo antiguo, como los jinetes númidas o los honderos baleares. Su función era generalmente la de actuar como auxiliares de las tropas romanas, principalmente legionarios.

Durante los períodos finales de la República de Roma y la Roma Imperial, las legiones desempeñaron un rol político importante, al tiempo que se profesionalizaban completamente. Sus acciones podían asegurar el destino de un Emperador romano, o destruirlo. Un ejemplo es la caída de Vitelio en el Año de los cuatro emperadores, decidida en el momento en que las legiones del Danubio eligieron apoyar a Vespasiano. Cerca del siglo I a. C., la amenaza demagógica de las legiones quedó claramente identificada. Los gobernantes no podían alejarse de sus provincias con sus legiones. Cuando Julio César cruzó el río Rubicón para dejar sus provincias y trabarse en armas en Italia, se precipitó una crisis constitucional.

En la República, la existencia de las legiones fue efímera. Con excepción de las Legiones I a IV, que formaban el ejército consular (dos por cónsul), las otras unidades se reclutaban por campaña. El carácter permanente tuvo lugar fundamentalmente por cuestiones internas: en particular para garantizar su lealtad al Emperador, y no a sus generales. Durante el Imperio, la legión fue estandarizada, con símbolos y una historia individual, en donde los hombres servían con orgullo. Las legiones eran comandadas por un legado o legatus. Rondando los treinta años de edad, usualmente serían senadores por tres años.

Los subordinados inmediatos del legado serían seis tribunos militares elegidos: cinco oficiales regulares y el sexto, un noble representando al Senado. Había un grupo de oficiales prestando servicios médicos, ingenieros, cronistas y el praefecti castrorum (prefecto o comandante de campo), que había servido como primipilum, o primer centurión, siendo éste un personaje muy respetado. Por debajo del primipilo se hallaban los centuriones, que tenían como subordinado a un optio. Por debajo se hallaba la masa de legionarios, entre otros especialistas como sacerdotes y músicos.

A mediados de la República, las legiones se componían de las siguientes unidades:

Caballería o equites
Esta era originalmente la unidad más prestigiosa, donde los romanos jóvenes y saludables comenzaban a destacarse antes de iniciar sus carreras políticas. El equipamiento necesario era pagado por cada jinete, y consistía en un caballo, escudo redondo, casco, armadura corporal, espada y una o más jabalinas. La caballería era excedida en número en la legión.

En un total de cerca de 3.000 hombres, habría apenas unos 300 jinetes, divididos en 10 unidades de 30 hombres. Al mando de cada unidad se hallaba un decurión. A esta caballería pesada se sumaba una caballería ligera, que reclutaba ciudadanos más pobres y jóvenes de buena salud, pero sin la edad suficiente para entrar en la hastati o en la equites.

Infantería ligera o vélites
Los vélites eran básicamente lanzadores de jabalina y hostigadores en general, y no tenían una organización formal precisa o una función en el campo de batalla. Eran utilizados según la necesidad y provenían de los estratos económicamente más bajos de la sociedad.
Armas de un legionario. Se puede ver la espada corta (gladius) y el pílum.

Infantería pesada
Era la unidad principal de la legión. Se componía de ciudadanos legionarios que pudieran pagar el equipo compuesto de casco de bronce, escudo, armadura y lanza corta (pilum). El arma preferida era el gladius, un tipo de espada corta. La infantería pesada estaba subdividida de acuerdo a la experiencia de los legionarios en tres líneas separadas:

* Los hastati (sing. hastatus): eran los más jóvenes y formaban la línea delantera. Iban armados con dos pila de distintos pesos, para que una tuviera más alcance y la otra perforase los escudos. En el cuerpo a cuerpo, empleaban la espada. Como armadura era común el uso de placas de bronce sujetas con correas de cuero, que tapaban el corazón y parte del pecho. También utilizaban casco de bronce y el scutum (escudo largo romano).

* Los príncipes (sing. princeps): se trataba de hombres con edades rondando los 30 años, componían la segunda línea de la legión e iban armados al igual que los primeros, pero en lugar de la placa del pecho podían pagarse una coraza de cota de malla de anillos.

