La sexualidad prehispánica censurada
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Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permitían la poliginia, la sodomía y la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos -que permitían la sodomía y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Uno de ellos trata sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez.

En ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio”.

Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus galanes y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”.

Entre los grupos mexicas se distinguía al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría.

El adulterio era uno de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Fuente(s): domusapientiae.wordpress.com
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Los doce apóstoles de México
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Los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España, fue un grupo de doce misioneros franciscanos que llegaron al recién fundado virreinato de Nueva España en mayo de 1524 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población indígena.

Cuando Hernán Cortés se disponía para su expedición hondureña, después de desembarcar en Ulúa el 13 ó 14 de mayo de 1524, llegó a México el 17 ó 18 de junio del mismo año la primera nutrida misión de doce franciscanos de la Observancia, hecho histórico de notable relieve, pues con ellos comenzó en Nueva España la evangelización ordenada y metódica.

Una corazonada del Ministro General de la Orden franciscana, Francisco de Quiñones, asumida por el mismo Romano Pontífice, en 1524, le impulsó a enviar a Indias «un prelado con doce compañeros, porque éste fue el número que Cristo tomó de su compañía para hacer la conversión del mundo».

La prelacía recayó sobre la rica personalidad de fray Martín de Valencia. Le acompañaron: fray Francisco de Soto; Martín de Jesús o de la Coruña; Juan Juárez (o Suárez), quien, junto con fray Juan de Palos, hermano laico, murió en Florida; fray Antonio de Ciudad Rodrigo, quien se distinguió como hábil gobernante y defensor de los derechos de los indígenas; Toribio de Benavente o «Motolinía», fino observador de la naturaleza y de las costumbres de los nativos e infatigable escritor; fray García de Cisneros, primer Provincial de la recién creada Provincia; Luis de Fuensalida, quien renunció a la mitra de Michoacán; fray Juan de Ribas, defensor a ultranza del mantenimiento del espíritu de la reforma religiosa; fray Francisco Jiménez, quien recibió ya en Nueva España la ordenación sacerdotal, hábil canonista; y, por último, fray Andrés de Córdoba, también hermano laico.

Fieles a la consigna de no claudicar jamás de la pobreza franciscana, al desembarcar después de la larga travesía recorrieron a pie y descalzos las sesenta leguas que separan el puerto de Veracruz de la ciudad de México. Hernán Cortés los recibió con muestras de veneración y los agasajó solemnemente. Los franciscanos fueron un aldabonazo para los españoles y un descubrimiento para los indios.

El contraste resultaba llamativo. Les seguían y les rodeaban los indios sin parar, hablando en el idioma local, del que los piadosos hijos de San Francisco no sacaban en limpio más que una constante repetición de la palabra «motolínea».

La insistencia de los nativos les picó la curiosidad y preguntaron qué significaba aquel vocablo. Les contestaron que quería decir «pobre» o «pobres». El impetuoso fray Toribio de Benavente, llevado de su entusiasmo, hizo de aquella palabra india su propio apellido. Una vez asentados en la región, pidieron a los caciques y principales que les enviasen sus hijos para educarlos en la fe cristiana.

No les resultó fácil convencer a los respectivos progenitores, pero no se desalentaron, y los colegios franciscanos resultaron una institución de primer rango en el México cristiano. Además, se convencieron pronto de que era necesario dominar el idioma de los nativos y llegaron a ser maestros en un menester tan humanista. Celebraron un Capítulo franciscano y dividieron la extensa región en cuatro provincias, que fueron la base de la definitiva organización franciscana en tierras mexicanas.

Fuente: ws.org
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Biografía de Francisco de Montejo
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Francisco de Montejo fue un militar y explorador español, que conquistó Yucatán en su calidad de adelantado, en compañía de su hijo y de su sobrino, los tres homónimos.

En 1514, embarcó rumbo a Las Indias, llegando a Santo Domingo en la isla La Española, después se trasladó a la isla Fernandina (Cuba) y participó en 1518 en la expedición de Juan de Grijalva; como era rico, puso uno de los navíos y muchos bastimentos, por lo que era socio y capitán.

En el viaje recorrieron una ruta semejante a la de Francisco Hernández de Córdoba, pero la corriente los llevó a descubrir la isla de Cozumel. Bordearon la costa de la península de Yucatán y durante la expedición tuvieron enfrentamientos con los mayas de Chakán Putum dirigidos por el halach uinik Moch Couoh.

Cinco soldados bajo su cargo resultaron heridos, pero lograron avanzaron hasta alcanzar tierras veracruzanas, desde donde regresó a Cuba en la embarcación al mando de Pedro de Alvarado.

Dadas las circunstancias adversas, se negó, junto con el capitán Alonso de Ávila, a dejar soldados para que comenzaran a establecer posiciones en los territorios recién descubiertos.

Al año siguiente acompañó a Hernán Cortés en su expedición. Siguieron la misma ruta de Juan de Grijalva y fundaron la Villa Rica de la Vera Cruz, hoy conocido como el Puerto de Veracruz, punto de partida para la conquista de México. El 22 de abril de 1519 fue nombrado alcalde y regidor junto con Alonso Hernández Portocarrero, cargo que ejercieron brevemente.

Francisco de Montejo se distinguió por su diplomacia, la que le valió ser enviado por Cortés a España para que informara a la Corte Real de los resultados de la expedición. Junto con Portocarrero y el piloto Antón de Alaminos seembarcaron el 26 de julio de 1519 con la primera carta de relación y el Quinto Real a fin de hacer valer los intereses de Cortes ante Carlos I.

El 8 de diciembre de 1526, Carlos V lo autorizó a emprender la conquista de Yucatán con los títulos de adelantado, gobernador y capitán general, los mismos que heredó su hijo Francisco de Montejo el Mozo. En 1527 partió de Sanlúcar de Barrameda hacia tierras americanas.

El adelantado Francisco de Montejo llegó a Santa María de la Victoria, capital de la provincia de Tabasco en donde estableció su "Real", en 1528 con el título de Alcalde Mayor de Tabasco teniendo como misión la de pacificarla y poblarla y conquistar Yucatán.

A su llegada, Montejo se encontró a una provincia prácticamente fuera del control de las autoridades españolas y donde los indígenas se habían sublevado. Los pocos españoles vivían acuartelados en la villa de Santa María de la Victoria, por lo que Montejo inició una intensa campaña de reconquista del territorio.

