Biografía de Juan Rodríguez Cabrillo
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Su nacionalidad fue tratada por primera vez por el cronista español contemporáneo Antonio de Herrera y Tordesillas, que, en su Historia General de los hechos de los Castellanos en las Islas y tierra firme del Mar Oceano, se refiere a Cabrillo como Juan Rodríguez Cabrillo Português.

Por esta razón, la mayoría de las biografías lo describen como portugués. Sin embargo, después de un estudio realizado por el historiador Harry Kelsey en 1986, éste concluyó que era posible que Cabrillo hubiera nacido en España «probablemente en Sevilla; sin embargo, se pensaba que había nacido en Cuéllar» En 2015, Mas la doctora Wendy Kramer, la susodicha historiadora ha encontrado documentos que prueban que no es así. Según estos documentos, donde se recogen declaraciones del propio Rodríguez Cabrillo, relativas al robo del oro perteneciente a la corona española que transportaba un navío, el origen del descubridor de parte de la costa oeste de Estados Unidos era español... y concretamente de Palma de Micer Gilio, es decir de Palma del Río (Córdoba).

La fecha de nacimiento y familia son desconocidos, pero algunos sucesos en la vida de Cabrillo hacen pensar a Kelsey que Cabrillo nació en una familia humilde «alrededor de 1498 o 1500», y que sus padres trabajaban en la casa de un importante comerciante sevillano. El misterio sobre Cabrillo ronda también sobre el lugar donde fue sepultado. Murió el 3 de enero de 1543, frente a la costa del sur de California. Sin embargo, se desconoce el sitio exacto de su tumba.

Se sabe poco acerca de los primeros años de Cabrillo; apenas que formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez, la cual fue enviada a México por Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, con el fin de someter a Cortés. En 1519 aparece el nombre de "Cabrillo" como soldado del ejército de Hernán Cortés con el grado de oficial de ballestas. Acompañó a Cortés en la conquista de la gran Tenochtitlan y posteriormente en la del suroeste de México, así como en la conquista de Guatemala, El Salvador y Honduras, en Centroamérica.

En 1530, después de la conquista de Centroamérica, Cabrillo se estableció en la población de Santiago de Guatemala, y en 1532 viajó a España para contraer matrimonio con Beatriz Sánchez de Ortega. Después de las nupcias, Cabrillo regresó con su esposa a Santiago de Guatemala, en donde tomó residencia y se dedicó al comercio, en tanto su esposa le dio dos hijos.

En la madrugada del 11 de septiembre de 1541, un alud de piedras y lodo bajó del Volcán de Agua (que no un terremoto) y destruyó la ciudad. Se dice que Cabrillo notificó el incidente a la Corona española y esa información se considera el primer reportaje que se haya enviado de un acontecimiento ocurrido en el Nuevo Mundo a Europa.

Desde un puerto guatemalteco de la costa del océano Pacífico, Cabrillo se dedicó durante un tiempo a importar y exportar mercaderías entre España, Guatemala y otras partes del Imperio español.

Fuente: wikipedia.org
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El descubrimiento de California
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En 1541, Pedro de Alvarado había organizado una expedición con doce embarcaciones para explorar el litoral norte del océano Pacífico, pero en su trayectoria se detuvo en las costas de Nueva Galicia para tratar de contener la rebelión encabezada por Francisco Tenamaztle que desencadenó la Guerra del Mixtón. Inesperadamente, Alvarado murió en julio de 1541 al ser aplastado por un caballo. Al año siguiente, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco comisionó a Rodríguez Cabrillo para que continuara los planes de la expedición frustrada, pero solamente fue posible utilizar dos de las embarcaciones que había reunido Alvarado.1

La península de Baja California y el golfo de California o mar de Cortés habían sido recientemente descubiertos por los exploradores Francisco de Ulloa, Fernando de Alarcón y el piloto Domingo del Castillo. Con esos viajes se había demostrado que la península de Baja California no era una isla, sino que estaba unida a tierra firme y rodeada de agua por un golfo (golfo de California) y la mar del Sur (océano Pacífico).

Cabrillo esperaba encontrar la mítica y rica ciudad de Cíbola que se creía existía en algún lugar al norte de la costa del Pacífico, además de buscar el inexistente paso o estrecho de Anián que se decía unía al norte los océanos Pacífico y Atlántico.

El 24 de junio de 1542 partió en tres buques la expedición del puerto de Barra de Navidad (Jalisco). Acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Cabrillo comandaba la pequeña flota a bordo del navío San Salvador, buque insignia que él mismo había construido.

Después de zarpar recorrió la costa de Colima y enfiló hacia la península de Baja California, la cual tuvo a la vista el 3 de julio. Arribó a San José del Cabo y allí se proveyó de agua. El 13 del mismo mes descubre la bahía de Magdalena a la que nombra como tal.1 El 5 de agosto arriban a la isla de Cedros, (último sitio en el cual se vio con vida al navegante Francisco de Ulloa en abril de 1540) y permanecen en ella hasta el día 10 del mismo mes. Prosiguen su viaje costeando la península de Baja California y levantando mapas. El 17 de septiembre llegan al actual puerto de Ensenada, al que nombran San Mateo.

El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un "puerto muy bueno y seguro": acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles) y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles.

El 7 de octubre de 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara.

El 10 de octubre llega la expedición a San Buenaventura, el día 13 arriban a Santa Bárbara y alcanzan punta Concepción el día 17. A causa de los fuertes vientos contrarios, las naves regresan y se resguardan en la isla de San Miguel frente a San Buenaventura. No pueden avanzar al norte durante varios días, el 11 de noviembre llega a Santa María y el mismo día alcanzan el cabo de San Martín que se localiza en el condado de Monterey.

