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La batalla de Suipacha de 1810

La batalla de Suipacha fue un enfrentamiento ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército del Norte enviadas por la Primera Junta de gobierno de Buenos Aires durante la primera expedición auxiliadora al Alto Perú y las fuerzas realistas españolas. Fue el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la guerra de independencia.

La batalla se produjo a 25 km de Tupiza, en la población de Suipacha, a orillas del río Suipacha en la provincia de Sud Chichas del Departamento de Potosí en la actual Bolivia, entonces intendencia de Potosí.

Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas.

El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir a Nieto con tropas armadas de todos los marinos beteranos, muchos vecinos de la ciudad, los artilleros de Cuzco, fucilería de Oruro y algunos de La Paz, entre los cuales estaban los Granaderos Provinciales de La Plata provenientes de Chuquisaca.

Al día siguiente González Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al otro día por 1200 realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre. Paraje ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas. Córdoba había recibido informes falsos sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que marchaban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos, tampoco se había enterado de la llegada de refuerzos con municiones y cañones.

El Ejército del Norte tenía inferioridad numérica, 800 realistas con 4 cañones contra 600 patriotas con 2 cañones. Formaban parte del ejército realista de observación los veteranos del Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey, este al mando del capitán José Fernando de Fontaneda, que habían partido de Buenos Aires en 1809 para reprimir las sublevaciones del Alto Perú y que luego formaron el Batallón Fernando VII.

Cuando el 7 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, este había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.

Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla. González Balcarce desplegó más tropas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras. González Balcarce ordenó simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya.

Allí las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron brúscamente, emboscando a los realistas, quienes se dieron a la fuga arrojando banderas, armas y municiones, siendo perseguidos por tres leguas.

La batalla duró media hora y concluyó con una fácil victoria para los revolucionarios ya que los realistas abandonaron el campo de batalla en fuga, dejando la artillería. Fueron tomados 150 prisioneros realistas. La aparición de indígenas para observar la batalla desde los cerros hizo pensar a Córdoba y Rojas que se trataban de fuerzas de refuerzo y se precipitó en fuga sin esperar el resultado de la batalla.

En la batalla, junto con las tropas provenientes de Buenos Aires (275 combatientes), participaron, salteños, jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños y la Caballería chicheña de Tupiza, comandada por el coronel Pedro Arraya. El 9 de noviembre Castelli ordenó al capitán Martín Miguel de Güemes que con 150 tarijeños montados partiera de Suipacha en dirección a Cinti para capturar al subdelegado y comandante militar Pedro Cabero y a su antecesor, e impedir por allí la huida de los derrotados de Suipacha hacia el Gran Chaco, así como también en posesión al nuevo subdelegado Isidoro Alberti. Güemes, quien estaba al frente de los salteños fue posteriormente a la batalla (ya en Potosí) despojado de su rango militar por desavenencias con Castelli y devuelto a Salta, mientras que sus tropas fueron incorporadas al Ejército del Norte. Evidencias históricas señalan a Güemes como el ejecutante de las acciones de Suipacha, sin embargo Castelli no lo menciona en el parte de batalla.

El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus cuatro cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.

El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.

En el momento de la batalla Juan José Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.

Exmo Señor.
Son las dos de la mañana, y media hora hace, que llegan dos ayudantes del exército, Roxas y Saravia, con el capitan Tollo, dandome de orden del mayor general Balcarce, el parte del resultado feliz para nuestras armas del ataque, que hicieron, los enemigos sobre la retirada de los nuestros de Tupiza á Suipacha, donde se fixaba el quartel general, habiendose destacado una fuerza de más de mil hombres, al mando de D. José Cordoba, con quatro piezas de artilleria. Se alistaron ayer á las tres de la tarde, y nuestra gente los esperó gallardamente, operó la artilleria mandada por Villanueva y Giles, que acababan de llegar con las piezas, municiones, caudal para pago de la gente, y tres divisiones, que venian á mi avanguardia; obró la mosqueteria, y cargó la caballeria, poniendo en fuga vergonzosa el resto de los que no quedaron tendidos en los cerros. Han perdido toda la artilleria y municiones, banderas, armamentos, mulas, monturas, mochilas y demas pidiendo clemencia, que mandé no se les diese. Siguen los nuestros las derrotas hasta alcanzar los montados, y entre ellos el general Cordoba; y es probable que reforzado Balcarse siga hasta Cotagaita á atacar, y tomar los de la reserva, y franquear el paso para Potosí. Luego que tenga mas circunstanciadas noticias reiteraré mi parte para satisfaccion de V. E. bastando decirle, que tengo en mi poder parte de los despojos del atolondrado exército de los rebeldes, que sus banderas estan en presa, que no contamos mas que un oficial, y seis heridos nuestros, y que no se sabe de nuestra tropa entrando las de Tarija, qual es la que mejor se ha portado.
Circúlo estos avisos á las ciudades por medio de sus xefes, para que celebren los triunfos de la patria, y glorias de la lealtad.
Dios guarde á V. E. muchos años. Yavi 8 de noviembre á las dos de la mañana de 1810.—
Exmo. Sr.—Dr. Juan José Castelli.
—Exma. Junta Gubernativa de estas provincias.
Parte de Castelli a la Junta


Este distintivo se utiliza aún hoy en el uniforme de gala de las tropas del Regimiento Dos (RI2) de infantería del Ejército Argentino con actual asiento en la Ciudad de Córdoba, Argentina.

Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y como castigo por la represión de 1809 en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, los jefes realistas José de Córdoba y Rojas, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz fueron capturados en Potosí y ejecutados. A González Balcarce le valió los galones de brigadier y la confianza para avanzar hacia el río Desaguadero, límite del virreinato.>
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La expedición de Los Cayos de San Luis

La expedición de Los Cayos de San Luis o sencillamente Expedición de Los Cayos, es el nombre con el que son conocidas las dos invasiones que desde Haití organizó el Libertador Simón Bolívar a fines de 1815 llevándolas a cabo durante el año 1816 con la finalidad de liberar a Venezuela de las fuerzas españolas.

Procedente de Jamaica llegó Bolívar a Los Cayos de San Luis, en la isla de Haití, el 24 de diciembre de 1815; trasladándose luego a Puerto Príncipe donde tuvo una entrevista, el 2 de enero de 1816, con el presidente Alexandre Petion, quien se comprometió a facilitarle los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa. Posteriormente, tras serle otorgado el poder supremo por parte de una asamblea de los principales jefes refugiados, venezolanos y neogranadinos, Bolívar comenzó a afinar los detalles sobre la expedición contra la costa firme venezolana; con la ayuda del gobernador militar haitiano de Los Cayos, el general Ignacio Marión.

La expedición incluía 1.000 tripulantes patriotas y 1.000 negros haitianos. Entre los expedicionarios se encontraban: Santiago Mariño, José Antonio Anzoátegui, Luis Brión, Carlos Soublette, Manuel Piar, Juan Bautista Bideau, Renato Beluche, José Francisco Bermúdez, Gregor MacGregor, Justo Briceño, Francisco Antonio Zea, Pedro León Torres, Ambrosio Plaza y otros.

El recorrido de la flota comandada por Bolívar fue el siguiente: luego de salir del puerto de Los Cayos, en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se 8encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816 llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de artillería; el 25 de abril arriban a la isla holandesa de Saba, distante 20 Km de San Bartolomé, desde donde se dirigen hacia la isla de Margarita, librando el 2 de mayo, antes de llegar a ésta, el combate naval de Los Frailes en la que la escuadrilla del almirante Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos.


Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de Bolívar pasan a Carúpano, donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud para después seguir a Ocumare de la Costa donde desembarcan y llegan hasta Maracay pero deben retirarse acosados por Francisco Tomás Morales dejando parte del parque en la playa y la mitad de sus soldados quienes bajo Gregor MacGregor emprenden la retirada por tierra a través de los valles de Aragua hacia oriente, conocida como la Retirada de los Seiscientos, tras la derrota en el cerro de El Aguacate (14 de julio).