De 1528 a 1530 batalló en tierras tabasqueñas hasta que por fin pudo lograr la pacificación parcial de la provincia. Sus acciones se vieron interrumpidas debido a que la Primera Audiencia, lo releva del cargo de Alcalde Mayor.

En 1535, la Segunda Audiencia lo restablece en el puesto, ya que los indígenas de la provincia se habían alzado de nuevo. Debido a la inestabilidad que existía en Tabasco y Yucatán producto de lo pugnaz de los naturales de la región, Montejo viaja a España para solicitar ayuda logrando que la reina Juana I le expida una Real Cédula que le otorgaba la Gobernación de Yucatán, Cozumel y Tabasco, región comprendida desde el río Cupilco en Tabasco hasta el Ulúa en Hibueras (Honduras).

Montejo logró con dificultad pacificar parcialmente Tabasco después de muchos esfuerzos y sufriendo graves penalidades hasta 1537. Una vez lograda la pacificación parcial, centró sus esfuerzos en la conquista de Yucatán.

En 1539, Montejo consiguió para su hijo el nombramiento de Alcalde Mayor y Gobernador de Tabasco y lo envió a Santa María de la Victoria para asumir el cargo y continuar con la campaña militar para pacificar por completo la provincia.

Aunque la pacificación total de Tabasco, se lograría hasta 1560, tras derrotar a los aguerridos cimatecos, quienes fueron los últimos en rendirse a los españoles en esa provincia. Para entonces, Montejo, que se preciaba de ser el gran conquistador de Tabasco, tenía ya varios años de haber fallecido.

Foto: wikipedia.org
Fuente: ws.org
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La batalla de Cimatán en 1524
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Los españoles deciden continuar su avance hacia Cimatán atravesando grandes sabanas llanas y enmedio de las sabanas había enormes ciénegas y pantanos y en una de ellas, los cimatecas los aguardaban esperándolos para emboscarlos de la manera siguiente:

Primero se dejaron ver en las sabanas por los españoles, quienes al verlos los persiguieron a caballo y a pie, pero los indígenas los guiaron hasta unas extensas ciénegas en donde caballos y soldados quedaron "atorados" sin poder moverse, por lo que acontinuación los cimatecos les lanzaron una lluvia de flechas hiriendo y matando a muchos caballos y soldados, incluso el mismo Rangel tuvo que ser socorrido porque los cimatecos mataron su caballo y estando Rangel en el suelo los indígenas se lo pretendían llevar a su poblado para sacrificarlo".

Los españoles lograron replegarse y se encaminaron a otro pueblo, el cual lo hallaron abandonado, ahí aprovecharon para curar a los heridos. De ahí fueron a otro poblado y lo hallaron abandonado también, pero en ese lugar, les salieron al paso de nuevo cientos de guereros cimatecos que los atacaron.
«... estando reposando ni cuarto de hora, y vienen tantos guerreros zimatecas y nos cercan en el poblezuelo y tuvimos mucho trabajo en hacerlos alejarse. Rangel estaba muy doliente de la cabeza y había muchos mosquitos que no dormía ni de noche ni de día y murciélagos muy grandes que le mordían y le desangraban y como siempre llovía, y habían muerto once soldados y muchos estaban heridos, varios de los soldados le aconsejaron a Rangel que nos volviésemos desde allí...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España

Después de la derrota, algunos soldados ya decepcionados le pedían a Rodrigo Rangel que regresaran a la villa del Espíritu Santo, sin embargo, después de deliberar Rangel con Bernal Díaz del Castillo, quien le dijo que si regresaban estando a las puertas de Cimatán, Cortes no lo vería bien, Rangel decide continuar el camino hacia Cimatán. La expedición atravesó otros pueblos encontrándolos abandonados, hasta que llegaron a Cimatán".

Al llegar a Cimatán tuvo lugar otra batalla, los invasores lograron entrar al pueblo, pero sus habitantes huyeron del asentamiento quemando muchas de las casas. Los españoles se posecionan de Cimatán tomando a quince prisioneros.

Al día siguiente Rangel envía a varios indígenas a llamar a los habitantes para que regresen y juren obediéncia a la corona española y los indígenas le aseguran que volverán con todos los habitantes, pero nunca regresan, negándose de nuevo a someterse.

Al día siguiente, Rodrigo Rangel dispuso que cincuenta soldados salieran del pueblo para ir en busca de los cimatecos, el grupo recorrió varios ranchos y caseríos pero los indígenas huían hacia los montes y pantanos. por lo que después de varios días, los españoles deciden regresar a la villa del Estpiritu Santo sin habar logrado su objetivo de conquistar y pacificar Cimatán.
«...fuimos cincuenta soldados y llegamos a unos ranchos que tenían entre ciénegas que temblaban que no osamos entrar en ellas y se fueron huyendo por unos grandes breñadales y espinos muy malos que pasan los pies, y en unas huertas de cacahuatales prendimos a seis hombres y los llevamos con el capitán. Y los tornó luego para que llamasen de paz a los zimatecas, quienes no quicieron venir, y así acordamos regresar a la villa del Espíritu Santo y en eso paró la entrata a Zimatán...»
Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España
Fuente: ws.org
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La colonización francesa de Texas
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La colonización francesa de Texas es el período que no da la historia del estado de Texas que va desde 1685 hasta 1689, y durante el cual, en la actual ciudad de Inez, existía una colonia francesa llamada Fort Saint Louis.

Ésta fue fundada por el explorador René Robert Cavelier de La Salle en el curso de una expedición en la que intentaba colonizar la desembocadura del Mississippi, fallida debido a la imprecisión en el mapa y, sumado a ello, a errores en la navegación que provocaron el aterrizaje a 644 kilómetros más al oeste, cerca de la bahía de Matagorda.

La colonia enfrentó numerosas dificultades
durante su breve existencia, incluyendo la hostilidad de los nativos americanos, las epidemias y las duras condiciones climáticas. Consciente de su propósito original, La Salle dirigió gran cantidad de expediciones para encontrar el río Mississippi, sin embargo, exploró gran parte del río Grande y del este de Texas —sin ser consciente de ello.