Las naves se separan debido a los fuertes vientos y tormentas y después de varios días de búsqueda se reúnen el 15 de noviembre y navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos, conocida actualmente como Monterey Bay.

El 18 de noviembre navegan hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la isla de San Miguel, adonde arriban el día 23. Los siguientes tres meses los pasan ahí en espera de que terminen las tormentas de invierno.

Juan Rodríguez Cabrillo muere el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel como consecuencia de un brazo que se quebró al caer en una escaramuza con los nativos. Se cree que sus restos fueron sepultados en la isla Santa Catalina, frente a la ciudad de Los Ángeles.

El 18 de febrero de 1543, la flota enfila nuevamente hacia el norte bajo el mando de Bartolomé Ferrelo. Con vientos favorables alcanzan el 1 de marzo el cabo Mendocino, llamado así en honor del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, patrocinador de la expedición. El cabo Mendocino se encuentra cerca del límite norte del actual estado California, así que es probable que la expedición haya traspasado los límites y llegado hasta el vecino estado de Oregón.
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Biografía de Anacaona
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Nació en la Isla Bohío. En la lengua de los taínos su nombre significaba Flor de Oro. Era hermana del cacique Bohechío y fue la esposa del cacique Caonabo, con quien tuvo a Higüemota.

Se distinguió por su belleza, inteligencia y talento para las poesías, memorizándolas para recitarlas en los areíto ante los otros aborígenes.

Cuando su hermano Bohechío murió, Anacaona gobernó el Cacicazgo de Jaragua en su lugar.

A la llegada a la isla de la expedición de Cristóbal Colón, en diciembre de 1492, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración por los españoles, porque veía en aquellos hombres conocimientos diferentes a los de su comunidad. Pero los abusos que cometieron algunos de quienes quedaron en el Fuerte Navidad contra las mujeres hicieron que dejara de admirarles y les viera como una amenaza a combatir. Convenció entonces a Caonabo para que les exterminase. A su regreso, el 28 de noviembre de 1493, Colón encontró el fuerte destruido y sus 43 moradores asesinados.

Años después, el gobernador de la isla Nicolás de Ovando recibió la noticia de que Anacaona estaba tramando un plan contra los españoles. Entonces Ovando mandó decir a Anacaona que iba hacia Jaragua para una visita amistosa.

El gobernador llegó con más de trescientos cincuenta hombres y fue recibido con fiestas y bailes en un caney. Cuando todos estaban reunidos en la fiesta, los españoles prendieron fuego al caney.

En el momento del ataque algunos aborígenes lograron sacar a Anacaona del lugar. Entre los sobrevivientes que escaparon estaban su hija Higüemota; su sobrino Guarocuya, quien fue entregado a Fray Bartolomé de las Casas, quien lo cristianizó con el nombre de Enriquillo; Mencía, nieta de Anacaona y el líder tribal Hatuey, quien posteriormente escapó a Cuba y allí organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla y muerto por orden de Diego Velázquez de Cuéllar.

Ovando ordenó una intensa búsqueda hasta lograr capturar a Anacaona, condenándola públicamente a la horca en 1503.
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La batalla de Suipacha de 1810
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La batalla de Suipacha fue un enfrentamiento ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército del Norte enviadas por la Primera Junta de gobierno de Buenos Aires durante la primera expedición auxiliadora al Alto Perú y las fuerzas realistas españolas. Fue el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la guerra de independencia.

La batalla se produjo a 25 km de Tupiza, en la población de Suipacha, a orillas del río Suipacha en la provincia de Sud Chichas del Departamento de Potosí en la actual Bolivia, entonces intendencia de Potosí.

Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas.

El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir a Nieto con tropas armadas de todos los marinos beteranos, muchos vecinos de la ciudad, los artilleros de Cuzco, fucilería de Oruro y algunos de La Paz, entre los cuales estaban los Granaderos Provinciales de La Plata provenientes de Chuquisaca.

Al día siguiente González Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al otro día por 1200 realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre. Paraje ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas. Córdoba había recibido informes falsos sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que marchaban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos, tampoco se había enterado de la llegada de refuerzos con municiones y cañones.

El Ejército del Norte tenía inferioridad numérica, 800 realistas con 4 cañones contra 600 patriotas con 2 cañones. Formaban parte del ejército realista de observación los veteranos del Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey, este al mando del capitán José Fernando de Fontaneda, que habían partido de Buenos Aires en 1809 para reprimir las sublevaciones del Alto Perú y que luego formaron el Batallón Fernando VII.

Cuando el 7 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, este había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.

Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla. González Balcarce desplegó más tropas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras. González Balcarce ordenó simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya.

Allí las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron brúscamente, emboscando a los realistas, quienes se dieron a la fuga arrojando banderas, armas y municiones, siendo perseguidos por tres leguas.

La batalla duró media hora y concluyó con una fácil victoria para los revolucionarios ya que los realistas abandonaron el campo de batalla en fuga, dejando la artillería. Fueron tomados 150 prisioneros realistas. La aparición de indígenas para observar la batalla desde los cerros hizo pensar a Córdoba y Rojas que se trataban de fuerzas de refuerzo y se precipitó en fuga sin esperar el resultado de la batalla.