* Los triarii (sing. triarius): eran los soldados veteranos y alineados atrás, que sólo entraban en combate en situaciones extremas. A diferencia de los príncipes, en lugar de los pila manejaban una lanza larga, formando una sólida falange erizada de puntas de lanza que contuviera al enemigo.

Cada una de estas líneas estaba subdividida en manípulos, la menor subunidad del ejército, compuestas de dos centurias comandadas por el centurión mayor. La centuria como unidad de combate estaba formada por 80 hombres. Su nombre viene dado por ser la unidad que acompaña al centurión. Suele pensarse erróneamente que poseían 100 hombres porque se asocia centuria a ciento, y eso es totalmente equívoco. Cada centuria tenía su estandarte y estaba compuesta por diez unidades llamadas contubernia. En un contubernio había ocho soldados compartiendo tienda de cuatro plazas (los otros cuatro estarían siempre de guardia), piedra de moler, una mula y un caldero (dependiendo de la duración de la travesía).

En batalla, los manípulos estaban organizados comúnmente en una formación cuadriculada llamada quincux. Los manípulos de príncipes cubrían los espacios abiertos dejados por los hastati, siendo cubiertos los propios por los manípulos triarii.

Las reformas de Mario
La división de la infantería en secciones especializadas, hastati, príncipes y triarii, desaparecerá con la reforma de Cayo Mario, a finales del siglo II a. C. A partir de la reforma, la infantería legionaria constituye un cuerpo homogéneo de infantería pesada, sin distinciones por razón del armamento o la edad de los soldados, aunque pervivió de algún modo en la nomenclatura de los empleos de la oficialidad con fines de escalafón. Del mismo modo, se eliminó de la legión el contingente de vélites, que ya estaba totalmente en desuso: la infantería ligera de las legiones primitivas era muy poco efectiva, como se demostró una y otra vez durante las Guerras Púnicas, y fue sustituida por cuerpos especializados de "auxiliares", que en la época imperial procedían de levas entre los indígenas de las diversas provincias, agrupándose según su origen étnico y conservando su indumentaria y estilo peculiar de combate.

Esta reforma se debió a la necesidad de crear un nuevo contingente militar para defender el territorio romano tras las gravísimas derrotas sufridas en las guerras contra cimbrios y teutones, dos tribus germánicas que habían atravesado las fronteras romanas en el transcurso de su migración hacia la Galia, entre los años 106 y 105 a. C.

Estas derrotas, de proporciones catastróficas, junto con el progresivo desinterés por la milicia por parte de las clases sociales superiores, implicaban que la cantidad de hombres disponibles para combatir era demasiado exigua, y supusieron el paulatino abandono del concepto "ejército de ciudadanos" o ciudadano-soldado por parte de Roma. Mario instituyó un ejército profesional de nueva planta, reclutado entre las clases sociales inferiores, los infraclassem, hasta entonces exentos del servicio militar. A partir de este momento, el legionario es un soldado profesional, que recibe una paga por su servicio y la promesa de mejoras económicas una vez concluido.

Pero esto implicaba también un grave riesgo para la estabilidad de la República, ya que a partir de este momento los soldados con frecuencia depositaban su lealtad más en su comandante que en su metrópoli. Más aún cuando determinados generales armaban y financiaban legiones de su propio bolsillo (como hizo Cesar en la guerra de las Galias). De ahora en adelante, el ejército se convierte en un factor decisivo en la vida política romana, puesto que cualquier personaje que cuente con el apoyo de las legiones puede utilizarlas como herramienta para obtener el poder.

Desde entonces, las cohortes, de las cuales habría diez por legión, sustituyen a los manípulos como unidad táctica básica. Cada cohorte se compone de 6 centurias y es liderada por un centurión pilus prior. El centurión mayor de la legión es llamado primus pilus, un soldado de carrera y asesor del legado.