En 1686, durante una de sus ausencias, el último barco se hundió, imposibilitándole a los colonos contar con los suministros y poniendo en riesgo la estabilidad colonial en el mar del Caribe. Tras el empeoramiento de las condiciones de vida, La Salle comprendió que la colonia únicamente podría sobrevivir con la ayuda de las colonias francesas de Pays des Illinois.

Su última expedición terminó a lo largo del río Brazos, a principios de 1867, en la cual él y cinco de sus hombres murieron a causa de las rivalidades que surgieron en la tripulación. Aunque algunos cumplieron con su objetivo, la ayuda jamás llegó. Los miembros restantes de la colonia murieron o fueron capturados durante una redada de los indios Karankawa a finales de 1688.

No obstante, y aunque la colonia existía desde hace apenas tres años, el gobierno francés utilizó el asentamiento como un pretexto para reclamar la posesión de la región correspondiente a la corriente de Texas; más tarde, fue el gobierno de los Estados Unidos quien reclamó el área como parte del Tratado de la Compra de la Luisiana.

España se enteró de la misión de La Salle en 1686. Temiendo que la colonia francesa pudiera amenazar su control sobre la Nueva España y la parte meridional de América del Norte, autoridades ibéricas financiaron expediciones para encontrar y destruir el asentamiento. A pesar de que fue un esfuerzo prácticamente inútil, contribuyó a aumentar el conocimiento geográfico de la región del Golfo de México.

Cuando por fin los restos de la colonia fueron descubiertos en 1689, los españoles enterraron las armas y quemaron los edificios. Algunos años más tarde, los españoles establecieron una guarnición en la misma localidad. Por último, aun cuando fue abandonado, el sitio de asentamiento de los franceses cayó en el olvido. En 1996 fue redescubierto y actualmente es un sitio arqueológico.

Fuente(s): ws.org
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La masacre de Jamestown de 1622
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La masacre indígena de 1622, también conocida como masacre de Jamestown, tuvo lugar en la Colonia de Virginia, en Viernes Santo, el día 22 de marzo de 1622, y fue provocada por una serie de ataques sorpresa de la Confederación Powhatan dirigida por el jefe Opchancanough. Murieron unas 347 personas en el ataque, lo que constituía alrededor de un tercio de la población inglesa de Jamestown.

Jamestown era el lugar en el que se había asentado la primera colonia inglesa en Norteamérica en el año 1607, y era la capital de la Colonia de Virginia. Aunque la propia Jamestown se salvó de la masacre gracias a un aviso en el último minuto, había muchas colonias más pequeñas establecidas a lo largo del río James, tanto río arriba como río abajo. Los atacantes mataron a hombres, mujeres y niños, a la vez que incendiaron hogares y cultivos.

Henrico fue una de las pequeñas comunidades que se encontraban por entonces en plena expansión, y que sufrieron la peor parte de los ataques coordinados indígenas. Muchas de esas colonias fueron abandonadas tras los hechos acaecidos. Uno de los lugares con mayor índice de bajas fue Wolstenholme Towne, y se ha hallado otro lugar en unas excavaciones arqueológicas recientes a 7 millas río abajo de Jamestown.

Jamestown, la capital y asentamiento principal de la colonia, se salvó gracias a la actuación de un chico indio llamado Chanco. Al parecer a Chanco se le encargó matar a su empleador, Richard Pace, pero en lugar de cumplir la orden le despertó por la noche y le avisó del ataque inminente. Pace, que vivía en la rivera contraria del río James, puso a su familia a seguro y remó a través del río hasta llegar a Jamestown, en un intento de avisar al resto de los colonos. Como resultado, se pudieron llevar a cabo preparaciones para defenderse del ataque en esa ciudad. Los asentamientos cercanos, sin embargo, no recibieron aviso alguno.

Durante un ataque sorpresa que duró un día entero, muchas de las comunidades más pequeñas (que eran esencialmente puestos fronterizos de Jamestown) fueron atacadas, incluyendo Henricus, con su colegio para niños indios y colonos. En la ciudad de Martin's Hundred casi la mitad de la población fue asesinada, y en Wolstenholme Towne sólo quedaron en pie dos casas y parte de la iglesia. En total, murieron unos cuatrocientos colonos (un tercio de la población blanca), y alrededor de veinte mujeres fueron capturadas para servir como esclavas para los indios hasta su muerte o el pago de su rescate años después.

Las diferencias culturales entre los indios americanos y los europeos eran tales que cuando los powhatan dieron por terminado el ataque no hicieron ningún otro movimiento durante meses, aparentemente convencidos de que los colonos aceptarían las pérdidas como señal de que los powhatan eran más poderosos y tenían que ser respetados, y que desde ese momento se evitarían los conflictos y cualquier tipo de ruptura de los acuerdos que mantenían. Con esto demostraron una gran incomprensión de la mentalidad de los colonos ingleses y de los gobiernos de ultramar que los apoyaban.

Los ataques del 22 de marzo destruyeron la mayoría de las cosechas de primavera de los colonos y provocaron que abandonasen buena parte de sus asentamientos. Pero también tuvo efectos a largo plazo, ya que se reforzó entre los miembros de la colonia y también entre los ciudadanos de Inglaterra la idea de que los indios eran unos salvajes, y destruyeron la buena imagen de su cultura que se había comenzado a crear durante los años anteriores gracias a Pocahontas y otros miembros de la confederación powhatan.

En Henricus, uno de los asentamientos más alejados de Jamestown, se había construido una escuela muy bien equipada para los niños indios y un colegio para los hijos de los colonos, pero todo este esfuerzo se perdió. Tuvieron que pasar 70 años para que se intentase una experiencia similar —el College of William and Mary, actualmente una universidad—, que recibió la aprobación de la monarquía inglesa gracias a la iniciativa del rector de Henrico Parish, James Blair. Para evitar el riesgo de que recibiese un ataque, la nueva escuela se estableció en Middle Plantation, una ciudad bien fortificada a pocos kilómetros de Jamestown que al cabo de unos años se convertiría en la capital de la colonia y pasaría a llamarse Williamsburg.

Los colonos que sobrevivieron a la masacre del Viernes Santo contraatacaron y, durante el verano y el otoño de 1622, lanzaron ataques contra las tribus powhatan, buscando especialmente destruir las reservas de grano; tuvieron tanto éxito que forzaron al jefe Opchancanough a pedir una negociación. Finalmente se abrieron conversaciones para buscar la paz por medio de intermediarios indios, pero algunos de los líderes de Jamestown, instigados por el capitán William Tucker y el doctor John Potts, envenenaron el licor que se tenían que beber los representantes powhatan en el brindis ceremonial. El veneno mató unos doscientos indios y cincuenta más murieron a manos de los colonos, pero el jefe Opchancanough pudo escapar.