En la batalla, junto con las tropas provenientes de Buenos Aires (275 combatientes), participaron, salteños, jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños y la Caballería chicheña de Tupiza, comandada por el coronel Pedro Arraya. El 9 de noviembre Castelli ordenó al capitán Martín Miguel de Güemes que con 150 tarijeños montados partiera de Suipacha en dirección a Cinti para capturar al subdelegado y comandante militar Pedro Cabero y a su antecesor, e impedir por allí la huida de los derrotados de Suipacha hacia el Gran Chaco, así como también en posesión al nuevo subdelegado Isidoro Alberti. Güemes, quien estaba al frente de los salteños fue posteriormente a la batalla (ya en Potosí) despojado de su rango militar por desavenencias con Castelli y devuelto a Salta, mientras que sus tropas fueron incorporadas al Ejército del Norte. Evidencias históricas señalan a Güemes como el ejecutante de las acciones de Suipacha, sin embargo Castelli no lo menciona en el parte de batalla.

El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus cuatro cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.

El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.

En el momento de la batalla Juan José Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.

Exmo Señor.
Son las dos de la mañana, y media hora hace, que llegan dos ayudantes del exército, Roxas y Saravia, con el capitan Tollo, dandome de orden del mayor general Balcarce, el parte del resultado feliz para nuestras armas del ataque, que hicieron, los enemigos sobre la retirada de los nuestros de Tupiza á Suipacha, donde se fixaba el quartel general, habiendose destacado una fuerza de más de mil hombres, al mando de D. José Cordoba, con quatro piezas de artilleria. Se alistaron ayer á las tres de la tarde, y nuestra gente los esperó gallardamente, operó la artilleria mandada por Villanueva y Giles, que acababan de llegar con las piezas, municiones, caudal para pago de la gente, y tres divisiones, que venian á mi avanguardia; obró la mosqueteria, y cargó la caballeria, poniendo en fuga vergonzosa el resto de los que no quedaron tendidos en los cerros. Han perdido toda la artilleria y municiones, banderas, armamentos, mulas, monturas, mochilas y demas pidiendo clemencia, que mandé no se les diese. Siguen los nuestros las derrotas hasta alcanzar los montados, y entre ellos el general Cordoba; y es probable que reforzado Balcarse siga hasta Cotagaita á atacar, y tomar los de la reserva, y franquear el paso para Potosí. Luego que tenga mas circunstanciadas noticias reiteraré mi parte para satisfaccion de V. E. bastando decirle, que tengo en mi poder parte de los despojos del atolondrado exército de los rebeldes, que sus banderas estan en presa, que no contamos mas que un oficial, y seis heridos nuestros, y que no se sabe de nuestra tropa entrando las de Tarija, qual es la que mejor se ha portado.
Circúlo estos avisos á las ciudades por medio de sus xefes, para que celebren los triunfos de la patria, y glorias de la lealtad.
Dios guarde á V. E. muchos años. Yavi 8 de noviembre á las dos de la mañana de 1810.—
Exmo. Sr.—Dr. Juan José Castelli.
—Exma. Junta Gubernativa de estas provincias.
Parte de Castelli a la Junta


Este distintivo se utiliza aún hoy en el uniforme de gala de las tropas del Regimiento Dos (RI2) de infantería del Ejército Argentino con actual asiento en la Ciudad de Córdoba, Argentina.

Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y como castigo por la represión de 1809 en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, los jefes realistas José de Córdoba y Rojas, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz fueron capturados en Potosí y ejecutados. A González Balcarce le valió los galones de brigadier y la confianza para avanzar hacia el río Desaguadero, límite del virreinato.>
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La sexualidad prehispánica censurada
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Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permitían la poliginia, la sodomía y la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos -que permitían la sodomía y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Uno de ellos trata sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez.

En ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio”.

Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus galanes y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”.

Entre los grupos mexicas se distinguía al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría.

El adulterio era uno de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Fuente(s): domusapientiae.wordpress.com
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Los doce apóstoles de México
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Los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España, fue un grupo de doce misioneros franciscanos que llegaron al recién fundado virreinato de Nueva España en mayo de 1524 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población indígena.

Cuando Hernán Cortés se disponía para su expedición hondureña, después de desembarcar en Ulúa el 13 ó 14 de mayo de 1524, llegó a México el 17 ó 18 de junio del mismo año la primera nutrida misión de doce franciscanos de la Observancia, hecho histórico de notable relieve, pues con ellos comenzó en Nueva España la evangelización ordenada y metódica.

Una corazonada del Ministro General de la Orden franciscana, Francisco de Quiñones, asumida por el mismo Romano Pontífice, en 1524, le impulsó a enviar a Indias «un prelado con doce compañeros, porque éste fue el número que Cristo tomó de su compañía para hacer la conversión del mundo».

La prelacía recayó sobre la rica personalidad de fray Martín de Valencia. Le acompañaron: fray Francisco de Soto; Martín de Jesús o de la Coruña; Juan Juárez (o Suárez), quien, junto con fray Juan de Palos, hermano laico, murió en Florida; fray Antonio de Ciudad Rodrigo, quien se distinguió como hábil gobernante y defensor de los derechos de los indígenas; Toribio de Benavente o «Motolinía», fino observador de la naturaleza y de las costumbres de los nativos e infatigable escritor; fray García de Cisneros, primer Provincial de la recién creada Provincia; Luis de Fuensalida, quien renunció a la mitra de Michoacán; fray Juan de Ribas, defensor a ultranza del mantenimiento del espíritu de la reforma religiosa; fray Francisco Jiménez, quien recibió ya en Nueva España la ordenación sacerdotal, hábil canonista; y, por último, fray Andrés de Córdoba, también hermano laico.