Las diez cohortes que integran la legión van numeradas, obviamente, del I al X, pero están organizadas jerárquicamente: la Cohorte I tiene el doble de soldados que las demás, generalmente la componen los más veteranos y se despliega en primera fila. Por el contrario, la cohorte X despliega en segunda fila y está compuesta por los soldados más bisoños. Este desdoblamiento de la primera cohorte podía en ocasiones extenderse a las demás, hablándose en este caso de cohortes miliarias. El desdoblamiento o duplicación de efectivos no se realizaba aumentando el número de centurias sino el de soldados, pasando cada centuria a tener unos efectivos teóricos de 160 hombres.

Por lo tanto, una legión normal se componía de alrededor de 6.000 hombres de armas, 300 jinetes y de un gran número de discípulos, sirvientes y esclavos. Las legiones que desplegaban 6.000 efectivos en batalla permanecieron inalterables hasta los tiempos de Diocleciano, en la que se redujo el número de soldados por unidad a unos 1000 para quitar poder a los comandantes. En ciertos periodos de la historia de Roma no se cumplieron estos estándares, por ejemplo: en ciertos períodos de la guerra civil, Julio César tenía sólo 3.500 hombres por legión, aproximadamente.

Por otra parte, desde la época de Julio César, las legiones incluían un tren de artillería bastante completo: cada centuria estaba equipada con una carroballista, una gran ballesta montada encima de un carro, y cada cohorte con una catapulta, lo que no sólo incrementaba la potencia de fuego de la legión en el combate a campo abierto, sino que servía también para la guerra de asedio.

Este pequeño ejército, capaz de batirse por sí solo en casi cualquier modalidad militar, arrastraba (especialmente en la época imperial) una gran cantidad de personal civil no directamente relacionado con la legión: comerciantes, prostitutas, "esposas" de legionarios (que no podían contraer matrimonio), que al establecerse en torno a los campamentos permanentes o semipermanentes acababan dando lugar a auténticas ciudades.

En principio, era requisito imprescindible para ser legionario el poseer la ciudadanía romana.
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Legiones y Campamentos Romanos

La legión romana era la unidad militar de infantería básica de la Antigua Roma. Consistía en un cuerpo de infantería pesada de unos 4.200 hombres, según el historiador antiguo Polibio, que más tarde alcanzaría entre los 5.200 y 6.000 soldados de infantería y 300 jinetes para completar un total de entre 6.000 y 6.300 efectivos, según nos cuenta Tito Livio. Las legiones tenían asignado un nombre y un número; se identificaron cerca de 50, pero nunca llegaron a existir tantas en un mismo momento de la historia de Roma. Usualmente había 28 legiones con sus auxiliares, y se reclutaban más según las necesidades y la situación en cada momento.

Es considerada la más efectiva unidad militar que ha pasado por los anales de la humanidad, ya que fue la máquina que impulsó el más poderoso imperio de la historia: el grandioso Imperio Romano, cuya fama e importancia le preceden y sigue siendo objetos de estudios por muchos.



Fuente(s): http://www.youtube.com/watch?v=ZFod8gp3jss&feature=autoplay&list=PLB67F7A53DE70649C&lf=plpp_video&playnext=2
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Lautaro

Lautaro, (n. Trehuaco, ca. 1534 – Peteroa, 1557) fue un destacado líder militar mapuche en la Guerra de Arauco durante la primera fase de la conquista española de Chile.

Lautaro, nacido en Los Horcones, al noreste de Arauco, hijo del lonco de la zona llamado Curiñancu (< mapudungun Kurüñamku, «aguilucho negro») vivió una vida normal hasta que en 1546 y teniendo alrededor de 11 años de edad, fue capturado por las huestes de Pedro de Valdivia en las inmediaciones de Concepción. Tras la captura se le hizo yanacona. Permaneció como prisionero de los españoles durante seis años, en los que llegó a ser paje personal de Valdivia. Como era difícil para los españoles el pronunciar su nombre original, se le dio el nombre de Felipe Lautaro, finalmente se le llama Lautaro.

Entre sus tareas habituales de paje estaba el cuidar de los caballos de Valdivia y debía acompañarlo siempre a batallas y ejercicios militares. Fue así que aprendió a no temer al caballo, aprendió a montar hasta hacerse un buen jinete. Además, observó las disposiciones de batalla de los españoles, aprendiendo de Valdivia sus tácticas militares.

