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Los Lencas: Guardianes de la montaña

Los Lencas
En las tierras montañosas de lo que hoy conocemos como Honduras y El Salvador, floreció una civilización ancestral: los Lencas.

Estos valientes habitantes, arraigados en las colinas y valles, dejaron una huella indeleble en la historia mesoamericana. Acompáñame en un viaje a través del tiempo para descubrir los secretos y hazañas de los Lencas.

Orígenes y Territorio

Los Lencas se establecieron en los departamentos de La Paz, Intibucá y Lempira en Honduras, así como en partes de El Salvador. También se encontraban en menor número en Santa Bárbara, Comayagua, Francisco Morazán y Valle. Sus comunidades se alzaban en las zonas más altas de Honduras, a 1,650 metros sobre el nivel del mar, en tierras a menudo improductivas. El clima templado que prevalecía durante casi todo el año moldeó su forma de vida y su resistencia.

Sociedad y Cultura

Los Lencas no eran una masa homogénea. Estaban divididos en grupos como los Care, Cerquín, Potón y los propios Lencas. A pesar de las grandes distancias que los separaban, compartían lazos culturales y una historia común. Cada grupo tenía su territorio bien delimitado, organizado en cacicazgos. La sociedad estaba estratificada en nobles, vasallos y esclavos. Su agricultura se centraba en cultivos que se reproducían por semilla, lo que los vinculaba a la tradición mesoamericana.

La Rebelión de los Lencas

En el año 1537, un líder indomable emergió entre los Lencas: Lempira, cuyo nombre significa “Señor de la Sierra”. Forjó la unidad de todo el pueblo lenca alrededor de una confederación de tribus dispuestas a luchar contra los conquistadores españoles. Lempira se convirtió en el jefe de la resistencia, y su ejército, compuesto por cerca de dos mil combatientes, libró una lucha feroz que se prolongó por más de seis meses. Los peñones de Congolón, Coyucutena, Piedra Parada, Cerro del Broquel y Cerquín, en el actual departamento de Lempira, fueron testigos de su valentía. Los cronistas españoles relatan que "toda la tierra se había alzado y rebelado al tiempo que se alzó el dicho peñol".


Legado y Reconocimiento

Lempira no solo fue un guerrero, sino también un símbolo de resistencia y unidad. Su nombre trascendió en la historia de Honduras de múltiples maneras:

  1.     Moneda Nacional: La moneda hondureña, el lempira, lleva su nombre en honor a su valentía.
  2.     Día de Lempira: Cada 20 de julio, el pueblo hondureño conmemora al héroe lenca que desafió la opresión y defendió su tierra.
  3.     Patrimonio Cultural: Los Lencas, más de 500 años después, siguen luchando por mantener su legado y su identidad cultural.

En resumen, los Lencas no solo fueron defensores de la Sierra, sino también guardianes de una historia de coraje y resistencia que sigue inspirando a generaciones.

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Civilización y cultura Arawak

El arawak es el nombre genérico dado a varios pueblos indígenas que se encontraban asentados en las Antillas y la región circuncaribe a la llegada de los españoles en el siglo XV. El nombre también se ha aplicado posteriormente a numerosas etnias que hablan o hablaban lenguas de la familia arawak. 

A la llegada de los Conquistadores españoles los taínos estaban sufriendo la invasión de sus territorios y la esclavización de sus mujeres y niños por parte de los caribes quienes Canibalizaban a los varones adultos, por el sur de América otras parcialidades arawak como la de los "Chane" sufrían un proceso similar a manos de etnias como la de los ava, dando lugar por forzada mixogénesis a la población llamada "chiriguana".

En líneas generales (especialmente en las Antillas) la llegada de los españoles implicó un agravamiento de la situación para los arahuacos (tal cual lo describiera Bartolomé de las Casas), a punto tal que por las enfermedades traídas de España y las feroces condiciones de esclavización a las que fueron sometidos, la población prácticamente desapareció en algunas regiones del Caribe, aunque en otros lugares se dio un fuerte proceso de mestizaje.

La población arawaca de las Antillas disminuyó y a finales de siglo se había extinguido. Esta catastrófica tasa de mortalidad se debió a la llegada de enfermedades europeas (a las que los arawacos no eran inmunes), y a la desaparición de sus fuentes de alimentación, entre otras causas históricas.

Antes de la conquista española, los sistemas ecológicos de las grandes islas, con sus copiosas cosechas y abundancia de peces, junto con las poblaciones compactas y estables, favorecieron el desarrollo de una evolucionada estructura política y social. Una casta de jefes hereditarios gobernaba a otras tres castas, la más baja de las cuales estaba formada por esclavos. Los conflictos entre las castas parece ser que eran mínimos.

En esta sociedad matrilineal (en la que la sucesión se establece por línea materna). La religión presentaba una jerarquía de deidades paralela a la estructura social.

Los grupos arahuacos de Sudamérica resistieron mejor el contacto europeo debido a que sus grupos eran más pequeños y estaban más dispersos. Su estructura social también era matrilineal, pero mucho menos compleja. Los arawacos de tierra firme comerciaban con los holandeses y los ingleses.

Durante los siglos XVII y XVIII evolucionaron hacia una agricultura de plantaciones. pero lo que mas llamaba la atención de los arawak es que hacían orgias y pallaringas incansablemente.

En el transcurso del siglo XX, los arawacos comenzaron a aceptar trabajos asalariados para suplir los escasos beneficios de la agricultura, la caza y la pesca.

Aunque su cultura actual refleja diversas influencias externas, este grupo se ha distinguido desde la época prehispánica por su destreza en la alfarería (véase Cerámica), los tejidos, la talla en madera y los metales.

En la actualidad viven unos 30.000 arawacos en Guyana y poblaciones menores en Surinam y en la Guayana Francesa. Otros grupos de habla arawaca se hallan dispersos por diversas partes de Sudaméricá. no hay información.

Fuente(s): culturacolombiana.ws.com
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La sexualidad prehispánica censurada

Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permitían la poliginia, la sodomía y la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos -que permitían la sodomía y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Uno de ellos trata sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez.

En ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio”.

Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus galanes y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”.

Entre los grupos mexicas se distinguía al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría.

El adulterio era uno de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Fuente(s): domusapientiae.wordpress.com
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La masacre de Jamestown de 1622

La masacre indígena de 1622, también conocida como masacre de Jamestown, tuvo lugar en la Colonia de Virginia, en Viernes Santo, el día 22 de marzo de 1622, y fue provocada por una serie de ataques sorpresa de la Confederación Powhatan dirigida por el jefe Opchancanough. Murieron unas 347 personas en el ataque, lo que constituía alrededor de un tercio de la población inglesa de Jamestown.

Jamestown era el lugar en el que se había asentado la primera colonia inglesa en Norteamérica en el año 1607, y era la capital de la Colonia de Virginia. Aunque la propia Jamestown se salvó de la masacre gracias a un aviso en el último minuto, había muchas colonias más pequeñas establecidas a lo largo del río James, tanto río arriba como río abajo. Los atacantes mataron a hombres, mujeres y niños, a la vez que incendiaron hogares y cultivos.

Henrico fue una de las pequeñas comunidades que se encontraban por entonces en plena expansión, y que sufrieron la peor parte de los ataques coordinados indígenas. Muchas de esas colonias fueron abandonadas tras los hechos acaecidos. Uno de los lugares con mayor índice de bajas fue Wolstenholme Towne, y se ha hallado otro lugar en unas excavaciones arqueológicas recientes a 7 millas río abajo de Jamestown.

Jamestown, la capital y asentamiento principal de la colonia, se salvó gracias a la actuación de un chico indio llamado Chanco. Al parecer a Chanco se le encargó matar a su empleador, Richard Pace, pero en lugar de cumplir la orden le despertó por la noche y le avisó del ataque inminente. Pace, que vivía en la rivera contraria del río James, puso a su familia a seguro y remó a través del río hasta llegar a Jamestown, en un intento de avisar al resto de los colonos. Como resultado, se pudieron llevar a cabo preparaciones para defenderse del ataque en esa ciudad. Los asentamientos cercanos, sin embargo, no recibieron aviso alguno.

Durante un ataque sorpresa que duró un día entero, muchas de las comunidades más pequeñas (que eran esencialmente puestos fronterizos de Jamestown) fueron atacadas, incluyendo Henricus, con su colegio para niños indios y colonos. En la ciudad de Martin's Hundred casi la mitad de la población fue asesinada, y en Wolstenholme Towne sólo quedaron en pie dos casas y parte de la iglesia. En total, murieron unos cuatrocientos colonos (un tercio de la población blanca), y alrededor de veinte mujeres fueron capturadas para servir como esclavas para los indios hasta su muerte o el pago de su rescate años después.

