Isabel la Católica
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(También llamada Isabel I de Castilla; Madrigal de las Altas Torres, España, 1451 - Medina del Campo, id., 1504) Reina de Castilla y León (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1504). Hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, Isabel la Católica tenía sólo tres años cuando su hermano Enrique IV ciñó la corona castellana (1454).

En 1468 Enrique IV, hombre de carácter débil e indeciso, reconoció a la princesa Isabel como heredera al trono en el pacto de los Toros de Guisando, con lo cual privó de sus derechos sucesorios a su propia hija, la princesa Juana. La maledicencia suponía que la princesa Juana era en realidad hija de Enrique Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque; de ahí su sobrenombre de Juana la Beltraneja.

Con el objetivo de consolidar su posición política, los consejeros de Isabel la Católica acordaron su boda con el príncipe Fernando, primogénito de Juan II de Aragón, enlace que se celebró en secreto, en Valladolid, el 19 de octubre de 1469. Al año siguiente, molesto por este matrimonio, Enrique IV de Castilla decidió desheredar a Isabel y rehabilitar en su condición de heredera a Juana la Beltraneja, que fue desposada con Alfonso V de Portugal.

La consecuencia fue que, a la muerte del rey (1474), un sector de la nobleza proclamó a Isabel soberana de Castilla, mientras que otra facción nobiliaria reconocía a Juana (1475), lo cual significó el inicio de una sangrienta guerra civil. A pesar de la ayuda del monarca portugués a la Beltraneja, el conflicto sucesorio se decantó a favor de Isabel en 1476, a raíz de la grave derrota infligida a los partidarios de Juana por el príncipe Fernando de Aragón en la batalla de Toro.

Los combates, sin embargo, se sucedieron en la frontera castellanoportuguesa hasta 1479, en que el tratado de Alcaçobas supuso el definitivo reconocimiento de Isabel como reina de Castilla por parte de Portugal, además de delimitar el área de expansión castellana en la costa atlántica de África. Aquel mismo año, por otra parte, el óbito de Juan II posibilitó el acceso de Fernando II de Aragón al trono de la Confederación catalanoaragonesa, y la consiguiente unión dinástica de Castilla y la Corona de Aragón.

Las líneas maestras de la política conjunta que desarrollaron Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (que pasarían a la historia como los Reyes Católicos, título concedido en 1494 por el papa Alejandro VI) fueron el afianzamiento y la expansión del poder real, el estímulo de la economía, la conclusión de la reconquista a los musulmanes de todo el territorio peninsular y el fortalecimiento de la fe católica.

Para consolidar y prestigiar la monarquía, la reina implantó la Santa Hermandad, institución encargada de garantizar la estabilidad del orden público y la administración de justicia (1476), abolió las prerrogativas otorgadas a la nobleza por Enrique IV (1480) y convirtió el Consejo Real en el principal órgano de gobierno del reino, en detrimento de las Cortes.

En el aspecto económico, Isabel la Católica saneó la hacienda pública merced a un estricto sistema fiscal e incentivó el desarrollo de la ganadería ovina y del comercio lanero. Además, supo canalizar la tradición militar y expansiva de Castilla hacia la conquista del reino nazarí de Granada, último bastión islámico en la Península (1492), y la guerra contra los musulmanes norteafricanos, a los que arrebató Melilla (1497). Con todo, el mayor logro de la política exterior isabelina fue, sin duda, el apoyo a la expedición que culminaría con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (1492).

En materia religiosa, por último, Isabel la Católica llevó a cabo una profunda reforma eclesiástica con la ayuda del cardenal Cisneros, creó el tribunal de la Inquisión para velar por la ortodoxia católica (1478) y culminó el proceso de unificación religiosa con la expulsión de los judíos (1492) y los mudéjares (1502). A su muerte, acaecida el 26 de noviembre de 1504, el trono castellano pasó a su hija Juana la Loca (Juana I de Castilla), madre del futuro rey y emperador Carlos.


Extraído de Biografias y Vidas
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Bernal Díaz Del Castillo
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(Medina del Campo, Valladolid, h. 1492 - Guatemala, h. 1585) Conquistador y cronista español. Desde joven se decidió por la carrera de las armas y debido a su afán de aventuras, hacia 1514 se embarcó a América viajando sucesivamente con las expediciones de Pedro Arias de Ávila (a Darién, o sea Centroamérica), Francisco Hernández de Córdoba (a Yucatán) y Juan de Grijalva (a Tabasco). Casado con Angelina Díaz, tuvo un hijo llamado Diego.

Por tres años estuvo al servicio de Diego Velázquez en Cuba hasta que se le incluyó en la expedición de Hernán Cortés. Desde el 18 de febrero de 1519 fue soldado de las huestes de Pedro de Alvarado, por lo que participó en la conquista del imperio mexica. Fue testigo presencial de la prisión y muerte de los tlahtoanis Moctezuma y Cuitláhuac, vivió la llamada «Noche Triste» y peleó por la toma de México-Tenochtitlán.

Al concluir ésta, se unió a la expedición de Gonzalo de Sandoval hacia Coatzacoalcos y llegó a ser regidor de la villa del Espíritu Santo. Después participó en la conquista de Chiapas y, en 1524, partió con Hernán Cortés a la conquista de las Hibueras (Honduras), que resultó un fracaso, por lo que regresó por tierra a la ciudad de México.