Al cabo de dos años, en 1624, Virginia pasó a ser colonia real de Inglaterra. Este cambio suponía que sería la corona inglesa, y no la compañía Londres de Virginia como hasta ahora, la que tendría autoridad directa sobre el territorio, y por lo tanto serian los favoritos reales los que sacarían provecho de la colonia. Como pasaba en la mayoría de los casos, los colonos siguieron siendo explotados para el beneficio personal de unos pocos, y los intereses de los powhatan fueron todavía más menospreciados. La expansión hacia tierras indias y la ruptura de los acuerdos continuó siendo la forma normal de proceder, con la consecuente irritación de las tribus powhatan.

Pese al incremento de la tensión, no volvió a haber un enfrentamiento de importancia hasta 1644, fecha en la que comenzó la segunda guerra anglo-powhatan, en la que murieron unos quinientos colonos ingleses. En ese momento, las pérdidas ya suponían menos de un 10% del total de la colonia británica, teniendo un impacto considerablemente menor. Opchancanough, que ya era viejo y al que tenían que transportar en camilla, fue capturado y encarcelado en Jamestown, donde uno de sus carceleros lo asesinó.

La muerte de Opchancanough marcó claramente el inicio de la continuada y cada vez más evidente decadencia de la confederación powhatan, anteriormente poderosa; sus miembros abandonaron la zona, se fueron mezclando gradualmente con los colonos o se retiraron a vivir en algunas de las pocas reservas indias que se crearon en Virginia, aunque también estos territorios eran objeto de incursiones y confiscación de tierras por parte de la creciente comunidad blanca.

Actualmente, sólo siete tribus de las cuarenta que formaban la confederación powhatan están reconocidas por Virginia. Las dos reservas más antiguas son Pamunkey y Mattaponi, situados entre los ríos del mismo nombre, dentro del condado de King William pero técnicamente independientes de este.

Fuente(s): ws.org

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La expedición de Los Cayos de San Luis
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La expedición de Los Cayos de San Luis o sencillamente Expedición de Los Cayos, es el nombre con el que son conocidas las dos invasiones que desde Haití organizó el Libertador Simón Bolívar a fines de 1815 llevándolas a cabo durante el año 1816 con la finalidad de liberar a Venezuela de las fuerzas españolas.

Procedente de Jamaica llegó Bolívar a Los Cayos de San Luis, en la isla de Haití, el 24 de diciembre de 1815; trasladándose luego a Puerto Príncipe donde tuvo una entrevista, el 2 de enero de 1816, con el presidente Alexandre Petion, quien se comprometió a facilitarle los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa. Posteriormente, tras serle otorgado el poder supremo por parte de una asamblea de los principales jefes refugiados, venezolanos y neogranadinos, Bolívar comenzó a afinar los detalles sobre la expedición contra la costa firme venezolana; con la ayuda del gobernador militar haitiano de Los Cayos, el general Ignacio Marión.

La expedición incluía 1.000 tripulantes patriotas y 1.000 negros haitianos. Entre los expedicionarios se encontraban: Santiago Mariño, José Antonio Anzoátegui, Luis Brión, Carlos Soublette, Manuel Piar, Juan Bautista Bideau, Renato Beluche, José Francisco Bermúdez, Gregor MacGregor, Justo Briceño, Francisco Antonio Zea, Pedro León Torres, Ambrosio Plaza y otros.

El recorrido de la flota comandada por Bolívar fue el siguiente: luego de salir del puerto de Los Cayos, en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se 8encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816 llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de artillería; el 25 de abril arriban a la isla holandesa de Saba, distante 20 Km de San Bartolomé, desde donde se dirigen hacia la isla de Margarita, librando el 2 de mayo, antes de llegar a ésta, el combate naval de Los Frailes en la que la escuadrilla del almirante Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos.


Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de Bolívar pasan a Carúpano, donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud para después seguir a Ocumare de la Costa donde desembarcan y llegan hasta Maracay pero deben retirarse acosados por Francisco Tomás Morales dejando parte del parque en la playa y la mitad de sus soldados quienes bajo Gregor MacGregor emprenden la retirada por tierra a través de los valles de Aragua hacia oriente, conocida como la Retirada de los Seiscientos, tras la derrota en el cerro de El Aguacate (14 de julio).

Entre tanto, Santiago Mariño había desembarcado en Barcelona exitosamente el 24 de junio, de inmediato empieza a reunir un nuevo ejército. Envía a Manuel Cedeño y a José Tadeo Monagas a reclutar jinetes en Maturín, mientras él va por hombres a Cumaná y Margarita en compañía de Manuel Piar. Cedeño y Monagas juntaron dos escuadrones que llevaron con José Francisco Bermúdez en Aragua de Barcelona.  

El capitán Felipe Santiago Esteves Acevedo es enviado a evacuar a los patriotas en las costas occidentales. Muy pronto tuvo 350 isleños que envió a Cumaná, donde se les sumaron 700 reclutas locales y otros 1.000 de Aragua. Cuando Bolívar desembarque Mariño inicialmente se negara a acatar su autoridad, pero al final tendrá que ceder.

Tras volver a Haití y organizar una nueva expedición Bolívar zarpó del puerto de Jacmel (18 de diciembre) y llegó a Juan Griego el 28 de diciembre de 1816 y a Barcelona el 31 del mismo mes, donde estableció su cuartel general y planeó la campaña sobre Caracas con la concentración de las fuerzas que operaban en Apure, Guayana y Oriente, pero tras una serie de inconvenientes hicieron que abandonara el plan y se trasladara a Guayana, para tomar el mando de las operaciones contra los realistas en la región

A pesar de los reveses sufridos por los expedicionarios y por el propio Libertador en Ocumare de la Costa, la importancia histórica de la Expedición de los Cayos radica en que la misma permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y luego José Francisco Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que MacGregor con Carlos Soublette y otros jefes se internaran definitivamente en Tierra Firme, para abrir paso al triunfo definitivo de la República.