Las diferencias culturales entre los indios americanos y los europeos eran tales que cuando los powhatan dieron por terminado el ataque no hicieron ningún otro movimiento durante meses, aparentemente convencidos de que los colonos aceptarían las pérdidas como señal de que los powhatan eran más poderosos y tenían que ser respetados, y que desde ese momento se evitarían los conflictos y cualquier tipo de ruptura de los acuerdos que mantenían. Con esto demostraron una gran incomprensión de la mentalidad de los colonos ingleses y de los gobiernos de ultramar que los apoyaban.

Los ataques del 22 de marzo destruyeron la mayoría de las cosechas de primavera de los colonos y provocaron que abandonasen buena parte de sus asentamientos. Pero también tuvo efectos a largo plazo, ya que se reforzó entre los miembros de la colonia y también entre los ciudadanos de Inglaterra la idea de que los indios eran unos salvajes, y destruyeron la buena imagen de su cultura que se había comenzado a crear durante los años anteriores gracias a Pocahontas y otros miembros de la confederación powhatan.

En Henricus, uno de los asentamientos más alejados de Jamestown, se había construido una escuela muy bien equipada para los niños indios y un colegio para los hijos de los colonos, pero todo este esfuerzo se perdió. Tuvieron que pasar 70 años para que se intentase una experiencia similar —el College of William and Mary, actualmente una universidad—, que recibió la aprobación de la monarquía inglesa gracias a la iniciativa del rector de Henrico Parish, James Blair. Para evitar el riesgo de que recibiese un ataque, la nueva escuela se estableció en Middle Plantation, una ciudad bien fortificada a pocos kilómetros de Jamestown que al cabo de unos años se convertiría en la capital de la colonia y pasaría a llamarse Williamsburg.

Los colonos que sobrevivieron a la masacre del Viernes Santo contraatacaron y, durante el verano y el otoño de 1622, lanzaron ataques contra las tribus powhatan, buscando especialmente destruir las reservas de grano; tuvieron tanto éxito que forzaron al jefe Opchancanough a pedir una negociación. Finalmente se abrieron conversaciones para buscar la paz por medio de intermediarios indios, pero algunos de los líderes de Jamestown, instigados por el capitán William Tucker y el doctor John Potts, envenenaron el licor que se tenían que beber los representantes powhatan en el brindis ceremonial. El veneno mató unos doscientos indios y cincuenta más murieron a manos de los colonos, pero el jefe Opchancanough pudo escapar.

Al cabo de dos años, en 1624, Virginia pasó a ser colonia real de Inglaterra. Este cambio suponía que sería la corona inglesa, y no la compañía Londres de Virginia como hasta ahora, la que tendría autoridad directa sobre el territorio, y por lo tanto serian los favoritos reales los que sacarían provecho de la colonia. Como pasaba en la mayoría de los casos, los colonos siguieron siendo explotados para el beneficio personal de unos pocos, y los intereses de los powhatan fueron todavía más menospreciados. La expansión hacia tierras indias y la ruptura de los acuerdos continuó siendo la forma normal de proceder, con la consecuente irritación de las tribus powhatan.

Pese al incremento de la tensión, no volvió a haber un enfrentamiento de importancia hasta 1644, fecha en la que comenzó la segunda guerra anglo-powhatan, en la que murieron unos quinientos colonos ingleses. En ese momento, las pérdidas ya suponían menos de un 10% del total de la colonia británica, teniendo un impacto considerablemente menor. Opchancanough, que ya era viejo y al que tenían que transportar en camilla, fue capturado y encarcelado en Jamestown, donde uno de sus carceleros lo asesinó.

La muerte de Opchancanough marcó claramente el inicio de la continuada y cada vez más evidente decadencia de la confederación powhatan, anteriormente poderosa; sus miembros abandonaron la zona, se fueron mezclando gradualmente con los colonos o se retiraron a vivir en algunas de las pocas reservas indias que se crearon en Virginia, aunque también estos territorios eran objeto de incursiones y confiscación de tierras por parte de la creciente comunidad blanca.

Actualmente, sólo siete tribus de las cuarenta que formaban la confederación powhatan están reconocidas por Virginia. Las dos reservas más antiguas son Pamunkey y Mattaponi, situados entre los ríos del mismo nombre, dentro del condado de King William pero técnicamente independientes de este.

Fuente(s): ws.org

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Sexualidad y pecado en la Nueva Granada

El siguiente texto, más que una historia del enfrentamiento entre dogma y cuerpo, es una apología a la necesidad de la trasgresión, como sistema. La sociedad colonial impone límites, demasiados para ser soportados. Límites al cuerpo y a las relaciones de pareja.

Y desde el momento en que se señalan los límites, se abre al mismo tiempo el espacio para una trasgresión siempre posible. Este sistema es, para las desviaciones del dogma y del cuerpo consideradas como anormales, y para conferirles sentido, su condición misma de posibilidad y de aparición histórica.

Así, el siguiente texto es una historia de la trasgresión contra el dogma en la colonia. La forma como el cuerpo y los sentidos lucharon por su libertad de aparecer y de manifestarse abiertamente. Aquí el amor es más que un hecho biológico; es una aventura única, irrepetible y por ello eterna, elemental y humana. El amor es la rebelión de los sentidos contra el dogma.

Así, el texto está dividió en tres partes que darán cuenta de la existencia desde el principio hasta el final de este sistema tan característico de sociedades limitada. La primera parte da cuenta de la herencia de libertad sexual de los indígenas y el manejo del cuerpo desnudo como parte de la sociedad, sexualmente libre; La segunda parte ingresa en el amor colonial, clandestino y deliciosamente prohibido, explorando las diversas manifestaciones en donde su calor húmedo pervivió, como las fiestas y la noche, dejando en claro que el concubinato, la barraganía, el adulterio, son partes inherentes al espíritu colonial, y que el matrimonio, más que una unión de cuerpos, es una unión de intereses económicos, que terminan por asesinar al amor. Y la tercera parte, está dedicada al amor libertario de Manuela Sáenz, como resultado de los procesos de mestizaje y liberación.


1. Herencia Indígena sobre la sexualidad

Aunque hay una gran cantidad de tribus en el territorio de la Nueva Granada, es posible encontrar similitudes culturales en cuanto al manejo del cuerpo y de la sexualidad, y más en el territorio de la sabana de Bogotá donde la confederación Muisca abarcaba un gran territorio bajo normas culturales en esencia homogéneas.

El hecho de habitar diferentes clanes en un mismo territorio hizo necesario homologar rasgos culturales y políticos dentro de unos mismos parámetros para así poder llegar a establecer armonía en la convivencia y en el aprovechamiento de los recursos naturales (tratado de Nemequene). Esto de todas formas no implicaba que cada clan no tuviera sus formas internas de gobierno.

En cuanto al tema que nos ocupa, el de la sexualidad, ligado a la relación de pareja y al asunto de los géneros, encontramos convenciones culturales normativas en el equilibrio que han instaurado. Básicamente giran alrededor de la mujer, del cuerpo de la mujer, en tanto que son culturas con una cosmogonía dirigida hacia la fertilidad, la madre tierra y la luna.

Encontramos a una mujer dual, que se debate entre la deificación y la subyugación al hombre. Es madre, ligada a la fertilidad y a la cosecha, y es hecha diosa mediante la tierra y la luna; es la vía de herencia del poder al ser su primogénito el heredero del título de cacique, siendo ella hermana del anterior; decide sobre su cuerpo mientras es soltera, aunque el hombre al desposarla la domina.

Pero por otro lado, es el catalizador de los intercambios entre clanes. Es el cuerpo de ella, que es utilizado como cuerpo sexual, pero con fines netamente políticos, en cuanto que entre tribus intercambian sus mujeres como dádivas de cortesía y de diplomacia. Es botín de guerra, y concubina obligada al hombre que la pueda mantener, a ella y al número que la situación social del hombre permita.

De lo anterior se desprende una de las características de la vida doméstica y matrimonial, y es el de la poliginia, la cual no merece decirse si estaba aprobada o desaprobada, so pena de caer en catalogaciones, sino que era inherente a la cultura chibcha de tal forma que el cuerpo de la mujer no solo respondía a la satisfacción de necesidades y deseos sexuales de los hombres, sino que servía como factor de intercambios diplomáticos entre los clanes, además de botín de guerra y compañía en el más allá del cacique muerto. Habría dos formas de leer el asunto.