Tras una prolongada estancia en esa ciudad, viajó en 1539 a España para reclamar sus derechos por haber participado en la conquista de México, pero sólo obtuvo un corregimiento en el Soconusco. Inconforme, continuó buscando una recompensa por parte de la corona española, por lo que hizo varios viajes entre España y América, hasta que decidió establecerse con su familia definitivamente en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Ahí llegó a sus manos el libro Historia General de las Indias escrito por el capellán de Cortés, Francisco López de Gómara. Éste, sin haber estado en México, hizo una descripción de la Conquista en la que enaltecía la figura de don Hernán, a quien le atribuyó todo el mérito de la Conquista.

Molesto por esta interpretación, Díaz del Castillo escribió su propia versión en la crónica titulada Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, en la que, con sencillez, hizo un extenso relato épico en el que resaltó el papel de los soldados españoles y reconoció con respeto la defensa heroica de los indígenas. Díaz del Castillo murió en Guatemala en 1585 y su obra no fue publicada hasta 1632.

Extraído de Biografias y Vidas
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El primer virrey del Perú
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Blasco Núñez Vela y Villalba
Blasco Núñez Vela y Villalba (Ávila, 1495-Iñaquito, 1546), fue un militar y político español, Capitán General de la Armada de las Indias. En 1537, fue el primero que capitaneó la Flota de Indias que cruzó el Océano Atlántico llevando los cargamentos de oro y plata al rey Carlos I de España evitando las amenazas de los corsarios.​ y en 1543 fue el primero que envió hacia España, por demanda de los comerciantes de Sevilla, la navegación de convoyes protegida por buques de guerra, sustituyendo por primera vez en Hispanoamérica los navíos sueltos.

Fue nombrado primer Virrey del Perú en 1543, con la tarea de hacer cumplir las Leyes Nuevas redactadas para poner fin a los abusos cometidos con los indios por parte de los encomenderos.

De buen parecer y gentil presencia, debido a su empeño en hacer cumplir la nueva legislación, entró rápidamente en conflicto con las élites locales, de manera tal que fue depuesto de su cargo por la Real Audiencia de Lima, en 1544, la cual entregó el poder a Gonzalo Pizarro.​ Enviado de vuelta a España, desembarcó en Tumbes y reunió un ejército con el que marchó contra los gonzalistas, con el ánimo tenaz de recuperar el poder. Pero hubo de retroceder y en la batalla de Iñaquito, cerca a la ciudad de Quito, fue derrotado y decapitado, el 18 de enero de 1546.

El deseo de mejorar el trato y calidad de vida de los indios sometidos en América, inspiró al emperador Carlos V a redactar las famosas ordenanzas o Leyes Nuevas que sancionó en Madrid, el 20 de noviembre de 1542. De acuerdo a ellas, se prohibía la esclavitud y el trabajo pesado de los indios, determinaba la supresión a corto plazo del régimen de las encomiendas, ordenaba despojar de sus repartimientos de indios a todos los oficiales públicos y a las congregaciones religiosas, y además mandaba quitar sus encomiendas a los que habían intervenido en el bando pizarrista durante la guerra civil entre los conquistadores del Perú.

Para poner en vigor tales leyes, y a la vez terminar con el espíritu de insubordinación que mostraban los conquistadores y extirpar el germen del feudalismo que pretendían trasplantar a América, el rey juzgó conveniente enviar al Perú a un funcionario altamente caracterizado que era la máxima autoridad: el virrey, desplegando un gran boato y provisto de extensas facultades y que fuera un verdadero representante de la Monarquía Hispánica, de su poder real y de la persona misma del soberano. El virrey fue acompañado de una Real Audiencia compuesta de cuatro Oidores con alta jurisdicción así en lo civil como en lo criminal.

No fue fácil hallar quien quisiera aceptar un cargo de tanta responsabilidad como el de Virrey del Perú, habida cuenta que debía promulgar y hacer cumplir unas leyes que tanta impopularidad tenía entre los arrogantes conquistadores del Perú, convertidos en encomenderos. El emperador se fijó en Blasco Núñez Vela, quien al principio quiso rechazar el honor, para finalmente aceptar la voluntad real.

Era ya para entonces un hombre maduro, aunque todavía gallardo y robusto, honrado, valiente, enérgico, leal y devotísimo al emperador de España, quien mucho le estimaba y favorecía. Era terco, arrebatado, de cortos alcances, y, por tanto, muy desconfiado, duro como el clima y áspero como la tierra en que había nacido. En abril de 1543 se le otorgó el título de Virrey, Gobernador y Capitán General de los reinos del Perú, Tierra Firme y Chile y presidente de la Real Audiencia, que con las atribuciones y preeminencias de la de Valladolid, debía establecerse en la Ciudad de los Reyes o Lima. Su salario anual quedó fijado en 18,000 ducados de oro.