Entre tanto, Santiago Mariño había desembarcado en Barcelona exitosamente el 24 de junio, de inmediato empieza a reunir un nuevo ejército. Envía a Manuel Cedeño y a José Tadeo Monagas a reclutar jinetes en Maturín, mientras él va por hombres a Cumaná y Margarita en compañía de Manuel Piar. Cedeño y Monagas juntaron dos escuadrones que llevaron con José Francisco Bermúdez en Aragua de Barcelona.  

El capitán Felipe Santiago Esteves Acevedo es enviado a evacuar a los patriotas en las costas occidentales. Muy pronto tuvo 350 isleños que envió a Cumaná, donde se les sumaron 700 reclutas locales y otros 1.000 de Aragua. Cuando Bolívar desembarque Mariño inicialmente se negara a acatar su autoridad, pero al final tendrá que ceder.

Tras volver a Haití y organizar una nueva expedición Bolívar zarpó del puerto de Jacmel (18 de diciembre) y llegó a Juan Griego el 28 de diciembre de 1816 y a Barcelona el 31 del mismo mes, donde estableció su cuartel general y planeó la campaña sobre Caracas con la concentración de las fuerzas que operaban en Apure, Guayana y Oriente, pero tras una serie de inconvenientes hicieron que abandonara el plan y se trasladara a Guayana, para tomar el mando de las operaciones contra los realistas en la región

A pesar de los reveses sufridos por los expedicionarios y por el propio Libertador en Ocumare de la Costa, la importancia histórica de la Expedición de los Cayos radica en que la misma permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y luego José Francisco Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que MacGregor con Carlos Soublette y otros jefes se internaran definitivamente en Tierra Firme, para abrir paso al triunfo definitivo de la República.

Fuente: ws.org
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La batalla de Vitoria de 1813

La batalla de Vitoria fue librada el 21 de junio de 1813 entre las tropas francesas que escoltaban a José Bonaparte en su huida y un conglomerado de tropas españolas, británicas y portuguesas al mando de Arthur Wellesley, el futuro duque de Wellington.

La victoria aliada sancionó la retirada definitiva de las tropas francesas de España (con la excepción de Cataluña) y forzó a Napoleón a devolver la corona del país a Fernando VII por el tratado de Valençay de 1813.

El acuerdo definitivo de paz entre la España del ya rey Fernando VII y el nuevo rey de Francia Luis XVIII se firmó el 20 de julio de 1814. Previamente, el 30 de mayo se firmaba un primer acuerdo en París —aunque el embajador español no lo pudo firmar a no tener poderes plenipotenciarios—, finalizando así la Guerra de la Independencia Española.

Tras la dura derrota sufrida por los franceses en la batalla de los Arapiles, las tropas napoleónicas se vieron incapaces de detener al ejército aliado en su camino a Madrid, el cual fue evacuado en julio de 1812. Al mes siguiente, Wellington entró en la capital y, tras desplegar unas divisiones en la zona para asegurarla, marchó con el grueso del ejército hacia el norte, donde asedió Burgos. Sin embargo, los franceses resistieron en la plaza fuerte y le forzaron a retirarse el 21 de octubre.

Posteriormente, los aliados volvieron a abandonar Madrid para retirarse de nuevo a Salamanca y posteriormente a Ciudad Rodrigo, donde se reorganizaron durante el invierno. Mientras tanto, las fuerzas francesas, ya gravemente mermadas y desorganizadas por la dura campaña en España, se redujeron aún más cuando varias divisiones fueron desplazadas de la península ibérica para cubrir otros frentes europeos debido a la desastrosa campaña de Rusia llevada a cabo por Napoleón.

Tras la llegada de la primavera, Wellington avanzó de nuevo hacia el noreste, llevando consigo un gran ejército formado por británicos, portugueses, españoles y alemanes. Se afirma que al cruzar la frontera se dio la vuelta y exclamó: «Adiós Portugal, nunca os volveré a ver». El ejército se fue engrosando sobre la marcha con efectivos de los ejércitos y guerrillas españolas de los territorios liberados, que se agrupaban para asestar el golpe final. Wellington alcanzó el valle del Esla el 20 de mayo de 1813. Este movimiento inquietó a los franceses, por lo que el mariscal Jean-Baptiste Jourdan retiró a los 58 000 hombres que había desplegado para reocupar el área entre los ríos Duero y Tajo, y los concentró de nuevo en Burgos, dispuesto a asegurar las comunicaciones con el sur de Francia.

El ejército aliado se puso entonces en marcha para cortar esta vía de escape a Jourdan, que ya planeaba abandonar el suelo español para poner a salvo la corte de José Bonaparte. Al mismo tiempo los suministros británicos comenzaron a dirigirse a Santander. Por lo tanto, a medida que avanzaban las tropas aliadas, incrementaban sus fuerzas en vez de disminuirlas, y acortaban sus líneas de suministros en vez de alargarlas.

Cuando José Bonaparte abandonó Madrid pensó en reforzar la línea del Ebro estableciendo su cuartel general en Miranda de Ebro. Al enterarse que las tropas de Wellington habían cruzado el río los días 14 y 15 de junio por Polientes, San Martín de Lines y Puente de Arenas, José Bonaparte se apresuró a llegar a Miranda y luego a la Llanada Alavesa, la región llana en torno a Vitoria, donde se concentraron los ejércitos franceses. Sin embargo los invasores tuvieron que desplegar parte de sus fuerzas al norte, para detener al general Girón, marqués de las Amarillas, que avanzaba hacia Bilbao con 15 000 hombres. Al mismo tiempo, los 20 000 hombres del Ejército del Norte, mandado por el general Clausel tuvieron que moverse hacia Navarra para intentar destruir a la División de Navarra, formada por los 8000 guerrilleros navarros, aragoneses y alaveses de Espoz y Mina, que habían sido reforzados por las guerrillas guipuzcoanas de Gaspar de Jáuregui, con otros 3000 hombres más. Estas guerrillas habían demostrado ya ser muy capaces de derrotar en batalla campal a los franceses cuando los números eran parejos. Si el general Girón enlazaba con ellas, la totalidad del ejército francés corría el riesgo de ser copado.

El Ejército del Mediodía (Armée du Midi) se situó en primera línea en una posición entre el alto de Jundiz y el pueblo de Subijana de Álava, con algunos puestos adelantados cubriendo la entrada en el valle del río Zadorra (la Llanada) por el desfiladero de La Puebla.

La segunda línea estaba formada por dos divisiones del Ejército del Centro (Armée du Centre), comandado por el conde D'Erlon, en una posición a ambos lados del Camino Real enfrente del pueblo de Gomecha.

Ambas líneas miraban al oeste, ya que José Bonaparte estaba convencido de que el ataque aliado, si llegaba, vendría por esa dirección.

La Guardia Real y la mayoría de la caballería se situaban en reserva al oeste de Vitoria, en las cercanías de Zuazo. El Ejército de Portugal (Armée du Portugal), a las órdenes de Reille, se desplegó al norte del campo de batalla, a lo largo del Zadorra, entre los pueblos de Arriaga y Durana, vigilando el paso del río y ocupando otras tres poblaciones en la orilla norte: Abechuco, Gamarra Mayor y Gamarra Menor.

En total 58 000 hombres y 153 cañones.

A las 08:30 la mañana del 21 de junio, las tropas de Hill empezaron a abrirse paso hacia los Altos de la Puebla. Fueron los españoles de la 1ª División, al mando del general Morillo, los primeros en lanzarse colina arriba. El propio Morillo fue herido en esta acción.

La 2ª división angloportuguesa se unió a la lucha y los franceses fueron desalojados de los Altos de la Puebla. Los británicos avanzaron y conquistaron Subijana, pero no pudieron seguir adelante debido al fuego proveniente de la 4ª División de Conroux, perteneciente al Ejército del Mediodía francés.

La columna de Graham atacó la derecha imperial (Ejército de Portugal), al mando de Reille. La 6ª División española, a las órdenes de Longa, atacó y tomó Gamarra Menor y continuó hasta Durana, un punto muy importante porque el Camino Real en dirección a Bayona pasaba por allí y se podría cortar la retirada francesa. Gamarra Mayor fue atacada por la 5ª División angloportuguesa.

Tras una serie de duros enfrentamientos, la 3ª División al mando de Thomas Picton rompió el frente central francés y las defensas napoleónicas se derrumbaron. Los franceses iniciaron entonces una huida desesperada hacia la frontera de su país, dejando tras de sí 8000 bajas entre muertos y heridos y 2000 prisioneros, perdiendo 152 de los 153 cañones que portaban. Los aliados sufrieron 4500 bajas.