Fieles a la consigna de no claudicar jamás de la pobreza franciscana, al desembarcar después de la larga travesía recorrieron a pie y descalzos las sesenta leguas que separan el puerto de Veracruz de la ciudad de México. Hernán Cortés los recibió con muestras de veneración y los agasajó solemnemente. Los franciscanos fueron un aldabonazo para los españoles y un descubrimiento para los indios.

El contraste resultaba llamativo. Les seguían y les rodeaban los indios sin parar, hablando en el idioma local, del que los piadosos hijos de San Francisco no sacaban en limpio más que una constante repetición de la palabra «motolínea».

La insistencia de los nativos les picó la curiosidad y preguntaron qué significaba aquel vocablo. Les contestaron que quería decir «pobre» o «pobres». El impetuoso fray Toribio de Benavente, llevado de su entusiasmo, hizo de aquella palabra india su propio apellido. Una vez asentados en la región, pidieron a los caciques y principales que les enviasen sus hijos para educarlos en la fe cristiana.

No les resultó fácil convencer a los respectivos progenitores, pero no se desalentaron, y los colegios franciscanos resultaron una institución de primer rango en el México cristiano. Además, se convencieron pronto de que era necesario dominar el idioma de los nativos y llegaron a ser maestros en un menester tan humanista. Celebraron un Capítulo franciscano y dividieron la extensa región en cuatro provincias, que fueron la base de la definitiva organización franciscana en tierras mexicanas.

Fuente: ws.org
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Biografía de Francisco de Montejo
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Francisco de Montejo fue un militar y explorador español, que conquistó Yucatán en su calidad de adelantado, en compañía de su hijo y de su sobrino, los tres homónimos.

En 1514, embarcó rumbo a Las Indias, llegando a Santo Domingo en la isla La Española, después se trasladó a la isla Fernandina (Cuba) y participó en 1518 en la expedición de Juan de Grijalva; como era rico, puso uno de los navíos y muchos bastimentos, por lo que era socio y capitán.

En el viaje recorrieron una ruta semejante a la de Francisco Hernández de Córdoba, pero la corriente los llevó a descubrir la isla de Cozumel. Bordearon la costa de la península de Yucatán y durante la expedición tuvieron enfrentamientos con los mayas de Chakán Putum dirigidos por el halach uinik Moch Couoh.

Cinco soldados bajo su cargo resultaron heridos, pero lograron avanzaron hasta alcanzar tierras veracruzanas, desde donde regresó a Cuba en la embarcación al mando de Pedro de Alvarado.

Dadas las circunstancias adversas, se negó, junto con el capitán Alonso de Ávila, a dejar soldados para que comenzaran a establecer posiciones en los territorios recién descubiertos.

Al año siguiente acompañó a Hernán Cortés en su expedición. Siguieron la misma ruta de Juan de Grijalva y fundaron la Villa Rica de la Vera Cruz, hoy conocido como el Puerto de Veracruz, punto de partida para la conquista de México. El 22 de abril de 1519 fue nombrado alcalde y regidor junto con Alonso Hernández Portocarrero, cargo que ejercieron brevemente.

Francisco de Montejo se distinguió por su diplomacia, la que le valió ser enviado por Cortés a España para que informara a la Corte Real de los resultados de la expedición. Junto con Portocarrero y el piloto Antón de Alaminos seembarcaron el 26 de julio de 1519 con la primera carta de relación y el Quinto Real a fin de hacer valer los intereses de Cortes ante Carlos I.

El 8 de diciembre de 1526, Carlos V lo autorizó a emprender la conquista de Yucatán con los títulos de adelantado, gobernador y capitán general, los mismos que heredó su hijo Francisco de Montejo el Mozo. En 1527 partió de Sanlúcar de Barrameda hacia tierras americanas.

El adelantado Francisco de Montejo llegó a Santa María de la Victoria, capital de la provincia de Tabasco en donde estableció su "Real", en 1528 con el título de Alcalde Mayor de Tabasco teniendo como misión la de pacificarla y poblarla y conquistar Yucatán.

A su llegada, Montejo se encontró a una provincia prácticamente fuera del control de las autoridades españolas y donde los indígenas se habían sublevado. Los pocos españoles vivían acuartelados en la villa de Santa María de la Victoria, por lo que Montejo inició una intensa campaña de reconquista del territorio.

De 1528 a 1530 batalló en tierras tabasqueñas hasta que por fin pudo lograr la pacificación parcial de la provincia. Sus acciones se vieron interrumpidas debido a que la Primera Audiencia, lo releva del cargo de Alcalde Mayor.

En 1535, la Segunda Audiencia lo restablece en el puesto, ya que los indígenas de la provincia se habían alzado de nuevo. Debido a la inestabilidad que existía en Tabasco y Yucatán producto de lo pugnaz de los naturales de la región, Montejo viaja a España para solicitar ayuda logrando que la reina Juana I le expida una Real Cédula que le otorgaba la Gobernación de Yucatán, Cozumel y Tabasco, región comprendida desde el río Cupilco en Tabasco hasta el Ulúa en Hibueras (Honduras).

Montejo logró con dificultad pacificar parcialmente Tabasco después de muchos esfuerzos y sufriendo graves penalidades hasta 1537. Una vez lograda la pacificación parcial, centró sus esfuerzos en la conquista de Yucatán.

En 1539, Montejo consiguió para su hijo el nombramiento de Alcalde Mayor y Gobernador de Tabasco y lo envió a Santa María de la Victoria para asumir el cargo y continuar con la campaña militar para pacificar por completo la provincia.