Fuente(s): ws.org
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El oro de Cajamarca
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El oro de Cajamarca
Esta novela corta narra uno de los episodios más oscuros de la conquista de América: las matanzas de incas perpetradas por Francisco Pizarro, que sometió un enorme imperio con solo 200 hombres, junto a la historia y condena de su emperador Atahualpa, que fué ajusticiado después de pagar el rescate más alto que se conoce. En realidad, el verdadero tema es cómo la fiebre del oro degrada al ser humano. El relato parece que está bien fundamentado y basado en «The conquest of Peru» (1843) de William H. Prescott, y se ajusta a lo que se cree que sucedió en realidad.

Acostumbrados a escuchar un discurso almibarado y heroico del descubrimiento y conquista del continente, no está mal conocer algunas de las barbaridades que los españoles cometieron en América, sobre todo cuando alguien nos las narra en un relato tan bien escrito, que cuenta unos sucesos tan extraordinarios que parecen increíbles. Este es uno de esos casos en los que los hechos superan a la imaginación humana con mucho y se hace evidente la frase de Mark Twain: «La realidad se diferencia de la ficción en que la ficción tiene que tener sentido».

El escritor judío Jakob Wassermann (1873-1934) nació en Fürth (Baviera); hijo de un pequeño comerciante, se quedó huérfano a los nueve años y tuvo una dura infancia marcada por un padre severo y una madrastra malvada, de la que se escapaba inventando historias. Con 23 años entró como redactor en la revista satírica Simplicissimus y pudo dedicarse a la literatura. Pronto alcanzó tanto éxito que fué el novelista más leido en Alemania y eclipsó a su amigo Thomas Mann. Escribió unas quince novelas, relatos, teatro, ensayos y una biografía de Cristóbal Colón. Uno de sus temas favoritos era la justicia universal, a la que todo ser humano tiene derecho. Curiosamente, tiene varios relatos históricos ambientados en España. Con notable anticipación, escribió sobre el dilema que le podía presentar a un judío aleman y patriota el triunfo del nacismo en su país. Afortunadamente, murió poco antes de que sucediera todo.


Título: El oro de Cajamarca
Autor: Jakob Wassermann
Páginas: 109
Editorial: Navona

Fuente(s): laantiguabiblos.blogspot.com
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Los Borja en España, Italia y el mundo
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A los que nos gusta la historia, hay días y sitios, que daríamos lo que fuera por haber estado allí, haber visto, oido, “vivido”, alguna de esas situaciones que tanto nos han maravillado cuando, siglos después, leemos la historia.
Yo tengo en mi mente muchas situaciones históricas a las que me hubiera encantado asistir, hoy os voy a contar una que me apasiona y que muchas veces he pensado en ella.

Elijo éste pasaje histórico como homenaje, por la fecha de hoy 1 de Octubre, a una familia valenciana: Los Borja en España, Los Borgia en Italia y resto del mundo.

El uno de Octubre de 1572 falleció, en Roma, San Francisco de Boja, Tercer General de la Compañía de Jesús y 4º Duque de Gandía, había nacido en 1510 y éstos días se conmemora, sobretodo en Gandía, su 500 aniversario, y aunque la vida de éste santo sea muy interesante y apasionante, otro día escribiré de él, hoy voy a contar un pasaje de la vida de su tío-abuelo: César Borgia (1475-1507) Arzobispo de Valencia, Cardenal que, por primera y única vez en la historia de la Iglesia, renuncia al cardenalato en 1498 para dedicarse a las armas, pasando a ser Capitán General del ejército Pontificio, luego Duque de Valentinoise concedido por Luis XII de Francia, traicionado por Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán) que lo apresa en Nápoles, después de una cena con él, faltando a su palabra de caballero, traición ordenada por su Señora natural: la Reina Isabel, la llamada Católica, se le trajo a España, preso en la Torre del Castillo de la Mota (Medina del Campo), donde convivió con Juana (la loca) que allí se encontraba apresada por su madre (La Católica de antes) una noche logró escapar ayudado desde fuera por varios señores castellanos, escapó de España en barco hasta Francia. Acabó su vida en el sitio de Viana (Navarra) siendo Capitán General del ejército del Rey de Navarra, su cuñado.

No queda muy claro, si fue traición o no, pero la tropa que lo acompañaba aquella madrugada de Marzo de 1507, ante las puertas de Viana, en un momento determinado lo dejaron sólo, acorralado por más de treinta enemigos a caballo, no huyó, les hizo frente, mató a seis o siete de ellos antes de que le pudieran clavar una lanza en su axila derecha (único sitio donde no cubre la armadura), derribándolo del caballo, en el suelo fue muerto, su cuerpo tenía 21 heridas de lanza y espada, Tenía 32 años. A pesar de tener una vida tan corta en años, fue muy intensa en hechos,

La historia de su vida (hay historia para hacer 10 películas), al igual que la de su padre (el cardenal Rodrigo de Borja, luego Papa Alejandro VIº) la escribieron, en un principio, sus enemigos, con lo cual se escribieron auténticas barbaridades, calumnias increíbles, que, como dice el dicho popular : “Calumnia que algo queda”, a ellos les quedaron todas las calumnias durante siglos. Durante los últimos cien años algunos historiadores serios, a base de estudios de documentación y comparando muchas fuentes diferentes, ya nos cuentan la historia de los Borgia mucho mas real, demostrando que las calumnias eran eso mismo: calumnias.
Vamos con la historia:

“César Borgia, con un ejército de entre 15 y 18.000 soldados, ya ha sometido a casi todos los señores y príncipes de la Romaña (todo el centro-norte de Italia), estamos en Octubre de 1502, una de las que queda por someter es la República de Florencia, los florentinos están muy preocupados, conocen los métodos de César Borgia para con aquellos que no se avienen a buenas con él, sobretodo el Secretario de la República Florentina: Nicolás Maquiavelo que ya conoció a César cuatro meses antes, en Urbino, por lo tanto la República manda a su Secretario a negociar con César Borgia, que en esas fechas estaba en Imola. Se presenta la embajada de Florencia ante César y Maquiavelo le expone muchas razones por las que no le interesaba a César entrar en Florencia, rogándole que no lo hiciera.

Al parecer a César le gustó la forma en que le expuso sus peticiones Maquiavelo, lo vió inteligente, sagaz e imaginativo, al tiempo que educado, le gustó, y su respuesta fue:”No se preocupe Su Señoría (Florencia), que mientras vos esté conmigo no entraré en Florencia”. Maquiavelo no sabía que el Rey de Francia, Luis XII, señor natural de César, le había comunicado a César que no entrara en Florencia si él no se lo ordenaba. Maquiavelo, convencido de que su presencia ante César liberaba a Florencia de la guerra, se quedó en Imola, en el mismo palacio que ocupaba César Borgia, comiendo o cenando con él muchos dias, ¡¡estuvo cuatro meses!!, hasta final de Enero de 1503.

Desde hacía un año, el Ingeniero militar de César Borgia, era Leonardo da Vinci, el gran Leonardo, y a muchas de esas comidas y reuniones asistía también Leonardo, quedaban horas charlando los tres juntos, César Borgia, Nicolás Maquiavelo y Leonardo da Vinci. ¿De qué hablaban? ¿Cómo opinaba cada uno de ellos? ¿Cómo eran? ¡¡ojalá hubiera podido estar allí, escuchándolos!! ¿Tu no?”.

El señor todopoderoso, el Príncipe, en esas fechas, era César Borgia. Meses después, el veneno puesto en una cena a César Borgia y a su padre Alejandro VIº, invitados ambos, en casa de un cardenal, lo cambió todo.

El ejército de César Borgia no entró en Florencia, porque Luis XII no se lo ordenó. Años después Maquiavelo escribió El Príncipe, enumerando las virtudes (virtudes del siglo XV, no de ahora) que debía de poseer un gobernante para ser Príncipe: temido por sus enemigos, querido por sus súbditos y respetado por todos, inspirado, todo el libro, por aquél César Borgia, admirado por Maquiavelo.

Actualmente, el descendiente legítimo directo de César Borgia, a través de su hija Luisa, habida de su matrimonio con Carlota de Aubret, hermana del Rey de Navarra y sobrina de Luis XII, es Carlos Hugo de Borbón, el jefe de los Carlistas. Por cierto, César no conoció nunca a su hija Luisa, la vida no le dio tiempo. Su tumba se encuentra a las puertas de la Basílica de Sta. María, Viana (Navarra)Los Borja en España, Los Borgia en Italia y resto del mundo.

Fuente(s): lahistoriajamascontadamrviciano.blogspot.com
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Biografía de Juan Rodríguez Cabrillo
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Su nacionalidad fue tratada por primera vez por el cronista español contemporáneo Antonio de Herrera y Tordesillas, que, en su Historia General de los hechos de los Castellanos en las Islas y tierra firme del Mar Oceano, se refiere a Cabrillo como Juan Rodríguez Cabrillo Português.

Por esta razón, la mayoría de las biografías lo describen como portugués. Sin embargo, después de un estudio realizado por el historiador Harry Kelsey en 1986, éste concluyó que era posible que Cabrillo hubiera nacido en España «probablemente en Sevilla; sin embargo, se pensaba que había nacido en Cuéllar» En 2015, Mas la doctora Wendy Kramer, la susodicha historiadora ha encontrado documentos que prueban que no es así. Según estos documentos, donde se recogen declaraciones del propio Rodríguez Cabrillo, relativas al robo del oro perteneciente a la corona española que transportaba un navío, el origen del descubridor de parte de la costa oeste de Estados Unidos era español... y concretamente de Palma de Micer Gilio, es decir de Palma del Río (Córdoba).

La fecha de nacimiento y familia son desconocidos, pero algunos sucesos en la vida de Cabrillo hacen pensar a Kelsey que Cabrillo nació en una familia humilde «alrededor de 1498 o 1500», y que sus padres trabajaban en la casa de un importante comerciante sevillano. El misterio sobre Cabrillo ronda también sobre el lugar donde fue sepultado. Murió el 3 de enero de 1543, frente a la costa del sur de California. Sin embargo, se desconoce el sitio exacto de su tumba.

Se sabe poco acerca de los primeros años de Cabrillo; apenas que formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez, la cual fue enviada a México por Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, con el fin de someter a Cortés. En 1519 aparece el nombre de "Cabrillo" como soldado del ejército de Hernán Cortés con el grado de oficial de ballestas. Acompañó a Cortés en la conquista de la gran Tenochtitlan y posteriormente en la del suroeste de México, así como en la conquista de Guatemala, El Salvador y Honduras, en Centroamérica.