José Bonaparte, completamente aterrorizado cuando un regimiento de húsares británicos se lanzó a la carga contra su berlina, montó su caballo abandonando el tesoro que procedía del saqueo del patrimonio español.

Consumada la victoria aliada, el general Álava tomó una unidad de caballería británica y penetró en su ciudad natal evitando que vencedores y vencidos realizaran saqueos en la ciudad, como llevaban haciendo en numerosas ciudades y sí harían posteriormente, por ejemplo, en San Sebastián.

Miles de soldados se lanzaron sobre el cuantioso botín que los imperiales se llevaban a Francia y estaban dejando en su huida: oro, plata, joyas, sedas, valiosos vestidos, orfebrería, etc. Los aliados (en especial los británicos) abandonaron toda persecución de los franceses y se entregaron al reparto del botín, lo que irritó a Wellington, quien escribió: "The British soldier is the scum of the earth, enlisted for drink" («El soldado británico es la escoria de la tierra, se alista por un trago») [cita requerida].

El colapso de la disciplina en las filas aliadas, que permitió saquear tanta riqueza, implicó que los franceses, a pesar de sufrir 10 000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, pudieran escapar para luchar otro día.

Las noticias de la victoria insuflaron nuevas fuerzas a prusianos y rusos, que todavía estaban recuperándose de las derrotas de Lützen y Bautzen. Austria, que hasta entonces había dudado en unirse a la nueva coalición antinapoleónica, entró de nuevo en guerra.

Con posterioridad, las fuerzas aliadas se reagruparon y ocuparon San Sebastián y Pamplona. En diciembre se inició la invasión desde las bases del País Vasco francés.

Fuente(s): BatalladeVitoria
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La Hazaña de los Tres Sargentos

La Sorpresa de Tambo Nuevo, conocida como Hazaña de los Tres Sargentos fue una exitosa acción de caballería llevada a cabo por una partida de Dragones del Ejército del Norte entre el 23 y el 25 de octubre de 1813, en el curso de la Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú durante la Guerra de Independencia de la Argentina. Los jinetes incursionaron en primer lugar el cuartel general del coronel realista Saturnino Castro en Yocalla, para luego atacar el puesto avanzado de Tambo Nuevo.

Después de la derrota del general Manuel Belgrano en Vilcapugio
, el 1 de octubre de 1813, el grueso del Ejército del Norte se retiró hacia el este, acampando tras varios días de marchas forzadas en Macha. Las pérdidas en hombres y material habían sido considerables, sobre todo en lo que hace a la artillería. No obstante, Belgrano comenzó a reforzar sus desmoralizadas y exhaustas tropas con el apoyo de patriotas locales que se sumaron a sus filas y le proveyeron vituallas. Pese a su reciente victoria, la situación de los realistas distaba de ser mejor.

El general Joaquín de la Pezuela había perdido más de 200 hombres en Vilcapugio, junto con un buen número de mulas y caballos, único medio de transporte viable en el terreno escarpado del altiplano. Una parte del ejército de Belgrano se retiró a la villa de Potosí, bajo el mando del general Eustoquio Díaz Vélez. A mediados de octubre, Potosí se hallaba asediada desde el norte por un escuadrón realista, comandado por el coronel Saturnino Castro, quien se había apoderado del pueblo de Yocalla. El camino entre las fuerzas de Díaz Vélez y las de Belgrano estaba controlado por el enemigo.

Mientras reorganizaba sus fuerzas en Macha, Belgrano ordenó a sus mejores oficiales diversas tareas de reconocimiento del campamento realista. Uno de ellos, el joven teniente La Madrid, fue elegido para una misión en el cuartel general enemigo en Yocalla. La Madrid encabezaba una partida de cuatro dragones y un guía indígena. El grupo llegó a acercarse a unos 400 m del campamento, tras una noche en la que se produjo una intensa nevada. Allí sorprendieron una patrulla realista que marchaba en la nieve, haciéndose de cinco prisioneros, que fueron enviados inmediatamente a Macha. La presencia y posterior retirada de La Madrid no fue advertida por los hombres de Castro. Sin embargo, un grupo de milicianos locales leales a Pezuela hostigaron su paso a través de la quebrada de Tinguipaya, e informaron a Castro acerca de la ruta de los jinetes.

Cuando los cautivos fueron llevados ante Belgrano, éste reconoció a dos de ellos -un cabo y un soldado raso- como parte del ejército realista que al mando de Pío Tristán se había rendido en Salta. Estos hombres habían jurado no volver a tomar sus armas en contra de los ejércitos independentistas. Belgrano ordenó que fueran fusilados inmediatamente por la espalda. Sus cuerpos fueron decapitados, y sus cabezas, junto con un refuerzo de ocho dragones, le fueron enviadas a La Madrid, quien todavía se encontraba al acecho del enemigo.

La Madrid sabía que Castro, cuyos informantes locales lo tenían al tanto de los movimientos de su partida, había dispuesto que una compañía le preparase una emboscada en la posta de Tambo Nuevo, un puerto de montaña ubicado a unos 25 km al norte de Yocalla. En la noche del 24, La Madrid y sus hombres escalaron una cuesta detrás de la posta. A la cabeza iban tres soldados como exploración avanzada.

Ellos fueron los primeros en llegar a la posición realista. Allí se toparon con un rancho de adobe donde pastaban 50 caballos, mientras que otro rancho estaba custodiado por un centinela. Entre los tres dominaron al custodio y penetraron en el edificio, donde sorprendieron a otros diez hombres durmiendo. Los once fueron tomados prisioneros, aunque más tarde uno de ellos -un sargento- logró escabullirse y dar la alarma. El resto de la sorprendida compañía, pensando que estaban siendo atacados por fuerzas superiores, permanecieron dentro de su refugio, a la vez que intercambiaban disparos con los atacantes.

Al amanecer, La Madrid inició el regreso a Macha con los 10 prisioneros y las armas capturadas. Los tres soldados fueron ascendidos a sargentos por Belgrano, con el título honorífico de Sargentos de Tambo Nuevo.

La incursión tuvo el efecto inesperado de obligar a los realistas a levantar su asedio a Potosí. Castro, convencido de que su escuadrón estaba siendo acechado por una fuerza combinada de 200 soldados, decidió retirarse a Condo, cuartel general de Pezuela. Su retirada permitió a las tropas del general Díaz Vélez reunirse con el ejército de Belgrano en Macha.

La caballería de La Madrid, una vez despejado el camino de enemigos, alcanzó el sitio donde había tenido lugar la Batalla de Vilcapugio, donde halló los cuerpos sin vida de varios camaradas, a los que dio cristiana sepultura. En ese lugar erigió dos picas, donde clavó las cabezas de los realistas ejecutados por Belgrano. Un cartel fue colocado en las picas con la leyenda por perjuros.

Fuente(s): SorpresadeTamboNuevo
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El Imperio Otomano

El Imperio OtomanoEl Imperio Otomano, gobernado por la casa de Osmán, fundó su pretendido universalismo en la misma voluntad de Dios y en la justicia de la conquista por medio de la guerra santa.

A lo largo de casi todo el quinientos, aquel absolutismo político religioso y la eficiencia de los planes bélicos en su triple frente del Danubio, Mediterráneo y Asia Anterior se mantuvieron incólumes gracias a un aguerrido ejército (cipayos y jenízaros).

Un cipayo era un miembro de una tropa de caballería de élite incluida dentro de las Seis Divisiones de la Caballería del Imperio Otomano y que normalmente procedía del Magreb. El estatus de los cipayos se asemejaba al de los caballeros europeos medievales. El cipayo era titular de un feudo concedido directamente por el Sultán Otomano, y tenía derecho a todos los ingresos del mismo a cambio de sus servicios como militar.

Los jenízaros constituían unidades de infantería adiestradas, eran la élite del Ejército otomano, y entre sus muchas misiones destacaba la de ser los encargados de la custodia y salvaguarda del Sultán Otomano, así como de las dependencias de palacio, siendo considerados su guardia pretoriana. Fueron abolidos y masacrados por el Sultán Mahmud II en 1826.

