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Los Lencas: Guardianes de la montaña

Los Lencas
En las tierras montañosas de lo que hoy conocemos como Honduras y El Salvador, floreció una civilización ancestral: los Lencas.

Estos valientes habitantes, arraigados en las colinas y valles, dejaron una huella indeleble en la historia mesoamericana. Acompáñame en un viaje a través del tiempo para descubrir los secretos y hazañas de los Lencas.

Orígenes y Territorio

Los Lencas se establecieron en los departamentos de La Paz, Intibucá y Lempira en Honduras, así como en partes de El Salvador. También se encontraban en menor número en Santa Bárbara, Comayagua, Francisco Morazán y Valle. Sus comunidades se alzaban en las zonas más altas de Honduras, a 1,650 metros sobre el nivel del mar, en tierras a menudo improductivas. El clima templado que prevalecía durante casi todo el año moldeó su forma de vida y su resistencia.

Sociedad y Cultura

Los Lencas no eran una masa homogénea. Estaban divididos en grupos como los Care, Cerquín, Potón y los propios Lencas. A pesar de las grandes distancias que los separaban, compartían lazos culturales y una historia común. Cada grupo tenía su territorio bien delimitado, organizado en cacicazgos. La sociedad estaba estratificada en nobles, vasallos y esclavos. Su agricultura se centraba en cultivos que se reproducían por semilla, lo que los vinculaba a la tradición mesoamericana.

La Rebelión de los Lencas

En el año 1537, un líder indomable emergió entre los Lencas: Lempira, cuyo nombre significa “Señor de la Sierra”. Forjó la unidad de todo el pueblo lenca alrededor de una confederación de tribus dispuestas a luchar contra los conquistadores españoles. Lempira se convirtió en el jefe de la resistencia, y su ejército, compuesto por cerca de dos mil combatientes, libró una lucha feroz que se prolongó por más de seis meses. Los peñones de Congolón, Coyucutena, Piedra Parada, Cerro del Broquel y Cerquín, en el actual departamento de Lempira, fueron testigos de su valentía. Los cronistas españoles relatan que "toda la tierra se había alzado y rebelado al tiempo que se alzó el dicho peñol".


Legado y Reconocimiento

Lempira no solo fue un guerrero, sino también un símbolo de resistencia y unidad. Su nombre trascendió en la historia de Honduras de múltiples maneras:

  1.     Moneda Nacional: La moneda hondureña, el lempira, lleva su nombre en honor a su valentía.
  2.     Día de Lempira: Cada 20 de julio, el pueblo hondureño conmemora al héroe lenca que desafió la opresión y defendió su tierra.
  3.     Patrimonio Cultural: Los Lencas, más de 500 años después, siguen luchando por mantener su legado y su identidad cultural.

En resumen, los Lencas no solo fueron defensores de la Sierra, sino también guardianes de una historia de coraje y resistencia que sigue inspirando a generaciones.

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La tribu de los Cocomes

El de los cocomes fue un pueblo maya del periodo Posclásico mesoamericano. En realidad, el grupo Cocom era una rama que se separó del pueblo Itzá, después de la rivalidad mantenida con los tutul xiúes y que les llevó a retirarse de la ciudad de Chakán Putum (Champotón), para vagar más tarde por la selva de la Península de Yucatán durante 40 años.

A esta peregrinación se le llama peregrinación de Xulucmul, de la que se dice que: "vivían bajo los árboles, bajo la ceniza y bajo la miseria", para regresar de nuevo a Chichén Itzá y poner fin al periplo peregrino. Fue en ese momento de la historia en el que un grupo de los itzaes decidieron separarse y fundar Mayapán. A partir de ahí, a este grupo se les conoce como los cocomes.

El idioma de los cocomes, al igual que la de sus ascendentes, es el maya. Pertenece al tronco proto-maya, a la rama yukateco del grupo yukateko. En su idioma, cocomes quiere decir "los del linaje de la paloma torcaz". Este grupo indígena fue uno de los tres integrantes de la llamada Liga de Mayapán, fundada entre los años 987-1.007 junto a los itzaes y los tutul xiúes, que ocuparon y dominaron la Península de Yucatán hasta su disolución, a mediados del siglo XV.

El sitio arqueológico de la ciudad de Mayapán, que como anteriormente menciono pertenece al periodo Posclásico Tardío, se localiza al sur del actual estado de Yucatán, México, a unos 40 kilómetros de la capital del estado, Mérida. La ciudad que fundaran los cocomes llegó a tener por aquel entonces una población que rondaba los 12.000 habitantes. El pueblo o grupo Cocom es reconocido por los expertos como los portadores de la llamada cultura maya-tolteca.

Las disputas por el control de la confederación, que tenía su cede en la capital de los cocomes, terminaron con la derrota de los itzaes, que nuevamente abandonaron su capital, Chichén Itzá, y se establecieron en el Petén guatemalteco, donde fundaron la ciudad de Tayasal.

Cuenta la historia que en estas disputas por el control, entre los años 1.175 y 1.185, existio un protagonista llamado Hunac Ceel, que después de haber sido arrojado al cenote sagrado de Chichén Itzá y sobrevivir a él milagrosamente fue proclamado Halach Uinik, les declaró la guerra a los itzaes y los venció, provocando su huida hacia el sur.

Esto ocurría a finales del siglo XIII y a partir de esa fecha el grupo Cocom se convirtió en el dominante de la liga que llevaba el nombre de su capital, la Liga Mayapán.

Sin embargo, esta hegemonía levantó recelos y una fuerte oposición por parte de los habitantes de otros reinos mayas de la península, lo que precipitó su disolución, allá por el año 1.440, cuando los cocomes abandonaron Mayapán y se establecieron en Sotuta.

En este pasaje histórico de rivalidad entre los cocomes y los tutul xiúes de Uxmal, queda reseñado que para mantener el poder, el grupo Cocom recibió ayuda por parte de los mercenarios de Ah Canul, pero aún así, entre 1.441 y 1.461, el ataque dirigido por Ah Xupan Xiu dio fin a todos los miembros de la familia real. A todos menos a uno de los hijos, que se encontraba en Honduras durante los acontecimientos, fue el que regresó y fundó la ciudad de Tibolón, que en maya significa "juzgados fuimos", era el comienzo de la federación de Sotuta.

Los cocomes son considerados como una de las tribus mayas más aguerridas, de los que más oposición presentaron a los españoles en la conquista. La llama de la antigua rivalidad con los tutul xiúes no se apagó con la entrada en escena de los protagonistas españoles, tanto fue así que, en 1.535, cuando estos se retiraron de la Península de Yucatán por un periodo de cinco años, nuevamente comenzaron los enfrentamientos entre ambos grupos.

En este episodio era Nachi Cocom quien dirigía a los cocomes de Sotuta, el que venció a Ah Dzum, consumando de esta manera la venganza sobre los tutul xiúes de Maní.
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Historia de la civilización Pijao

Historia de la civilización Pijao
A la llegada de los españoles los pijaos se encontraban divididos en dos federaciones, una en los llanos del alto Magdalena que agrupaba a Coyaima, Natagaima, Guauro y Tamagale y otra en las sierras andinas que agrupaba a las comunidades de la Cordillera Central.​ La «pacificación» de esta federación de cacicazgos tomó alrededor de ochenta años, en las llamadas «guerras pijaos», y se logró con el genocidio de sus varones y la conversión al catolicismo y mestizaje forzado de sus mujeres esclavizadas.

Las guerras con estas gentes ocurrieron por los derechos sobre los ríos Magdalena, Amoya, Saldaña, Quimbaya y Cauca de Colombia. En Colombia estas etnias consideraron la Estrella fluvial colombiana como un Hito o Guaca en este Macizo Colombiano se encuentra el Parque Arqueológico de San Agustín. El hecho significativo para estas etnias era que en este lugar tienen origen el Río Magdalena y su afluente el Río Cauca, varios afluentes del Río Orinoco, como afluentes del Río Amazonas contando con nacimientos para el Río Caquetá, y nace en esta cordillera el Río Patía que tiene como afluente el Río San Juan y que llevan sus aguas al Océano Pacífico.

Como sus resguardos fueron disueltos durante el siglo XIX, los pijaos iniciaron la recuperación de su territorio, bajo el liderazgo del Quintín Lame que en 1914 dirigió un levantamiento indígena en el Cauca y quiso extenderlo al Huila, Tolima y Valle. Se le acusó de construir una república de los indígenas, y fue arrestado.

Manuel Quintín Lame fue conducido a la cárcel de Ortega, donde fue sometido a torturas y malos tratos durante los dos años de su permanencia en prisión. En agosto de 1921, Lame fue liberado y se integró al movimiento pijao en el Tolima. En 1924 redactó su libro: El pensamiento del indio que se educó en las selvas colombianas.