Fuente: ws.org
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Las órdenes religiosas del Virreinato del Perú
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Una de las causas del descubrimiento de América fue la difusión de la religión católica y desde la creación del virreinato peruano la sociedad se caracterizó por profesar el catolicismo y por poseer un profundo espíritu religioso.

En el siglo XVII, la Iglesia católica prosperó enormemente: en Lima, con 26 000 habitantes, contaba con diecinueve iglesias y monasterios y el diez por ciento de su población estaba constituido por sacerdotes, canónigos, frailes y monjas, que penetraron profundamente en la vida del pueblo, en cuyas familias era casi una actitud tradicional destinar a uno de los hijos a la vida religiosa y observar rigurosamente los rezos del Ángelus a mediodía y del rosario, además de asistir a las diversas actividades de culto.

Junto con los miembros del clero secular llegaron también los religiosos del clero regular organizados bajo la advocación de un santo y que tuvieron como tarea fundamental la propagación de la fe católica y el adoctrinamiento de los indígenas dispersos por todo el virreinato. Todos ellas fundaron conventos y monasterios y edificaron hermosas iglesias en Lima y otras ciudades del Perú.

Las órdenes religiosas que se establecieron en el Perú fueron la Orden de Predicadores o dominicos, la Orden de Frailes Menores o franciscanos, la Orden de la Merced o mercedarios, la Orden de San Agustín o agustinos y la Compañía de Jesús o jesuitas.

Dominicos. La Orden de Predicadores fue la primera en llegar al Perú con fray Vicente de Valverde en 1532 (destacada actuación en la captura del inca Atahualpa y primer obispo del Cuzco). Su primer convento lo construyó sobre el templo inca del Coricancha, (Cuzco); fundó en Lima la Universidad de San Marcos (1551) e implementó inicialmente el tribunal de la Santa Inquisición. Destacó por su defensa de las poblaciones andinas, siguiendo la lucha del fraile dominico Bartolomé de las Casas, y por su gran labor de adoctrinamiento de las poblaciones indígenas (fray Domingo de Santo Tomás quien fue el primer fraile en estudiar el quechua).

Franciscanos. La Orden de Frailes Menores llegó al Perú en 1533, dedicándose especialmente a las misiones, es decir, a la difusión del catolicismo en el virreinato. Llegó a instalar conventos en Arequipa, Huamanga, Trujillo, Chachapoyas y otras ciudades (construyeron el Convento de Ocopa, en Huancayo). Fue una de las órdenes que más trabajó con misiones a las inhóspitas regiones de la selva.

Mercedarios. La Orden de la Merced arribó al Perú en 1533 y su centro de operación fue la ciudad de Lima. Sin embargo el número de miembros de la orden no fue significativo en comparación con el número de las otras órdenes religiosas. Su carácter misionero hizo que la orden mercedaria llegara a las altas cumbres cordilleranas en búsqueda de indios para evangelizar. Fueron mercedarios Fray Martín de Murúa, cronista que se dedicó a la recopilación de la historia del Tahuantinsuyo y autor de la crónica "Origen y Descendencia de los Incas" y Fray Diego de Porres, misionero dedicado a la enseñanza de la fe católica, apoyándose en instrumentos nativos como el quipu. Explotó bienes inmuebles incursionando en las haciendas y otro tipo de negocios (repartimientos, encomiendas). Logró controlar la Santa Inquisición desde mediados del siglo XVIII.

Agustinos. La Orden de San Agustín llegó en 1551 y se instaló en Lima como la Provincia Nuestra Señora de Gracia del Perú, y en varias partes del virreinato peruano, principalmente en la Sierra, extendiéndose incluso hasta el Alto Perú. Tomaron a su cargo el célebre santuario de Copacabana, a orillas del Lago Titicaca, a partir del cual predicaron con gran eficacia la doctrina católica a las poblaciones indígenas.

Jesuitas. La Compañía de Jesús vino al Perú en 1568, como una organización moderna y poderosa, al servicio de la Contrarreforma, es decir, a la lucha contra los protestantes europeos. Con ese antecedente, tuvo gran empuje en su labor misional en el Perú, asumiendo con gran éxito la administración de haciendas y fundando multitud de colegios (también incursionaron en el estudio del quechua y del aimara). Con los años, esta labor adquirió gran prestigio e influencia en los ámbitos políticos, culturales y económicos locales. Los jesuitas fueron expulsados de España y de América por orden de Carlos III, en 1768, preocupado por el poder que ejercían y las posiciones sobre las libertades políticas que dejaban entrever. Esto constituyó un rudo golpe para la cultura y economía del virreinato.

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Biografía de Juan Ponce de León
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Juan Ponce de León (1460–1521), adelantado, fue un explorador y conquistador español, primer gobernante de Puerto Rico y descubridor de la Florida (actual Estados Unidos).

En la cultura popular se asocia su viaje de descubrimiento a Florida con la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, sin embargo no hay datos históricos que corroboren esa versión, que probablemente fue un mito posterior. Juan Ponce de León había nacido el 8 de abril de 14603 en Santervás de Campos (actual Provincia de Valladolid). El apellido "de León" no se refiere a su lugar de origen, sino que lo añadieron los descendientes de Pedro Ponce de Cabrera, esposo de la infanta Aldonza, hija ilegítima del rey Alfonso IX de León, en el siglo XIII. Fue educado en la casa de un familiar en Sevilla, Ramiro Núñez.

De ascendencia noble, fue paje de Fernando el Católico en la corte de Juan II de Aragón. Estuvo en el ejército durante diez años y combatió en la conquista del reino de Granada junto a su tío Rodrigo cuando contaba 32 años. Granada fue tomada el 2 de enero de 1492 y Juan participó en la marcha triunfal de entrada en la ciudad. Otra de las personas que acudió a esa marcha fue Cristóbal Colón, que descubriría el Nuevo Mundo el 12 de octubre de ese mismo año. Ponce de León, si bien al terminar la Reconquista podría haberse desplazado a las tierra de León, para continuar con una vida dentro del sistema feudal, prefirió participar en la empresa española en ultramar

Pudo haber tomado parte en el segundo viaje de Colón en 1493 y permanecido en la isla de La Española como guerrero durante todo el proceso de la conquista de la Isla.