El Imperio Otomano sultanes
Los otomanos no conseguirían suficiente poder como para eliminar a sus enemigos inmediatos y establecer un verdadero Estado hasta el gobierno del hijo y sucesor de Osmán, Orhan I (1324-1360). La clave de su reinado fue la conquista de Nicea en 1331 y Bursa. Esta última no sólo proporcionó la capital, sino los útiles necesarios para crear una administración otomana. Pudo acabar también con la amenaza de sus vecinos turcomanos, Aydin.

Tras la caída de Aydin, serán los otomanos los que ayudarán al candidato al trono bizantino, enfrentado a Juan Paleólogo, tomándose como recompensa el derecho a saquear el territorio bizantino a lo largo del Egeo, en Tracia, y la mano de la hija de Juan Cantacuceno, Teodora.

Para defender a Europa de la amenaza turca, el Papa proclamó una bula llamando de un modo formal a la Cruzada hacia 1366, que fue un fracaso en «la ruta de los serbios». Los otomanos siguieron la política islámica tradicional de tolerancia hacia los zimmíes, o "gente del libro", que tenían derecho de protección sobre sus vidas, propiedades y creencias religiosas siempre que aceptasen un gobierno musulmán y pagaran los tributos que les eximían del servicio militar.

decadencia otomana
La decadencia otomana comenzó después de la muerte de Solimán el Magnífico, en 1566. Éste restauró, durante su reinado, el poder del Gran Visir y fue generoso con los jenízaros, permitiéndoles casarse. Desarrolló una considerable actividad legisladora que se centró principalmente en la organización del ejército, el feudalismo militar, la propiedad territorial y el sistema tributario. También llevó a cabo personalmente varias campañas militares.

La más famosa fue el asedio de Viena en 1529, en la que fracasó. Durante su reinado, el Estado otomano alcanzó su máximo grado de desarrollo civil. Reunió la legislación en el Kanunname y concedió las Capitulaciones a Francia en 1535, lo que se considera una de las causas de la decadencia otomana posterior. Así mismo, le concedió mucha importancia a las artes y embelleció a Estambul.

Fuente: curiosomundoazul.blogspot.com
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La Batalla de Huaqui

La Batalla de Huaqui
Fue una batalla ocurrida el 20 de junio de 1811 entre las tropas realistas del Virreinato del Perú y las tropas del gobierno revolucionario de Buenos Aires. Los antecedentes de esta batalla están dados por las acciones que desarrolló el ejército mandado por Juan José Castelli y por Antonio González Balcarce, que tuvo su primer encuentro con el ejército realista al mando del general José Manuel de Goyeneche a fines de octubre de 1810, sin mayores consecuencias y sin ser perseguido por el ejército realista replegándose hacia el sur, y obteniendo en Suipacha clara victoria sobre las fuerzas realistas.

El avance victorioso de las tropas de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires continuó hacia el norte del Alto Perú y el 20 de junio de 1811 se encontraron junto al río Desaguadero, donde tuvo lugar la batalla.

Dado que Abascal no se fiaba de Castelli, envió refuerzos y abastecimientos a Goyeneche, quien continuó los preparativos bélicos. Advertido Castelli de los preparativos bélicos de Goyeneche, movió su ejército desde el campamento de La Laja, en el que se había instalado a principios de abril, hacia el nuevo campamento en Huaqui, para guarnecer el paso del río Desaguadero (denominado Puente del Inca) y observar los movimientos realistas, lo que constituía una violación flagrante del armisticio firmado por ambas partes.

Huaqui disposicion batallaLa mañana del día 19, los revolucionarios habían localizado sus fuerzas en Huaqui, Caza, y Machaca y echado un puente sobre el río Desaguadero haciendo pasar una columna de 1200 hombres con la excusa de evitar que continuasen las acciones de saqueo llevadas adelante por fuerzas realistas que cruzaban ese río en busca de víveres, debido a que el paso no se hallaba guarnecido. Sin embargo, con este plan pretendían distraer las fuerzas de Goyeneche por el frente y flanco derecho mientras rodeaban a los realistas por la espalda mediante la comunicación establecida con este nuevo puente.

En esta situación de violación del armisticio por los patriotas y franco peligro para todas sus tropas al verse rodeado por todos los flancos, el general Goyeneche determinó el ataque directo con todo su ejército. A las 3 de la mañana del 20 de junio ordenó a los coroneles Juan Ramírez Orozco (con los batallones de los beneméritos), Pablo Astete, tenientes coroneles Domingo Luis Astete y Mariano Lechuga (con 350 efectivos de caballería y cuatro cañones) que atacaran Caza, que es una quebrada sobre el camino de Machaca con comunicación a Huaqui, mientras él se dirigía a la toma de Huaqui con los coroneles Francisco Picoaga y Fermín Piérola al mando de 300 efectivos de caballería, 40 miembros de su guardia y 6 piezas de artillería.

La Batalla de HuaquiAl amanecer, las alturas de los cerros que las tropas españolas debían conquistar estaban tomadas por gran número de independentistas, caballería y fusileros que hacían fuego sobre los españoles con acompañamiento de granadas y hondas. Sin embargo el ejército realista les puso en fuga en pocas horas.

Cuando las tropas independentistas tuvieron noticia de la aproximación de Goyeneche a Huaqui, salieron de dicha población Castelli, Balcarce y Luciano Montes de Oca al mando de 15 piezas de artillería y 2000 hombres, tomando una posición sobre el camino a Huaqui casi inexpugnable, entre la laguna y los montes superiores.

Goyeneche ordenó el avance introduciéndose bajo fuego enemigo sin contestar con un fusilazo, mientras el batallón del coronel Picoaga rompía el fuego, contestado por los independentistas con enorme energía.

Como las tropas independentistas, al reconocer al general Goyeneche, dirigían su fuego contra él, ordenó a uno de sus edecanes que transmitiera la orden de atacar al flanco derecho de su ejército, mantuvo cubierto el camino con el batallón de Piérola y destacó tres compañías para que avanzasen dispersas por el frente mientras él, con el resto de tropa en columna atacaba por la izquierda.

La caballería del ejército de Castelli trató de detener el empuje pero fue arrollada y huyó, junto a todo el ejército rebelde, hacia Huaqui. Goyeneche dio orden de perseguirlos y consiguió tomar el pueblo. El coronel Ramírez comunicó poco después la victoria en Caza.

La batalla terminó en la desbandada de las tropas patriotas, con el saldo para éstas de más de mil hombres perdidos y el abandono de numeroso parque y de artillería. En precipitada retirada, se refugiaron en Potosí y luego en la ciudad de Jujuy.

Consecuencias
Perú el mismo 20 de junio de 1811 estalló la revoluciónMientras tanto en el Perú el mismo 20 de junio de 1811 estalló la revolución que había sido convenientemente preparada. El caudillo tacneño Francisco Antonio de Zela que se había puesto de acuerdo con Castelli conviniendo que mientras él diera el golpe en Tacna, el ejército rioplatense avanzaría hacia el Perú para iniciar la campaña de la libertad de los peruanos, pero la derrota de Huaqui dio por tierra cualquier movimiento planeado en territorio peruano.

La mala impresión que causó en Buenos Aires esta desastrosa derrota (por la pérdida de todo el armamento), hizo que González Balcarce y Castelli fueran relevados y juzgados. También provocó que se pactase una tregua con Montevideo, por el temor del gobierno de Buenos Aires a verse atacado en dos frentes al mismo tiempo.

La derrota de los independentistas rioplatenses en Huaqui fue de tal magnitud que la debilidad que se instaló en el norte tras esa derrota provocó que el general Belgrano luego de hacerse cargo del Ejército del Norte, recibir nuevo armamento, adiestrar a sus tropas, y restablecer la disciplina, tomó una medida extrema: movilizó a toda la población de Jujuy hacia el sur ante la inminente ofensiva española. Este episodio se conoce como el Éxodo Jujeño.

Fuente(s): http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Huaqui
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La Independencia del Perú

La Independencia del Perú
La independencia del Perú fue un periodo histórico en el que a partir de un proceso revolucionario se dio origen y se consolidó la creación de la República del Perú, para erigirse como un estado independiente de la monarquía española, lo que resultó en la ruptura y final del Virreinato del Perú.