Durante este período, hizo un cierto grado de amistad con uno de los capitanes de Valdivia, Marcos Veas, quien le enseñó el uso de algunas armas y tácticas de caballería. Esta práctica era habitual, ya que Lautaro en calidad de yanacona, debía servir como indio auxiliar en las batallas.

En 1550, durante la batalla de Andalién, el 22 de febrero, y la batalla de Penco, el 12 de marzo, Lautaro fue testigo de los escarmientos a los que Valdivia hizo someter a los derrotados mapuches, mutilando a los prisioneros y liberándolos después, como ejemplo para evitar futuras rebeliones; esto lo impactó profundamente.

Es probable que a raíz de estos hechos violentos hacia su pueblo, se engendrara en su interior una terrible decepción y rebelión en su ser respecto de Valdivia y los españoles. Evidentemente resolvió fugarse a la primera ocasión. En su pueblo fue declarado toqui (o según otros vice toqui), aunque finalmente él dirigio a los mapuches a una seguidilla de victorias, siendo sus tácticas de batalla las determinantes en el resultado de estas.

Fuga del campamento español
Después de aprender sobre táctica y estrategia militar española, se fugó en algún momento del año 1552 a caballo y además con la corneta de Pedro Godinez, el maestro de campo de Valdivia, regresando con su pueblo. La fuga del paje de Valdivia no pasó más allá para los españoles como un hecho casi habitual y no le persiguieron. Según se cuenta en el poema épico La Araucana, Lautaro se presentó ante los sorprendidos loncos presididos por Colo Colo y alguno de sus "capitanes": Paicaví, Lemo-Lemo, Lincoyán, Tucapel y Elicura.

Ya vencidos los naturales recelos, Lautaro demostró resueltamente sus naturales dotes de líder innato, le enseñó a su gente a perder el miedo a las cabalgaduras, aprendieron a montar y a utilizar el caballo como un ser entero, tomándolo como una extensión corpórea para combatir. Convocó a reuniones a campo abierto y les enseñó las artes militares y el uso de armas nuevas.

Así también diseñó una serie de tácticas militares: el uso de escuadrones, les propuso que había que dejar el ataque masivo y enfrentarlos en bloques o grupos sucesivos, la elección del terreno, las tácticas de emboscadas y de guerrillas. De esta manera, teniendo la autoridad de los loncos, fue elegido toqui, jefe máximo en estado de guerra y dirigió una gran sublevación militar contra los españoles, quienes hasta el momento se paseaban victoriosos en todo el ámbito entre el río Valdivia y el Biobío.

El liderazgo de Lautaro
Lautaro demostró tener condiciones innatas de líder, pronto además demostraría tener condiciones de estratega militar. Con un elocuente discurso, pronto su pueblo le respondió a sus exigencias y planteamientos, siguiéndole en su aventura militar. Enseñó a su pueblo, basándose en demostraciones propias, a luchar en escuadrones, aprovechando el terreno y usando formas defensivas contra las cargas de caballería.

Les enseñó que la retirada no era cobardía, sino una forma táctica de combate. Asimismo, inculcó el uso del toque de corneta, como elemento de obediencia táctica de los escuadrones, como hacían los españoles. Además creó un verdadero servicio de "investigaciones e inteligencia", utilizando hombres, mujeres y adolescentes.

A ellos se les brindaba una preparación profesional, por ejemplo en caracterizaciones: simulaban ser borrachos, locos, cristianos o traidores de su pueblo con el fin de trabajar como falsos colaboradores, sirvientes o esclavos de los españoles, simulando no entender el idioma español y así sacar información vital, además de difundir noticias o datos incorrectos sobre los posibles ataques del ejército mapuche; además realizaban entrenamientos de visibilidad nocturna, sometiendo al agente a vivir durante días sin ver la luz del sol, con el fin de que posteriormente en las noches, hiciera el trabajo de espionaje nocturno, viendo como si fuese de día; además se les enseñaba el exclusivo sistema de comunicación mediante el movimiento de ramas de árboles.