En 1530, después de la conquista de Centroamérica, Cabrillo se estableció en la población de Santiago de Guatemala, y en 1532 viajó a España para contraer matrimonio con Beatriz Sánchez de Ortega. Después de las nupcias, Cabrillo regresó con su esposa a Santiago de Guatemala, en donde tomó residencia y se dedicó al comercio, en tanto su esposa le dio dos hijos.

En la madrugada del 11 de septiembre de 1541, un alud de piedras y lodo bajó del Volcán de Agua (que no un terremoto) y destruyó la ciudad. Se dice que Cabrillo notificó el incidente a la Corona española y esa información se considera el primer reportaje que se haya enviado de un acontecimiento ocurrido en el Nuevo Mundo a Europa.

Desde un puerto guatemalteco de la costa del océano Pacífico, Cabrillo se dedicó durante un tiempo a importar y exportar mercaderías entre España, Guatemala y otras partes del Imperio español.

Fuente: wikipedia.org
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El descubrimiento de California
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En 1541, Pedro de Alvarado había organizado una expedición con doce embarcaciones para explorar el litoral norte del océano Pacífico, pero en su trayectoria se detuvo en las costas de Nueva Galicia para tratar de contener la rebelión encabezada por Francisco Tenamaztle que desencadenó la Guerra del Mixtón. Inesperadamente, Alvarado murió en julio de 1541 al ser aplastado por un caballo. Al año siguiente, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco comisionó a Rodríguez Cabrillo para que continuara los planes de la expedición frustrada, pero solamente fue posible utilizar dos de las embarcaciones que había reunido Alvarado.1

La península de Baja California y el golfo de California o mar de Cortés habían sido recientemente descubiertos por los exploradores Francisco de Ulloa, Fernando de Alarcón y el piloto Domingo del Castillo. Con esos viajes se había demostrado que la península de Baja California no era una isla, sino que estaba unida a tierra firme y rodeada de agua por un golfo (golfo de California) y la mar del Sur (océano Pacífico).

Cabrillo esperaba encontrar la mítica y rica ciudad de Cíbola que se creía existía en algún lugar al norte de la costa del Pacífico, además de buscar el inexistente paso o estrecho de Anián que se decía unía al norte los océanos Pacífico y Atlántico.

El 24 de junio de 1542 partió en tres buques la expedición del puerto de Barra de Navidad (Jalisco). Acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Cabrillo comandaba la pequeña flota a bordo del navío San Salvador, buque insignia que él mismo había construido.

Después de zarpar recorrió la costa de Colima y enfiló hacia la península de Baja California, la cual tuvo a la vista el 3 de julio. Arribó a San José del Cabo y allí se proveyó de agua. El 13 del mismo mes descubre la bahía de Magdalena a la que nombra como tal.1 El 5 de agosto arriban a la isla de Cedros, (último sitio en el cual se vio con vida al navegante Francisco de Ulloa en abril de 1540) y permanecen en ella hasta el día 10 del mismo mes. Prosiguen su viaje costeando la península de Baja California y levantando mapas. El 17 de septiembre llegan al actual puerto de Ensenada, al que nombran San Mateo.

El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un "puerto muy bueno y seguro": acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles) y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles.

El 7 de octubre de 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara.

El 10 de octubre llega la expedición a San Buenaventura, el día 13 arriban a Santa Bárbara y alcanzan punta Concepción el día 17. A causa de los fuertes vientos contrarios, las naves regresan y se resguardan en la isla de San Miguel frente a San Buenaventura. No pueden avanzar al norte durante varios días, el 11 de noviembre llega a Santa María y el mismo día alcanzan el cabo de San Martín que se localiza en el condado de Monterey.

Las naves se separan debido a los fuertes vientos y tormentas y después de varios días de búsqueda se reúnen el 15 de noviembre y navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos, conocida actualmente como Monterey Bay.

El 18 de noviembre navegan hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la isla de San Miguel, adonde arriban el día 23. Los siguientes tres meses los pasan ahí en espera de que terminen las tormentas de invierno.

Juan Rodríguez Cabrillo muere el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel como consecuencia de un brazo que se quebró al caer en una escaramuza con los nativos. Se cree que sus restos fueron sepultados en la isla Santa Catalina, frente a la ciudad de Los Ángeles.

El 18 de febrero de 1543, la flota enfila nuevamente hacia el norte bajo el mando de Bartolomé Ferrelo. Con vientos favorables alcanzan el 1 de marzo el cabo Mendocino, llamado así en honor del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, patrocinador de la expedición. El cabo Mendocino se encuentra cerca del límite norte del actual estado California, así que es probable que la expedición haya traspasado los límites y llegado hasta el vecino estado de Oregón.
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Biografía de Anacaona
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Nació en la Isla Bohío. En la lengua de los taínos su nombre significaba Flor de Oro. Era hermana del cacique Bohechío y fue la esposa del cacique Caonabo, con quien tuvo a Higüemota.