Se duda de si su primer viaje a América lo hizo con Cristóbal Colón en su Segundo Viaje en 1493 o con Nicolás de Ovando en 1502. En dicho segundo viaje de Colón, este se desplazó hasta una isla guiado por unos indios arahuacos que querían que Colón les protegiera de los indios caribes. El 19 de noviembre de 1493, cuando los navíos entraron en Bahía Boquerón, los indios saltaron al agua y nadaron hacia la costa. Colón bautizó esa isla como San Juan Bautista y 18 años después Ponce de León bautizaría su villa portuaria, Cáparra, como Puerto Rico.

El segundo viaje de Colón, en el que se cree que participó activamente Ponce de León, sirvió para conquistar la isla de La Española, siendo el punto de inflexión la Batalla de la Vega Real. Tras el cese de Cristóbal Colón y de su hermano Bartolomé y por la muerte en el mar de Francisco de Bobadilla, Nicolás de Ovando fue nombrado gobernador de La Española en 1502.

Otros apuntan a que Ponce de León arribó por primera vez al Nuevo Mundo con Nicolás de Ovando en 1502, desembarcando donde actualmente se halla Cockburn Town, en la isla Gran Turca, en las Turcas y Caicos, pero pronto se instaló en La Española.

En 1502 colaboró con Nicolás de Ovando y frenó una rebelión del pueblo taíno en la zona oriental de La Española. Por dicha actuación fue recompensado con el cargo de gobernador de la recién creada provincia de Higüey. En ese cargo alquilaba indios para buscar oro y los que no, trabajaban en los abundantes cultivos de yuca. Ponce de León se hizo rico sirviendo como gobernador sobre todo gracias a ese cultivo de la yuca. El puerto de Higüey, en el Paso de la Mona, era parada obligada para los barcos españoles que regresaban a Europa, ya que el pan que se hacía con la yuca se conservaba muy bien con humedad, era nutritivo y tenía muy buen sabor.5 Debido a esta prosperidad, Ponce construyó una villa en Higüey que llamó Salva León y mandó traer a su esposa e hijos.

En 1502 había contraído matrimonio en Santo Domingo con una mujer indígena5 que servía de mesonera en Santo Domingo, que con su bautizo vino a llamarse Leonor. Con ella tuvo tres hijas, Juana, Isabel y María, y un hijo llamado Luis.

En su estancia en Higüey, escuchó las historias de las riquezas existentes en Borinquén, la Isla de San Juan. A partir de ese momento concentró todos sus empeños en poder acudir a ese sitio, siéndole concedido el permiso necesario. El 12 de agosto de 1508 Ponce de León parte de Higüey para explorar Borinquén. Dio órdenes de plantar yuca en el caso de que las misiones de exploración en busca de oro fueran fracasando.

Fue recibido con los brazos abiertos por Agüeybaná, cacique taíno, y tomó rápidamente el control de la isla. Por este hecho, Ponce de León fue nombrado Gobernador de la misma en 1509.

En 1506, tras la muerte en el Convento de San Francisco de Valladolid de Cristóbal Colón —que había sido designado gobernador militar de sus descubrimientos—, las autoridades españolas rechazaron conceder el mismo privilegio a su hijo Diego. A pesar de la oposición de Diego Colón, Ponce consiguió ser nombrado gobernador.

En 1508, Ponce de León fundó el primer asentamiento en San Juan, Cáparra, actual San Juan, y fundaría también una villa en San Germán. En Cáparra fijó el hogar para su familia, ordenó construir una fundición de oro, repartió trabajadores entre los seguidores españoles y estableció una hacienda en Toa.

Ponce de León, junto con otros conquistadores, forzó a los taínos a trabajar en las minas y a construir fortalezas. Numerosos taínos fallecieron a causa de la exposición a las enfermedades traídas por los marineros europeos y por la carencia de inmunidad ante esas enfermedades. Aunque la Corona había seleccionado para entonces a Ponce de León para colonizar y gobernar la isla de San Juan, Diego Colón había presentado una reclamación en el tribunal superior de Madrid y había ganado sus derechos. Ponce de León fue retirado del cargo en 1511.

Sin embargo, para demostrar el favor real, Fernando el Católico envió a Ponce 30 hombres, religiosos católicos de Sevilla, ganado y caballos, y le otorgó a la isla su propio escudo de armas, el primero del Nuevo Mundo. Para celebrar este gesto del Rey, Ponce llamó a Cáparra, su villa, Puerto Rico.

Lamentablemente, el cacique indígena Agüeybaná, que había dado su beneplácito a Ponce, falleció y le sustituyó su sobrino Agüeybaná II el Valiente, quien opuso resistencia. Los arahuacos se unieron a los caribes para luchar contra los españoles, paralizaron la producción de oro y mataron a la mitad de los españoles. Tras esto, Ponce de León organizó la defensa, logrando abatir a Agüeybaná II y provocando la huida de muchos indios. Debido a la escasez de trabajadores, al notar que la producción aurífera había llegado al máximo y al no desear servir a Diego, pidió un título al Rey Fernando para explorar las áreas al norte de Cuba. Dicho título le fue dado gracias a la intervención a su favor de Bartolomé Colón.

Ponce de León fue a Salva León, donde equipó dos embarcaciones, la más grande a manos de Juan Bono de Quejo y la más pequeña a manos de un timonel llamado Antón de Alaminos, que había participado en el Primer Viaje de Colón en 1492 y que era el que mejor conocía el Caribe. Las dos naves parten a San Germán, donde alistan el buque insignia, la carabela San Cristóbal de Juan. En 1513 partieron las tres naves y navegaron por las Bahamas, llegando a la isla de San Salvador.

Sobre el 27 de marzo, Domingo de Resurrección, avistó una isla, pero no hubo posibilidad de atraque. El 2 de abril, Ponce de León se montó en un bote para dirigirse a tierra, que pensó que sería una isla muy grande. Desembarcó, cruzó la playa y subió a las dunas. Desde lo alto divisó un paisaje plano y boscoso que se extendía hasta el horizonte. Dicho desembarco debió producirse en la costa oriental de la Península de Florida, en un punto aún disputado entre la playa de Melbourne, próxima a Cabo Cañaveral, y la playa de Ponte Vedra, en el norte de Florida, cerca de Jacksonville. Fue allí donde el 8 de abril reclamó toda esa tierra para España, y la llamó la tierra «Florida», debido a la vegetación en flor que vio, o porque llegó allí durante la Pascua Florida, a comienzos de la primavera, identificada con Domingo de Resurrección.