Lautaro eligió e instruyó a comandantes para las diversas secciones de su completo y jerarquizado ejército; Incluyendo a un toqui jefe del servicio de investigaciones, el cual supervisaba y daba cuenta de las acciones de su servicio. Físicamente, Lautaro era un joven no muy alto, más bien grueso, de unos ojos negros penetrantes, cuerpo robusto y rostro lleno. Anchas espaldas y torso levantado, de agradable apariencia. Vestía una camiseta colorada española, un bonete de cuero grana. La cabeza rapada era coronada con un copete que se dejaba como insignia de generalato; además portaba la simbólica Toki Kura, emblema de piedra que cuelga del cuello, además de la Clava que portaba en su mano, símbolos del jefe de guerra o Toki.

Emboscada y muerte del Gobernador Pedro de Valdivia
Lautaro sabía que las fuerzas bajo su mando, recién entrenadas, estaban ahora en una línea denominada "Línea interior", es decir, entre dos fuerzas, las del fuerte Purén por el sur y las de Concepción por el norte. Para ello elige neutralizar una de ellas y usa una estratagema: engaña a Gómez de Almagro en el fuerte Purén y se asegura de que sus tropas no se junten con la de Valdivia en el fuerte de Tucapel.

Lautaro captura un emisario y se entera de que Valdivia marcha hacia el sur y necesariamente tiene que pasar por Tucapel. En efecto, Valdivia a mediados de diciembre de 1553 sale de Concepción y se dirige a Quilacoya, donde toma algunos soldados en su marcha a Arauco, los espías mapuches siguen la columna desde las alturas de los cerros y no le presentan batalla, dejándole hacer su camino. Valdivia muestra extrañeza de no recibir alguna noticia del fuerte de Tucapel y que además no sea hostigado en el camino.

El día 24 del mismo mes, decide tomar rumbo a Tucapel, esperando encontrar a Gómez de Almagro en éste. La tranquilidad y los espóradicos avistamientos de indígenas a lo lejos le despiertan sospechas y envía en una avanzada a Luis de Bobadilla con cinco hombres para que exploren el camino y den información de la presencia del enemigo. No los vuelve a ver. Extrañado Valdivia de no tener más noticias de Bobadilla pernocta a media jornada del fuerte de Tucapel.

El día de Navidad de ese año, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el silencio absoluto reinante. Al arribar a la loma donde está el fuerte, lo encuentra totalmente destruido. No aparecían ni Gómez de Almagro ni Bobadilla por ningún lado. Valdivia aun así decide seguir y hacer campamento en las ruinas humeantes del fuerte. Cuando ya avanzaban los preparativos, de súbito el bosque se llenó de chivateos y sin más aviso una masa se precipitó hacia el enclave español.

Valdivia, experto militar, apenas pudo armar sus líneas defensivas y aguantar el primer choque, mientras la caballería cargaba sobre la retaguardia del enemigo. Los mapuches, previendo esta maniobra, habían dispuesto lanceros y contuvieron la carga. Con mucho valor y resolución los españoles lograron descomponer la carga mapuche, que volviéndose a los bosques se retiraron de la loma. Los españoles saborearon la victoria. Pero cual sería su sorpresa cuando apareció un nuevo escuadrón indígena presentándose al combate y de nuevo hubo que armar líneas y nuevamente dar carga con la caballería.

Los mapuches además de los lanceros llevaban hombres cargando mazas, boleadoras y lazos con los que lograban desmontar al jinete y asestarle un definitivo mazazo en la cabeza una vez en el suelo. Se repitió la misma escena, y al toque de un lejano cuerno el escuadrón se retiró, no sin dejar algunas bajas y un tercer escuadrón se presentó a la batalla; esta vez Lautaro estaba detrás. Valdivia, viendo desesperada la situación, dado el cansancio y las bajas, reunió a los hombres disponibles y se lanzó a la lucha que adquirió ribetes muy encarnizados: ya la mitad de los españoles yacían en el campo y los indios auxiliares mermaban.