Su lucha por la tierra pijao obtuvo frutos en 1938, cuando se decretó la restitución de los resguardos pijaos de Ortega y Chaparral. Sin embargo, la violencia contra los indígenas se agudizó a partir de 1945, culminando con el despojo de casi la totalidad de sus tierras, la desintegración social y cultural, la migración y los desplazamientos masivos de la población indígena. Desde entonces se encuentran pijaos en varias regiones lejanas a su origen, como Mesetas Meta. También por causa del conflicto armado colombiano, a partir de 1964, migraron comunidades de pijaos como la de Yaguará que se trasladó a la selva en los límites de Caquetá y Guaviare.

Estos y otros pueblos prehispánicos encontraban sagrados y mágicos muchos elementos naturales: astros, eventos meteorológicos, fuentes de agua, seres vivos, vegetales, minerales y su propia existencia, practicaban una forma de animismo en donde todo forma parte una sola unidad divina (monoteísmo primitivo).

Pensaban que las acciones del hombre afectaban esta unidad divina y para mantener tan delicado equilibrio realizaban variadas formas rituales. Hacían representaciones o ídolos en oro, cerámica o troncos de madera de estos elementos mágicos que adornaban con dardos o lanzas, les pintaban de distintos colores y procuraban que fueran propicios con ofrendas de distintos elementos desde: sangre humana hasta bebidas de chicha de diferentes ingredientes. Sus ceremonias sagradas eran precedidas del ayuno de sus sacerdotes, a los que llamaban mohanes.

Las ideas de Quintín Lame renacieron a la sombra de la Asociación de Usuarios Campesinos, ANUC, pero sólo florecieron con la consolidación del Consejo Regional Indígena del Tolima, CRIT, durante el Primer Congreso Indígena del Tolima, en 1982. El nuevo movimiento, si bien no ha logrado recuperar sino el por ciento de los Resguardos coloniales, sí ha podido lograr que el estado reconozca setenta Resguardos pequeños en 17 municipios, que son la base territorial de los programas de gobierno autónomo, empresa de salud, cultura y educación propia.

En el departamento del Huila viven en el resguardo del desierto de la Tatacoa en el municipio de villavieja y los de Caquetá habitan en el municipio de San Vicente del Caguán en los resguardos de Llanos de Yarí y Yaguara II. Sin embargo, durante los últimos años nuevos desplazamientos forzados por la violencia han ocurrido y existe en Bogotá un cabildo de los pijaos desplazados.

El idioma pijao está muy mal documentado, y se conoce solo un puñado de palabras. El idioma está extinto desde los años cincuenta.​ Gran parte de nuestra información sobre ella procede de Fray Pedro Simón y otros cronistas españoles y de "listas de vocabulario" recogidas en 1943 en el municipio de Ortega por Alicia y Gerardo Reichel-Dolmatoff, así como por Roberto Pineda Giraldo y Milcíades Chaves.​ Según Simón, los panches hablaban el mismo idioma que los pijaos.​

El idioma pijao fue incluido dentro de la familia lingüística caribe por Paul Rivet,24​26​ sin embargo, el examen del escaso vocabulario conocido permite rechazar que la lengua de los pijao fuera caribe.​ La evidencia lingüística no permite hasta el momento establecer parentescos filogenéticos, pues es insuficiente. El idioma pijao permanece sin clasificar o es caracterizado como lengua aislada

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Civilización y cultura Arawak

El arawak es el nombre genérico dado a varios pueblos indígenas que se encontraban asentados en las Antillas y la región circuncaribe a la llegada de los españoles en el siglo XV. El nombre también se ha aplicado posteriormente a numerosas etnias que hablan o hablaban lenguas de la familia arawak. 

A la llegada de los Conquistadores españoles los taínos estaban sufriendo la invasión de sus territorios y la esclavización de sus mujeres y niños por parte de los caribes quienes Canibalizaban a los varones adultos, por el sur de América otras parcialidades arawak como la de los "Chane" sufrían un proceso similar a manos de etnias como la de los ava, dando lugar por forzada mixogénesis a la población llamada "chiriguana".

En líneas generales (especialmente en las Antillas) la llegada de los españoles implicó un agravamiento de la situación para los arahuacos (tal cual lo describiera Bartolomé de las Casas), a punto tal que por las enfermedades traídas de España y las feroces condiciones de esclavización a las que fueron sometidos, la población prácticamente desapareció en algunas regiones del Caribe, aunque en otros lugares se dio un fuerte proceso de mestizaje.

La población arawaca de las Antillas disminuyó y a finales de siglo se había extinguido. Esta catastrófica tasa de mortalidad se debió a la llegada de enfermedades europeas (a las que los arawacos no eran inmunes), y a la desaparición de sus fuentes de alimentación, entre otras causas históricas.

Antes de la conquista española, los sistemas ecológicos de las grandes islas, con sus copiosas cosechas y abundancia de peces, junto con las poblaciones compactas y estables, favorecieron el desarrollo de una evolucionada estructura política y social. Una casta de jefes hereditarios gobernaba a otras tres castas, la más baja de las cuales estaba formada por esclavos. Los conflictos entre las castas parece ser que eran mínimos.

En esta sociedad matrilineal (en la que la sucesión se establece por línea materna). La religión presentaba una jerarquía de deidades paralela a la estructura social.

Los grupos arahuacos de Sudamérica resistieron mejor el contacto europeo debido a que sus grupos eran más pequeños y estaban más dispersos. Su estructura social también era matrilineal, pero mucho menos compleja. Los arawacos de tierra firme comerciaban con los holandeses y los ingleses.

Durante los siglos XVII y XVIII evolucionaron hacia una agricultura de plantaciones. pero lo que mas llamaba la atención de los arawak es que hacían orgias y pallaringas incansablemente.

En el transcurso del siglo XX, los arawacos comenzaron a aceptar trabajos asalariados para suplir los escasos beneficios de la agricultura, la caza y la pesca.

Aunque su cultura actual refleja diversas influencias externas, este grupo se ha distinguido desde la época prehispánica por su destreza en la alfarería (véase Cerámica), los tejidos, la talla en madera y los metales.

En la actualidad viven unos 30.000 arawacos en Guyana y poblaciones menores en Surinam y en la Guayana Francesa. Otros grupos de habla arawaca se hallan dispersos por diversas partes de Sudaméricá. no hay información.

Fuente(s): culturacolombiana.ws.com
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Historia de la civilización Huarpe

Los Huarpes celebran cada 24 de junio el nacimiento de un nuevo año, como muchos pueblos aborígenes.

Es el momento en que el solsticio de invierno marca el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza.

Los Huarpes habitaron lo que hoy se denomina como región de Cuyo (provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) desde el siglo III, desde el río Jáchal, en San Juan, hasta el río Diamante, en Mendoza.


Se cree que a mediados del siglo XVI eran unos 100 mil. Se dividieron en tres etnias, según su distribución geográfica:
  • Los Huarpes Milcayac - En lo que hoy es Mendoza.
  • Los Huarpes Allentiac - En San Juan.
  • Los Huarpes puntanos - En San Luis.

Sometidos por los incas en la época de su máxima expansión (siglo XV), los huarpes adoptaron muchas de sus costumbres: la vestimenta y los cultivos del maíz y la quinoa, por ejemplo, pero mantuvieron prácticas muy arraigadas como la caza y la pesca.

Para pescar, utilizaban balsas hechas de totora atadas en paquetes que unian a otros muy similares a las usadas actualmente en el lago Titicaca en Bolivia. Estas embarcaciones eran impulsadas con una pértiga.

El método huarpe para cazar era "por cansancio". Seguian al animal, por lo general guanacos o ñandues) trotando durante dos o tres días al cabo de los cuales el animal, agotado, no podía avitar su captura.

Los huarpes vivían en los valles cercanos a los ríos. Eran agricultores, sembraban maíz, quínoa, zapallo y calabaza. Aprovechaban para cultivar el agua de los ríos de montaña, formados por el deshielo del verano. Conocían los lugares más adecuados para sembrar y las épocas de siembra y de recolección.

El algarrobo era el árbol que les proporcionaba el alimento más importante de su dieta. Con sus semillas molidas hacían harina para fabricar el patay o "pan indio" y también una bebida alcohólica: la "aloja".

Entotorar: Se destacaron en esta industria. Eran tejedores de fibras vegetales (totora). Confeccionaban cestos o canastas de diferentes formas y tamaños, especialmente para uso doméstico. Estos eran adornados con lanas de diversos colores.

Alfarería: Trabajaban la cerámica fina y fabricaban vasijas y cacharos a los cuales pintaban con figuras casi siempre de formas geométricas.

Religión: Los Huarpes son politeístas. Creen en una divinidad central llamada Hunuc Huar (Dios de la Montaña), pero también adoran al Sol, la Luna y los ríos. Al morir, aún son colocados en sus tumbas con la cabeza dirigida hacia los Andes, donde mora Hunuc Huar.

Fuente(s): argentour.com
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La sexualidad prehispánica censurada

Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permitían la poliginia, la sodomía y la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos -que permitían la sodomía y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Uno de ellos trata sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez.

En ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio”.

Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus galanes y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”.

Entre los grupos mexicas se distinguía al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría.

El adulterio era uno de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Fuente(s): domusapientiae.wordpress.com
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La batalla de Cimatán en 1524

Los españoles deciden continuar su avance hacia Cimatán atravesando grandes sabanas llanas y enmedio de las sabanas había enormes ciénegas y pantanos y en una de ellas, los cimatecas los aguardaban esperándolos para emboscarlos de la manera siguiente:

Primero se dejaron ver en las sabanas por los españoles, quienes al verlos los persiguieron a caballo y a pie, pero los indígenas los guiaron hasta unas extensas ciénegas en donde caballos y soldados quedaron "atorados" sin poder moverse, por lo que acontinuación los cimatecos les lanzaron una lluvia de flechas hiriendo y matando a muchos caballos y soldados, incluso el mismo Rangel tuvo que ser socorrido porque los cimatecos mataron su caballo y estando Rangel en el suelo los indígenas se lo pretendían llevar a su poblado para sacrificarlo".

Los españoles lograron replegarse y se encaminaron a otro pueblo, el cual lo hallaron abandonado, ahí aprovecharon para curar a los heridos. De ahí fueron a otro poblado y lo hallaron abandonado también, pero en ese lugar, les salieron al paso de nuevo cientos de guereros cimatecos que los atacaron.
«... estando reposando ni cuarto de hora, y vienen tantos guerreros zimatecas y nos cercan en el poblezuelo y tuvimos mucho trabajo en hacerlos alejarse. Rangel estaba muy doliente de la cabeza y había muchos mosquitos que no dormía ni de noche ni de día y murciélagos muy grandes que le mordían y le desangraban y como siempre llovía, y habían muerto once soldados y muchos estaban heridos, varios de los soldados le aconsejaron a Rangel que nos volviésemos desde allí...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España

Después de la derrota, algunos soldados ya decepcionados le pedían a Rodrigo Rangel que regresaran a la villa del Espíritu Santo, sin embargo, después de deliberar Rangel con Bernal Díaz del Castillo, quien le dijo que si regresaban estando a las puertas de Cimatán, Cortes no lo vería bien, Rangel decide continuar el camino hacia Cimatán. La expedición atravesó otros pueblos encontrándolos abandonados, hasta que llegaron a Cimatán".

Al llegar a Cimatán tuvo lugar otra batalla, los invasores lograron entrar al pueblo, pero sus habitantes huyeron del asentamiento quemando muchas de las casas. Los españoles se posecionan de Cimatán tomando a quince prisioneros.

Al día siguiente Rangel envía a varios indígenas a llamar a los habitantes para que regresen y juren obediéncia a la corona española y los indígenas le aseguran que volverán con todos los habitantes, pero nunca regresan, negándose de nuevo a someterse.

Al día siguiente, Rodrigo Rangel dispuso que cincuenta soldados salieran del pueblo para ir en busca de los cimatecos, el grupo recorrió varios ranchos y caseríos pero los indígenas huían hacia los montes y pantanos. por lo que después de varios días, los españoles deciden regresar a la villa del Estpiritu Santo sin habar logrado su objetivo de conquistar y pacificar Cimatán.
«...fuimos cincuenta soldados y llegamos a unos ranchos que tenían entre ciénegas que temblaban que no osamos entrar en ellas y se fueron huyendo por unos grandes breñadales y espinos muy malos que pasan los pies, y en unas huertas de cacahuatales prendimos a seis hombres y los llevamos con el capitán. Y los tornó luego para que llamasen de paz a los zimatecas, quienes no quicieron venir, y así acordamos regresar a la villa del Espíritu Santo y en eso paró la entrata a Zimatán...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España
Fuente: ws.org
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La masacre de Jamestown de 1622

La masacre indígena de 1622, también conocida como masacre de Jamestown, tuvo lugar en la Colonia de Virginia, en Viernes Santo, el día 22 de marzo de 1622, y fue provocada por una serie de ataques sorpresa de la Confederación Powhatan dirigida por el jefe Opchancanough. Murieron unas 347 personas en el ataque, lo que constituía alrededor de un tercio de la población inglesa de Jamestown.

Jamestown era el lugar en el que se había asentado la primera colonia inglesa en Norteamérica en el año 1607, y era la capital de la Colonia de Virginia. Aunque la propia Jamestown se salvó de la masacre gracias a un aviso en el último minuto, había muchas colonias más pequeñas establecidas a lo largo del río James, tanto río arriba como río abajo. Los atacantes mataron a hombres, mujeres y niños, a la vez que incendiaron hogares y cultivos.

Henrico fue una de las pequeñas comunidades que se encontraban por entonces en plena expansión, y que sufrieron la peor parte de los ataques coordinados indígenas. Muchas de esas colonias fueron abandonadas tras los hechos acaecidos. Uno de los lugares con mayor índice de bajas fue Wolstenholme Towne, y se ha hallado otro lugar en unas excavaciones arqueológicas recientes a 7 millas río abajo de Jamestown.

Jamestown, la capital y asentamiento principal de la colonia, se salvó gracias a la actuación de un chico indio llamado Chanco. Al parecer a Chanco se le encargó matar a su empleador, Richard Pace, pero en lugar de cumplir la orden le despertó por la noche y le avisó del ataque inminente. Pace, que vivía en la rivera contraria del río James, puso a su familia a seguro y remó a través del río hasta llegar a Jamestown, en un intento de avisar al resto de los colonos. Como resultado, se pudieron llevar a cabo preparaciones para defenderse del ataque en esa ciudad. Los asentamientos cercanos, sin embargo, no recibieron aviso alguno.

Durante un ataque sorpresa que duró un día entero, muchas de las comunidades más pequeñas (que eran esencialmente puestos fronterizos de Jamestown) fueron atacadas, incluyendo Henricus, con su colegio para niños indios y colonos. En la ciudad de Martin's Hundred casi la mitad de la población fue asesinada, y en Wolstenholme Towne sólo quedaron en pie dos casas y parte de la iglesia. En total, murieron unos cuatrocientos colonos (un tercio de la población blanca), y alrededor de veinte mujeres fueron capturadas para servir como esclavas para los indios hasta su muerte o el pago de su rescate años después.

Las diferencias culturales entre los indios americanos y los europeos eran tales que cuando los powhatan dieron por terminado el ataque no hicieron ningún otro movimiento durante meses, aparentemente convencidos de que los colonos aceptarían las pérdidas como señal de que los powhatan eran más poderosos y tenían que ser respetados, y que desde ese momento se evitarían los conflictos y cualquier tipo de ruptura de los acuerdos que mantenían. Con esto demostraron una gran incomprensión de la mentalidad de los colonos ingleses y de los gobiernos de ultramar que los apoyaban.

Los ataques del 22 de marzo destruyeron la mayoría de las cosechas de primavera de los colonos y provocaron que abandonasen buena parte de sus asentamientos. Pero también tuvo efectos a largo plazo, ya que se reforzó entre los miembros de la colonia y también entre los ciudadanos de Inglaterra la idea de que los indios eran unos salvajes, y destruyeron la buena imagen de su cultura que se había comenzado a crear durante los años anteriores gracias a Pocahontas y otros miembros de la confederación powhatan.

En Henricus, uno de los asentamientos más alejados de Jamestown, se había construido una escuela muy bien equipada para los niños indios y un colegio para los hijos de los colonos, pero todo este esfuerzo se perdió. Tuvieron que pasar 70 años para que se intentase una experiencia similar —el College of William and Mary, actualmente una universidad—, que recibió la aprobación de la monarquía inglesa gracias a la iniciativa del rector de Henrico Parish, James Blair. Para evitar el riesgo de que recibiese un ataque, la nueva escuela se estableció en Middle Plantation, una ciudad bien fortificada a pocos kilómetros de Jamestown que al cabo de unos años se convertiría en la capital de la colonia y pasaría a llamarse Williamsburg.

Los colonos que sobrevivieron a la masacre del Viernes Santo contraatacaron y, durante el verano y el otoño de 1622, lanzaron ataques contra las tribus powhatan, buscando especialmente destruir las reservas de grano; tuvieron tanto éxito que forzaron al jefe Opchancanough a pedir una negociación. Finalmente se abrieron conversaciones para buscar la paz por medio de intermediarios indios, pero algunos de los líderes de Jamestown, instigados por el capitán William Tucker y el doctor John Potts, envenenaron el licor que se tenían que beber los representantes powhatan en el brindis ceremonial. El veneno mató unos doscientos indios y cincuenta más murieron a manos de los colonos, pero el jefe Opchancanough pudo escapar.