La primera se encaminaría a pensar que estas sociedades eran de carácter matriarcal, debido a la primacía cosmogónica teniendo en cuenta la gran importancia de la madre tierra y la observancia de los ciclos de la luna, ambas diosas, sumándole la importancia en el traspaso hereditario de los distintos poderes a través de las mujeres; y por otro lado, se podría decir que, por el contrario, eran sociedades patriarcales, al utilizar el cuerpo de la mujer como simple intermediario procreador, y como factor de intercambio, como simple mercancía, con fines políticos, teniendo en cuenta que quienes gobernaban eran los hombres ya sea como caciques o sacerdotes.

Sin entrar a discutir enteramente ambas posturas, diría que por encima de estas miradas extremas, habría que tomar a la mujer como el ente indispensable en las relaciones sociales, económicas, políticas y corporales, sin quienes la armonía de la convivencia entre clanes, comandados por hombres, no se habría dado. De hecho el cuerpo de la mujer satisfacía todas las necesidades de los hombres.

Ellas eran quienes le brindaban placer corporal, quienes en buen número evidenciaban el poder del sujeto que las poseía; eran quienes se ocupaban del hogar y de la familia, mientras el hombre se encontraba en el campo o en las labores políticas; eran quienes procreaban la herencia del poder de la sociedad, y en general, eran quienes en silencio controlaban la vida de la comunidad. No calificaría de matriarcado o patriarcado, puesto que son conceptos que definen únicamente el funcionamiento social, material. Pero para el esquema de convivencia y para la tranquilidad social y espiritual de toda la comunidad, no habría término, o no se me ocurre tal cosa para categorizar este tipo de relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Entrando en un campo más abierto, el de la sexualidad, se encontró que los nativos de la sabana de Bogotá (actual) y en general los de la nueva granada, vivían libremente su manejo sobre los sentidos y las pasiones. Previo a la unión “matrimonial”, tanto hombres como mujeres vivían sus cuerpos sin temor a sanción alguna impuesta por algún dogma represor de la intimidad; daban rienda suelta al placer del cuerpo sin pudor estoico, ni tabúes restrictivos de los propios humores sexuales, cosa que escandalizó a los secos ojos de los religiosos españoles.

Tenían celebraciones donde con cantos, danzas y bebidas se entregaban a vivir la naturaleza de los cuerpos desnudos y húmedos, expeliendo toda clase de humores frenéticos y placenteros. Hermanos, primos, desconocidos… todos entraban en esta realización del espíritu a través del cuerpo sexual, que se volvía colectivo, y que llamaba a la fertilidad de la tierra y del cosmos, sin problemas de clase o posición social, sino participando a la par con el espíritu de libertad de la naturaleza, en este caso, de la naturaleza del placer.

La herencia sobre el cuerpo se basa entonces en la libre manifestación de la corporalidad, sin creer que aquellos “actos impúdicos”, como los llamaban los españoles, eran el pan de cada día y a todo momento. Lo que se ha querido dejar en claro para seguir con los siguientes apartados, es que las formas culturales que vivían los indígenas de la Nueva Granada en cuanto a la percepción del cuerpo, tenían como base la libre utilización de este, la libertad de expresar y sentir, aceptando los sentidos y las pasiones inherentes al instinto, tan humano como la religión. Se dejaron a propósito temas como el concubinato y la barraganía, pues en el siguiente aparatado se hará la comparación entre ambas visiones (indígenas vs españoles) sobre tales prácticas con la finalidad de comprender mejor el significado de las rupturas que dieron paso al manejo inconsciente del sistema de la trasgresión.

2. Choque cultural, choque de cuerpos. Libertad sexual y pecado

No fue fácil. El encuentro entre imaginarios totalmente distintos fue en extremo difícil. Sin embargo la natural adaptabilidad del ser humano como animal, obligó a ambas partes a asimilarse unos a otros. Es claro que existían unos dominadores y unos dominados, pero el intercambio se da en doble vía, creando una nueva cultura: la cultura mestiza, que pasa por encima de las traiciones peninsulares y nativas, recogiendo sin embargo elementos constitutivos de cada una. Al final, el resultado, nuevos cuerpos del deseo, nuevos cuerpos de libertad.

2.1 Adaptación bilateral:

La colonización del nuevo mundo, y en particular el del territorio de los Andes del norte, fue lento y arbitrario por los problemas que la diferencia de suelos, climas y culturas existían en estos accidentados espacios. En cuanto a la gente, a sus costumbres y modos de vida, la heterogeneidad fue la norma reinante, y con lo que se encontraron los conquistadores.

Sobre todo en lo que se podría llamar el manejo del cuerpo y de la sexualidad, encontraron cantidad de prácticas en extremo “naturales”; esto se puede leer como impúdicas, corporales, pecaminosas, desde el imaginario español. Sin embargo, los españoles, que viajaron principalmente hombres, encontraron en estas prácticas y en el cuerpo de las indígenas la manera de desahogar sus impulsos sexuales, también gracias a las normas de convivencia indígenas que permitían las uniones informales.

Esto es evidente, además porque “en los primeros años de la conquista española no contaron con una doctrina y una legislación coherente y efectiva frente al control de los comportamientos sexuales de los indígenas” ni de los españoles, mezclándose arbitrariamente y descontroladamente con las mujeres nativas, en una clara manifestación de dominación.

Sin embargo, al abarcar más espacio y al controlar más lugares, las disposiciones dogmáticas con respecto al cuerpo entraron en función, en rigor, y en control. En este contexto, y bajo los principios occidentales, “la comprensión de la sexualidad estaba orientada hacia el problema del bien y del mal, es decir, la identificación del cuerpo y la sexualidad con el mal y el espíritu con el bien”, por tanto la libertad indígena en cuento a su comprensión fue censurada por la frialdad dogmática de los curas españoles.

Por lo tanto fue necesario implantar códigos y castigos con la intención de controlar los modos paganos de manejo del cuerpo, con la finalidad expresa de homogenizar a los nativos, y así poder implantar los esquemas morales y teológicos que la iglesia y la sociedad española manejaba. Sin embargo, os conceptos de sacralidad cristiana, así como toda la normatividad, la negación del placer y las espesas disquisiciones teológicas no formaban parte del mundo indígena, lo cual cimentaba las bases de rebeliones continuas contra el orden impuesto, rebeliones a favor de la libertad sexual, que se mantendrían a lo largo de todo el proceso colonial.

Es de esta situación que se obtiene que “la infidelidad y el adulterio fueron elementos elementales constitutivos de una sociedad que regulaba y controlaba la vida sexual y afectiva. Y es en este caos, en donde esta rebelión, donde se define la identidad sexual de hombres y mujeres”

Sin embargo las comunidades indígenas se adaptaron a la normativa del ente dominador, de tres maneras, en donde claro está, pretendieron siempre tener la máscara del conformismo.

En primer lugar, los indígenas utilizaron las fiestas y rituales indígenas para mantener sus propios rituales tradicionales, encontrando en la clandestinidad de la noche y en las fiestas el modo de preservar la memoria, clave para comprender el universo colonial de las clases subalternas; en segundo lugar, encontraron en estas fiestas el espacio de esparcimiento y de desinhibición del ensimismamiento de sentimientos represados y deseos contenidos; y en tercer lugar, la recuperación de sentidos que les ayudaran a percibir las manifestaciones de los deseos, para hacerlos realidad: oler, beber y oír se extendían en una sinfonía de deseos que terminaban por palpar al otro.

En el capítulo siguiente se verá cómo las fiestas, además de otras formas de trasgresión, ayudaban a recordar la libertad, a añorarla y a buscarla, en busca siempre de no perder la individualidad corporal, y la conciencia de grupo, de colectividad, que tradicionalmente habían construido en sus espacios íntimos.

2.2 Las fiestas y la clandestinidad: el uso de la memoria para la liberación

“La memoria es un arma, un instrumento de defensa y agresión contra todo aquello que reprime y niega prácticas y creencias, verdades y testimonios. La memoria no pertenece única y exclusivamente a las elites, sino al hombre común y ella debe servir para liberar y no para oprimir. Apropiarse la memora es el primer esfuerzo de liberación por parte de los colonizados”.

Los conquistadores sabían que la memoria podía servirle a los nativos a intentar recuperar su pasado, a intentar volver a su tranquilidad pagana. Por tanto aplicaron formas de destrucción de la memoria como demolición de santuarios, guacas, tunjos, shamanes y toda clase de íconos culturales indígenas, pretendiendo ocultar en las cenizas la memoria nativa, abonando el terreno para el olvido y el desplazamiento de los dioses, imponiendo un orden visual y espiritual nuevo.