En un momento de la lucha, Valdivia se dirige a quienes aún le rodean y les dice: "¿Caballeros qué haremos?". El capitán Altamirano responde: "¡Qué quiere vuestra señoría que hagamos si no que peleemos y muramos!". Valdivia, al ver perdida la batalla, dispuso la retirada pero el propio Lautaro cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer uno a uno sobre los españoles aislados. Sólo Valdivia y el clérigo Pozo, que montaban muy buenos caballos, lograron tomar camino de huida. Pero al cruzar unas ciénagas, los caballos se empantanaron y los indios les capturaron.

Se dice que durante su juicio ante los Lonkos, después de ser capturado en la batalla de Tucapel, un Cacique llamado Leucotón fue quien le dio muerte, propinándole un fuerte mazazo en la nuca, aunque es poco probable que este haya sido el fin del conquistador español ya que su cráneo fue usado como trofeo por más de 50 años.

Según otras versiones, Valdivia fue llevado al campo mapuche donde le dieron muerte después de tres días de atroces torturas. Primero le echaron tierra mezclada con polvo de oro en la boca y lo baquetearon como a un arcabuz, para que se hartara de aquello que con tanta inmisericordia buscaban los llegados desde allende los mares; después, en un acto de justicia por las mutilaciones y masacre a los indígenas que ordenó luego de la Batalla de Andalién, le hicieron cercenamientos similares a los realizados por el conquistador para escarmentar a los indios en aquella batalla.

El martirio continuó con la amputación de sus músculos en vida, usando afiladas conchas de almeja, y comiéndolos ligeramente asados delante de sus ojos. Finalmente extrajeron a carne viva su corazón para devorarlo entre los victoriosos toquis, mientras bebían chicha en su cráneo, que fue conservado como trofeo, actualmente estudios descartan este relato por ser parte de la típica acusación de canibalismo que hacen los europeos a culturas que desean conquistar.

El vencedor araucano arrasó luego sistemáticamente las ciudades españolas. Por dos veces saqueó e incendió Concepción, centro de los asentamientos españoles en el sur de Chile.

El despueble de Concepción en 1554
La derrota sufrida por Francisco de Villagra a manos de Lautaro causó pánico en la naciente población, quienes aterrorizados emprendieron el despueble de Concepción en procura de Santiago. Los pobladores de Concepción salvaron de ser exterminados gracias a que la masa victoriosa de Lautaro se entregó al "Admapu" y a botinajear lo dejado en el campo de batalla por los españoles (los antiguos cronistas españoles cifran en 30.000 a 100.000 guerreros mapuches aunque esto es seguramente una exageración).

Sin duda, esta fue la oportunidad dorada que perdió Lautaro de terminar con los deseos de conquista español, ya que no pudo convencer a sus huestes de pelear más y tuvo que dejarlos beber y profitar mientras a lo lejos se veía la columna de asustados pobladores alejarse de la ciudad, luego se dirige a San Juan. Los mapuches pasados el Admapu se dejaron caer sobre la desierta Concepción y luego de desvalijarla la redujeron a escombros humeantes. Se dice que fue entonces que dijo su famosa frase: “Yo soy Lautaro, que acabé con los españoles; yo soy el que los derroté en Tucapel y en la cuesta. Yo maté a Valdivia, y puse en huida a Villagrán. Yo les maté sus soldados; yo abracé la ciudad de Concepción.” La sobrepoblación en Santiago se hizo pesada para sus habitantes y pronto comprendieron los españoles que era necesario devolverlos a sus hogares en el sur.

Ataque a los Confines de Angol e intento de reconstruir Concepción
Desde abril hasta noviembre de 1554 no hubo mayor actividad de Lautaro, además las cosechas no se habían realizado por la guerra y la hambruna empezaba a aparecer entre su pueblo, a eso se le sumó las nuevas enfermedades traídas por el español, probablemente la fiebre tifoidea. En diciembre de ese año una avanzada española viniendo por tierra y mar empezó a recostruir Concepción. Lautaro reunió a su gente, formando un ejército de 4.000 guerreros (las cifras mas alcistas son de 50.000 a 100.000 hombres) y se dirigió primero a Angol, la cual fue abandonada por sus habitantes para ir a refugiarse a La Imperial. Los mapuches destruyeron Angol y esto envalentonó a las huestes de Lautaro quienes se volvieron hacia Concepción donde vencieron nuevamente a los españoles iniciándose el segundo despueble.