Al cabo de dos años, en 1624, Virginia pasó a ser colonia real de Inglaterra. Este cambio suponía que sería la corona inglesa, y no la compañía Londres de Virginia como hasta ahora, la que tendría autoridad directa sobre el territorio, y por lo tanto serian los favoritos reales los que sacarían provecho de la colonia. Como pasaba en la mayoría de los casos, los colonos siguieron siendo explotados para el beneficio personal de unos pocos, y los intereses de los powhatan fueron todavía más menospreciados. La expansión hacia tierras indias y la ruptura de los acuerdos continuó siendo la forma normal de proceder, con la consecuente irritación de las tribus powhatan.

Pese al incremento de la tensión, no volvió a haber un enfrentamiento de importancia hasta 1644, fecha en la que comenzó la segunda guerra anglo-powhatan, en la que murieron unos quinientos colonos ingleses. En ese momento, las pérdidas ya suponían menos de un 10% del total de la colonia británica, teniendo un impacto considerablemente menor. Opchancanough, que ya era viejo y al que tenían que transportar en camilla, fue capturado y encarcelado en Jamestown, donde uno de sus carceleros lo asesinó.

La muerte de Opchancanough marcó claramente el inicio de la continuada y cada vez más evidente decadencia de la confederación powhatan, anteriormente poderosa; sus miembros abandonaron la zona, se fueron mezclando gradualmente con los colonos o se retiraron a vivir en algunas de las pocas reservas indias que se crearon en Virginia, aunque también estos territorios eran objeto de incursiones y confiscación de tierras por parte de la creciente comunidad blanca.

Actualmente, sólo siete tribus de las cuarenta que formaban la confederación powhatan están reconocidas por Virginia. Las dos reservas más antiguas son Pamunkey y Mattaponi, situados entre los ríos del mismo nombre, dentro del condado de King William pero técnicamente independientes de este.

Fuente(s): ws.org

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El legado de la cultura Huari


Wari o Huari fue una civilización andina que floreció en el centro de los Andes aproximadamente desde el siglo VII hasta el XIII d. C., llegando a expandirse hasta los actuales departamentos peruanos de Lambayeque por el norte, Arequipa por el sur y hasta la selva del departamento del Cusco por el este,

La ciudad más grande asociada con esta cultura es Wari, que se encuentra ubicada unos 15 kilómetros al noroeste de la actual ciudad de Ayacucho. Esta ciudad fue centro de un imperio que cubría la mayor parte de la sierra y la costa del Perú actual. El Imperio wari estableció centros arquitectónicos distintivos en muchas de sus provincias, tales como Cajamarquilla o Piquillacta. Es, junto al Imperio incaico, una de los dos únicas culturas consideradas «imperiales» aparecidas en el hemisferio sur.

Su principal actividad era de carácter militar. Combatieron a lo largo y ancho del territorio peruano, conquistando los diversos señoríos de su tiempo. También tuvieron grandes centros religiosos como Pachacámac.

Los waris lucharon y conquistaron los pueblos cercanos mediante un ejército cuyas principales armas fueron las hachas de piedra, porras de metal, arcos y flechas. Los waris introducen una concepción nueva de la vida urbana, implantando el modelo de gran centro urbano amurallado.

Las ciudades wari más conocidas son Pikillaqta (en el Cusco) y Wiracochapampa (en Huamachuco), que a su vez son los territorios extremos del imperio.

La ciudad de Wari basó principalmente su economía en la explotación imperial, es decir en la explotación de las colonias que fue conquistando mediante la guerra, tanto los tributos de las colonias como otros factores de dominación, permitieron el mantenimiento de esta gran ciudad.

La tercera época es de declinación y descomposición política económica de los waris, con el abandono de la ciudad y la pérdida de su control sobre las antiguas colonias.

Después del siglo XI, los pueblos sometidos al Imperio wari retoman su camino independiente de desarrollo, y Ayacucho ingresa a una etapa de franco subdesarrollo con abandono del patrón de vida urbano y retorno a una reducida población rural aldeana, similar a las tempranas fases de Huarpa.

Las diferentes regiones del imperio se fueron independizando del poder de la capital y finalmente esta quedó abandonada y acabó siendo saqueada. Luego de desaparecer el poder imperial las grandes ciudades fueron abandonadas y en muchas regiones se regresó a la vida basada en aldeas poco desarrolladas, Otras regiones, sin embargo se embarcaron en un nuevo florecimiento regional fundándose de esta manera los reinos y señoríos del periodo intermedio Tardío tales como Lambayeque, Chimu, Cajamarca, Chancay, el señorío chincha o el proto señorío inca.

Sin embargo, los enfrentamientos entre estos grupos no acabaron y la formación de ejércitos, batallas e intentos de conquista continuaron hasta el fin del Imperio Incaico.

La sociedad wari no tuvo posesión de la moneda ni el mercado, el estado monopolizó el abastecimiento, producción y distribución de los principales recursos. Además los waris utilizaron varias modalidades de producción, tributación e intercambio, el control de la economía se logró a través del establecimiento de centros administrativos provinciales.

El manejo político fue distinto en todo el ámbito nacional e internacional, teniendo en cuenta que los waris convivieron con otra entidad política y religiosa compleja como lo fue Tiahuanaco, al sur.

La ciudad de Wari fue la capital del estado del mismo nombre. Se encuentra a unos 15 km de la actual ciudad de Ayacucho. El núcleo urbano de Wari alcanzó un área de ocupación de unas 2000 hectáreas (su mayor expansión) de la cual quedan como vestigios arqueológicos varias callejuelas con templos amurallados, patios ocultos, tumbas reales y edificios de viviendas de varios pisos1 que forman actualmente el complejo arqueológico Wari.

La mayoría de los edificios estaban cubiertos de yeso blanco, con lo cual la ciudad resplandecía al sol de las montañas.

Ante la baja productividad de la tierra se realizaron importantes obras de canalización y drenaje y sobre todo se crearon terrazas agrícolas que ampliaron notablemente la superficie cultivable. Estos andenes, construidos en las laderas de los cerros, suelen ubicarse cerca de los complejos urbanos, principales y secundarios, ya que satisfacían las necesidades de consumo de estos.

En septiembre de 2012, los arqueólogos procedieron a excavar entre los escombros que aún quedaban en la parte más alta de la pirámide escalonada. Al limpiar los pozos de los huaqueros notaron que en el fondo se extendía una capa de ripio (piedras pequeñas) de aproximadamente 100 cm de grosor. Se procedió a retirar esa capa, cuyo peso total fue de unas 33 toneladas. Debajo encontraron seis esqueletos humanos que serían ofrendas humanas, pero el momento cumbre fue cuando apareció la cámara funeraria con un rico ajuar, la primera de la cultura wari hallada intacta.

Dicha cámara funeraria mide 4.5 m de largo, 3.5 de ancho y 1.5 de profundidad, y guardaba 57 fardos con osamentas en posición sentada. En el lado norte de la misma cámara se hallaron tres pequeñas tumbas que corresponderían a mujeres de la nobleza wari. Todas ellas tenían joyas que demostraban su nivel social, pero la del centro parecía tener mayor importancia que las demás. Serían probablemente las esposas principales. Las demás osamentas, en número de 57, serían de otras damas nobles, quizá las esposas secundarias o miembros de la corte, enterradas conjuntamente.


Fuente(s): ws.org
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La civilización Mochica del Perú

La civilización Mochica del Perú
La cultura Mochica, también llamada cultura Moche, se desarrolló en la costa norte del Perú durante los siglos I y VII d. de C. Esta civilización precolombina fue contemporánea a la cultura Nazca que ocupó la costa sur del Perú.

Geográficamente los Mochica se sitúan entre los valles de la Libertad, Lambayeque y Ancash.

Investigaciones recientes apuntan a que dominaron dos grandes regiones separadas por el desierto de Paiján, espacios diferentes, uno al norte y otro al sur, que no impidieron , como demuestran sus restos arqueológicos, que compartieran la misma identidad cultural.

La sociedad Mochica era muy jerarquizada, rendían culto al Sol, a la Luna y a otros dioses, especialmente al feroz Sia Paec. No existía un gobierno central, sino que era una confederación de señoríos guerreros bajo un régimen teocrático-militar donde gobernaba un curaca considerado semidivino.

Los moche eran extraordinarios ingenieros hidráulicos, en todos los territorios que ocuparon realizaron grandes obras de irrigación: canales, acueductos y represas que llevaban el agua de los ríos hasta sus tierras de cultivo. De este modo fueron capaces de transformar la enorme franja desértica peruana en una excelente zona agrícola, productora de maíz, yuca, patata, chirimoya, papaya y cacahuete.

También fueron excelentes navieros, fabricando los llamados “caballitos de totora”, embarcaciones de pesca, además hicieron otras embarcaciones mayores con las que alcanzaron lejanos territorios que sometieron por la fuerza.

Aunque las piezas que más nos asombran son los pequeños útiles de cerámica que han llegado hasta nuestros días, vasijas-retrato de gran realismo y cuencos en colores rojo, naranja y a veces también negro humo, que representan escenas de la vida cotidiana o imágenes relacionadas con sus mitos y ceremonias.