Aunque la pacificación total de Tabasco, se lograría hasta 1560, tras derrotar a los aguerridos cimatecos, quienes fueron los últimos en rendirse a los españoles en esa provincia. Para entonces, Montejo, que se preciaba de ser el gran conquistador de Tabasco, tenía ya varios años de haber fallecido.

Foto: wikipedia.org
Fuente: ws.org
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La batalla de Cimatán en 1524
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Los españoles deciden continuar su avance hacia Cimatán atravesando grandes sabanas llanas y enmedio de las sabanas había enormes ciénegas y pantanos y en una de ellas, los cimatecas los aguardaban esperándolos para emboscarlos de la manera siguiente:

Primero se dejaron ver en las sabanas por los españoles, quienes al verlos los persiguieron a caballo y a pie, pero los indígenas los guiaron hasta unas extensas ciénegas en donde caballos y soldados quedaron "atorados" sin poder moverse, por lo que acontinuación los cimatecos les lanzaron una lluvia de flechas hiriendo y matando a muchos caballos y soldados, incluso el mismo Rangel tuvo que ser socorrido porque los cimatecos mataron su caballo y estando Rangel en el suelo los indígenas se lo pretendían llevar a su poblado para sacrificarlo".

Los españoles lograron replegarse y se encaminaron a otro pueblo, el cual lo hallaron abandonado, ahí aprovecharon para curar a los heridos. De ahí fueron a otro poblado y lo hallaron abandonado también, pero en ese lugar, les salieron al paso de nuevo cientos de guereros cimatecos que los atacaron.
«... estando reposando ni cuarto de hora, y vienen tantos guerreros zimatecas y nos cercan en el poblezuelo y tuvimos mucho trabajo en hacerlos alejarse. Rangel estaba muy doliente de la cabeza y había muchos mosquitos que no dormía ni de noche ni de día y murciélagos muy grandes que le mordían y le desangraban y como siempre llovía, y habían muerto once soldados y muchos estaban heridos, varios de los soldados le aconsejaron a Rangel que nos volviésemos desde allí...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España

Después de la derrota, algunos soldados ya decepcionados le pedían a Rodrigo Rangel que regresaran a la villa del Espíritu Santo, sin embargo, después de deliberar Rangel con Bernal Díaz del Castillo, quien le dijo que si regresaban estando a las puertas de Cimatán, Cortes no lo vería bien, Rangel decide continuar el camino hacia Cimatán. La expedición atravesó otros pueblos encontrándolos abandonados, hasta que llegaron a Cimatán".

Al llegar a Cimatán tuvo lugar otra batalla, los invasores lograron entrar al pueblo, pero sus habitantes huyeron del asentamiento quemando muchas de las casas. Los españoles se posecionan de Cimatán tomando a quince prisioneros.

Al día siguiente Rangel envía a varios indígenas a llamar a los habitantes para que regresen y juren obediéncia a la corona española y los indígenas le aseguran que volverán con todos los habitantes, pero nunca regresan, negándose de nuevo a someterse.

Al día siguiente, Rodrigo Rangel dispuso que cincuenta soldados salieran del pueblo para ir en busca de los cimatecos, el grupo recorrió varios ranchos y caseríos pero los indígenas huían hacia los montes y pantanos. por lo que después de varios días, los españoles deciden regresar a la villa del Estpiritu Santo sin habar logrado su objetivo de conquistar y pacificar Cimatán.
«...fuimos cincuenta soldados y llegamos a unos ranchos que tenían entre ciénegas que temblaban que no osamos entrar en ellas y se fueron huyendo por unos grandes breñadales y espinos muy malos que pasan los pies, y en unas huertas de cacahuatales prendimos a seis hombres y los llevamos con el capitán. Y los tornó luego para que llamasen de paz a los zimatecas, quienes no quicieron venir, y así acordamos regresar a la villa del Espíritu Santo y en eso paró la entrata a Zimatán...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España
Fuente: ws.org
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La colonización francesa de Texas
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La colonización francesa de Texas es el período que no da la historia del estado de Texas que va desde 1685 hasta 1689, y durante el cual, en la actual ciudad de Inez, existía una colonia francesa llamada Fort Saint Louis.

Ésta fue fundada por el explorador René Robert Cavelier de La Salle en el curso de una expedición en la que intentaba colonizar la desembocadura del Mississippi, fallida debido a la imprecisión en el mapa y, sumado a ello, a errores en la navegación que provocaron el aterrizaje a 644 kilómetros más al oeste, cerca de la bahía de Matagorda.

La colonia enfrentó numerosas dificultades
durante su breve existencia, incluyendo la hostilidad de los nativos americanos, las epidemias y las duras condiciones climáticas. Consciente de su propósito original, La Salle dirigió gran cantidad de expediciones para encontrar el río Mississippi, sin embargo, exploró gran parte del río Grande y del este de Texas —sin ser consciente de ello.

En 1686, durante una de sus ausencias, el último barco se hundió, imposibilitándole a los colonos contar con los suministros y poniendo en riesgo la estabilidad colonial en el mar del Caribe. Tras el empeoramiento de las condiciones de vida, La Salle comprendió que la colonia únicamente podría sobrevivir con la ayuda de las colonias francesas de Pays des Illinois.

Su última expedición terminó a lo largo del río Brazos, a principios de 1867, en la cual él y cinco de sus hombres murieron a causa de las rivalidades que surgieron en la tripulación. Aunque algunos cumplieron con su objetivo, la ayuda jamás llegó. Los miembros restantes de la colonia murieron o fueron capturados durante una redada de los indios Karankawa a finales de 1688.