El período de 1554-1556
Durante dos años no se volvió a saber de españoles en la región. Mientras tanto, la situación del pueblo mapuche a raíz de la guerra y la sequía habían provocado una gran hambruna que hacía estragos entre los mapuches. Las cosechas se habían malogrado debido a una estación de fuerte sequía y aparecieron actos de canibalismo, primero se devoraron a sus prisioneros españoles y luego se canibalizaron entre ellos mismos, dándose incluso actos de autolaceración. Además el chavalongo, (probablemente tifus) una desconocida enfermedad traida por los españoles y desconocida en América, se asentó entre ellos haciendo disminuir la fuerza guerrera de Lautaro.

La campaña de fines de 1556
Lautaro, a pesar de la hambruna y el tifus logró acaudillar a más de 2.000 guerreros y con estos cruzó por primera vez el Biobío y siguió hacia el norte y empezó a reclutar gente entre los picunches, mucho más pacíficos que los mapuches. Lautaro mantenía una rígida disciplina en sus hombres pero dejaba que cometieran toda clase de tropelías contra aquellas comunidades indígenas que no se plegasen a su causa llegando hasta a quemar vivos a algunos naturales.

En Santiago se despachó con urgencia a Diego Cano y solo 14 hombres para averiguar la real situación del Maule.

Al acercarse al campamento de Lautaro, este ya a sabiendas por sus espías los dejaron acercarse para luego dejarse caer en el cruce de un río sobre ellos, aquí resultó muerto un español y los demás lograron huir. Lautaro hizo despellejar el cadáver español y mandó colocarlo en lo alto de un roble. En Santiago, cundió el pánico y se empezaron hacer defensas en la ciudad mientras aun se mantenía un litigio por la sucesión real de Valdivia.

La campaña en 1557
Pedro de Villagra, primo como Juan de Villagra de don Francisco de Villagra inició una campaña reuniendo 50 jinetes, doce arcabuceros y 300 yanaconas. Supo que Lautaro tenía cuartel en un pucará situado en Peteroa y pronto estuvo en las inmediaciones fortín mapuche, Lautaro lo atacó por la retaguardia, haciendo uso por primera vez de caballería mapuche armada como lanceros e hizo replegarse a Pedro de Villagra hacía un valle encajonado y envió emisarios hacia Santiago para pedir refuerzos. En el camino se encontraron con Diego Godinez que traía 30 jinetes los cuales por casualidad se toparon con 180 mapuches que iban camino a reunirse con su caudillo. Se trabó una furiosa batalla donde Godinez quedó tan mal herido que tuvo que retirarse.

Mientras tanto Lautaro cruzó el río Itata y reagrupó sus fuerzas en la orilla norte del río.

Hay un episodio dentro de esta época que narra una entrevista concertada a distancia, entre dos cerros, que ocurrió entre Lautaro y uno de los capitanes de Villagra, Marcos Veas, antiguo amigo de Lautaro en tiempos de Valdivia, en que este soldado español insta a Lautaro a deponer las armas ya que no se podría oponer por siempre al poderío español. Lautaro respondió rudamente a Veas fijando al Maule como frontera para los españoles y además pidiéndoles un tributo en caballos, mujeres y armas a cambio de no ser atacada la colonia. La oferta de Lautaro fue rechazada ipso facto por Veas y terminó la entrevista y la amistad.

Lautaro avanzó hacía el río Maule y una vez cruzado se enteró que Francisco de Villagra había salido de Santiago con un batallón punitario de 50 jinetes y 30 arcabuceros más un millar de yanaconas. Bien juzgando Lautaro que la capital quedaba desguarnecida avanzó hacia el norte, dejando pasar a Francisco de Villagra hacía el sur.