La Expedición Libertadora del Perú proveniente de Chile, proclamó en Lima la independencia del Estado peruano. La independencia del Perú fue un capítulo más en las guerras de emancipación hispanoamericanas.

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El Regimiento de Patricios

El Regimiento de Patricios tuvo su origen en el cuerpo miliciano formado el 15 de septiembre de 1806 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, con motivo de las Invasiones Inglesas, respondiendo a la proclama del virrey Santiago de Liniers y Bremond del 6 de septiembre, que invitaba a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo. Allí nació la "Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires", frente a la inminencia del peligro.

Liniers dispuso que los voluntarios nativos de Buenos Aires se presentaran en el Fuerte el 15 de septiembre de 1806, presentándose más de 4.000 hombres que debieron ser alistados también en otros cuerpos.

Fue el cuerpo más grande y poderoso reclutado para la Defensa de Buenos Aires y, como a los demás cuerpos urbanos formados, se le concedió el privilegio de elegir a sus oficiales. La primera elección se efectuó en el Consulado de Buenos Aires el 8 de noviembre de 1806. Como jefe del Cuerpo o Legión y comandante del 1° Batallón fue electo teniente coronel Cornelio Saavedra, Esteban Romero fue electo comandante del Segundo Batallón y José Domingo Urien del Tercer Batallón. Manuel Belgrano, fue electo sargento mayor (luego reemplazado por Juan José Viamonte) y entre otros oficiales se hallaban Feliciano Chiclana, Vicente López y Planes, Gregorio Perdriel y Eustoquio Díaz Vélez.

Se eligió como patrono del cuerpo a San Martín de Tours y el 9 de noviembre fue bendecida su bandera en la Catedral de Buenos Aires junto con la del Cuerpo de Arribeños.

El Cuerpo de Patricios estaba compuesto de 3 batallones, con 23 compañías de 50 hombres cada una (8 en los batallones I y III y 7 en el II), con un total de 1.356 plazas, nativos todos de la capital del virreinato.

Saavedra, en su manifiesto a los americanos, describe así el comportamiento y gravitación de los patricios en aquellas decisivas jornadas:
Tengo el honor de manifestar a la faz del todo el mundo las gloriosas acciones de mis paisanos en la presente guerra con el Britano, más de 12.000 testigos presenciales, puedo decir que a una vez, publican que jamás ha visto mayor intrepidez, valor y ardimiento que el que experimentaron en los gloriosos hechos de armas del 12 de agosto de 1806, 12 de mayo, 7 de junio, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 de julio de 1807 y por todos quisiera hablarse el Teniente Coronel del Regimiento Nº 18, D. Enrique Cadogan, que habiendo experimentado muy a su costa el animoso denuedo de los Patricios de Buenos Aires, preguntaba con asombro, después de rendido, por las tropas de escudo en el brazo, que por valiente y generosa había admirado a él y los suyos (...)

Bautismo de fuego
Durante la Segunda invasión inglesa al Río de la Plata Saavedra fue destacado a Colonia del Sacramento con un contingente de patricios, pero ante la caída de Montevideo en manos británicas, evacuó la plaza hacia Buenos Aires en febrero de 1807.

El 7 de junio de 1807 se produjo el combate de San Pedro en la Banda Oriental, cuando las fuerzas españolas procedentes de Buenos Aires comandadas por Francisco Javier de Elío, entre ellas varias compañías de patricios, se aprestaban a asaltar Colonia del Sacramento y fueron atacadas y derrotadas por el teniente coronel británico Denis Pack.

Todo el cuerpo tuvo su bautismo de fuego el 4 de julio de 1807 cuando se produjo el ataque británico a Buenos Aires. Los batallones N° 1 y 2 de Patricios se ubicaron en la División de la Derecha (Bandera encarnada), mientras que el Batallón N° 3 estuvo en la División de Reserva (Bandera tricolor).

Guerra contra el Imperio del Brasil
Durante la Guerra contra el Imperio del Brasil, participó en los combates de Bacacay e Ituzaingó en 1827, después de realizar el tremendo esfuerzo que significa marchar más de 400 km hasta el actual territorio brasileño durante un tórrido verano.

En los largos años de las guerrs civiles argentinas - causadas por los enfrentamientos entre unitarios y federales desatados con el fusilamiento de Dorrego en 1828 - el cuerpo de Patricios perduró siempre, aunque con distintas denominaciones. Tanto antes como después de 1852, en que la Confederación Argentina comenzó lentamente su organizacion institucional, el Regimiento participó en muchos de los hechos que cubrieron de sangre el territorio argentino.

Con Rosas intervinieron en la campaña del desierto en los años 1833 y 1834. En 1830 Rosas les restituyó el nombre de Patricios a los batallones cívicos de Buenos Aires luego de una misa en honor de Saavedra.

Fuente: http://es.wikipedia.org/
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Virreinato de Nueva Granada

El Virreinato de Nueva Granada, Virreinato de Santafé o Virreinato del Nuevo Reino de Granada fue una entidad territorial ultramarina, integrante de España, establecida por la Corona española (1717–1723, 1739–1810 y 1816–1819) durante su periodo español en América. Fue creado por el rey Felipe V en 1717 dentro de la nueva política de los borbones y suspendido en 1723, por problemas financieros, siendo reinstaurado en 1739 hasta que el movimiento independentista lo disuelve de nuevo en 1810.

En 1815 fue reconquistado su territorio por el ejército del rey Fernando VII, siendo nuevamente restaurado, hasta que el ejército rebelde logró su independencia definitiva del poder español en 1819.

La capital del virreinato se situó en la ciudad de Santa Fe (hoy Bogotá). El escudo de armas del virreinato fue heredado por la ciudad de Bogotá, actual capital de la República de Colombia, que lo conserva como su insignia.

En 1508 la Tierra Firme fue dividida entre Diego de Nicuesa, quien obtuvo la gobernación de Veragua o Castilla de Oro, que iba desde el río Atrato en el golfo de Urabá hasta el cabo Gracias a Dios y Alonso de Ojeda, la de Nueva Andalucía, desde el río Atrato al Cabo de la Vela. Nicuesa fundó "Nombre de Dios" y Martín Fernández de Enciso "Santa María La Antigua del Darién", ambas en 1510.

Poco después, a partir del 1 de marzo de 1511 Vasco Núñez de Balboa se hace cargo de Veragua (incluyendo a Darién) y fue nombrado por el virrey Diego Colón como su lugarteniente en Darién.

El rey lo nombró el 23 de diciembre de 1511 capitán y gobernador interino del Darién hasta julio de 1514. El 25 de septiembre de 1513 tomó posesión del "Mar del Sur" que él descubrió.

En mayo de 1513 Pedrarias Dávila fue nombrado gobernador y capitán general de Castilla de Oro, que incluía todo el territorio de la costa desde el Cabo de la Vela hasta el actual Panamá, con excepción de Veraguas, llegando a Darién en julio de 1514.

Fundó "Nuestra Señora de la Asunción de Panamá" el 15 de agosto de 1519. Nueva Andalucía fue suprimida y Balboa recibió el 23 de septiembre de 1514 el nombramiento de "Gobernador de Coiba y Panamá y Adelantado de la Mar del Sur" subordinado a Castilla del Oro.

En 1525 Fernández de Oviedo intentó extablecer una gobernación en la zona de Cartagena (Gobernación de Cartagena), pero no prosperó hasta la fundación de la ciudad en 1533.

El 26 de febrero de 1538 fue establecida en el Istmo, la Real Audiencia de Panamá por Real Cédula expedida por Carlos V.

Hacia 1542 existían las gobernaciones de Santa Marta (fundada en 1525), Cartagena y Popayán (fundada en 1536).

En 1550 se crea la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá dentro del Virreinato del Perú con jurisdicción sobre el Nuevo Reino de Granada y las gobernaciones de Santa Marta, Cartagena y Popayán.

En 1567 el capitán Andrés Gómez Hernández fue nombrado gobernador de la Gobernación del Chocó, Dabaibe y Valle del Baeza, pero no llegó a su destino al morir en Cartagena.