La sociedad colonial impuso celebraciones cristianas, en procura de suplantar las tradicionales cristianas, además de otras celebraciones del pueblo, que surgieron del orden nuevo. Hubo cuatro tipos de festividades. Las religiosas de la iglesia, los bailes y borracheras de los indios, las reuniones lúdicas de los mestizos en general y las fiestas cívicas derivadas de un matrimonio importante o un nacimiento real, de una ascensión al trono o del arribo de un funcionario importante.

Eran festividades que fueron utilizadas para romper la monotonía del orden institucional y dogmático, era un tiempo de desafío a la fe, la moral y el equilibrio. Era el tiempo de de reencontrar el cuerpo ocultado y censurado por la iglesia, el cuerpo sexual, sensitivo. “las fiestas hechas para congregar y gratificar el mundo de la iglesia y sus santos terminaron por ser espacios para la embriaguez y la fornicación. Allí no solo se conspiraba sino que se fortalecía el caos y el desorden. Las fiestas permitieron conservar la memoria de ritos paganos y buscar en el mundo de las sombras los ángeles negros del amor”.

El espíritu de trasgresión siempre manifiesto aparece para incentivar a los nativos a recuperar la memoria, a olvidarse del olvido que han intentado imponerles, a transformar el orden nuevo a la luz del pasado común. “La fiesta más que una estructura formal de conciliación de conflictos terminó siendo un universo de confrontación de ideologías en donde el rito, las creencias y el del amor libre se desbordaron sobre los cuerpos embriagados de fe y de deseos,” en ella se contuvo los principios del amor profano: buscaba las sombras, el aislamiento, la intimidad, el goce y el tacto, utilizando la máscara, la clandestinidad y el silencio como modos de conservara la memoria

EL proceso de mestizaje sin embargo, ayudó a olvidar en alguna medida el pasado indígena. Las fiestas y las tradiciones fueron trasformadas por la mezcla de las distintas vertientes, la negra la india y la blanca, que ahora con sus bailes, fandangos, tangos, se alejaban del orden social colonial, de las comunidades también, pero sobre todo de la fe y del cristianismo para convertirse en verdaderas proclamas de libertad, pues en ella prevalecía la afirmación de los sentidos. La iglesia no podía contra los sentidos, extirparlos hubiera sido negar la obra de dios que era el hombre mismo. El hombre sin sentidos es nada.

2.3 Las uniones, pecaminosas o legales. Pero al fin y al cabo uniones

Lo que se ha mantenido en todo el texto es, básicamente el problema de la unión de los cuerpos, la relación de los sentidos, el amor, ya sea por necesidad (caso español con indígenas) o natural (caso indígena). Lo que generalmente no se comenta, es la unión entre mujeres indígenas y curas españoles, de donde nacen hijos que luego sufren el estigma de ser ilegítimos, casi que sacrílegos.

Es obvio, humano, que dos cuerpos se atraigan, y más en las condiciones en que llegaron los españoles, sin mujeres, y luego de un tiempo de ver agua y hombres. Y sobre todo, al ver y comparar los ocultos cuerpos de las españolas, sin mostrar ni un ápice de su cuerpo, y llegar y apreciar los formados y desnudos cuerpos húmedos de las indígenas. La represión tiene sus límites, y los curas dieron rienda suelta, de manera más común de lo que se imagina, a sus pasiones, sin necesidad de perder la fe y la temeridad religiosa. El contacto con indígenas (y luego negras), cuya conciencia de la sexualidad era diferente, le permitía al colonizador dar rienda suelta a sus pasiones, haciendo uso de su papel como dominador.

Es en este contexto, por encima del matrimonio, en donde el concubinato y la barraganía surgen como modos de escape y de liberación de las pasiones y los sentidos. El matrimonio se impone como una institucionalidad del amor, como una orden al amor, la cual intenta preservar el orden jerárquico de la sociedad a través del impedimento de relacionarse corporalmente antes del matrimonio (a diferencia que los indígenas), y prohibiendo el cruce matrimonial entre las diversas castas y razas. Así, el matrimonio surge como una alianza de riquezas, de fortuna y de preservación del nombre y la categoría social. Lo que hace ver que la firma del romance eterno estaba por encima del amor respondiendo a intereses materiales.

Alrededor del matrimonio aparece un choque de imaginarios entre lo colonial institucional y los grupos ajenos a la élite. Los mestizos no manifestaban interés por la unión sacramental. La cantidad de matrimonios, en porcentaje, era muy reducido en comparación con los dominantes y de las clases privilegiadas, en tanto que los mestizos, debido a su situación precaria, se unían informalmente, sin sanción religiosa, por los altos costos que representaba el contraer matrimonio. Además de lo económico, las exigencias legales eran suficientes para desilusionar a cualquier mestizo, por el hecho de no tener en claro su pasado familiar. Era requisito que los contrayentes conocieran su árbol genealógico, y en una sociedad donde las mezclas interraciales, la ilegitimidad y el ocultamiento imperaban, los pasado familiares quedaban ocultos en las mareas indisolubles de la censura social y el silencio del olvido.

¿Qué quedaba entonces? La situación precaria de varios sectores de la sociedad y la exclusión económica y política de sus integrantes explican el por qué de su proclividad hacia conductas trasgresoras, como las prácticas de concubinato y barraganía, tan comunes como castigadas por los cánones coloniales. Además, el matrimonio era un mero espacio para la reproducción. El amor concupiscente, con sus libres expresiones se relegaba a los espacios prohibidos del concubinato, el adulterio, y las relaciones de hecho.

Por otro lado, el carácter indisoluble del matrimonio incentivó las prácticas adulterinas, pues se dieron como los únicos espacios para que los desposados dieran nueva vida a sus sentidos, asesinados por el pragmatismo de la relación de pareja.

Ante esto se notaba la actitud hipócrita de las clases altas que procuraban ocultar las verdades deshonrosas de sus miembros por razones de status, pero que el rumor público iba decantando hasta hacerlo evidente. Para las élites el honor era lo único que había que guardar, mantener y procurar mostrar siempre. Era el carácter distintivo que racionalizaba la existencia de la jerarquía colonial. Incluía las diferencias autoconscientes de nacimiento y de conducta que distinguía la gente “decente” de la baja.

El rumor aparece aquí, en contraposición al chisme, como el comentario que se estructura en la sociedad, no en los labios de un voluntarioso, sino en la realidad concreta, vivida por la comunidad. El chisme era una acusación sin fundamente empírico, que ronda el ámbito de lo personal, mientras que el rumor ronda por el ámbito de lo social. El rumor es parte de la sociedad, arraigado a las mentes de las personas, mientras que el chisme se queda en la mente de algunos desvergonzados sin fundamento; El rumor se adhiere a los muros de la experiencia concreta, mientras que el chisme como fantasma atraviesa la sociedad sin dejar rastro importante; el rumor está en todos lados, permanente y tajante, el chisme es fugaz, impertinente y olvidable.

Ésta era la constante en la sociedad colonial. El adulterio, el concubinato, la baraganía hacían parte no oficial de la sociedad, tan arraigados en la tierra como el espíritu indígena, y luego mestizo. El festín el cuerpo no se los podían negar, la religión no podía pasar por encima de los sentidos. La lucha íntima traía aires de libertad, tan ansiada por al tierra y los cuerpo que ansiaban amarse a toda hora y en todo lugar. Para esto, como gran ejemplo del espíritu de rebelión y libertad, aparece Manuela Sáenz, quien más que una amante, era el alma mestiza rebelde libertaria, que a través de sus cartas y sus diarios expresó ante Simón Bolívar el valor del amor sin tapujos ni represiones, ni límites.

3. Manuela Sáenz: El espíritu mestizo de la independencia del amor

Los años finales de la colonia tienen estructuras propias que hacían prever el advenimiento de la libertad como necesidad humana además de política, social y económica. Las ideas liberales importadas de Francia estaban calando los ideales republicanos de los criollos, estableciendo una dura confrontación con el régimen colonial. Pero además, y para nuestro interés, entre los jóvenes franceses comenzaban a discutir temas correspondientes al matrimonio por amor, no por conveniencia.

Ideales iluministas que escandalizaban la tradición moral de la Francia de finales del XVIII y principios del XIX, que viajaron hasta la sociedad santafereña, impregnando la mente de los jóvenes enamorados que luchaban por su derecho a elegir pareja, esgrimiendo la melancolía del amor concupiscente contra los intereses económicos de sus arraigados y dogmáticos padres.