Fueron navegando por la costa oriental hasta una zona por la que fluye ahora el río Saint Johns. En un lugar al que llamó Río de Canas, en el actual Cabo Kennedy, nativos amistosos los invitaron a tierra. En una laguna con forma de cruz, que Ponce bautizó como Río Crucis, dio orden de erigir un pilar de piedra labrada coronado con una cruz de madera y se pusieron a rezar, sufriendo tras de eso un ataque indígena que les obligó a huir. Decidieron seguir con la exploración y navegar hacia el sur, y fueron bordeando los actuales cayos de Florida y remontando la costa occidental hasta el Cabo Romano. En dicha navegación hacia el sur, el 21 de abril, notaron una corriente que, a pesar de tener el viento a su favor, no les permitía avanzar, sino que les hacía retroceder. Los dos navíos que se encontraban más cerca de la tierra fondearon, pero la corriente era tan potente que hacía rehilar los cables del ancla.

Ese fue el descubrimiento de la corriente del Golfo, ya intuida por Cristóbal Colón. La corriente recorría el Caribe hacia el Atlántico y permitió a partir de ese momento una rápida ruta marítima de vuelta a Europa desde las posesiones españolas en América.

El 23 de mayo de 1513, se detuvieron cerca del actual Fort Myers, donde unos indios se acercaron y uno, que sabía algo de español, aprendido posiblemente de otros indios que habrían huido hasta allí, les avisó de que en la costa su jefe tenía mucho oro para comerciar. Sin embargo, una vez desembarcaron, sufrieron otro ataque indígena. En Florida había apalaches, calusas y matacumbes, que se movilizaban mucho de un lado a otro. Los indios usaban flechas con puntas que eran anzuelos de pescar, o puntas normales impregnadas en sangre animal mezclada con veneno de cobra.

Retornó a La Habana y luego volvió de nuevo, deteniéndose en la Bahía de «Chequesta» (Bahía Vizcaína) antes de regresar a Puerto Rico.

La existencia de un indio que hablaba español podría ser indicativa de que algún español había llegado antes a esa zona, aunque también es posible que estos indios fueran informados de la presencia española en la zona por otros que ya habían estado en contacto con ellos.

Existían leyendas de Cíbola , las Siete Ciudades de Oro y de la fuente de la eterna juventud en aquel entonces, por tanto es probable que influyeran en la exploración de Ponce de León.

Se dice que pasó desde entonces su vida buscando la fuente de la eterna juventud, que según una leyenda se encontraba en Florida. Él nunca dijo nada de que buscara la fuente, si bien el explorador Hernando de Escalante Fontaneda en su obra Memoria de las cosas y costa y indios de la Florida, de 1575, afirmó que había ido a buscarla porque le habían hablado de ella indios de Cuba y Santo Domingo. También el historiador "oficial" (y nada fidedigno) Antonio de Herrera y Tordesillas, en sus Décadas, publicadas a principios del 1600, atribuye a Ponce de León esta búsqueda.

Se sabe que esas leyendas sí influyeron algo en otros conquistadores españoles en Norteamérica como Alvar Núñez Cabeza de Vaca, aunque esa influencia fue anecdótica.

En 1514 volvió a España y recibió comisiones para conquistar el Caribe, la isla de Guadalupe y la supuesta «Isla de Florida». Su expedición a Guadalupe en 1515 no fue acertada, y regresó a Puerto Rico donde se quedó hasta 1521.

Su último viaje.Quizá animado por el éxito que había tenido Hernán Cortés en México en 1519, Ponce de León organizó en 1521 una expedición para colonizar La Florida con dos barcos que transportaban aproximadamente 200 hombres, incluyendo a sacerdotes, agricultores y artesanos, 50 caballos y otros animales domésticos además de instrumentos de labranza.

La expedición recorrió la costa suroeste de Florida, en alguna parte de los alrededores del Caloosahatchee River o Charlotte Harbor. Cerca de un gran campamento indígena en Bahía Espero comenzó a construir una colonia. Durante 5 meses todo marchó adecuadamente pero los colonos pronto fueron atacados por los calusa y Ponce de León fue herido por una flecha envenenada en el hombro. Otras fuentes apuntan a que realmente fue una herida de flecha en la pierna, que se le gangrenó.

Después de este ataque, él y los colonos fueron en barco a La Habana, donde pronto murió a causa de la herida. Su tumba está en la catedral de Viejo San Juan, Puerto Rico, en un monumento erigido y costeado por el Casino Español de San Juan. Los restos habían sido exhumados el 18 de junio de 1907 de la Iglesia de San José en San Juan y se custodiaron allí, en espera de la construcción de un mausoleo en la Catedral.

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La Florida española. 1513-1821
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Cuando el conquistador español Juan Ponce de León llegó a Florida en 1513 varias tribus de indígenas vivían en el territorio. Avistó las costas de Florida por primera vez el 27 de marzo de 1513 confundiéndolas con una isla. El día 2 de abril desembarcó. Bautizó a la tierra recién descubierta como "La Pascua Florida" por haberse producido el descubrimiento durante el Domingo de Resurrección de Semana Santa.

En 1521 Ponce de León regresó con equipamiento y colonos para establecer un asentamiento permanente, pero se encontró con la feroz oposición de los indígenas que no cesaban en sus ataques a los colonos españoles. Los registros más antiguos de Florida son de esta época. Pánfilo de Narváez exploró la costa occidental de Florida pero naufragó cuando se disponía a escapar hacia México. Uno de sus oficiales, Álvar Nuñez Cabeza de Vaca, sobrevivió nueve años realizando una sorprendente gesta: atravesó solo y a pie el trecho que separa Florida de México en el primer viaje a través de Norteamérica.

Una vez en México, que entonces se llamaba Virreinato de Nueva España, se las arregló para volver a la metrópoli donde escribió un libro en el que narró su aventura por tierras norteamericanas. Inspirado por el ejemplo de Cabeza de Vaca otro conquistador, Hernando de Soto, organizó en 1539 una nueva expedición a la península. Miembros de esta expedición publicaron más adelante detalles de los nativos de La Florida tales como su estilo de vida o su comportamiento. En 1559, Tristán de Luna y Arellano consiguió establecerse por primera vez en Panzacola durante dos años.