La débil dependencia del gobierno del Nuevo Reino de Granada en Santa Fe de Bogotá, con el del virreinato del Perú en Lima, la lentitud de las comunicaciones entre las dos ciudades, sumados a los constantes conflictos desde el año 1582, entre el gobierno de los Presidentes de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá y el arzobispado de Santa Fe, situación confirmada por la presencia en la colonia de visitadores, enviados por la Corona, entre ellos Infante de Venegas, llevan a recomendar a Felipe V la creación de un Virreinato independiente en La Nueva Granada en 1717, finalmente decidido en el año 1718.

De esta manera, provincias de lo que hoy podría corresponder a Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela, y regiones de Perú, Brasil y Guyana, hasta entonces bajo diferentes jurisdicciones, se unen bajo una misma autoridad colonial establecida en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, confirmando así a la ciudad como otro de los principales centros administrativos de las colonias españolas en América, junto con Lima y la Ciudad de México.

Sin embargo, y a pesar de los intentos esporádicos hacia reformas encaminadas a mejorar la eficiencia y centralización de la autoridad, en ningún momento el control y cohesion de esta colonia llegó a ser el realmente deseado en España.

Entre las consideraciones que manejó la corona para su creación, hay dos hechos esenciales. En primer lugar, la zona era la más importante del continente en cuanto a la producción aurífera. En segundo lugar, su situación estratégica entre los dos océanos y de ser una de las puertas de entrada al occidente de la América del Sur, le permitiría enfrentar mejor el contrabando y los ataques de piratas y filibusteros con un punto más cercano al Caribe.

En cuanto a la población del virreinato, señala Carlos Malamud: "A lo largo de la centuria, la población del virreinato fue en constante aumento, estimándose una tasa de crecimiento para el último cuarto del siglo del orden del 1,5% anual. Según el censo de 1778, la población del virreinato, con exclusión de los territorios integrados en la Real Audiencia de Quito, ascendía a 742.759 habitantes. W.P.McGreevey estimó que la población de los territorios que forman la actual Colombia ascendía a 940.000 habitantes". Finalmente, la mayor concentración de población (62%) se encontraba en los altiplanos andinos colombianos.

Sin embargo, la difícil y diversa geografía del Norte de Suramérica y la escasez de caminos apropiados hacían difícil el tránsito y la comunicación en el interior del virreinato. El establecimiento de una Capitanía General en Caracas y una Real Audiencia en Quito, aún legalmente subordinada al virrey, fue una respuesta a las necesidades de un gobierno efectivo en las regiones más alejadas; aunque algunos analistas consideran que también fue reflejo, en algún grado, de la tradición local, la cual, eventualmente contribuyó a crear diferencias políticas y nacionales entre los territorios recién independizados que Simón Bolívar no lograría reunificar por mucho tiempo, con la fundación de la primera República de Colombia en 1819.

Al momento de la separación de Venezuela, en 1742, el virreinato quedó formado por el Nuevo Reino de Granada (gobernaciones de Nuevo Reino, Cartagena, Santa Marta, Maracaibo, Antioquia, Popayán y Guayana), Quito (gobernaciones de Quito, Quijos, Macas, Esmeraldas y algunos corregimientos) y Panamá (gobernaciones de Panamá y Veraguas). Las gobernaciones de la Guayana, Margarita, Mérida y Maracaibo fueron posteriormente incluidas en la Capitanía General de Venezuela.

En 1764 se creó la Gobernación de Guayaquil.

El 13 de febrero de 1789 la provincia de Riohacha fue separada de la de Santa Marta, ambas habían sido fusionadas el 17 de enero de 1593.

Por real orden del 13 de agosto de 1790, se ordenó segregar de la provincia de Riohacha el establecimiento de Sinamaica y agregarlo a la provincia de Maracaibo en la Capitanía General de Venezuela. El 1º de agosto de 1792 se llevó a cabo la transferencia.

Los territorios del virreinato se ganaron su independencia de España, entre 1819 y 1822, después de una serie de revueltas militares y políticas, unificándose posteriormente con los de la anterior Capitanía General de Venezuela en una República conocida hoy como la Gran Colombia.

Cuando, lo que hoy podría ser, Ecuador y Venezuela se separaron durante la disolución de la Gran Colombia, Bogotá se constituyó en la capital de la nueva República de la Nueva Granada.
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La Batalla del pantano de Vargas

La Batalla del pantano de Vargas fue un enfrentamiento armado que se presentó en cercanías al municipio de Paipa el 25 de julio de 1819, entre las tropas independentistas y las tropas realistas en la campaña libertadora por la independencia de Colombia.

En ella, el ejército venezolano-granadino al mando de Simón Bolívar pretendía cerrar el paso a las fuerzas de apoyo de José María Barreiro que se dirigían a la ciudad de Bogotá. Esta batalla resultó difícil para los hombres al mando de Bolívar, que estuvieron cerca de la derrota ya que el ejército se encontraba agotado y desorganizado tras el difícil ascenso al páramo de Pisba.

Sin embargo, el ataque por el flanco del destacamento de la legión británica al mando del coronel James Rooke, y una oportuna carga de caballería de los lanceros del coronel Juan José Rondón, recién llegados al campo de batalla, revirtieron la situación. Rooke, sin embargo, resultó gravemente herido en el ataque y fallecería algunos días después. Posterior a este ataque, las tropas realistas huyeron a los Molinos de Bonza. Gracias a esta maniobra militar, el ejército libertador llegó a Tunja el día 4 de agosto de 1819.

El 12 de junio de 1819, las tropas descriminadas del general Simón Bolívar se reunieron en Tame con las tropas granadinas bajo el mando del general Francisco de Paula Santander. Allí se decidió que la campaña libertadora continuaría por la ruta hacia Pore, utilizando el camino de Labranza Grande. Y el Libertador decidió atravesar el páramo de Pisba. Al llegar a Paya, el ejército patriota encontró un fuerte realista bien diseñado, bien defendido y que finalmente sería capturado por el general Santander con grupos de asalto.

El paso del páramo era totalmente inclemente con las tropas, que se vieron altamente afectadas por las difíciles condiciones que el terreno presentaba. Una gran cantidad de soldados se perdieron en la travesía, ya fuera debido al frío, al hambre o, menos frecuentemente, a enfermedades.

La caballería sufrió pérdidas catastróficas, pues todos los animales que el ejército llevaba se perdieron en el camino, por lo que la división de caballería del ejército dejaría de existir durante la travesía. Las armas de fuego tuvieron que cargarse con mucho cuidado para evitar que los cartuchos se dañaran con las lluvias. Para mantener la moral de las tropas, Bolívar daba ejemplo de fortaleza ante las adversidades.

La vanguardia del ejército, al mando del general Santander, llegó al pueblo de Socha el 5 de julio, luego de atravesar el páramo en su totalidad. En ese pueblo, y con el apoyo de los pueblos cercanos, las tropas descansaron, y fueron ayudadas a recuperarse. Al día siguiente, las tropas del comandante José Antonio Anzoátegui arribaron al mismo sitio, donde también fueron auxiliadas.

Cuando los españoles se enteraron de la invasión patriota, enviaron tropas hacia la región invadida bajo el mando del General Barreiro. Dos bloques de 800 hombres fueron enviados a Corrales y Gameza, junto al río Sogamoso. En ese sitio sucedieron varios enfrentamientos que culminarían con la victoria de las tropas patriotas a cargo del militar Justo Briceño en Corrales y la vanguardia del ejército comandado por Santander en Gámeza que obligó a los realista a retirarse a Tópaga, serie de combates conocido como la batalla de Gámeza.

Luego de esta refriega, el ejército libertador, se repliega a Tasco nuevamente el día 12 de julio y entra a Corrales de Bonza el día 20 de julio, ordenados en orden de batalla buscando el encuentro con Barreiro, pero este rehuye el combate parapetado en la altura; en esta situación sorpresivamente la madrugada del 25 de julio se dezplaza en dirección a Paipa, con el animo de cortar la comunicación del ejército realista con Santafé de Bogotá: percatado Barreiro moviliza también sus tropas y se mueve casi en paralelo a Bolívar logrando ubicar su ejército en el cerro el picacho, desde donde dominaba el paso del ejército libertador por el pantano de Vargas.