En una sociedad como la de finales de la colonia, donde el mestizaje tenía una fuerza descomunal, y la tradición española e indígena se estaba difuminando en la bruma del olvido y la transformación, estas ideas, aunque discutidas por los jóvenes aristócratas santafereños, se difundieron como viento a través de las mentes juveniles de todos los estratos, estimulando el espíritu de libertad de amar tan arraigado desde el principio pero censurado por al represión sistemática de las instituciones coloniales, incluida la familia.

En este contexto surge la figura heroica y libertaria de Manuela Sáenz, enamorada perdidamente de la patria y de Bolívar, mezclando libertad de amar, con libertad de gobierno. Independencia con amor espontáneo y leal, “una mujer que nunca renunció a su deber y defendió la amistad y la lealtad como fundamente del amor”, de su amor hacia Bolívar y hacia su patria independiente. Ella se crió entre criollos, indios, mestizos, mulatos… fue en aras políticas el intermediario, catalizador entre los pensadores ideólogos y el pueblo poderoso. Fue la representación pura de la libertad de cuerpos y territorios.

Para la historia, aunque ha sido ensuciada por historiadores puristas como una simple amante del libertador, la imagen del amor entre Manuela Sáenz y Simón Bolívar serán siempre referentes para la libertad y el amor: “Dos para el mundo. Unidos para la gloria, así la historia nunca lo reconozca”, demostrando con esto la existencia del idilio amorosos característico de las letras románticas de la época, pero con un trasfondo melancólico, de lucha y exacerbación de la unión de espíritus en uno solo, por encima de los impedimentos sociales, religiosos y demás, que a la altura de esta época, ya no interesan demasiado.

Manuela Sáenz afrontó con absoluta claridad y espontaneidad su relación con Bolívar Una relación afectuosa y apasionada que ella consideró valida y real por el simple hecho de ser mujer y por el derecho que sabía que tenía y necesitaba de amar y ser feliz: “Soy mujer y joven; apasionada, con mucho abandono del miramiento social que a mí no me incumbe; mi ingenio es intuición y me siento muy pero muy enamorada… Lo tengo vivo [el corazón] para usted que… es para mí, toda mi adoración; por encima de todos los prejuicios”. Sobre todo el hecho de ser mujer, en una sociedad patriarcal, reducía mucho los espacios de ellas de manifestar algo que les era totalmente negado. Ella rompió con esos esquemas limitantes y lucho por su derecho a ser ella y mandar sobre su espontaneidad individual y apasionada.

Fundó ella en la nueva sociedad republicana el capricho de amar con libertad a su hombre. Para ella misma el amor fue una manera de asumir la libertad, una libertad robada tres siglos atrás, una libertad que vivió en los corazones melancólicos del pueblo, primero indígena, luego negro, luego mestizo, manteniendo viva la chispa nostálgica de amar el deseo por el otro, manteniendo el alma libre de todo control, como máscara ante la sociedad restrictiva, asesina de los sentidos, donde la trasgresión, a través del amor, se hace evidente en cada mirada, en cada roce secreto, en cada encuentro clandestino con el pasado de libertad sexual, en cada uno de los momentos en que las fuerzas censurantes resultaban impotentes frente a las miradas ocultas y a los deseos convertidos en sueños húmedos nocturnos. Manuela Sáenz rompe con la clandestinidad obligada, y la convierte en manifestación viva del amor, no con el afán de ocultamiento, sino por la emoción del sentimiento, enarbolando al bandera de su cuerpo desnudo junto al de su amado. El amor mestizo se convierte pues en identidad, de manos de ésta heroína del amor.

Fuente(s): historiasenconstruccion.ws.com
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El Mestizaje en América

12 de Octubre 1492. Descubrimiento de América. El mestizaje en el descubrimiento de América. La relidad siempre supera a la ficción y por eso el mestizaje, es una muestra más de la falsedad de las acusaciones realizadas sobre el genocidio (por parte anglosajona) cometido en América por parte de los españoles.

Esta fue una de las acusaciones más importantes de lo que se denominó "la leyenda negra" infundada y divulgada desde Gran Bretaña y los países anglosajones para tapar sus propios desaires históricos, sin embargo, lo que nunca contaron es que ni ellos, ni el resto de poblaciones europeas, mezclaron su sangre con la de los pueblos que habitaban América. El mestizaje ocurrido en Hispanoamérica es inconcebible en otras colonizaciones como la inglesa o francesa, pero tampoco se produce en las conquistas realizadas por los indios.

¿Cómo, cuándo y por qué se produce el mestizaje? Todas estas preguntas tienen su respuesta en el vídeo



Fuente: youtube.com
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El prodigio literario de Bernal Díaz del Castillo

Bernal Díaz del CastilloLa Historia Verdadera de La Conquista De Nueva España es un prodigio literario de Bernal Díaz del Castillo. La Historia que se describe es tan grandiosa e increíble que haría sonrojar de envidia a mismísimo Tolkien. Y sin embargo, es verdadera.

Bernal dejó de escribirla cuando se enteró de que un gran escritor, López Gómara, lo estaba haciendo. Cuando leyó la de este, creyó darse cuenta de que la razón por la que era el único soldado superviviente de todas las expediciones al Yucatan y Tierra Firme debía ser Divina, y se sintió obligado a proseguir. No escribió una Obra destinada a ensalzar a Cortés ni a sus capitanes, sino la autentica gloria y el valor excepcional de los soldados que los acompañaron.

Bernal del Castillo nunca supo que el clasismo de su tiempo llegase al extremo de encumbrar a los herederos del asesino de miles de tlaxcaltecas, totonacas y españoles, Moctezuma, a la categoría de condes. Hoy son los condes de Miravalle, y contra muchos otros nobles españoles que dejaron hace muchos años de vivir de la Corona, demandaron una fuerte indemnización al Estado Español para que les sigan pagando su "nobleza". A la demanda se unieron varios cientos de descendientes del sanguinario cacique azteca en México y España.

Me pregunto que sentiría hoy Del Castillo de saberlo. Él escribió, que ya viejos, todos los soldados que participaron en La Conquista, seguían durmiendo menos de 3 horas al día, y lo hacían siempre vestidos, armados, con las botas puestas y los caballos ensillados. Todo un Síndrome de Vietnam descrito hace 500 años, que habla de la angustia pasada.



Fuente: youtube.com
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Gonzalo Guerrero: soldado de dos mundos

Gonzalo Guerrero: soldado de dos mundos
Gonzalo Guerrero nació en Palos de la Frontera, España. Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado.

Personaje controvertido porque se aculturó y llegó a ser un jefe maya durante la conquista de Yucatán, especialmente belicoso contra los conquistadores, por lo que fue conocido como El Renegado por sus compatriotas españoles, mientras en México le denominan como Padre del Mestizaje.

También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Este excelente video nos cuenta un poco más la historia del primer indio blanco en tierras americanas:



Fuente(s): youtube.com
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Rodrigo Ponce de León

Rodrigo Ponce de León duque de medina
Nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz) es uno de los tres “hijos adoptivos” de la fachada. Era el segundo hijo de Juan II Ponce de León. Por las acciones en el cerco de Cádiz, el rey nombra Marqués de Cádiz a Juan Ponce de León, aunque el título lo llevará Rodrigo, incluso antes de la muerte de su padre.

Tras ésta, continuará apoyando a su soberano contra los Duque de Medina Sidonia. A la muerte de Enrique IV, apoya a la hija de éste, Juana la Beltraneja, contra Isabel, siguiendo a su suegro el Marqués de Villena. Sin embargo, acabada la contienda se presenta ante la nueva Reina y ésta le perdona y le confirma todos sus títulos y privilegios.

Sería al servicio de Isabel donde iba Rodrigo a encontrar mayor gloria. Fue el capitán más destacado en la toma del Alhama y protagonista en el cerco de Granada distinguiéndose en la Batalla de Zuabia y la de la Reina, estando presente en la rendición de la ciudad y la entrega de la misma de Boabdil a los reyes católicos.

En 1482 dirige la reconquista de Alhama, inmediatamente después sometida de nuevo a un terrible cerco por el monarca granadino, del que Rodrigo pudo salir gracias a la ayuda de su rival el duque de Medina-Sidonia que le socorrió oportunamente. Rodrigo Ponce de León falleció en la ciudad de Sevilla, antes de cumplir los cincuenta años de edad.

Foto: Tamorlan
Fuente(s): estoeshispania.com

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El Canibalismo antes de la Conquista

El Canibalismo antes de la ConquistaNo es posible en algunas cuestiones hacer afirmaciones generales acerca del imperio inca, dada su enorme extensión y la relativa tolerancia que mantenía hacia los cultos y costumbres de las tribus sujetas.