Para entonces Lautaro se había ensorbecido por sus victorias y su ascendiente sobre su pueblo se transformó en un dictador y volvió a cometer toda clase de tropelías en contra del pueblo picunche y los promaucahues ganándose numerosos enemigos, entre ellos un indio joven quien vio morir quemado delante de él a su padre, este indio que dejaría vivo sería su perdición. En el actual sector de Chillan, Lautaro sufrió la deserción de su gran aliado, un cacique llamado Chillicán quien no pudo soportar el grado de abusos de su caudillo y se alejó con sus huestes desistiendo de la empresa de Lautaro. Esta importante baja en sus fuerzas fue un duro golpe al orgullo de Lautaro y lo hizo desistir de avanzar hacia el norte en pos de Santiago y como estaba avanzado el otoño y sin alimentos prefirió retornar a regañadientes hacia Mataquito y reagruparse en Peteroa.

Muerte de Lautaro
Las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, quienes estaban al sur de las fuerzas araucanas fueron informadas en Reinohuelén por un indio (ya mencionado anteriormente) de que Lautaro acampaba en un fortín en el río Mataquito, al norte del pueblo del mismo nombre, en la falda de un cerro llamado Caune (actualmente llamado Caone) de difícil perfil, donde había un sendero denominado camino de Las Palmas, muy cerca del lugar llamado Peteroa.

Villagra tan pronto se dio cuenta de la información que tenía envió por la avanzada del capitán Godinez para que se reuniera con él en el pueblo de Mataquito. Reunidas las fuerzas, Villagra avanzó en la noche oculto hasta las inmediaciones viniendo por la orilla del río Mataquito. Las informaciones obtenidas por Lautaro le hacían suponer lejos al enemigo que había dejado al sur y por tanto descuidó la vigilancia del emplazamiento y no supo del acercamiento de Villagra y Godinez, ya sea por que los naturales de la zona no dieron la alarma o bien ocultaron la información. Además le fue informado que la noche anterior las huestes de Lautaro había estado embriagándose en una celebración, si la maniobra salía bien la sorpresa iba a ser total.

En el amanecer del jueves 1º de abril de 1557, Francisco de Villagra más su primo Juan de Villagra, Diego de Altamirano y 57 jinetes, cinco arcabuzeros y más de 400 yanaconas, si se compara, era una fuerza relativamente pequeña si se piensa que al menos eran 800 mapuches en el campamento. Villagra con mucha cautela hizo avanzar algunos yanaconas exploradores y estos volvieron diciendo que no habían centinelas, lo que le hizo predecir a Villagra que el campamento estaba en el más absoluto reposo.

Las huestes españolas se acercaron de amanecida al fortín subiendo por una serranía empinada y tendieron su línea de ataque, Villagra en voz baja dirigió unas palabras a sus acompañantes representándoles la responsabilidad del éxito y que la suerte de la colonia dependía de esta acción.

Villagra ya había organizado la forma de ataque cuando un trompeta impaciente tocó la señal antes de tiempo. De inmediato, los mapuches salieron a empuñar sus armas y Villagra gritaba -¡Santiago y cierra España, adelante!! estos sorprendieron a las huestes lautarinas totalmente, creándose el desconcierto y la huida. El lugar donde estaba Lautaro era conocido por los espías indígenas de Villagra, por tanto se dirigieron resueltamente a la ruca que albergaba a Lautaro quien estaba en compañía de su mujer Guacolda.

Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano y murió atravesado en la misma puerta de un lanzazo mientras que los suyos eran tomados por sorpresa y masacrados, los españoles jubilosos gritaron: -¡Aquí españoles que Lautaro es muerto!-(1557).

A pesar de la muerte del líder los mapuches dieron una valiente resistencia durando más de 5 horas de brega, en la que al final cayeron 663 indios y capitanes, logrando apenas escapar unos 130. Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.

Los españoles causaron más de 650 bajas mapuches, y los españoles perdieron a Juan de Villagra (primo de Francisco de Villagra) quien murió de un lanzazo en plena boca, además de todos los castellanos heridos, más 200 yanaconas heridos o muertos más muchos caballos. El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibió en la plaza de Armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/
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