No obstante, y aunque la colonia existía desde hace apenas tres años, el gobierno francés utilizó el asentamiento como un pretexto para reclamar la posesión de la región correspondiente a la corriente de Texas; más tarde, fue el gobierno de los Estados Unidos quien reclamó el área como parte del Tratado de la Compra de la Luisiana.

España se enteró de la misión de La Salle en 1686. Temiendo que la colonia francesa pudiera amenazar su control sobre la Nueva España y la parte meridional de América del Norte, autoridades ibéricas financiaron expediciones para encontrar y destruir el asentamiento. A pesar de que fue un esfuerzo prácticamente inútil, contribuyó a aumentar el conocimiento geográfico de la región del Golfo de México.

Cuando por fin los restos de la colonia fueron descubiertos en 1689, los españoles enterraron las armas y quemaron los edificios. Algunos años más tarde, los españoles establecieron una guarnición en la misma localidad. Por último, aun cuando fue abandonado, el sitio de asentamiento de los franceses cayó en el olvido. En 1996 fue redescubierto y actualmente es un sitio arqueológico.

Fuente(s): ws.org
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La masacre de Jamestown de 1622
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La masacre indígena de 1622, también conocida como masacre de Jamestown, tuvo lugar en la Colonia de Virginia, en Viernes Santo, el día 22 de marzo de 1622, y fue provocada por una serie de ataques sorpresa de la Confederación Powhatan dirigida por el jefe Opchancanough. Murieron unas 347 personas en el ataque, lo que constituía alrededor de un tercio de la población inglesa de Jamestown.

Jamestown era el lugar en el que se había asentado la primera colonia inglesa en Norteamérica en el año 1607, y era la capital de la Colonia de Virginia. Aunque la propia Jamestown se salvó de la masacre gracias a un aviso en el último minuto, había muchas colonias más pequeñas establecidas a lo largo del río James, tanto río arriba como río abajo. Los atacantes mataron a hombres, mujeres y niños, a la vez que incendiaron hogares y cultivos.

Henrico fue una de las pequeñas comunidades que se encontraban por entonces en plena expansión, y que sufrieron la peor parte de los ataques coordinados indígenas. Muchas de esas colonias fueron abandonadas tras los hechos acaecidos. Uno de los lugares con mayor índice de bajas fue Wolstenholme Towne, y se ha hallado otro lugar en unas excavaciones arqueológicas recientes a 7 millas río abajo de Jamestown.

Jamestown, la capital y asentamiento principal de la colonia, se salvó gracias a la actuación de un chico indio llamado Chanco. Al parecer a Chanco se le encargó matar a su empleador, Richard Pace, pero en lugar de cumplir la orden le despertó por la noche y le avisó del ataque inminente. Pace, que vivía en la rivera contraria del río James, puso a su familia a seguro y remó a través del río hasta llegar a Jamestown, en un intento de avisar al resto de los colonos. Como resultado, se pudieron llevar a cabo preparaciones para defenderse del ataque en esa ciudad. Los asentamientos cercanos, sin embargo, no recibieron aviso alguno.

Durante un ataque sorpresa que duró un día entero, muchas de las comunidades más pequeñas (que eran esencialmente puestos fronterizos de Jamestown) fueron atacadas, incluyendo Henricus, con su colegio para niños indios y colonos. En la ciudad de Martin's Hundred casi la mitad de la población fue asesinada, y en Wolstenholme Towne sólo quedaron en pie dos casas y parte de la iglesia. En total, murieron unos cuatrocientos colonos (un tercio de la población blanca), y alrededor de veinte mujeres fueron capturadas para servir como esclavas para los indios hasta su muerte o el pago de su rescate años después.

Las diferencias culturales entre los indios americanos y los europeos eran tales que cuando los powhatan dieron por terminado el ataque no hicieron ningún otro movimiento durante meses, aparentemente convencidos de que los colonos aceptarían las pérdidas como señal de que los powhatan eran más poderosos y tenían que ser respetados, y que desde ese momento se evitarían los conflictos y cualquier tipo de ruptura de los acuerdos que mantenían. Con esto demostraron una gran incomprensión de la mentalidad de los colonos ingleses y de los gobiernos de ultramar que los apoyaban.

Los ataques del 22 de marzo destruyeron la mayoría de las cosechas de primavera de los colonos y provocaron que abandonasen buena parte de sus asentamientos. Pero también tuvo efectos a largo plazo, ya que se reforzó entre los miembros de la colonia y también entre los ciudadanos de Inglaterra la idea de que los indios eran unos salvajes, y destruyeron la buena imagen de su cultura que se había comenzado a crear durante los años anteriores gracias a Pocahontas y otros miembros de la confederación powhatan.

En Henricus, uno de los asentamientos más alejados de Jamestown, se había construido una escuela muy bien equipada para los niños indios y un colegio para los hijos de los colonos, pero todo este esfuerzo se perdió. Tuvieron que pasar 70 años para que se intentase una experiencia similar —el College of William and Mary, actualmente una universidad—, que recibió la aprobación de la monarquía inglesa gracias a la iniciativa del rector de Henrico Parish, James Blair. Para evitar el riesgo de que recibiese un ataque, la nueva escuela se estableció en Middle Plantation, una ciudad bien fortificada a pocos kilómetros de Jamestown que al cabo de unos años se convertiría en la capital de la colonia y pasaría a llamarse Williamsburg.