Entre los años 600 y 700 d. de C. la cultura Mochica desapareció misteriosamente, aunque todo apunta a que treinta años de sequía, seguidos de fuertes inundaciones provocadas por la corriente del Niño, y a continuación la invasión del imperio Huari de Ayacucho, fueron los responsables.

A mediados del siglo XX, el arqueólogo peruano Rafael Larco Hoyle recuperó su memoria con la publicación de numerosas investigaciones sobre ellos.

Fuente(s): historiageneral.com
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La cultura Tiahuanaco o Tiwanaku

Tiahuanaco
Tiahuanaco fue la cultura más longeva del área andina, por tanto la periodización evolutiva tuvo distintas teorías y postulados que han ido variando a lo largo de la historia. En un principio Wendell Bennett dividió a Tiahuanaco en tres periodos: temprano, clásico y decadente. Esta división cronológica fue replanteada con estudios posteriores. Basándose en la división de Benett, Wallace definió al periodo tiahuanacota temprano como cultura Keya o Qeya.

Posteriormente Ponce Sanginés propuso una cronología en 5 fases, las dos primeras anteceden al periodo temprano que había planteado Benett y corresponden al periodo formativo tardío de América, posteriormente denominado periodo aldeano.

La ciudad de tiahuanaco fue fundada aproximadamente en 1580 a. C.
, como una pequeña villa, y creció a proporciones urbanas entre el 300 y el 500, consiguiendo un importante poder regional en los Andes centrales. En su máxima extensión, la ciudad cubría aproximadamente 6 km², y tuvo un máximo de 40 000 habitantes.

La cultura Tiahuanaco o TiwanakuColapsó repentinamente aproximadamente en el año 1187. La ciudad fue abandonada y su estilo artístico se desvaneció (se perdió o desapareció).

Período Aldeano: épocas I y II 1580 a. C. - 45 d. C.
En este periodo el sitio de Tiwanaku estaba ocupado por una pequeña aldea con casas rectangulares techadas a dos aguas a las que se adosaba un recinto circular, posiblemente destinado a la cocina. Los cimientos eran de piedra y los muros de adobe; pequeñas calzadas unían las viviendas. No se han encontrado vestigios de arquitectura religiosa o monumental, ni tampoco hay indicios de que existieran clases sociales. Los enterramientos se realizaban directamente en cestas de piedra. Los cuerpos hallados indican que se practicaba la deformación craneana. Su economía se basaba en el cultivo de papa, que para su almacenaje era deshidratada en la forma que hoy se conoce como "chuño"; así mismo se cultivaba la oca. Uno de los elementos decisivos fue la domesticación de la llama lo que permitió el pastoreo; formaban caravanas que sirvieron para el intercambio de productos. La lana fue necesaria para la textilería y su carne servía de alimento.

Mantenían un comercio suplementario a través del intercambio de flechas de obsidiana tan características de la cultura Wankarani. Se traía la sodalita para la manufactura de cuentas que utilizaban como ornamento; también se traía helio basalto de las canteras de Querimita. Se conocía el cinabrio, cuyo color rojo se utilizaba en los enterramientos. Se trabajaba el cobre incluyendo el vaciado. Asimismo se trabajaba el oro y la plata. En el periodo aldeano hay dos tipos de cerámica, uno de ellos -que tiene similitud con la Pucara- es incisa y pintada de color marrón, rojo y blanco sobre fondo castaño claro. Son notables las vasijas globulares decoradas con esta técnica, algunas presentan un felino con el cuerpo de perfil y el rostro humanoide de frente. Otras vasijas tienen forma de aves. El segundo tipo carece de pintura y algunas de sus piezas están modeladas en forma antropomórfica (figura humana).

La cultura Tiahuanaco o Tiwanaku
El denominado "Dios de las Varas" fue el dios principal y los tiahuanacotas, este representa a un dios celestial y según algunas hipótesis, esta deidad podría ser el mismo Tunupa de los posteriores reinos aimaras, o el Wiracocha de los tardíos incas.

Históricamente la deidad de los báculos es adorada en la meseta del collao desde tiempos anteriores a los tiahuanacotas y aparece tardíamente en los wari.

Iconográficamente, la representación mejor lograda y conservada del Dios de las Varas se encuentra en la Portada del sol, en donde la deidad aparece en posición central rodeada de seres alados.

Se tiene evidencia que los ritos tiahuanacotas fueron de mucha complejidad y asociados al consumo de sustancias alucinógenas. Las sustancias utilizadas, además de las hojas de coca, fueron las semillas de anadenanthera o el parica y eran consumidas en tabletas; las tabletas fueron representadas en las esculturas tiahuanacotas como el monolito de Bennet y de Ponce, además de haber sido encontradas en las tumbas de Tiwanaku y San Pedro de Atacama. Aparentemente estos alucinógenos se conseguían en enclaves tiahuanacotas en el chapare y eran consumidas tanto por los sacerdotes como por seres humanos sacrificados.

La decadencia política y religiosa de Tiahuanaco ocurrió entre el 950, 1000 y 1100 d. C. La evidencia en el valle de Azapa (Chile) da cuenta de que los sitios de la élite tiahuanacota fueron destruidos sangrientamente, se observaron tumbas arrasadas y cuerpos que fueron profanados y despedazados. En Moquegua, también se observaron sitios tiahuanacotas destruidos violentamente, aunque en el caso de Moquegua también existe la hipótesis de una destrucción por la invasión del estado huari (hipótesis planteada por Moseley en 1991).

En el caso del altiplano, la pérdida del poder se da de manera menos violenta, esto evidenciado por la continuidad de los estilos alfareros tiahuanacotas al rededor del Titicaca, así como la continuidad de las tradiciones funerarias y cotidianas; lo que hace pensar que el estado Tiahuanaco primero perdió su poder en la periferia (casos de Azapa y Moquegua) y luego en el altiplano. Según Pärssinen la pérdida del poder hizo vulnerables a las colonias a los ataques de etnias locales.

En el siglo XI, la capital de Tiahuanaco fue abandonada y empezaron a aparecer varios asentamientos menores en toda la meseta del Collao. El inicio de estos asentamientos menores empieza a aparecer hacia el año 900 d. C. pero a la par los sitios tiahuanacotas (Pajchiri, Khonkho, Lukurmata) continúan siendo habitados. Antes de eso, la ciudad de Tiahuanaco concentraba una población que se estima entre 25 000 y 50 000 habitantes y la evidencia arqueológica de conjuntos habitacionales fuera de la ciudad es escasa. Al parecer ante la pérdida del poder político, grupos poblacionales decidieron emigrar de la ciudad y agruparse en poblaciones independientes por toda la meseta del Collao. El incremento de poblaciones pequeñas se incrementa en función al abandono de la ciudad de Tiahuanaco, en un proceso que termina con el abandono total de la ciudad y la pérdida absoluta del poder periférico.

Los estilos alfareros del Collao nos revelan otros aspectos de la decadencia de Tiahuanaco, aunque todavía son escasos los estudios radiocarbónicos en la mayoría de asentamientos en el valle de Tiahuanaco, para poder determinar con exactitud los asentamientos de la fase V de Tiahuanaco y los pueblos fundados post-Tiahuanaco. Esta problemática en los estudios de la civilización tiahuanacota hace que muchos autores fijen el ocaso de Tiahuanaco en los años 1150 o 1200 (Bermann, Mujica, Ponce Sanginés y Janusek).

En el caso de la alfarería, la desaparición del estilo tiahuanacota es gradual, por lo menos así lo demuestran estudios hechos en las áreas de Machaca y Caquiaviri, esta última posterior capital de Pacajes.

Fuente(s): wikiTiahuanaco


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Sexualidad y pecado en la Nueva Granada

El siguiente texto, más que una historia del enfrentamiento entre dogma y cuerpo, es una apología a la necesidad de la trasgresión, como sistema. La sociedad colonial impone límites, demasiados para ser soportados. Límites al cuerpo y a las relaciones de pareja.

Y desde el momento en que se señalan los límites, se abre al mismo tiempo el espacio para una trasgresión siempre posible. Este sistema es, para las desviaciones del dogma y del cuerpo consideradas como anormales, y para conferirles sentido, su condición misma de posibilidad y de aparición histórica.

Así, el siguiente texto es una historia de la trasgresión contra el dogma en la colonia. La forma como el cuerpo y los sentidos lucharon por su libertad de aparecer y de manifestarse abiertamente. Aquí el amor es más que un hecho biológico; es una aventura única, irrepetible y por ello eterna, elemental y humana. El amor es la rebelión de los sentidos contra el dogma.