Para el día de la batalla, el 25 de julio de 1819, Bolívar logró reunir unos 2.200 hombres. El general decide guiar a las tropas por el camino del Salitre de Paipa, para realizar un ataque por la retaguardia enemiga. Cuando las tropas avanzaban por el este del Pantano de Vargas, los realistas llegaron a cerrarles el paso. Las tropas patriotas se situaron frente a las españolas; éstas últimas, sin embargo, tenían ventaja de terreno y al menos 3000 efectivos, que inclinarían la batalla a su favor.

Bolívar envió dos batallones de infantería al mando de Anzoátegui por la derecha y el resto de la infantería al mando de Santander por la izquierda, y dejo en la retaguardia la caballería a su mando. Barreiro a su vez ubica sus fuerzas en tres líneas aprovechando a su favor el declive del terreno.

A las 11 de la mañana inició el combate. Los dos batallones de Anzoátegui avanzan por la derecha pero fueron atacados y obligados a retroceder por los españoles para evitar el envolvimiento por parte de estos, más numerosos; al observar esta situación Bolívar ordenó a Santander el ataque por la izquierda lo que disminuyó la presión de los dos batallones de la derecha que atacaron nuevamente haciendo retroceder al ejército realista abandonando el terreno conquistado.

La idea de Bolívar consistía en incitar a Barreiro a enviar sus reservas a la batalla con cada retroceso de sus tropas. Luego de dos horas de combate, las tropas realistas obligaron a la izquierda patriota, que estaban bajo el mando de Santander y que cargaba con bayonetas continuamente, a retroceder, pero Bolívar ordenó una contraofensiva que recuperó el terreno.

Un soldado enemigo disparó hacia la nuca del general Santander; el coronel París, quitándole la guerrera, verificó que el proyectil no hubiese penetrado la piel. En ese momento el jefe patriota envió al combate a la legión británica, bajo el mando de James Rooke, que cargó contra los enemigos. Este movimiento detuvo el avance de las tropas españolas, que sin embargo continuaron la lucha ferozmente. Barreiro envió entonces el resto del ejército español para repeler a los patriotas, es precisamente en ese monento cuando el General Barreiro grita " Ya ni Dios me quita la victoria", los patriotas retrocedieron totalmente desorientados, con lo que la victoria española se vio prácticamente asegurada.

A las seis de la tarde, cuando la derrota era inminente, Bolívar decidió enviar a las últimas reservas de su ejército, conformada por lanceros llaneros a liderados por el venezolano Juan José Rondón. Fue entonces cuando Bolívar gritó la histórica frase «Coronel, ¡Salve usted la patria!», a lo que el coronel contestó «Es que Rondón no ha peleado todavía». En esta acción de la caballería se destacaron también los oficiales venezolanos Leonardo Infante y Lucas Carvajal, de quien el general Santander expresaría: «la gloria del pantano de Vargas pertenece al Coronel Rondón y al Teniente Coronel Carvajal; a ningún otro se le concedió sino a ellos en aquel glorioso día el renombre de valientes». Fue así como Rondón seguido inicialmente por 14 llaneros más, a los que luego se unirían los demás jinetes que no habían luchado aún, emprendieron la lucha, hecho frente al cual el ejército realista, desordenado y sin capacidad de reacción, asumiera su derrota y retiro de esta batalla decisiva. Barreiro entonces replegó las tropas que le quedaban hacia Paipa y Molinos de Bonza, mientras el ejército de Bolívar regresaba victorioso a Corrales de Bonza al día siguiente. El comandante Rooke fue herido de gravedad en el combate, y moriría pocos días después.

De esa forma se dio por terminada la batalla de Pantano de Vargas, que culminó con la victoria patriota, y que dejó como resultado 350 bajas en el ejército patriota, y 500 en el realista. Esta victoria sumado al movimiento estratégico de Simón Bolívar, denominado la contramarcha de Paipa darían la base que definiría el combate decisivo que ocurriría 12 días después, el 7 de agosto de 1819, en la Batalla del puente de Boyacá.

Consecuencias
Las consecuencias a corto plazo fueron enormes, ya que sirvieron de estímulo militar y psicológico a las fuerzas libertadoras, desmoralizando y poniendo en retirada a los españoles.

El grito de Simón Bolívar Salve usted la Patria es el lema del arma de caballería del ejército de Colombia. Se afirma además que en la carga de lanceros se encontraba el sargento Inocencio Chincá, que le da su nombre a la Escuela de Suboficiales. El curso de Lancero (En honor al batallón que decidió la batalla) es uno de los más exigentes del entrenamiento militar no solo de Colombia sino del mundo.
Tras la estampida de los 14 llaneros, Bolívar gritó a algunos oficiales subalternos "Infante, Mojica, Carvajal, ¡este es el momento de vencer o morir!" convirtiendo esta última afirmación en el lema del arma de Ingenieros.

El coronel James Rooke, herido en el campo de batalla bajo el fuego de la artillería, fue atendido por un médico que le amputó un brazo sin que él diera queja alguna: luego de esto, tomó el brazo desprendido con la otra mano y lo levantó gritando ¡Viva la patria!. El médico, curioso, le preguntó Which Country? Ireland or England? (¿Cuál patria Irlanda o Inglaterra?) y él movió la cabeza negativamente, y contestó The Country which will bury me (La patria que me dará sepultura). Rooke moriría esa misma noche.

Extraido en Wikipedia
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Francisco Javier Castaños

Francisco Javier Castaños Aragorri Urioste y Olavide, duque de Bailén (Madrid, 22 de abril de 1758 – ibídem, 24 de septiembre de 1852), fue un militar y político español que sobresalió durante las Guerras Revolucionarias Francesas y la Guerra de la Independencia Española. Fue presidente del Consejo de Regencia entre 1810 y 1813 de la España libre de los franceses.

A los 10 años de edad recibió el grado de capitán de infantería, que el rey Carlos III le concedía en atención a los méritos de su padre. Pasó a estudiar, como oficial de corta edad, al Seminario de Nobles, formación que completaría después en la Academia de Barcelona.

A los 16 años es destinado al Regimiento de Saboya, en Cádiz, comenzando así su larga vida militar. A los 24 años asciende a sargento mayor (comandante), a los 26 a teniente coronel y a los 31 a coronel graduado.

Al ascender a coronel le fue confiado el mando del regimiento de África, con el que en 1793 prestó sus servicios en la guerra que el rey Carlos IV declaró a la Francia republicana y por los que obtuvo el ascenso a brigadier, en 1794, y después al de mariscal de campo, en 1795. En 1802 fue ascendido a teniente general por la defensa del puerto del Ferrol contra los ingleses, siendo, asimismo, nombrado para el mando de la comandancia del Campo de Gibraltar, cuya sede traslada desde San Roque hasta Algeciras.

En 1808, comenzada la Guerra de la Independencia, recibe de la Junta Suprema de Sevilla, presidida por Francisco Saavedra, el encargo de formar un ejército en Andalucía, siendo nombrado capitán general. Tras la victoria de la Batalla de Bailén, conseguida gracias a su general Teodoro Reding, e instaurada la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, es designado para el mando del ejército del Centro.

El 23 de noviembre de 1808 participó en la Batalla de Tudela, que perdió a causa de falta de medios y no ser capitán general (otros generales le discutían las órdenes, Palafox, por ejemplo).

En el reinado de Fernando VII, se mantuvo fiel a la causa absolutista, lo que le valió la confianza del monarca y la designación para algunos cargos; participó como Capitán General de Cataluña en ese momento en la incoación y revisión de expedientes penales que desembocaron en la ejecución, en 1817, del teniente general Luis Lacy y Gautier, liberal constitucionalista sublevado y anteriormente más bien breve Capitán General de Cataluña también, junto al fugado Francisco Milans del Bosch, (San Vicente de Montalt, 1769 – ibíd., 1834).

Fue elegido en 1825 para presidir la Real Junta Consultiva de Gobierno, órgano encargado de proponer diversas mejoras administrativas.

Después de recibir en su dilatada vida los más altos honores, títulos y nombramientos del Reino, fallece en Madrid el 24 de septiembre de 1852, a los 96 años de edad, y en la más absoluta penuria económica.

Enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid hasta 1963, año en el que sus restos mortales son trasladados solemnemente a Bailén y depositados en la Iglesia Parroquial de la Encarnación con su mausoleo original.

