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Tercios Españoles: Defensores de la Monarquía Hispánica


Los Tercios de Flandes

Los Tercios de Flandes fueron un ejército formidable, cuyo legado resuena en los anales de la historia militar. Estos valientes guerreros, orgullosos y leales, desempeñaron un papel crucial en la defensa de la Monarquía Hispánica en las 17 provincias que componían los Países Bajos bajo la bandera del imperio español. Desde 1534 hasta 1713, estos soldados, provenientes de diversos países, protegieron un territorio que se redujo con el paso de las décadas debido a las numerosas guerras que España libraba en Europa.

El Origen de los Tercios de Flandes

Oficialmente, los tercios fueron creados por Carlos I tras una reforma militar en octubre de 1536. Aunque ya en la época de los Reyes Católicos existían tropas inspiradas en los piqueros suizos, los primeros Tercios, asentados en Italia (Nápoles, Sicilia y Lombardía), se conocieron como Tercios Viejos. Posteriormente, surgieron los Tercios Nuevos, incluyendo los famosos Tercios de Flandes.

Características de los Tercios

Los Tercios de Flandes eran una fuerza de infantería formidable. Sus armas favoritas eran las picas, los arcabuces y los mosquetes. Su uniforme variaba según el país de origen de los soldados, pero todos compartían un orgullo y una lealtad inquebrantables hacia la Monarquía Hispánica. Pertenecer a este cuerpo de infantería se consideraba un honor y un privilegio que trascendía toda la vida del soldado.

Organización y Técnica Militar

Los Tercios se inspiraban en los legionarios romanos. A diferencia de las levas medievales, estos no estaban formados por reclutas temporales, sino por soldados profesionales y voluntarios que servían permanentemente al Imperio español. Las unidades militares de los Tercios se distribuían según las necesidades militares en todo el territorio del imperio. A mediados del siglo XVII, muchos nobles financiaban compañías de su propio bolsillo, convirtiéndose en sus propietarios. 

 

Tercio de Flandes

Leyenda y Legado

Los Tercios de Flandes marcaron un hito en la historia militar. Su combinación de armas blancas y de fuego los hacía casi invencibles en el campo de batalla durante más de un siglo. Sin embargo, no todo fue gloria. La Leyenda Negra también los persiguió, difamando su reputación. A pesar de ello, su legado perdura como un ejemplo de valentía, lealtad y sacrificio en defensa de la Monarquía Hispánica.

En resumen, los Tercios de Flandes fueron más que simples soldados; fueron los guardianes de un imperio y los amos de la guerra en la Europa moderna. Su historia, llena de hazañas y sacrificios, sigue inspirando a generaciones posteriores.

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El asedio de Amberes de 1585


El asedio de Amberes tuvo lugar entre el 3 de julio de 1584 y el 17 de agosto de 1585, durante la guerra de los Ochenta Años, este decisivo asedio fue consumado por las tropas españolas al mando del Rayo de la Guerra. Con el éxito de este asedio, se culminó una de las ofensivas españolas más importantes durante el conflicto ya que en el plazo de dos años se cercaron un gran número de ciudades estratégicas al mismo tiempo; todas ellas con victoria para los intereses de las armas imperiales: Amberes, Gante, Terramunda, Dunkerque, Zutphen, Brujas, Nieuwpoort y Alost entre otras.

El asedio comenzó a mediados de 1584, después de una racha de victorias (conquistas de Dunquerque, Ypres, Brujas, Aalst, Nieuwpoort,etc.) del capitán general Alejandro Farnesio sobre las tropas rebeldes.

La conquista por parte de los Tercios españoles de este enclave protegido por diez baluartes, un amplio foso inundado y el río Escalda, lo que le daba fama de inexpugnable, se consumó gracias a la construcción de un puente de 800 metros de largo y 4 de ancho sobre el río. Esta obra de ingeniería militar que unía las provincias de Brabante y Flandes es comparable al puente que Julio César levantó sobre el Rin, aunque éste tenía la mitad de longitud comparado con el construido por Alejandro Farnesio. La construcción del puente consistió en colocar unos postes de madera verticales sobre el lecho del río, unidos luego por vigas de madera transversales, sobre éste armazón se colocaron los tablones que daban forma al piso. En los dos extremos del puente se levantaron dos baluartes. Los últimos 600 metros del puente se tuvieron que hacer colocando, como cuando Jerjes entró en Grecia, una hilera de barcas sujetas con cuerdas y maderas, con las que luego se creó el piso. Para la defensa del puente, se colocaron 97 piezas de artillería y a los lados del puente, una línea de pequeñas barcazas unidas de tres en tres. La obra se terminó en tan solo siete meses.