Así, el texto está dividió en tres partes que darán cuenta de la existencia desde el principio hasta el final de este sistema tan característico de sociedades limitada. La primera parte da cuenta de la herencia de libertad sexual de los indígenas y el manejo del cuerpo desnudo como parte de la sociedad, sexualmente libre; La segunda parte ingresa en el amor colonial, clandestino y deliciosamente prohibido, explorando las diversas manifestaciones en donde su calor húmedo pervivió, como las fiestas y la noche, dejando en claro que el concubinato, la barraganía, el adulterio, son partes inherentes al espíritu colonial, y que el matrimonio, más que una unión de cuerpos, es una unión de intereses económicos, que terminan por asesinar al amor. Y la tercera parte, está dedicada al amor libertario de Manuela Sáenz, como resultado de los procesos de mestizaje y liberación.


1. Herencia Indígena sobre la sexualidad

Aunque hay una gran cantidad de tribus en el territorio de la Nueva Granada, es posible encontrar similitudes culturales en cuanto al manejo del cuerpo y de la sexualidad, y más en el territorio de la sabana de Bogotá donde la confederación Muisca abarcaba un gran territorio bajo normas culturales en esencia homogéneas.

El hecho de habitar diferentes clanes en un mismo territorio hizo necesario homologar rasgos culturales y políticos dentro de unos mismos parámetros para así poder llegar a establecer armonía en la convivencia y en el aprovechamiento de los recursos naturales (tratado de Nemequene). Esto de todas formas no implicaba que cada clan no tuviera sus formas internas de gobierno.

En cuanto al tema que nos ocupa, el de la sexualidad, ligado a la relación de pareja y al asunto de los géneros, encontramos convenciones culturales normativas en el equilibrio que han instaurado. Básicamente giran alrededor de la mujer, del cuerpo de la mujer, en tanto que son culturas con una cosmogonía dirigida hacia la fertilidad, la madre tierra y la luna.

Encontramos a una mujer dual, que se debate entre la deificación y la subyugación al hombre. Es madre, ligada a la fertilidad y a la cosecha, y es hecha diosa mediante la tierra y la luna; es la vía de herencia del poder al ser su primogénito el heredero del título de cacique, siendo ella hermana del anterior; decide sobre su cuerpo mientras es soltera, aunque el hombre al desposarla la domina.

Pero por otro lado, es el catalizador de los intercambios entre clanes. Es el cuerpo de ella, que es utilizado como cuerpo sexual, pero con fines netamente políticos, en cuanto que entre tribus intercambian sus mujeres como dádivas de cortesía y de diplomacia. Es botín de guerra, y concubina obligada al hombre que la pueda mantener, a ella y al número que la situación social del hombre permita.

De lo anterior se desprende una de las características de la vida doméstica y matrimonial, y es el de la poliginia, la cual no merece decirse si estaba aprobada o desaprobada, so pena de caer en catalogaciones, sino que era inherente a la cultura chibcha de tal forma que el cuerpo de la mujer no solo respondía a la satisfacción de necesidades y deseos sexuales de los hombres, sino que servía como factor de intercambios diplomáticos entre los clanes, además de botín de guerra y compañía en el más allá del cacique muerto. Habría dos formas de leer el asunto.

La primera se encaminaría a pensar que estas sociedades eran de carácter matriarcal, debido a la primacía cosmogónica teniendo en cuenta la gran importancia de la madre tierra y la observancia de los ciclos de la luna, ambas diosas, sumándole la importancia en el traspaso hereditario de los distintos poderes a través de las mujeres; y por otro lado, se podría decir que, por el contrario, eran sociedades patriarcales, al utilizar el cuerpo de la mujer como simple intermediario procreador, y como factor de intercambio, como simple mercancía, con fines políticos, teniendo en cuenta que quienes gobernaban eran los hombres ya sea como caciques o sacerdotes.

Sin entrar a discutir enteramente ambas posturas, diría que por encima de estas miradas extremas, habría que tomar a la mujer como el ente indispensable en las relaciones sociales, económicas, políticas y corporales, sin quienes la armonía de la convivencia entre clanes, comandados por hombres, no se habría dado. De hecho el cuerpo de la mujer satisfacía todas las necesidades de los hombres.

Ellas eran quienes le brindaban placer corporal, quienes en buen número evidenciaban el poder del sujeto que las poseía; eran quienes se ocupaban del hogar y de la familia, mientras el hombre se encontraba en el campo o en las labores políticas; eran quienes procreaban la herencia del poder de la sociedad, y en general, eran quienes en silencio controlaban la vida de la comunidad. No calificaría de matriarcado o patriarcado, puesto que son conceptos que definen únicamente el funcionamiento social, material. Pero para el esquema de convivencia y para la tranquilidad social y espiritual de toda la comunidad, no habría término, o no se me ocurre tal cosa para categorizar este tipo de relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Entrando en un campo más abierto, el de la sexualidad, se encontró que los nativos de la sabana de Bogotá (actual) y en general los de la nueva granada, vivían libremente su manejo sobre los sentidos y las pasiones. Previo a la unión “matrimonial”, tanto hombres como mujeres vivían sus cuerpos sin temor a sanción alguna impuesta por algún dogma represor de la intimidad; daban rienda suelta al placer del cuerpo sin pudor estoico, ni tabúes restrictivos de los propios humores sexuales, cosa que escandalizó a los secos ojos de los religiosos españoles.

Tenían celebraciones donde con cantos, danzas y bebidas se entregaban a vivir la naturaleza de los cuerpos desnudos y húmedos, expeliendo toda clase de humores frenéticos y placenteros. Hermanos, primos, desconocidos… todos entraban en esta realización del espíritu a través del cuerpo sexual, que se volvía colectivo, y que llamaba a la fertilidad de la tierra y del cosmos, sin problemas de clase o posición social, sino participando a la par con el espíritu de libertad de la naturaleza, en este caso, de la naturaleza del placer.

La herencia sobre el cuerpo se basa entonces en la libre manifestación de la corporalidad, sin creer que aquellos “actos impúdicos”, como los llamaban los españoles, eran el pan de cada día y a todo momento. Lo que se ha querido dejar en claro para seguir con los siguientes apartados, es que las formas culturales que vivían los indígenas de la Nueva Granada en cuanto a la percepción del cuerpo, tenían como base la libre utilización de este, la libertad de expresar y sentir, aceptando los sentidos y las pasiones inherentes al instinto, tan humano como la religión. Se dejaron a propósito temas como el concubinato y la barraganía, pues en el siguiente aparatado se hará la comparación entre ambas visiones (indígenas vs españoles) sobre tales prácticas con la finalidad de comprender mejor el significado de las rupturas que dieron paso al manejo inconsciente del sistema de la trasgresión.

2. Choque cultural, choque de cuerpos. Libertad sexual y pecado

No fue fácil. El encuentro entre imaginarios totalmente distintos fue en extremo difícil. Sin embargo la natural adaptabilidad del ser humano como animal, obligó a ambas partes a asimilarse unos a otros. Es claro que existían unos dominadores y unos dominados, pero el intercambio se da en doble vía, creando una nueva cultura: la cultura mestiza, que pasa por encima de las traiciones peninsulares y nativas, recogiendo sin embargo elementos constitutivos de cada una. Al final, el resultado, nuevos cuerpos del deseo, nuevos cuerpos de libertad.

2.1 Adaptación bilateral:

La colonización del nuevo mundo, y en particular el del territorio de los Andes del norte, fue lento y arbitrario por los problemas que la diferencia de suelos, climas y culturas existían en estos accidentados espacios. En cuanto a la gente, a sus costumbres y modos de vida, la heterogeneidad fue la norma reinante, y con lo que se encontraron los conquistadores.

Sobre todo en lo que se podría llamar el manejo del cuerpo y de la sexualidad, encontraron cantidad de prácticas en extremo “naturales”; esto se puede leer como impúdicas, corporales, pecaminosas, desde el imaginario español. Sin embargo, los españoles, que viajaron principalmente hombres, encontraron en estas prácticas y en el cuerpo de las indígenas la manera de desahogar sus impulsos sexuales, también gracias a las normas de convivencia indígenas que permitían las uniones informales.

Esto es evidente, además porque “en los primeros años de la conquista española no contaron con una doctrina y una legislación coherente y efectiva frente al control de los comportamientos sexuales de los indígenas” ni de los españoles, mezclándose arbitrariamente y descontroladamente con las mujeres nativas, en una clara manifestación de dominación.

Sin embargo, al abarcar más espacio y al controlar más lugares, las disposiciones dogmáticas con respecto al cuerpo entraron en función, en rigor, y en control. En este contexto, y bajo los principios occidentales, “la comprensión de la sexualidad estaba orientada hacia el problema del bien y del mal, es decir, la identificación del cuerpo y la sexualidad con el mal y el espíritu con el bien”, por tanto la libertad indígena en cuento a su comprensión fue censurada por la frialdad dogmática de los curas españoles.