Se distinguió por su belleza, inteligencia y talento para las poesías, memorizándolas para recitarlas en los areíto ante los otros aborígenes.

Cuando su hermano Bohechío murió, Anacaona gobernó el Cacicazgo de Jaragua en su lugar.

A la llegada a la isla de la expedición de Cristóbal Colón, en diciembre de 1492, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración por los españoles, porque veía en aquellos hombres conocimientos diferentes a los de su comunidad. Pero los abusos que cometieron algunos de quienes quedaron en el Fuerte Navidad contra las mujeres hicieron que dejara de admirarles y les viera como una amenaza a combatir. Convenció entonces a Caonabo para que les exterminase. A su regreso, el 28 de noviembre de 1493, Colón encontró el fuerte destruido y sus 43 moradores asesinados.

Años después, el gobernador de la isla Nicolás de Ovando recibió la noticia de que Anacaona estaba tramando un plan contra los españoles. Entonces Ovando mandó decir a Anacaona que iba hacia Jaragua para una visita amistosa.

El gobernador llegó con más de trescientos cincuenta hombres y fue recibido con fiestas y bailes en un caney. Cuando todos estaban reunidos en la fiesta, los españoles prendieron fuego al caney.

En el momento del ataque algunos aborígenes lograron sacar a Anacaona del lugar. Entre los sobrevivientes que escaparon estaban su hija Higüemota; su sobrino Guarocuya, quien fue entregado a Fray Bartolomé de las Casas, quien lo cristianizó con el nombre de Enriquillo; Mencía, nieta de Anacaona y el líder tribal Hatuey, quien posteriormente escapó a Cuba y allí organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla y muerto por orden de Diego Velázquez de Cuéllar.

Ovando ordenó una intensa búsqueda hasta lograr capturar a Anacaona, condenándola públicamente a la horca en 1503.
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La batalla de Suipacha de 1810
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La batalla de Suipacha fue un enfrentamiento ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército del Norte enviadas por la Primera Junta de gobierno de Buenos Aires durante la primera expedición auxiliadora al Alto Perú y las fuerzas realistas españolas. Fue el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la guerra de independencia.

La batalla se produjo a 25 km de Tupiza, en la población de Suipacha, a orillas del río Suipacha en la provincia de Sud Chichas del Departamento de Potosí en la actual Bolivia, entonces intendencia de Potosí.

Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas.

El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir a Nieto con tropas armadas de todos los marinos beteranos, muchos vecinos de la ciudad, los artilleros de Cuzco, fucilería de Oruro y algunos de La Paz, entre los cuales estaban los Granaderos Provinciales de La Plata provenientes de Chuquisaca.

Al día siguiente González Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al otro día por 1200 realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre. Paraje ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas. Córdoba había recibido informes falsos sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que marchaban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos, tampoco se había enterado de la llegada de refuerzos con municiones y cañones.

El Ejército del Norte tenía inferioridad numérica, 800 realistas con 4 cañones contra 600 patriotas con 2 cañones. Formaban parte del ejército realista de observación los veteranos del Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey, este al mando del capitán José Fernando de Fontaneda, que habían partido de Buenos Aires en 1809 para reprimir las sublevaciones del Alto Perú y que luego formaron el Batallón Fernando VII.

Cuando el 7 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, este había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.

Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla. González Balcarce desplegó más tropas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras. González Balcarce ordenó simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya.

Allí las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron brúscamente, emboscando a los realistas, quienes se dieron a la fuga arrojando banderas, armas y municiones, siendo perseguidos por tres leguas.

La batalla duró media hora y concluyó con una fácil victoria para los revolucionarios ya que los realistas abandonaron el campo de batalla en fuga, dejando la artillería. Fueron tomados 150 prisioneros realistas. La aparición de indígenas para observar la batalla desde los cerros hizo pensar a Córdoba y Rojas que se trataban de fuerzas de refuerzo y se precipitó en fuga sin esperar el resultado de la batalla.

En la batalla, junto con las tropas provenientes de Buenos Aires (275 combatientes), participaron, salteños, jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños y la Caballería chicheña de Tupiza, comandada por el coronel Pedro Arraya. El 9 de noviembre Castelli ordenó al capitán Martín Miguel de Güemes que con 150 tarijeños montados partiera de Suipacha en dirección a Cinti para capturar al subdelegado y comandante militar Pedro Cabero y a su antecesor, e impedir por allí la huida de los derrotados de Suipacha hacia el Gran Chaco, así como también en posesión al nuevo subdelegado Isidoro Alberti. Güemes, quien estaba al frente de los salteños fue posteriormente a la batalla (ya en Potosí) despojado de su rango militar por desavenencias con Castelli y devuelto a Salta, mientras que sus tropas fueron incorporadas al Ejército del Norte. Evidencias históricas señalan a Güemes como el ejecutante de las acciones de Suipacha, sin embargo Castelli no lo menciona en el parte de batalla.

El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus cuatro cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.

El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.

En el momento de la batalla Juan José Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.