El general Castaños descansa en esta ciudad junto a la Virgen de Zocueca, patrona de Bailén, de la que era muy devoto y a la que donó sus condecoraciones militares en 1823.
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Carácter y Modo de Vida de los Tercios



Los soldados de los tercios eran hombres orgullosos y extremadamente cuidadosos de su honor personal y su reputación como soldados. Se trataba de tropas agresivas, disciplinadas y con una enorme confianza en sí mismos, pero difíciles de manejar en el trato si no se hacía con cuidado. Por ejemplo, los españoles no consentían que se les castigase golpeándoles con las manos o una vara, como en otros ejércitos, ya que lo consideraban indigno, y preferían recibir el castigo con armas como la espada, pese a lo peligroso de ello, por considerarlo más noble. En una ocasión un soldado al que un oficial le tocó con un palo no dudó en llevarse la mano a la espada, pese a saber que tal acto de rebeldía se castigaba con la muerte (como así sucedió). Se llegó a discutir si tocar con una vara como el asta de un arma resultaba ofensivo, incluso si era por accidente.

Semejante obsesión por asuntos de honor y por la reputación hacía que los soldados españoles tuviesen fama de pendencieros, y no eran raros los duelos. Y que los oficiales debieran tratarlos con cuidado, aunque resultaba muy provechoso utilizar su propio orgullo para sujetarlos.

Cuando luchaban junto a tercios de otras nacionalidades o aliados, era frecuente que los españoles exigiesen, para defender su reputación, los puestos más importantes, peligrosos o decisivos para en el combate; como de hecho se les empleaba.

Una forma de estimular el cuidado de las armas era seleccionar para las primeras líneas de combate, las más peligrosas y por tanto las más distinguidas, a quienes tuviesen el equipo en mejor estado, y el ejército español era el único de la época que tuvo que incluir castigos para aquellos que rompieran la formación por el ansia de combatir o distinguirse frente al enemigo.

Los soldados españoles eran las tropas que más tarde se amotinaban por falta de pagas, llegando a aguantar años sin cobrar y viviendo en condiciones de miseria antes de rebelarse. Incluso, en lugar de hacerlo antes de una batalla importante, como era común para presionar por su pagas, solo lo hacían tras ella, para que no dijeran que no habían cumplido con su deber, sino que eran sus jefes quienes no lo hacían con el suyo al no darles la paga.

Incluso en caso de amotinamiento, elegían sus jefes y mantenían una disciplina equivalente a la del ejército.

Soldados así eran excelentes, pero la disciplina debía ser férrea para controlarlos. Y de hecho podía ser muy dura.

Cuando se conquistó Portugal, Felipe II puso mucho interés en que no se molestase a los civiles. Pero la logística de la época sencillamente no podía sostener un gran ejército sin que estos buscasen alimentos en la zona.

A pesar de saberlo, el general colgó a tantos soldados que llegó a escribir al rey para decirle que le preocupaba quedarse sin sogas. En otra ocasión cuando un príncipe de Inglaterra (que combatía con los tercios) quiso atacar sin permiso, el conde francés que lo acompañaba le dijo que no sabía hasta donde llegaba la disciplina de los tercios, que si atacaba sin permiso no sabía si su realeza sería bastante para salvarle el cuello.


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Batalla de Araure

La Batalla de Araure que se realizó como parte de la lucha independentista en Venezuela comandada por Simón Bolívar comenzó al amanecer del 5 de diciembre de 1813 y tuvo una duración de seis horas, aproximadamente. Se llevó a cabo en la ciudad de Araure, en el estado Portuguesa

Los ejércitos españoles de Apúre y Coro se habían logrado reunir en la pequeña ciudad portugueseña de Araure y amenazaban el occidente de la república e inmediatamente a la ciudad de San Carlos. La batalla comenzó al amanecer del 5 de diciembre y tuvo una duración aproximada de seis horas al termino de lo cual quedaron en poder de los patriotas 200 prisioneros, cuatro banderas y numerosas piezas de artillería. En este sólo choque perecieron alanceados más de 500 jinetes de Yañez. La batalla fue decisiva al acabar con las prospectivas de los españoles de marchar a Valencia vía San Carlos y en vez de ello se vierón obligados a volver a sus posiciones originales, Yáñez a Apúre y Ceballos a Coro. Aquí peleó el batallón que en la pasada jornada de Barquisimeto fue castigado por el Bolívar, negándole el nombre y el derecho a llevar bandera.

Bolívar en reconocimiento de la valiosa acción del Sin nombre expreso: «Vuestro valor ha ganado ayer en el campo de batalla, un nombre para vuestro cuerpo, y aún en medio del fuego, cuando os vi triunfar, le proclamé del Batallón Vencedor de Araure. Habéis quitado al enemigo banderas que en un momento fueron victoriosas; se ha ganado la famosa llamada invencible de Numancia». Bolívar encargo la persecución de los restos españoles a Urdaneta y volvio a Caracas.

El capitán de caballería española José Antonio Paez, de las huestes de Yañez, es hecho prisionero en esta batalla, decide entonces cambiar de bando, abandonando las banderas realistas

Otra Vision



El 3 de diciembre de 1813 tuvo conocimiento Simón Bolívar de que las fuerzas realistas (3.500 hombres), bajo el mando del brigadier José Ceballos, se habían reunido con las de José Yáñez en la villa de Araure (Edo. Portuguesa), y en virtud de ello, dispuso que todos los cuerpos que se hallaban en El Altar y Cojedes concurriesen a la concentración que se llevaría a cabo en el pueblo Agua Blanca.

El día 4 marcharon los republicanos hacia Araure y acamparon a unos 1.000 m del poblado, frente a los realistas, los cuales se habían desplegado a la entrada de la montaña del río Acarigua; con sus alas apoyadas en sendos bosques y cubierto su frente por una pequeña laguna; su espalda estaba guarnecida por un bosque; disponían, además, de 10 piezas de artillería.

El día 5, la descubierta republicana empeñó la acción y de inmediato se vio flanqueada y cortada por una columna de caballería. La pequeña fuerza atacante fue virtualmente destruida. Entre tanto, Simón Bolívar desplegaba en batalla sus divisiones, para reanudar el ataque. El coronel Manuel Villapol se colocó a la derecha; el coronel Florencio Palacios en el centro y el teniente coronel Vicente Campo Elías, con el batallón Barlovento, a la izquierda.

La caballería cubría los 2 flancos del dispositivo. Como reserva fue destinado un cuerpo de caballería. Ante el ataque republicano, Ceballos hizo marchar su caballería contra la derecha de los atacantes, para distraerlos y desordenarlos, pero Bolívar, atento a este movimiento, empeñó su reserva, la cual desordenó y puso en fuga a la caballería contraria.

Esta intervención de Bolívar permitió la ruptura del frente enemigo, acción que produjo gran confusión dentro de la posición defensiva, con el consiguiente triunfo de los republicanos.

Una división fue encargada de recorrer el campo de batalla, el cual quedó cubierto de cadáveres y suministros de todas las clases, en tanto que de la persecución de los vencidos se encargó el propio Bolívar. Las fuerzas republicanas marcharon ese día a Aparición de la Corteza, donde Bolívar fijó su cuartel general provisional.

La Batalla comenzó al amanecer y tuvo una duración de seis horas, aproximadamente. Las tropas realistas eran numéricamente superiores a los efectivos patriotas. Quedaron en poder de los patriotas 200 prisioneros, cuatro banderas y numerosas piezas de artillería. En este solo choque, apasionado y violento, perecieron alanceados más de 500 jinetes de Yañez, el Ñaña de los llaneros. Aquí peleó el batallón que en la pasada jornada de Barquisimeto fue castigado por el Libertador, negándole el nombre y el derecho a llevar bandera.

Pero tan valientemente se comportó en la acción, que Bolívar dijo a los soldados al día siguiente:

"Vuestro valor ha ganado ayer en el campo de batalla, un nombre para vuestro cuerpo, y aún en medio del fuego, cuando os vi triunfar, le proclamé el Batallón Vencedor de Araure. Habéis quitado al enemigo banderas que en un momento fueron victoriosas; se ha ganado la famosa llamada invencible de Numancia".

Extraido en Wikipedia
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