El asedio fue duro, la conquista de baluartes, revellines y fortines costó muchas bajas en ambos bandos. Para conseguir la madera necesaria para construir el puente, hubo que asaltar la arboleda de Terramunda, en el transcurso de este asalto murió el maestre de campo Pedro de Paz a causa de un disparo en la frente. Se dice que dio tanta pena la muerte del maestre entre sus hombres (lo llamaban "Pedro de pan") que consiguieron trasladar en los hombros los cañones hasta las mismas murallas con el agua en el pecho, pues los holandeses, con el fin de frenar a los españoles, habían roto los diques de contención, anegando todo el campo.

Los españoles cada vez ganaban más terreno y los sitiados guardaban la esperanza de la ayuda de una flota, proveniente de Zelanda al mando de Justino de Nassau, un hijo bastardo de Guillermo de Orange, con la que se suponía que abastecería la ciudad de agua y víveres y además rompería el puente sobre el río Escalda. Para este plan, los holandeses contaron con el ingenio de un italiano, Federico Giambelli, que enfadado con España, se pasó al bando holandés, éste, creó unos barcos que tenían una torreta hecha de piedras y ladrillos en las que se introducía objetos, haciendo de metralla, y cómo no, pólvora. Estos barcos-mina, se untaban de pez, para ser totalmente impermeables al agua y no mojar la pólvora (pues si no, no ardía y no explotaba). Los barcos-mina, cumplieron muy bien su cometido, explotaron y segaron la vida a un centenar de hombres. El puente tuvo que ser reparado a duras penas.

Para que no volviera a ocurrir se le encomendó al coronel Mondragón, la construcción de un contradique con la que defenderse de estos buques. Mondragón, terminado el contradique, tuvo que rechazar un ataque de las fuerzas navales de Justino de Nassau y de barcos procedentes de Amberes y lo consiguió.

Pasó el tiempo y los holandeses consiguieron reunir una flota de 160 barcos de diferente calado con la que querían arrollar el contradique. Los holandeses arrollaron los puestos avanzados españoles, pero en el contradique, los españoles consiguieron frenar el empuje de la flota holandesa gracias a que se llevó al mismo un tercio de españoles e italianos que consiguieron resistir hasta que se llevaron más refuerzos al dique. Luego los españoles asaltaron los buques holandeses en un cuerpo a cuerpo que duró ocho horas y en la que los españoles consiguieron tomar 25 naves y 75 cañones. En esta jornada los muertos del bando rebelde se contabilizaron en unos 3000 y en el bando imperial unos 1000, de los cuales casi 500 eran españoles.

Al fin, la ciudad se rindió en agosto de 1585, entrando los tercios españoles por las puertas teniendo al frente a su jefe, Alejandro Farnesio.

La victoria fue celebrada por los soldados con un gigantesco banquete sobre el puente del Escalda, con mesas que se extendían de orilla a orilla del río. Se cree que la celebración duró tres días. Tras las celebraciones desmantelaron el puente sobre el río y se reconstruyó la ciudadela-fortaleza levantada por el duque de Alba que el de Orange había posteriormente derruido.

Al conocer Felipe II la victoria de Amberes, otorgó el Toisón de Oro a Alejandro Farnesio por su fidelidad y valor. La noche en la que le comunicaron la noticia de la rendición de Amberes, el monarca se levantó de la cama y fue a la habitación de su hija Isabel y, abriendo la puerta, dijo «Nuestra es Amberes», volviéndose después a dormir, ante la sorpresa de su hija.

En septiembre, las tropas obtuvieron sus pagas, tras casi tres años sin cobrar.

Este episodio constituye uno de los episodios más brillantes de los Tercios y supuso un alarde de ingeniería, y despliegue táctico, como refleja el cronista Faminiano Estrada: «Nunca con más pesadas moles fueron enfrenados los ríos, ni los ingenios se armaron con más osadas invenciones, ni se peleó con gente de guerra que en más repetidos asaltos hiciese más provisión de destreza y coraje. Aquí se echaron fortalezas sobre los arrebatados ríos, se abrieron minas entre las ondas, los ríos se llevaron sobre las trincheras, luego las trincheras se plantaron sobre los ríos, y como si no bastara sólo el trabajo de atacar Amberes, se extendieron los trabajos del general también a otras partes, y cinco fortísimas y potentísimas ciudades se cercaron a un mismo tiempo, y dentro del círculo de un año al mismo tiempo se tomaron».

Fuente: ws.org
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La batalla de Gibraltar

La batalla de Gibraltar fue un combate naval acaecido el 25 de abril de 1607 durante la Guerra de los Ochenta Años en el que una flota de las Provincias Unidas de los Países Bajos sorprendió y atacó durante cuatro horas a la flota española amarrada en la bahía de Gibraltar. La batalla terminó con una contundente victoria holandesa.