Exmo Señor.
Son las dos de la mañana, y media hora hace, que llegan dos ayudantes del exército, Roxas y Saravia, con el capitan Tollo, dandome de orden del mayor general Balcarce, el parte del resultado feliz para nuestras armas del ataque, que hicieron, los enemigos sobre la retirada de los nuestros de Tupiza á Suipacha, donde se fixaba el quartel general, habiendose destacado una fuerza de más de mil hombres, al mando de D. José Cordoba, con quatro piezas de artilleria. Se alistaron ayer á las tres de la tarde, y nuestra gente los esperó gallardamente, operó la artilleria mandada por Villanueva y Giles, que acababan de llegar con las piezas, municiones, caudal para pago de la gente, y tres divisiones, que venian á mi avanguardia; obró la mosqueteria, y cargó la caballeria, poniendo en fuga vergonzosa el resto de los que no quedaron tendidos en los cerros. Han perdido toda la artilleria y municiones, banderas, armamentos, mulas, monturas, mochilas y demas pidiendo clemencia, que mandé no se les diese. Siguen los nuestros las derrotas hasta alcanzar los montados, y entre ellos el general Cordoba; y es probable que reforzado Balcarse siga hasta Cotagaita á atacar, y tomar los de la reserva, y franquear el paso para Potosí. Luego que tenga mas circunstanciadas noticias reiteraré mi parte para satisfaccion de V. E. bastando decirle, que tengo en mi poder parte de los despojos del atolondrado exército de los rebeldes, que sus banderas estan en presa, que no contamos mas que un oficial, y seis heridos nuestros, y que no se sabe de nuestra tropa entrando las de Tarija, qual es la que mejor se ha portado.
Circúlo estos avisos á las ciudades por medio de sus xefes, para que celebren los triunfos de la patria, y glorias de la lealtad.
Dios guarde á V. E. muchos años. Yavi 8 de noviembre á las dos de la mañana de 1810.—
Exmo. Sr.—Dr. Juan José Castelli.
—Exma. Junta Gubernativa de estas provincias.
Parte de Castelli a la Junta


Este distintivo se utiliza aún hoy en el uniforme de gala de las tropas del Regimiento Dos (RI2) de infantería del Ejército Argentino con actual asiento en la Ciudad de Córdoba, Argentina.

Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y como castigo por la represión de 1809 en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, los jefes realistas José de Córdoba y Rojas, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz fueron capturados en Potosí y ejecutados. A González Balcarce le valió los galones de brigadier y la confianza para avanzar hacia el río Desaguadero, límite del virreinato.>
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La sexualidad prehispánica censurada
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Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permitían la poliginia, la sodomía y la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos -que permitían la sodomía y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Uno de ellos trata sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez.

En ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio”.

Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus galanes y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”.

Entre los grupos mexicas se distinguía al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría.

El adulterio era uno de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Fuente(s): domusapientiae.wordpress.com
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Los doce apóstoles de México
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Los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España, fue un grupo de doce misioneros franciscanos que llegaron al recién fundado virreinato de Nueva España en mayo de 1524 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población indígena.

Cuando Hernán Cortés se disponía para su expedición hondureña, después de desembarcar en Ulúa el 13 ó 14 de mayo de 1524, llegó a México el 17 ó 18 de junio del mismo año la primera nutrida misión de doce franciscanos de la Observancia, hecho histórico de notable relieve, pues con ellos comenzó en Nueva España la evangelización ordenada y metódica.

Una corazonada del Ministro General de la Orden franciscana, Francisco de Quiñones, asumida por el mismo Romano Pontífice, en 1524, le impulsó a enviar a Indias «un prelado con doce compañeros, porque éste fue el número que Cristo tomó de su compañía para hacer la conversión del mundo».

La prelacía recayó sobre la rica personalidad de fray Martín de Valencia. Le acompañaron: fray Francisco de Soto; Martín de Jesús o de la Coruña; Juan Juárez (o Suárez), quien, junto con fray Juan de Palos, hermano laico, murió en Florida; fray Antonio de Ciudad Rodrigo, quien se distinguió como hábil gobernante y defensor de los derechos de los indígenas; Toribio de Benavente o «Motolinía», fino observador de la naturaleza y de las costumbres de los nativos e infatigable escritor; fray García de Cisneros, primer Provincial de la recién creada Provincia; Luis de Fuensalida, quien renunció a la mitra de Michoacán; fray Juan de Ribas, defensor a ultranza del mantenimiento del espíritu de la reforma religiosa; fray Francisco Jiménez, quien recibió ya en Nueva España la ordenación sacerdotal, hábil canonista; y, por último, fray Andrés de Córdoba, también hermano laico.

Fieles a la consigna de no claudicar jamás de la pobreza franciscana, al desembarcar después de la larga travesía recorrieron a pie y descalzos las sesenta leguas que separan el puerto de Veracruz de la ciudad de México. Hernán Cortés los recibió con muestras de veneración y los agasajó solemnemente. Los franciscanos fueron un aldabonazo para los españoles y un descubrimiento para los indios.

El contraste resultaba llamativo. Les seguían y les rodeaban los indios sin parar, hablando en el idioma local, del que los piadosos hijos de San Francisco no sacaban en limpio más que una constante repetición de la palabra «motolínea».