Hay, sin embargo, «datos suficientes -escribe Salvador de Madariaga- para probar la omnipresencia del canibalismo en las Indias antes de la conquista. Unas veces limitado a ceremonias religiosas, otras veces revestido de religión para cubrir usos más amplios, y otras franco y abierto, sin relación necesaria con sacrificio alguno a los dioses, la costumbre de comer carne humana era general en los naturales del Nuevo Mundo al llegar los españoles.

Los mismos incas que, si hemos de creer a Garcilaso, lucharon con denuedo contra la costumbre, se la encontraron en casi todas las campañas emprendidas contra los pueblos indios que rodeaban el imperio del Cuzco, y no consiguieron siempre arrancarla de raíz aun después de haber conseguido imponer su autoridad sobre los nuevos súbditos».

El Canibalismo antes de la Conquista«Sabemos por uno de los observadores más competentes e imparciales, además de indiófilo, de las costumbres de los naturales, el jesuita Blas Valera, que aún casi a fines del siglo XVI, "y habla de presente, porque entre aquellas gentes se usa hoy de aquella inhumanidad, los que viven en los Antis comen carne humana, son más fieros que tigres, no tienen dios ni ley, ni sabe qué cosa es virtud; tampoco tienen ídolos ni semejanza de ellos; si cautivan alguno en la guerra, o de cualquier otra suerte, sabiendo que es hombre plebeyo y bajo, lo hacen cuartos, y se los dan a sus amigos y criados para que se los coman o vendan en la carnicería: pero si es hombre noble, se juntan los más principales con sus mujeres e hijos, y como ministros del diablo, le desnudan, y vivo le atan a un palo, y con cuchillo y navajas de pedernales le cortan a pedazos, no desmembrándole, sino quitándole la carne de las partes donde hay más cantidad de ella; de las pantorrillas, muslos, asentaderas y molledos de los brazos, y con la sangre se rocían los varones, las mujeres e hijos, y entre todos comen la carne muy aprisa, sin dejarla bien cocer ni asar, ni aun mascar; trágansela a bocados, de manera que el pobre paciente se ve vivo comido de otros y enterrado en sus vientres.


El Canibalismo antes de la ConquistaLas mujeres, más crueles que los varones, untan los pezones de sus pechos con la sangre del desdichado para que sus hijuelos la mamen y beban en la leche. Todo esto hacen en lugar de sacrificio con gran regocijo y alegría, hasta que el hombre acaba de morir. Entonces acaban de comer sus carnes con todo lo de dentro; ya no por vía de fiesta ni de deleite como hasta allí, sino por cosa de grandísima deidad; porque de allí adelante las tienen con suma veneración, y así las comen por cosa sagrada.


Si al tiempo que atormentaban al triste hizo alguna señal de sentimiento con el rostro o con el cuerpo, o dio algún gemido o suspiro, hacen pedazos sus huesos después de haberle comido las carnes, asadura y tripas, y con mucho menos precio los echan en el campo o en el río; pero si en los tormentos se mostró fuerte, constante y feroz, habiéndole comido las carnes con todo el interior, secan los huesos con sus nervios al sol, los ponen en lo alto de cerros, los tienen y adoran por dioses, y les ofrecen sacrificios"»

El Canibalismo antes de la Conquista(Auge y ocaso 384-385). Escenas semejantes describe Cieza de León en 1537, como vistas por él mismo en la zona de Cali y de Antioquia, al extremo norte del imperio incaico (Crónica del Perú cps. 11-12, 19, 26, 28).

Por otra parte, en algunas regiones del imperio inca la antropofagia se hace necrofagia. Cuando Guamán refiere las ceremonias fúnebres propias de los Anti-Suyos, escribe: «son indios de la montaña que comen carne humana. Y así apenas deja el difunto que luego comienzan a comerlo que no le dejan carne, sino todo hueso... Toman el hueso y lo llevan los indios y no lloran las mujeres ni los hombres, y lo meten en un árbol que llaman uitica, allí lo meten y lo tapan muy bien, y de allí nunca más lo ven en toda su vida ni se acuerdan de ello» (N. crónica 292).

Fuente(s): hechos19

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Documental: La Venganza de Hernán Cortés

Éste documental se refiere principalmente al sometimiento del estado mexica o azteca, logrado por Hernán Cortés en el nombre del rey Carlos I de España y a favor del Imperio español entre 1519 y 1521.

El 13 de agosto de este último año, la ciudad de México-Tenochtitlan cayó en poder de los conquistadores españoles, después de dos años de enconados intentos bélicos, políticos y conspirativos, en los que participaron junto con los españoles invasores, los pueblos previamente avasallados por los mexicas, en un afán por rebelarse —aprovechando la alianza circunstancial de los recién llegados— de las condiciones de sojuzgamiento en que vivían.

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Francisco de Vitoria

Francisco de Vitoria (Burgos o Vitoria, España; 1483/1486 - Salamanca, España; 12 de agosto de 1546) fue un fraile dominico español. La fecha y el lugar de nacimiento son discutidos por diversas fuentes.

Ingresó en la orden de los dominicos en 1504, que ejerció gran influencia en su época y en años posteriores. Recibió desde niño una buena formación humanística.

La dignidad y los problemas morales de la condición humana fue el eje en torno al que se desarrolló su obra. Fue especialmente influyente por sus aportaciones jurídicas, aunque también tuvieron gran repercusión sus estudios sobre teología y sobre aspectos morales de la economía. No escribió personalmente todas sus obras, sino que nos han llegado recogidas por sus alumnos o por secretarios a partir de sus lecciones y relecciones (repeticiones que resumían al final del curso las lecciones del año). Sus enseñanzas y métodos pedagógicos dieron su fruto en forma de numerosos teólogos, juristas y universitarios a los que bien enseñó directamente o bien se vieron influidos por sus teorías (Melchor Cano, Domingo Báñez, Domingo de Soto, Francisco Suárez, etc), formando la llamada Escuela de Salamanca.

Fue enviado a París, donde estudió artes y teología. Regresó a España en 1523 como profesor de teología en el colegio de San Gregorio de Valladolid, hasta que en 1526 obtuvo la cátedra de teología de Salamanca. Introdujo la Summa Theologiae de Tomás de Aquino como el libro de texto básico en teología. Puesto que en aquel entonces Salamanca era una de las universidades más prestigiosas de España y Europa, el tomismo fue pronto adoptado por otras.

Economía
Fue el inspirador de la escuela de Salamanca, una variante muy influyente de la escolástica que, entre otras cosas, teorizó abundantemente sobre la economía desde un punto de vista moral. La doctrina católica de su tiempo tenía el afán de lucro de los comerciantes por pecado, y los comerciantes se dirigieron a él para solventar sus dudas pues, o dejaban el comercio, o se condenaban, lo que le indujo a tratar temas económicos. Según Vitoria el orden natural se basa en la libertad de circulación de personas, bienes e ideas. De esta manera los hombres pueden conocerse entre sí e incrementar sus sentimientos de hermandad. Esto implica que los comerciantes no son moralmente reprobables, sino que llevan a cabo un servicio importante para el bienestar general. La escuela de Salamanca desarrolló varias teorías económicas muy influyentes posteriormente, como una teoría del precio justo basada en la escasez del bien e influida por la oferta y la demanda, separándose claramente de la teoría del precio según el coste de producción. Esta escuela también desarrolló la teoría cuantitativa del dinero, utilizada para explicar la alta inflación del siglo XVI.


"Si los bienes se poseyeran en común serían los hombres malvados e incluso los avaros y ladrones quienes más se beneficiarían. Sacarían más y pondrían menos en el granero de la comunidad."
Francisco de Vitoria.



Derecho
Analizó las fuentes y los límites de los poderes civil y eclesiástico. Rechazó ideas medievales: las jerarquías feudales, la supremacía universal del emperador o del papa. Así, el poder civil está sujeto a la autoridad espiritual del papado, pero no a su poder temporal.

Se preocupó por los derechos de los indios. Su obra De indis recoge las relecciones en las que expresa su postura ante el conocimiento de diversos excesos cometidos en las tierras conquistadas en América. En ella afirma que los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Este es el inicio del Derecho de Gentes. Muy respetado por su valía intelectual (fue consultado por Carlos I) sus ideas y las de Las Casas fueron escuchadas en las Cortes y en 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas de Indias, que ponían a los indios bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, el propio las Casas y varios de sus discípulos (Cano, Soto, Carranza) protagonizaron la Junta de Valladolid (1550) donde se utilizaron contra Juan Ginés de Sepúlveda los argumentos de Vitoria sobre cuáles eran justos títulos para la conquista de América y cuales injustos, en la llamada polémica de los naturales.

