
Entre la segunda mitad del siglo IX y la primera del X los vikingos fundaron varias colonias a lo largo del río Volga, desde las que organizaron numerosos ataques contra Constantinopla llegando incluso a saquearla en el año 860.

Basilio, dada su bien fundada desconfianza hacia la cambiante lealtad de sus guardias nativos, y conociendo la profunda lealtad de los varegos, decidió emplearlos como guardia personal.
A esta nueva fuerza se la conoció como la Guardia Varega (Gr. Tagma ton Varangion, Τάγμα των Βαραγγίων) Con un hacha de doble filo, como arma principal (años después se adaptaron a la espada), su cometido era lucir uniformes y armas en ceremonias y festejos, además colaborar en la protección de la familia imperial, para luego ser el principal y más importante cuerpo con esta labor.
Características

La fuerza la integraban unos 6000 hombres entre los mejores pagados del ejército bizantino y existió durante 300 años.
El más renombrado de todos sus comandantes fue Harald III quien conquistó para los bizantinos territorios de África, Asia Menor y Bulgaria, además de Lombardía y Sicilia.

Los mercenarios varegos, aparte de proteger al emperador, solían acompañarlo en la guerra.
Tenían fama de hombres hábiles y de grandes recursos, excelentes luchadores y, sobre todo, muy leales.
Los historiadores bizantinos (especialmente Miguel Psellos) los mencionan como «los portadores de hacha».
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