La insistencia de los nativos les picó la curiosidad y preguntaron qué significaba aquel vocablo. Les contestaron que quería decir «pobre» o «pobres». El impetuoso fray Toribio de Benavente, llevado de su entusiasmo, hizo de aquella palabra india su propio apellido. Una vez asentados en la región, pidieron a los caciques y principales que les enviasen sus hijos para educarlos en la fe cristiana.

No les resultó fácil convencer a los respectivos progenitores, pero no se desalentaron, y los colegios franciscanos resultaron una institución de primer rango en el México cristiano. Además, se convencieron pronto de que era necesario dominar el idioma de los nativos y llegaron a ser maestros en un menester tan humanista. Celebraron un Capítulo franciscano y dividieron la extensa región en cuatro provincias, que fueron la base de la definitiva organización franciscana en tierras mexicanas.

Fuente: ws.org
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Biografía de Francisco de Montejo
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Francisco de Montejo fue un militar y explorador español, que conquistó Yucatán en su calidad de adelantado, en compañía de su hijo y de su sobrino, los tres homónimos.

En 1514, embarcó rumbo a Las Indias, llegando a Santo Domingo en la isla La Española, después se trasladó a la isla Fernandina (Cuba) y participó en 1518 en la expedición de Juan de Grijalva; como era rico, puso uno de los navíos y muchos bastimentos, por lo que era socio y capitán.

En el viaje recorrieron una ruta semejante a la de Francisco Hernández de Córdoba, pero la corriente los llevó a descubrir la isla de Cozumel. Bordearon la costa de la península de Yucatán y durante la expedición tuvieron enfrentamientos con los mayas de Chakán Putum dirigidos por el halach uinik Moch Couoh.

Cinco soldados bajo su cargo resultaron heridos, pero lograron avanzaron hasta alcanzar tierras veracruzanas, desde donde regresó a Cuba en la embarcación al mando de Pedro de Alvarado.

Dadas las circunstancias adversas, se negó, junto con el capitán Alonso de Ávila, a dejar soldados para que comenzaran a establecer posiciones en los territorios recién descubiertos.

Al año siguiente acompañó a Hernán Cortés en su expedición. Siguieron la misma ruta de Juan de Grijalva y fundaron la Villa Rica de la Vera Cruz, hoy conocido como el Puerto de Veracruz, punto de partida para la conquista de México. El 22 de abril de 1519 fue nombrado alcalde y regidor junto con Alonso Hernández Portocarrero, cargo que ejercieron brevemente.

Francisco de Montejo se distinguió por su diplomacia, la que le valió ser enviado por Cortés a España para que informara a la Corte Real de los resultados de la expedición. Junto con Portocarrero y el piloto Antón de Alaminos seembarcaron el 26 de julio de 1519 con la primera carta de relación y el Quinto Real a fin de hacer valer los intereses de Cortes ante Carlos I.

El 8 de diciembre de 1526, Carlos V lo autorizó a emprender la conquista de Yucatán con los títulos de adelantado, gobernador y capitán general, los mismos que heredó su hijo Francisco de Montejo el Mozo. En 1527 partió de Sanlúcar de Barrameda hacia tierras americanas.

El adelantado Francisco de Montejo llegó a Santa María de la Victoria, capital de la provincia de Tabasco en donde estableció su "Real", en 1528 con el título de Alcalde Mayor de Tabasco teniendo como misión la de pacificarla y poblarla y conquistar Yucatán.

A su llegada, Montejo se encontró a una provincia prácticamente fuera del control de las autoridades españolas y donde los indígenas se habían sublevado. Los pocos españoles vivían acuartelados en la villa de Santa María de la Victoria, por lo que Montejo inició una intensa campaña de reconquista del territorio.

De 1528 a 1530 batalló en tierras tabasqueñas hasta que por fin pudo lograr la pacificación parcial de la provincia. Sus acciones se vieron interrumpidas debido a que la Primera Audiencia, lo releva del cargo de Alcalde Mayor.

En 1535, la Segunda Audiencia lo restablece en el puesto, ya que los indígenas de la provincia se habían alzado de nuevo. Debido a la inestabilidad que existía en Tabasco y Yucatán producto de lo pugnaz de los naturales de la región, Montejo viaja a España para solicitar ayuda logrando que la reina Juana I le expida una Real Cédula que le otorgaba la Gobernación de Yucatán, Cozumel y Tabasco, región comprendida desde el río Cupilco en Tabasco hasta el Ulúa en Hibueras (Honduras).

Montejo logró con dificultad pacificar parcialmente Tabasco después de muchos esfuerzos y sufriendo graves penalidades hasta 1537. Una vez lograda la pacificación parcial, centró sus esfuerzos en la conquista de Yucatán.

En 1539, Montejo consiguió para su hijo el nombramiento de Alcalde Mayor y Gobernador de Tabasco y lo envió a Santa María de la Victoria para asumir el cargo y continuar con la campaña militar para pacificar por completo la provincia.

Aunque la pacificación total de Tabasco, se lograría hasta 1560, tras derrotar a los aguerridos cimatecos, quienes fueron los últimos en rendirse a los españoles en esa provincia. Para entonces, Montejo, que se preciaba de ser el gran conquistador de Tabasco, tenía ya varios años de haber fallecido.

Foto: wikipedia.org
Fuente: ws.org
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