Por lo tanto fue necesario implantar códigos y castigos con la intención de controlar los modos paganos de manejo del cuerpo, con la finalidad expresa de homogenizar a los nativos, y así poder implantar los esquemas morales y teológicos que la iglesia y la sociedad española manejaba. Sin embargo, os conceptos de sacralidad cristiana, así como toda la normatividad, la negación del placer y las espesas disquisiciones teológicas no formaban parte del mundo indígena, lo cual cimentaba las bases de rebeliones continuas contra el orden impuesto, rebeliones a favor de la libertad sexual, que se mantendrían a lo largo de todo el proceso colonial.

Es de esta situación que se obtiene que “la infidelidad y el adulterio fueron elementos elementales constitutivos de una sociedad que regulaba y controlaba la vida sexual y afectiva. Y es en este caos, en donde esta rebelión, donde se define la identidad sexual de hombres y mujeres”

Sin embargo las comunidades indígenas se adaptaron a la normativa del ente dominador, de tres maneras, en donde claro está, pretendieron siempre tener la máscara del conformismo.

En primer lugar, los indígenas utilizaron las fiestas y rituales indígenas para mantener sus propios rituales tradicionales, encontrando en la clandestinidad de la noche y en las fiestas el modo de preservar la memoria, clave para comprender el universo colonial de las clases subalternas; en segundo lugar, encontraron en estas fiestas el espacio de esparcimiento y de desinhibición del ensimismamiento de sentimientos represados y deseos contenidos; y en tercer lugar, la recuperación de sentidos que les ayudaran a percibir las manifestaciones de los deseos, para hacerlos realidad: oler, beber y oír se extendían en una sinfonía de deseos que terminaban por palpar al otro.

En el capítulo siguiente se verá cómo las fiestas, además de otras formas de trasgresión, ayudaban a recordar la libertad, a añorarla y a buscarla, en busca siempre de no perder la individualidad corporal, y la conciencia de grupo, de colectividad, que tradicionalmente habían construido en sus espacios íntimos.

2.2 Las fiestas y la clandestinidad: el uso de la memoria para la liberación

“La memoria es un arma, un instrumento de defensa y agresión contra todo aquello que reprime y niega prácticas y creencias, verdades y testimonios. La memoria no pertenece única y exclusivamente a las elites, sino al hombre común y ella debe servir para liberar y no para oprimir. Apropiarse la memora es el primer esfuerzo de liberación por parte de los colonizados”.

Los conquistadores sabían que la memoria podía servirle a los nativos a intentar recuperar su pasado, a intentar volver a su tranquilidad pagana. Por tanto aplicaron formas de destrucción de la memoria como demolición de santuarios, guacas, tunjos, shamanes y toda clase de íconos culturales indígenas, pretendiendo ocultar en las cenizas la memoria nativa, abonando el terreno para el olvido y el desplazamiento de los dioses, imponiendo un orden visual y espiritual nuevo.

La sociedad colonial impuso celebraciones cristianas, en procura de suplantar las tradicionales cristianas, además de otras celebraciones del pueblo, que surgieron del orden nuevo. Hubo cuatro tipos de festividades. Las religiosas de la iglesia, los bailes y borracheras de los indios, las reuniones lúdicas de los mestizos en general y las fiestas cívicas derivadas de un matrimonio importante o un nacimiento real, de una ascensión al trono o del arribo de un funcionario importante.

Eran festividades que fueron utilizadas para romper la monotonía del orden institucional y dogmático, era un tiempo de desafío a la fe, la moral y el equilibrio. Era el tiempo de de reencontrar el cuerpo ocultado y censurado por la iglesia, el cuerpo sexual, sensitivo. “las fiestas hechas para congregar y gratificar el mundo de la iglesia y sus santos terminaron por ser espacios para la embriaguez y la fornicación. Allí no solo se conspiraba sino que se fortalecía el caos y el desorden. Las fiestas permitieron conservar la memoria de ritos paganos y buscar en el mundo de las sombras los ángeles negros del amor”.

El espíritu de trasgresión siempre manifiesto aparece para incentivar a los nativos a recuperar la memoria, a olvidarse del olvido que han intentado imponerles, a transformar el orden nuevo a la luz del pasado común. “La fiesta más que una estructura formal de conciliación de conflictos terminó siendo un universo de confrontación de ideologías en donde el rito, las creencias y el del amor libre se desbordaron sobre los cuerpos embriagados de fe y de deseos,” en ella se contuvo los principios del amor profano: buscaba las sombras, el aislamiento, la intimidad, el goce y el tacto, utilizando la máscara, la clandestinidad y el silencio como modos de conservara la memoria

EL proceso de mestizaje sin embargo, ayudó a olvidar en alguna medida el pasado indígena. Las fiestas y las tradiciones fueron trasformadas por la mezcla de las distintas vertientes, la negra la india y la blanca, que ahora con sus bailes, fandangos, tangos, se alejaban del orden social colonial, de las comunidades también, pero sobre todo de la fe y del cristianismo para convertirse en verdaderas proclamas de libertad, pues en ella prevalecía la afirmación de los sentidos. La iglesia no podía contra los sentidos, extirparlos hubiera sido negar la obra de dios que era el hombre mismo. El hombre sin sentidos es nada.

2.3 Las uniones, pecaminosas o legales. Pero al fin y al cabo uniones

Lo que se ha mantenido en todo el texto es, básicamente el problema de la unión de los cuerpos, la relación de los sentidos, el amor, ya sea por necesidad (caso español con indígenas) o natural (caso indígena). Lo que generalmente no se comenta, es la unión entre mujeres indígenas y curas españoles, de donde nacen hijos que luego sufren el estigma de ser ilegítimos, casi que sacrílegos.

Es obvio, humano, que dos cuerpos se atraigan, y más en las condiciones en que llegaron los españoles, sin mujeres, y luego de un tiempo de ver agua y hombres. Y sobre todo, al ver y comparar los ocultos cuerpos de las españolas, sin mostrar ni un ápice de su cuerpo, y llegar y apreciar los formados y desnudos cuerpos húmedos de las indígenas. La represión tiene sus límites, y los curas dieron rienda suelta, de manera más común de lo que se imagina, a sus pasiones, sin necesidad de perder la fe y la temeridad religiosa. El contacto con indígenas (y luego negras), cuya conciencia de la sexualidad era diferente, le permitía al colonizador dar rienda suelta a sus pasiones, haciendo uso de su papel como dominador.

Es en este contexto, por encima del matrimonio, en donde el concubinato y la barraganía surgen como modos de escape y de liberación de las pasiones y los sentidos. El matrimonio se impone como una institucionalidad del amor, como una orden al amor, la cual intenta preservar el orden jerárquico de la sociedad a través del impedimento de relacionarse corporalmente antes del matrimonio (a diferencia que los indígenas), y prohibiendo el cruce matrimonial entre las diversas castas y razas. Así, el matrimonio surge como una alianza de riquezas, de fortuna y de preservación del nombre y la categoría social. Lo que hace ver que la firma del romance eterno estaba por encima del amor respondiendo a intereses materiales.

Alrededor del matrimonio aparece un choque de imaginarios entre lo colonial institucional y los grupos ajenos a la élite. Los mestizos no manifestaban interés por la unión sacramental. La cantidad de matrimonios, en porcentaje, era muy reducido en comparación con los dominantes y de las clases privilegiadas, en tanto que los mestizos, debido a su situación precaria, se unían informalmente, sin sanción religiosa, por los altos costos que representaba el contraer matrimonio. Además de lo económico, las exigencias legales eran suficientes para desilusionar a cualquier mestizo, por el hecho de no tener en claro su pasado familiar. Era requisito que los contrayentes conocieran su árbol genealógico, y en una sociedad donde las mezclas interraciales, la ilegitimidad y el ocultamiento imperaban, los pasado familiares quedaban ocultos en las mareas indisolubles de la censura social y el silencio del olvido.

¿Qué quedaba entonces? La situación precaria de varios sectores de la sociedad y la exclusión económica y política de sus integrantes explican el por qué de su proclividad hacia conductas trasgresoras, como las prácticas de concubinato y barraganía, tan comunes como castigadas por los cánones coloniales. Además, el matrimonio era un mero espacio para la reproducción. El amor concupiscente, con sus libres expresiones se relegaba a los espacios prohibidos del concubinato, el adulterio, y las relaciones de hecho.

Por otro lado, el carácter indisoluble del matrimonio incentivó las prácticas adulterinas, pues se dieron como los únicos espacios para que los desposados dieran nueva vida a sus sentidos, asesinados por el pragmatismo de la relación de pareja.

Ante esto se notaba la actitud hipócrita de las clases altas que procuraban ocultar las verdades deshonrosas de sus miembros por razones de status, pero que el rumor público iba decantando hasta hacerlo evidente. Para las élites el honor era lo único que había que guardar, mantener y procurar mostrar siempre. Era el carácter distintivo que racionalizaba la existencia de la jerarquía colonial. Incluía las diferencias autoconscientes de nacimiento y de conducta que distinguía la gente “decente” de la baja.