Los colonos que sobrevivieron a la masacre del Viernes Santo contraatacaron y, durante el verano y el otoño de 1622, lanzaron ataques contra las tribus powhatan, buscando especialmente destruir las reservas de grano; tuvieron tanto éxito que forzaron al jefe Opchancanough a pedir una negociación. Finalmente se abrieron conversaciones para buscar la paz por medio de intermediarios indios, pero algunos de los líderes de Jamestown, instigados por el capitán William Tucker y el doctor John Potts, envenenaron el licor que se tenían que beber los representantes powhatan en el brindis ceremonial. El veneno mató unos doscientos indios y cincuenta más murieron a manos de los colonos, pero el jefe Opchancanough pudo escapar.

Al cabo de dos años, en 1624, Virginia pasó a ser colonia real de Inglaterra. Este cambio suponía que sería la corona inglesa, y no la compañía Londres de Virginia como hasta ahora, la que tendría autoridad directa sobre el territorio, y por lo tanto serian los favoritos reales los que sacarían provecho de la colonia. Como pasaba en la mayoría de los casos, los colonos siguieron siendo explotados para el beneficio personal de unos pocos, y los intereses de los powhatan fueron todavía más menospreciados. La expansión hacia tierras indias y la ruptura de los acuerdos continuó siendo la forma normal de proceder, con la consecuente irritación de las tribus powhatan.

Pese al incremento de la tensión, no volvió a haber un enfrentamiento de importancia hasta 1644, fecha en la que comenzó la segunda guerra anglo-powhatan, en la que murieron unos quinientos colonos ingleses. En ese momento, las pérdidas ya suponían menos de un 10% del total de la colonia británica, teniendo un impacto considerablemente menor. Opchancanough, que ya era viejo y al que tenían que transportar en camilla, fue capturado y encarcelado en Jamestown, donde uno de sus carceleros lo asesinó.

La muerte de Opchancanough marcó claramente el inicio de la continuada y cada vez más evidente decadencia de la confederación powhatan, anteriormente poderosa; sus miembros abandonaron la zona, se fueron mezclando gradualmente con los colonos o se retiraron a vivir en algunas de las pocas reservas indias que se crearon en Virginia, aunque también estos territorios eran objeto de incursiones y confiscación de tierras por parte de la creciente comunidad blanca.

Actualmente, sólo siete tribus de las cuarenta que formaban la confederación powhatan están reconocidas por Virginia. Las dos reservas más antiguas son Pamunkey y Mattaponi, situados entre los ríos del mismo nombre, dentro del condado de King William pero técnicamente independientes de este.

Fuente(s): ws.org

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La expedición de Los Cayos de San Luis
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La expedición de Los Cayos de San Luis o sencillamente Expedición de Los Cayos, es el nombre con el que son conocidas las dos invasiones que desde Haití organizó el Libertador Simón Bolívar a fines de 1815 llevándolas a cabo durante el año 1816 con la finalidad de liberar a Venezuela de las fuerzas españolas.

Procedente de Jamaica llegó Bolívar a Los Cayos de San Luis, en la isla de Haití, el 24 de diciembre de 1815; trasladándose luego a Puerto Príncipe donde tuvo una entrevista, el 2 de enero de 1816, con el presidente Alexandre Petion, quien se comprometió a facilitarle los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa. Posteriormente, tras serle otorgado el poder supremo por parte de una asamblea de los principales jefes refugiados, venezolanos y neogranadinos, Bolívar comenzó a afinar los detalles sobre la expedición contra la costa firme venezolana; con la ayuda del gobernador militar haitiano de Los Cayos, el general Ignacio Marión.

La expedición incluía 1.000 tripulantes patriotas y 1.000 negros haitianos. Entre los expedicionarios se encontraban: Santiago Mariño, José Antonio Anzoátegui, Luis Brión, Carlos Soublette, Manuel Piar, Juan Bautista Bideau, Renato Beluche, José Francisco Bermúdez, Gregor MacGregor, Justo Briceño, Francisco Antonio Zea, Pedro León Torres, Ambrosio Plaza y otros.

El recorrido de la flota comandada por Bolívar fue el siguiente: luego de salir del puerto de Los Cayos, en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se 8encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816 llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de artillería; el 25 de abril arriban a la isla holandesa de Saba, distante 20 Km de San Bartolomé, desde donde se dirigen hacia la isla de Margarita, librando el 2 de mayo, antes de llegar a ésta, el combate naval de Los Frailes en la que la escuadrilla del almirante Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos.


Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de Bolívar pasan a Carúpano, donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud para después seguir a Ocumare de la Costa donde desembarcan y llegan hasta Maracay pero deben retirarse acosados por Francisco Tomás Morales dejando parte del parque en la playa y la mitad de sus soldados quienes bajo Gregor MacGregor emprenden la retirada por tierra a través de los valles de Aragua hacia oriente, conocida como la Retirada de los Seiscientos, tras la derrota en el cerro de El Aguacate (14 de julio).

Entre tanto, Santiago Mariño había desembarcado en Barcelona exitosamente el 24 de junio, de inmediato empieza a reunir un nuevo ejército. Envía a Manuel Cedeño y a José Tadeo Monagas a reclutar jinetes en Maturín, mientras él va por hombres a Cumaná y Margarita en compañía de Manuel Piar. Cedeño y Monagas juntaron dos escuadrones que llevaron con José Francisco Bermúdez en Aragua de Barcelona.  

El capitán Felipe Santiago Esteves Acevedo es enviado a evacuar a los patriotas en las costas occidentales. Muy pronto tuvo 350 isleños que envió a Cumaná, donde se les sumaron 700 reclutas locales y otros 1.000 de Aragua. Cuando Bolívar desembarque Mariño inicialmente se negara a acatar su autoridad, pero al final tendrá que ceder.