La flota atacante, dirigida por Jacob van Heemskerk, constaba de 26 barcos de guerra y cuatro cargueros. El buque insignia de esta flota era el Æolus. Los españoles, bajo el mando de Don Juan Álvarez de Ávila, tenían fondeados en la bahía 21 barcos, incluyendo 10 galeones de los más grandes. El buque insignia de éstos era el San Agustín, a cargo del hijo de Don Juan.

Van Heemskerk dejó algunas de sus naves a la entrada de la bahía para evitar que salieran los barcos españoles. La flota holandesa se adentró en la bahía y concentró su ataque contra el San Agustín.

Van Heemskerk resultó muerto en el primer acercamiento a los españoles a consecuencia de las heridas sufridas en una pierna por una bala de cañón. Los holandeses desdoblaron su flota y atacaron, capturando o destruyendo la totalidad de los barcos españoles. El buque insignia español fue capturado y abandonado a la deriva.

Los atacantes perdieron 100 hombres incluyendo a Van Heemskerk; 60 de ellos salieron heridos. Los españoles perdieron toda la flota, incluyendo las tripulaciones, que se estiman en 4.000 hombres. Álvarez de Ávila también murió en el ataque.

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Batalla de Nieuwpoort

La batalla de Nieuwpoort o primera batalla de las Dunas entre las fuerzas de las Provincias Unidas bajo el mando de Mauricio de Nassau y el ejército español bajo el mando del archiduque Alberto de Austria tuvo lugar el 2 de julio de 1600 cerca de la ciudad belga de Nieuwpoort.


Es la primera batalla importante ganada por los holandeses en campo abierto, tras las profundas reformas a las que Mauricio sometió a su ejército


Campaña


A pesar de la oposición de Mauricio, los Estados Generales le ordenaron desembarcar al ejército en territorio controlado por los españoles para destruir la ciudad de Dunkerque, principal base de los corsarios al servicio de la corona española.


El 22 de junio las tropas de Mauricio toman tierra y al enterarse el archiduque Alberto sale de Bruselas al encuentro del ejército protestante con tres tercios, una unidad española amotinada en Diest a la que el archiduque solicita ayuda, y varias unidades valonas, italianas y alemanas. El ejército español interceptó a las fuerzas de Mauricio obligándolas a presentar batalla.


Fuerzas


Flanco norte:
Provincias Unidas: 4 cañones, 650 mosqueteros ingleses.
España: 6 cañones, 600 jinetes, 1.400 infantes, entre los que se incluye a los amotinados.


Flanco sur:
Provincias Unidas: 1.200 jinetes.
España: 1.000 jinetes.


Centro:
Provincias Unidas: 9.300 infantes.
España: 7.300 infantes, en los que se incluye a los tres tercios españoles.


La batalla


Tras marchar más de 45 km en un día y una noche la vanguardia del ejército español, formada por los amotinados, se topa con dos mil infantes del ejército holandés y unos escuadrones de caballería enviados a su encuentro, a los que aplastan. Sin detenerse alcanzan las posiciones de Mauricio en la playa, apostado sobre unas dunas en las que dispone a su ejército.


El archiduque Alberto, a pesar de que parte de la infantería todavía estaba en camino, el cansancio de la marcha, y tener el sol y el viento en contra que les echaba la arena en los ojos, decide atacar. Contra la línea de dunas los españoles lanzan tres asaltos, que solo en el último intento tiene éxito, apoderándose de una de las dunas y haciendo vacilar a todo el ejército protestante. La caballería holandesa carga contra la caballería española dispersándola pero viéndose detenida por la infantería española. Tras reagruparse la infantería lanza un nuevo asalto a la siguiente duna y esta a punto de tomarla, pero Mauricio lanza de nuevo contra la caballería española sus tres últimos regimientos de caballería que permanecían en reserva, arrollan de nuevo a la caballería española y se lanzan contra la infantería. La infantería, agotada tras la marcha, los cuatro asaltos realizados en la arena de la playa y ante el contraataque simultáneo de la infantería holandesa y la caballería, se hunde. El archiduque Alberto intenta evitar la derrota pero el mismo es herido en la cabeza por un enemigo.


Resultado


A pesar de que Mauricio venció al ejército español, una proeza de la que pocos podían vanagloriarse en el siglo XVI, no pudo sacar ningún provecho de la campaña, aparte de la inyección de moral que supuso para las tropas y la población de las Provincias Unidas, vencer en campo abierto a los tercios españoles. Las líneas de comunicación y aprovisionamiento de las fuerzas de las Provincias Unidas se habían estirado al máximo y Mauricio tuvo que retirarse a fines de mes. Los flamencos a los que Mauricio esperaba llevar a la rebelión contra la corona española permanecieron leales a esta. El puerto de Dunkerque, que era el principal objetivo permaneció en manos españolas. Los corsarios con base en este puerto continuaron atacando las naves comerciales y pesqueras holandesas, hasta el declive de la marina española en el mar del Norte.


Extraido en Wikipedia
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Palabras Clave

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