El rumor aparece aquí, en contraposición al chisme, como el comentario que se estructura en la sociedad, no en los labios de un voluntarioso, sino en la realidad concreta, vivida por la comunidad. El chisme era una acusación sin fundamente empírico, que ronda el ámbito de lo personal, mientras que el rumor ronda por el ámbito de lo social. El rumor es parte de la sociedad, arraigado a las mentes de las personas, mientras que el chisme se queda en la mente de algunos desvergonzados sin fundamento; El rumor se adhiere a los muros de la experiencia concreta, mientras que el chisme como fantasma atraviesa la sociedad sin dejar rastro importante; el rumor está en todos lados, permanente y tajante, el chisme es fugaz, impertinente y olvidable.

Ésta era la constante en la sociedad colonial. El adulterio, el concubinato, la baraganía hacían parte no oficial de la sociedad, tan arraigados en la tierra como el espíritu indígena, y luego mestizo. El festín el cuerpo no se los podían negar, la religión no podía pasar por encima de los sentidos. La lucha íntima traía aires de libertad, tan ansiada por al tierra y los cuerpo que ansiaban amarse a toda hora y en todo lugar. Para esto, como gran ejemplo del espíritu de rebelión y libertad, aparece Manuela Sáenz, quien más que una amante, era el alma mestiza rebelde libertaria, que a través de sus cartas y sus diarios expresó ante Simón Bolívar el valor del amor sin tapujos ni represiones, ni límites.

3. Manuela Sáenz: El espíritu mestizo de la independencia del amor

Los años finales de la colonia tienen estructuras propias que hacían prever el advenimiento de la libertad como necesidad humana además de política, social y económica. Las ideas liberales importadas de Francia estaban calando los ideales republicanos de los criollos, estableciendo una dura confrontación con el régimen colonial. Pero además, y para nuestro interés, entre los jóvenes franceses comenzaban a discutir temas correspondientes al matrimonio por amor, no por conveniencia.

Ideales iluministas que escandalizaban la tradición moral de la Francia de finales del XVIII y principios del XIX, que viajaron hasta la sociedad santafereña, impregnando la mente de los jóvenes enamorados que luchaban por su derecho a elegir pareja, esgrimiendo la melancolía del amor concupiscente contra los intereses económicos de sus arraigados y dogmáticos padres.

En una sociedad como la de finales de la colonia, donde el mestizaje tenía una fuerza descomunal, y la tradición española e indígena se estaba difuminando en la bruma del olvido y la transformación, estas ideas, aunque discutidas por los jóvenes aristócratas santafereños, se difundieron como viento a través de las mentes juveniles de todos los estratos, estimulando el espíritu de libertad de amar tan arraigado desde el principio pero censurado por al represión sistemática de las instituciones coloniales, incluida la familia.

En este contexto surge la figura heroica y libertaria de Manuela Sáenz, enamorada perdidamente de la patria y de Bolívar, mezclando libertad de amar, con libertad de gobierno. Independencia con amor espontáneo y leal, “una mujer que nunca renunció a su deber y defendió la amistad y la lealtad como fundamente del amor”, de su amor hacia Bolívar y hacia su patria independiente. Ella se crió entre criollos, indios, mestizos, mulatos… fue en aras políticas el intermediario, catalizador entre los pensadores ideólogos y el pueblo poderoso. Fue la representación pura de la libertad de cuerpos y territorios.

Para la historia, aunque ha sido ensuciada por historiadores puristas como una simple amante del libertador, la imagen del amor entre Manuela Sáenz y Simón Bolívar serán siempre referentes para la libertad y el amor: “Dos para el mundo. Unidos para la gloria, así la historia nunca lo reconozca”, demostrando con esto la existencia del idilio amorosos característico de las letras románticas de la época, pero con un trasfondo melancólico, de lucha y exacerbación de la unión de espíritus en uno solo, por encima de los impedimentos sociales, religiosos y demás, que a la altura de esta época, ya no interesan demasiado.

Manuela Sáenz afrontó con absoluta claridad y espontaneidad su relación con Bolívar Una relación afectuosa y apasionada que ella consideró valida y real por el simple hecho de ser mujer y por el derecho que sabía que tenía y necesitaba de amar y ser feliz: “Soy mujer y joven; apasionada, con mucho abandono del miramiento social que a mí no me incumbe; mi ingenio es intuición y me siento muy pero muy enamorada… Lo tengo vivo [el corazón] para usted que… es para mí, toda mi adoración; por encima de todos los prejuicios”. Sobre todo el hecho de ser mujer, en una sociedad patriarcal, reducía mucho los espacios de ellas de manifestar algo que les era totalmente negado. Ella rompió con esos esquemas limitantes y lucho por su derecho a ser ella y mandar sobre su espontaneidad individual y apasionada.

Fundó ella en la nueva sociedad republicana el capricho de amar con libertad a su hombre. Para ella misma el amor fue una manera de asumir la libertad, una libertad robada tres siglos atrás, una libertad que vivió en los corazones melancólicos del pueblo, primero indígena, luego negro, luego mestizo, manteniendo viva la chispa nostálgica de amar el deseo por el otro, manteniendo el alma libre de todo control, como máscara ante la sociedad restrictiva, asesina de los sentidos, donde la trasgresión, a través del amor, se hace evidente en cada mirada, en cada roce secreto, en cada encuentro clandestino con el pasado de libertad sexual, en cada uno de los momentos en que las fuerzas censurantes resultaban impotentes frente a las miradas ocultas y a los deseos convertidos en sueños húmedos nocturnos. Manuela Sáenz rompe con la clandestinidad obligada, y la convierte en manifestación viva del amor, no con el afán de ocultamiento, sino por la emoción del sentimiento, enarbolando al bandera de su cuerpo desnudo junto al de su amado. El amor mestizo se convierte pues en identidad, de manos de ésta heroína del amor.

Fuente(s): historiasenconstruccion.ws.com
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Politica y Justicia en la Cultura Totonaca

Los totonacas se organizaron en confederación de ciudades, pero durante el siglo XVI sufrieron la dominación de los mexicas (Imperio Azteca).

En 1519 se dio una reunión entre 30 pueblos totonacas en Cempoala, este evento sellaría para siempre su futuro, al igual que otras naciones mesoamericanas, porque en esta reunión se decidió aliarse con las conquistadores españoles y a los tlaxcaltecas en la conquista de la ciudad de Tenochtitlan, la capital azteca. 

Los totonacas suministraron 13.000 hombres para acompañar a los 400 hombres que disponía Hernán Cortes. Los totonacas pensaron que podrían liberarse del yugo de los aztecas con la ayuda de los europeos, pero la cruel realidad que se rebelaría más tarde, es que después de la derrota de los aztecas, los totonacas fueron forzados a convertirse al cristianismo con amenazas de muerte, luego se les despojaría de su cultura, muchos de ellos terminaron siendo esclavizados por los españoles en sus propias tierras, especialmente en el cultivo de caña de azúcar.

Durante el siglo XVI , el pueblo totonaca sería diezmado por las epidemias de enfermedades traídas por los conquistadores europeos.

Entre los totonacas domina la familia extensa. Un nuevo matrimonio procura vivir cerca de la familia del marido. El matrimonio se lleva a cabo a temprana edad, tradicionalmente un intermediario hacía la petición de la novia; en la actualidad la novia es "robada" sin una petición formal. Aún se acostumbra el "pago" por la novia; esto es como una compensación por la fuerza de trabajo que la mujer daba a su familia y que se pierde; se paga con bienes, dinero o trabajo.

Cada adulto varón dedica un día de la semana al trabajo comunitario o faena. Los mestizos y los totonacas adinerados pagan este servicio a las autoridades. La faena se basa en cuadrillas conformadas por trabajadores que residen en un mismo barrio de la comunidad; los protestantes conforman una cuadrilla que sólo trabaja en asuntos desligados de la religión y no consumen alcohol.

En el sistema de cargos religiosos están en primer término los fiscales, después los mayordomos y por último los topiles. El topil es un hombre soltero que vigila la iglesia y hace las veces de mandadero; los mayordomos patrocinan las fiestas patronales. Existen de cuatro a ocho fiscales que forman un consejo de ancianos que supervisan las ceremonias, las fiestas y eligen a los ocupantes de los cargos. El escaso prestigio que ofrecen estos cargos los hacen cada vez menos atractivos.

Los cargos civiles son el de presidente municipal, secretario (tan importante como el primero), agente del ministerio público, juez auxiliar, juez de paz, tesorero; regidores de hacienda, salubridad, obras públicas, agricultura y educación; y policía.

Los cargos se ejercen por tres años a excepción del de secretario que dura más tiempo. Los mestizos tienden a acapararlos. Los jueces y el agente del ministerio público administran la justicia en el interior de las comunidades, en caso de delitos graves se recurre a las autoridades externas. El ejército federal interviene cuando ocurren delitos relacionados con el tráfico de armas, el cultivo de enervantes y asesinatos masivos.

Fuente(s): raicesdemexico.ws.com
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