Tras volver a Haití y organizar una nueva expedición Bolívar zarpó del puerto de Jacmel (18 de diciembre) y llegó a Juan Griego el 28 de diciembre de 1816 y a Barcelona el 31 del mismo mes, donde estableció su cuartel general y planeó la campaña sobre Caracas con la concentración de las fuerzas que operaban en Apure, Guayana y Oriente, pero tras una serie de inconvenientes hicieron que abandonara el plan y se trasladara a Guayana, para tomar el mando de las operaciones contra los realistas en la región

A pesar de los reveses sufridos por los expedicionarios y por el propio Libertador en Ocumare de la Costa, la importancia histórica de la Expedición de los Cayos radica en que la misma permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y luego José Francisco Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que MacGregor con Carlos Soublette y otros jefes se internaran definitivamente en Tierra Firme, para abrir paso al triunfo definitivo de la República.

Fuente: ws.org
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Las órdenes religiosas del Virreinato del Perú
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Una de las causas del descubrimiento de América fue la difusión de la religión católica y desde la creación del virreinato peruano la sociedad se caracterizó por profesar el catolicismo y por poseer un profundo espíritu religioso.

En el siglo XVII, la Iglesia católica prosperó enormemente: en Lima, con 26 000 habitantes, contaba con diecinueve iglesias y monasterios y el diez por ciento de su población estaba constituido por sacerdotes, canónigos, frailes y monjas, que penetraron profundamente en la vida del pueblo, en cuyas familias era casi una actitud tradicional destinar a uno de los hijos a la vida religiosa y observar rigurosamente los rezos del Ángelus a mediodía y del rosario, además de asistir a las diversas actividades de culto.

Junto con los miembros del clero secular llegaron también los religiosos del clero regular organizados bajo la advocación de un santo y que tuvieron como tarea fundamental la propagación de la fe católica y el adoctrinamiento de los indígenas dispersos por todo el virreinato. Todos ellas fundaron conventos y monasterios y edificaron hermosas iglesias en Lima y otras ciudades del Perú.

Las órdenes religiosas que se establecieron en el Perú fueron la Orden de Predicadores o dominicos, la Orden de Frailes Menores o franciscanos, la Orden de la Merced o mercedarios, la Orden de San Agustín o agustinos y la Compañía de Jesús o jesuitas.

Dominicos. La Orden de Predicadores fue la primera en llegar al Perú con fray Vicente de Valverde en 1532 (destacada actuación en la captura del inca Atahualpa y primer obispo del Cuzco). Su primer convento lo construyó sobre el templo inca del Coricancha, (Cuzco); fundó en Lima la Universidad de San Marcos (1551) e implementó inicialmente el tribunal de la Santa Inquisición. Destacó por su defensa de las poblaciones andinas, siguiendo la lucha del fraile dominico Bartolomé de las Casas, y por su gran labor de adoctrinamiento de las poblaciones indígenas (fray Domingo de Santo Tomás quien fue el primer fraile en estudiar el quechua).

Franciscanos. La Orden de Frailes Menores llegó al Perú en 1533, dedicándose especialmente a las misiones, es decir, a la difusión del catolicismo en el virreinato. Llegó a instalar conventos en Arequipa, Huamanga, Trujillo, Chachapoyas y otras ciudades (construyeron el Convento de Ocopa, en Huancayo). Fue una de las órdenes que más trabajó con misiones a las inhóspitas regiones de la selva.

Mercedarios. La Orden de la Merced arribó al Perú en 1533 y su centro de operación fue la ciudad de Lima. Sin embargo el número de miembros de la orden no fue significativo en comparación con el número de las otras órdenes religiosas. Su carácter misionero hizo que la orden mercedaria llegara a las altas cumbres cordilleranas en búsqueda de indios para evangelizar. Fueron mercedarios Fray Martín de Murúa, cronista que se dedicó a la recopilación de la historia del Tahuantinsuyo y autor de la crónica "Origen y Descendencia de los Incas" y Fray Diego de Porres, misionero dedicado a la enseñanza de la fe católica, apoyándose en instrumentos nativos como el quipu. Explotó bienes inmuebles incursionando en las haciendas y otro tipo de negocios (repartimientos, encomiendas). Logró controlar la Santa Inquisición desde mediados del siglo XVIII.

Agustinos. La Orden de San Agustín llegó en 1551 y se instaló en Lima como la Provincia Nuestra Señora de Gracia del Perú, y en varias partes del virreinato peruano, principalmente en la Sierra, extendiéndose incluso hasta el Alto Perú. Tomaron a su cargo el célebre santuario de Copacabana, a orillas del Lago Titicaca, a partir del cual predicaron con gran eficacia la doctrina católica a las poblaciones indígenas.

Jesuitas. La Compañía de Jesús vino al Perú en 1568, como una organización moderna y poderosa, al servicio de la Contrarreforma, es decir, a la lucha contra los protestantes europeos. Con ese antecedente, tuvo gran empuje en su labor misional en el Perú, asumiendo con gran éxito la administración de haciendas y fundando multitud de colegios (también incursionaron en el estudio del quechua y del aimara). Con los años, esta labor adquirió gran prestigio e influencia en los ámbitos políticos, culturales y económicos locales. Los jesuitas fueron expulsados de España y de América por orden de Carlos III, en 1768, preocupado por el poder que ejercían y las posiciones sobre las libertades políticas que dejaban entrever. Esto constituyó un rudo golpe para la cultura y economía del virreinato.

Fuente(s): ws.org
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