Es uno de los principales teóricos del concepto de guerra justa. En De iure belli analiza los límites del uso de la fuerza para dirimir las disputas entre pueblos. Es lícito hacer la guerra, pero la única causa justa para comenzarla es responder proporcionadamente a una injuria. Por tanto no es lícita la guerra simplemente por diferencias de religión o para aumentar el territorio.

Estableció, en De potestate civili, las bases teóricas del derecho internacional moderno, del cual es considerado el fundador junto con Hugo Grocio. Fue uno de los primeros en proponer la idea de una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural, y no basar las relaciones internacionales simplemente en el uso de la fuerza. Mientras que Nicolás Maquiavelo consideraba al Estado como un conjunto moralmente autónomo (y que, por tanto, no podía ser juzgado según normas externas), en Vitoria nos encontramos con que su actuación en el mundo tiene límites morales. Vitoria es calificado con razón como precursor de la idea de las Naciones Unidas.

Por último, fue el fundador de una escuela de importantes teólogos, principalmente dominicos, que tuvieron una importancia decisiva en el Concilio de Trento.

Justos Títulos
Con éstos sienta en primer lugar negar los derechos concedidos a los Reyes Católicos. Hay que partir del derecho natural, del derecho de todos los hombres. El mundo debía regirse por un derecho natural, y la guerra se regia por una ley del “ius gentium”. Los indios formaban Estados organizados y como tal solo se les podía declarar la guerra en caso de que negaran a otros pueblos derechos que concede el orden natural, como al impedir el comercio, la predica del evangelio y las relaciones pacificas entre los pueblos.

Desarrolla ocho Justos Títulos para justificar la presencia de los españoles en América. Son títulos legítimos de conquista.

1. Los españoles tienen el derecho de propagar la religión cristiana en América.
2. La protección de los naturales convertidos al cristianismo cuando sean perseguidos por otros pueblos paganos.
3. Si los indios ya son cristianos, el Papa puede darles como señor cristiano a los Reyes Católicos.
4. Cuando hay delitos contranatura, los españoles están obligados a intervenir.
5. Los indios libremente toman como rey al rey de España.
6. En las guerras indias, si los españoles actúan como aliados de unos u otros, también participan de los beneficios.
7. No podía ser afirmado con certeza, pero sí traerse a discusión. La consideración de los indios con su atraso, amentes, rústicos, discapacitados... deben ser protegidos.

Estos Justos Títulos fueron recogidos en las leyes de conquista en el reinado de Felipe II para la conquista y reinado de nuevos territorios.

Fuente: http://es.wikipedia.org/
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Historia de los Apaches

Los apaches es un nombre colectivo dado a un grupo de naciones indígenas culturalmente cercanos del este de Arizona, noroeste de México (norte de los Estados de Sonora y Chihuahua), Nuevo México, y regiones de Texas y de las Grandes Llanuras. El término «apache» probablemente proceda del zuñi «apachu», que significa «enemigo»; de ahí el nombre que les pusieron los españoles. Se denominaban a sí mismos Ndee, que quiere decir «la gente». Hablaban un conjunto de lenguas atabascanas meridionales, que se han clasificado en «apache de las llanuras», «apache oriental» y «apache occidental».

Eran pescadores, cazadores y agricultores. Vivían en pequeños grupos basados en la familia. Los grupos se formaban con varias familias de carácter matriarcal. Compartían el mismo rito de los sioux y los cheyennes.

Cuando llegaron los españoles, los apaches habían llegado al suroeste de EE.UU. en una migración de unos 500 años desde Canadá. Fue una tribu poderosa y guerrera, en continua lucha con los blancos. La rendición de la tribu tuvo lugar en 1886, cuando los chiricahuas fueron deportados a Florida y Alabama, donde estuvieron bajo confinamiento militar. Siempre mostraron una gran fiereza como guerreros y mucha habilidad como estrategas.

En el año 1900 vivían unos 17.000 apaches en libertad. Su jefe más conocido, Gerónimo (Gokhlayeh), nació en 1829 y murió por causas naturales en una reserva de Luisiana en el año 1909. Sucedió como jefe de los apaches a Cochise, quien vivió 62 años. Fue el hijo de Cochise, Taza, quien designó a Gerónimo como sucesor de su padre. Ahora se encuentran en reservas en Arizona, Nuevo México y Oklahoma en un número de entre 5500 y 6000. Una pequeña minoría de 20 apaches mescaleros aún subsisten en la frontera norte de los estados mexicanos de Chihuahua, Sonora y Coahuila.

Religión
La religión apache no estaba fuertemente estructurada, la vida religiosa la dirigían chamanes. No tienen una creencia organizada en el más allá, lo prioritario para ellos era la supervivencia, de ahí la importancia de los ritos curativos y la ausencia de una extensa teología.

Realizaban ritos relacionados con el ciclo de la vida, entre los que se incluía los primeros pasos de un niño y la ceremonia de la pubertad.

Historia
Lingüísticamente pertenecen a la familia atapascana, al igual que sus hermanos navajos. Los apaches vivían seminómadas e inestables en un lugar determinado entre los ríos Colorado y Brazos en Texas. Se caracterizaban por una fuerte resistencia cultural como grupo. Eran grandes exploradores y conocían perfectamente su vasto territorio, el cual siempre defendieron tenazmente. Eran cazadores y recolectores de productos silvestres, se convirtieron en invasores de tierras pastoriles y agrícolas de otros grupos indígenas, hacían trueque y practicaban el pillaje para subsistir.

En 1540 los primeros exploradores españoles de las tierras norteñas de la Nueva España emprendieron una larga lucha contra los apaches, ya que vieron que tanto esta tribu como los comanches eran grupos bárbaros y hostiles de difícil sometimiento. En 1598, Juan de Oñate, al tomar posesión de las tierras de Nuevo México, mandó dividir sus poblaciones para reducir a los apaches; manda a fray Francisco de Zamora como encargado de evangelizar a los apaches que vivían en el extremo norte de la Nueva España y al poniente de Sierra Nevada, en California; más tarde mandó traer del centro de las provincias novohispanas a indígenas aztecas y otomíes cristianizados para lograr un mejor entendimiento con los pueblos apaches. El esfuerzo fue en vano: los apaches y otras tribus indígenas no se dejaron someter y decidieron quemar y destruir muchas poblaciones españolas de los territorios norteños de la Nueva España.

En 1825, el gobierno mexicano inicia un segundo periodo para pacificar a los apaches y unificarlos en poblaciones unidas, el cual fue un gran fracaso para los intermediarios mexicanos. Con el tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, firmado por México y Estados Unidos, el territorio apache quedó dividido entre EE.UU. y México, provocando la dispersión del grupo y grandes descontentos contra ambos gobiernos. Los apaches se dispersaron por las tierras de Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Zacatecas.

Durante la colonización angloamericana de los nuevos territorios del oeste americano, se encontraron con un gran obstáculo para poder llegar a colonizar hasta las costas del Pacífico. Los apaches resentidos usaron las armas de fuego y los caballos para matar aquel que se introdujera en sus territorios. Muchos españoles, mexicanos y angloamericanos murieron a manos de los apaches. En 1821 se inicia una etapa conocida como las guerras indias, que terminan con la rendición de Gerónimo, el último líder de la resistencia, quien provenía de la tribu chiricahua.

El gobierno de México trató de aniquilar a Gerónimo, pacta con él y después lo traiciona matando a su familia. Gerónimo ataca y quema los fuertes fronterizos mexicanos. El gobierno de los Estados Unidos también persigue y trata de someterlo, matando a su segunda esposa. Finalmente fue confinado a las reservas indias de Florida y muere en Oklahoma en 1909.

En 1928 el gobierno de México declara oficialmente extinta la etnia apache en territorio mexicano y las 3000 personas que sobrevivieron en tierra estadounidense fueron sometidos finalmente en reservas de los estados de Arizona, Nuevo México y Oklahoma.

No hay registros escritos de las razones de la migración desde Canadá. Sin embargo, existen testimonios indígenas donde consta que se dedicaban al pillaje y la depredación. En el momento de la llegada de los primeros europeos, los españoles, las etnias del lugar se mostraban agresivas contra los apaches y contaban de sus múltiples ataques.

Al inicio del dominio español de las demás tribus, se trató de evangelizarlos sin éxito, en vista de lo cual se procedió a establecer la cadena de presidios que intentaba proteger la zona. Como el éxito fue mínimo, se estableció el sistema de soborno, por el cual el gobierno virreinal aprovisionaba a las distintas tribus para detener los ataques.

Sin embargo, en el momento de la independencia de México, ambos sistemas, el de presidios y el de sobornos, colapsaron, reiniciándose los ataques. Estos alcanzaron proporciones épicas en Chihuahua y Sonora, contribuyendo a la Guerra de Intervención Estadounidense.

Después de la guerra (1848), los ataques se extendieron más al sur, llegando a Sinaloa y Durango, al tiempo que se iniciaban en los nuevos territorios de Nuevo México, Arizona, y Texas. La depredación llegó al punto de poblaciones completas exterminadas en diferentes lugares de Arizona, Sonora y Chihuahua. De especial ferocidad fueron los ataques en Cuencamé y zonas aledañas, donde todos los habitantes fueron exterminados. Esto provocó la respuesta de ambos lados de la frontera, donde se envió al ejército para controlar los ataques, de nuevo con poco éxito.

Los gobiernos locales tomaron control de la situación. En Chihuahua, el gobernador Ángel Trías ofreció 200 pesos por la cabellera de cada indígena, y esto contuvo los ataques al menos en Chihuahua, llegándose a pactar el fin de la cacería. El mismo modelo se seguía en Estados Unidos. Sin embargo, siendo estos pactos locales o regionales, provocaban que los ataques se detuvieran en un lugar y continuaran en otro.

El ejemplo más claro es el de 1851, cuando Chihuahua sostenía un pacto de paz con las tribus del noroeste, llegando varias de ellas a asentarse en Janos. Sin embargo, los propios anales de los apaches, así como la autobiografía de Gerónimo, reconocen que se usaba el campamento como base para atacar los establecimientos de Sonora. Ante esto, el gobernador Elías González persiguió a los indígenas hasta Janos, exterminándolos o capturando a algunos de regreso a Sonora. Este acontecimiento en particular reiniciaría la guerra por el norte de México y suroeste de Estados Unidos, que continuaría hasta 1886.

Debe notarse la lógica diferencia entre la narración de los mismos hechos desde los tres puntos de vista diferentes, estadounidense, mexicano y apache. Al analizar las crónicas de la época se debe tomar en cuenta las motivaciones y justificaciones de un punto de vista en particular. Así, cronistas de cualquiera de las partes omiten convenientemente sus crímenes.

El ejemplo del ataque a Janos es el más claro, donde las tres narrativas de la mayoría de los cronistas de la época son muy parciales en sus apreciaciones, a la vista de lo cual debe analizarse con cuidado cualquier material de referencia. Incluso en la actualidad se usan estas fuentes parciales del siglo XIX.

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La Guerra de Black Hawk

La Guerra de Halcón Negro fueron luchas sucedidas en 1832 en el Medio Oeste de Estados Unidos. La guerra tomó el nombre del jefe Black Hawk (Halcón Negro), el líder de una banda sauk, de la tribu fox, y los kickapoo, quienes lucharon en el frente británico contra el ejército de los Estados Unidos y la milicia de Illinois y el Territorio de Míchigan por la posesión de tierras en esta área.

En 1804, William Henry Harrison, Gobernador de Indiana (que por aquel entonces incluía Illinois), negociaron un tratado en San Luis (Misuri) con un grupo de Sauk y jefes Fox, por el cual los indios cederían sus tierras al este del Misisipi a cambio de 1.000 dólares al año y la condición de que las tribus podrían seguir viviendo allí hasta que la tierra fuera tasada y vendida al gobierno de los EE. UU.

De cualquier forma fue por el Articulo 2 en que se cedía la tierra "a perpetuidad" a los Estados Unidos lo que levantó la ira de las tribus Sauk y Fox. Las compensaciones por las cesiones de la tierra fueron estipuladas en 2.234,5 US$. Ademas de una compensación anual por el artículo 3 del tratado. El tratado de 1804 con los Sauk y Fox incluía artículos animando a promocionar la amistad y la paz, así como ofertas de negocio, provisiones y garantías de protección.

El tratado fue rechazado por algunos líderes de las tribus como Halcón Negro que no habían sido consultados ni representados y no habían dado la autorización para ceder las tierras. Después de la Guerra Anglo-Estadounidense de 1812, en la cual Halcón Negro había luchado contra los EE. UU., este firmó una paz en mayo de 1816 por la cual reconocía el tratado de 1804.

Mientras, la población blanca de Illinois aumentó considerablemente tras la guerra del 1812, excediendo los 50.000 en 1820 y los 150.000 en 1830. En 1828, un enviado del gobierno estadounidense, Thomas Forsyth, informó a las tribus que debían desalojar sus asentamientos al este del Misisipi.

El 15 de julio de 1830, el Comisionado para los Indios William Clark firmó otro tratado con los líderes Sauk y Fox, entre otras tribus, en Fuerte Crawford en Prairie du Chien, Wisconsin. El tratado cedía unos 107.000 km² de tierra Sauk al este del Misisipi al gobierno de Estados Unidos. También se creó un límite de "suelo neutral" entre Sauk y Foxes y sus enemigos tradicionales, los Sioux, con el propósito de evitar hostilidades entre tribus. El tratado fue firmado por Keokuk, y en noviembre de 1830 aprobado por la asamblea Sioux.

Detonante
El área incluía el pueblo de Saukenuk, en el cruce de caminos entre el Misisipi y el Rock River, que era el lugar principal de estancia estival de los Sauk quienes se habían asentado en esa región menos de 100 años antes, cerca de la fecha de nacimiento del mismo Black Hawk. Durante la primavera de 1830, cuando Black Hawk y sus hombres regresaron al lugar para acampar, encontraron colonos blancos ocupando el poblado. Black Hawk no acepto la petición de venta de la tierra y se esforzó en recuperar su tierra. Después de ese año de tensión regresó en 1831. El gobernador de Illinois a la sazón, John Reynolds declaró que su estado estaba siendo invadido por los indios.

En respuesta a la llamada de auxilio del Gobernador Reynolds, el general Edmund Pendleton Gaines desplazó sus fuerzas desde San Luis, Misuri a Saukenuk para forzar a Black Hawk a abandonar la región inmediatamente. Black Hawk al principio se negó pero después se movió a lo largo del Misisipi sin derramamiento de sangre bajo la amenaza de Gaines. Unos 1.400 hombres de la milicia de Illinois se sumaron a la lucha llamados por Reynolds. En ese momento Black Hawk firmó una rendición en la que prometió permanecer al otro lado del Misisipi. Sin embargo no tardaría en romper este pacto.

La guerra
El 6 de abril de 1832, varias tribus se unieron a la lucha y recibieron la promesa de ayuda del Reino Unido. Tras una primavera de preparativos de guerra tanto por parte de los blancos como de los indios tuvo lugar el primer enfrentamiento de la guerra: la batalla de Stillman's Run el día 14 de mayo de 1832. Inesperadamente, la unión de los indios sauk y fox logró una victoria sobre los blancos. Tan solo 11 hombres murieron, pero se exageró la tragedia, dejando a los indios como sanguinarios guerreros bárbaros e inhumanos. Algunos medios dijeron falsamente que las bajas blancas ascendían a 2.000 hombres.

Numerosos enfrentamientos menores se sucedieron ese año con diferentes resultados. Los medios estadounidenses los presentaron todos como masacres. Entre ellos: "Batalla de Buffalo Groove", "Masacre de Indian Creek", "Masacre de San Vrain", "Fuerte de Blue Monds", "Masacre de la granja Spaford", "Batalla de la herradura torcida", "Batalla Waddams Grove", "Fuerte del río Apple", "Batalla de Kellog's Grove" donde se enfrentaron los indios al general estadounidense Adam Snyder.

La batalla decisiva de la guerra tuvo lugar el 21 de julio de 1832. Fue la llamada batalla de Wisconsin Heights en la cual el general estadounidense Henry Dodge capturó al líder indio Black Hawk cerca de la actual Sauk City en el estado de Wisconsin. Unos 70 hombres de Black Hawk resultaron muertos entre los ahogados en el río y los muertos en servicio. Los que huyeron, entre ellos mujeres y niños serían más adelante perseguidos y capturados en la batalla de "Bad Axe", dando final a la guerra.

Curiosidades
El mismo Abraham Lincoln sirvió en la guerra así como el general estadounidense Winfield Scott. Las fuerzas de la brigada estadounidense nunca superaron los 1.000 hombres, y aunque los indígenas tenían un número de hombres similar, su formación militar y su armamento siempre fue muy inferior.

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