Los franceses empezaron a interesarse por América lo que obligó a los españoles a acelerar sus planes de colonización de sus más recientes descubrimientos. Jean Ribault condujo una expedición a Florida en 1562 y René Goulaine de Laudonnière fundó en 1564 Fort Caroline en las proximidades de la que fue denominada Vacapilatca en tiempos de dominio hispano y que hoy es Jacksonville, un puerto para colonos hugonotes.

Como respuesta los españoles contraatacaron destruyendo el asentamiento francés y fundado San Agustín un año después. Esta San Agustín, cuyo primer gobernador fue Pedro Menéndez de Avilés, fue la primera ciudad permanente de lo que hoy son los Estados Unidos de América. Desde San Agustín los españoles empezaron a levantar misiones católicas a lo largo de toda el territorio.

En 1565 Menéndez de Avilés atacó lo que quedaba de Fort Caroline, aliado a los indígenas Saturigua, matando a todos los soldados franceses (excepto a los católicos) y rebautizó el asentamiento como San Mateo. Dos años después, Dominique de Gourges recobró el fuerte masacrando a todos los defensores españoles. En 1586 el pirata inglés Francis Drake arrasó San Agustín.

A lo largo del siglo XVII los colonos ingleses de Virginia y las Carolinas fueron gradualmente llevando las fronteras españolas que inicialmente se ubicaban a partir de la costa del océano Atlántico en los 36°N (desde aproximadamente la latitud del Cabo Medanoso actualmente llamado Cabo Hatteras), hacia el sur mientras que los asentamientos franceses a lo largo del río Misisipí estrecharon los dominios españoles por el oeste.

Hacia 1595 llegó a la Florida una serie de misioneros franciscanos entre los que se destaca Francisco Pareja, quien escribió los primeros libros en timicua (Timucua) , una lengua indígena en la zona ya extinta tras los ataques ingleses.

En 1702 el coronel inglés James Moore y sus aliados los indígenas Cric atacaron de nuevo la plaza española de San Agustín pero no pudieron hacerse con el control del fuerte. En 1704 Moore y sus soldados empezaron a incendiar misiones españolas en el norte de Florida y asesinar a los indígenas que se mostraban amigables con los españoles.

En 1719 los franceses tomaron el asentamiento español en Pensacola aunque el poder español, tras la invasión inglesa a los territorios actualmente correspondientes a Georgia los españoles se mantenían fuertes en Vacapilatca (en pidgin español-maskoki: Vado de las Vacas, luego de 1820 llamada por los estadounidenses Jacksonville).

Fue durante esta época cuando los indígenas Muscogui o Maskoki protegidos y aliados de España empezaron a migrar hacia Florida donde mezclándose con españoles, otros europeos, otros aborígenes (por ejemplo Apalaches) y melanoafricanos constituyeron la etnia Seminola.

A principios del siglo XIX España ofreció generosas parcelas de tierra en Florida para atraer colonos y estos empezaron a afluir tanto desde España como desde Estados Unidos. Los colonos estadounidenses empezaron a atacar asentamientos indígenas que tomaron su venganza haciendo incursiones en territorio estadounidense. El ejército de los Estados Unidos empezó a franquear la frontera con la Florida Española para perseguir a los seminolas.

En junio de 1817, un grupo de corsarios venezolanos y milicianos veteranos del estado de Georgia tomaron la isla de Amelia en la costa de Florida y proclamaron la República de Florida. Los expedicionarios fueron dirigidos en primera instancia por el general Gregor MacGregor y posteriormente por el corsario francés Luis Aury.

Los norteamericanos expulsaron a los expedicionarios en diciembre de 1817 y continuaron contra los seminolas la campaña patrocinada por Andrew Jackson en 1817-1818, conocida como Primera Guerra Seminola. Al final de la contienda los Estados Unidos controlaban de facto, tras la destrucción del Fuerte Negro, las plazas fuertes más importantes de la Florida Oriental.

El Tratado de Adams-Onís, suscrito entre Estados Unidos y España el 22 de febrero de 1819, puso fin a la soberanía española de Florida. De acuerdo con los términos del tratado, firmado por el ministro de Relaciones Exteriores de España Luis de Onís y el Secretario de Estado estadounidense John Quincy Adams, los Estados Unidos adquirieron Florida al rey de España, Fernando VII, respetando supuestamente a cambio la soberanía de este sobre el territorio de Texas, ya que luego los estadounidenses hicieron trampas, diciendo que Texas era parte de la Florida. El tratado entró en vigor el 10 de julio de 1821.

Fuente(s): ws.org

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Google recuerda con 7 exposiciones la influencia de España en USA
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Google ha puesto online siete exposiciones digitales a través de su plataforma Cultural Institute, en las que se reconoce, expone y celebra la influencia de España en los Estados Unidos.

El motivo es la conmemoración del 500 aniversario de la llegada a Florida de Juan Ponce de León y del descubrimiento del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa. Al mismo tiempo que el 300 aniversario del nacimiento de Junípero Serra, fundador de las primeras misiones católicas de California.

Las exposiciones se dedican a la exploración y los viajes, el Océano Pacífico, las instituciones Españolas en USA, el patrimonio intangible…pero la que más me ha gustado es la que habla de la ayuda española durante la Guerra de la Independencia norteamericana.


En ella se afirma rotundamente que el propio Washington llegó a reconocer que sin la ayuda de España no habrían podido ganar la guerra. Y es que, dada sus posiciones en el Mississippi, Luisiana y Florida, España jugó un papel decisivo. No sólo mediante el envío de armas, munición, mantas, ropa e ingentes cantidades de dinero a los colonos norteamericanos, sino también permitiendo que sus barcos se abastecieran gratuitamente en los puertos españoles del Mississippi.

E incluso con acción militar directa bajo el mando de Bernardo de Gálvez, que llegó a tomar a los británicos Fort Bute, Baton Rouge y Pensacola. Por eso hay una estatua suya en Nueva Orléans y otra en la propia capital Washington.

Los textos han sido redactados por el Ministerio de Asuntos Exteriores español.

Fuente(s): labrujulaverde.com | google.com/culturalinstitute
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Sitio de Cartagena de Indias 1741
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El sitio o batalla de Cartagena de Indias, del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, fue el episodio decisivo que marcó el desenlace de la guerra del Asiento (1739–1748), uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña ocurridos durante el siglo XVIII. La victoria de las fuerzas españolas, al mando del teniente general de la Armada Blas de Lezo, prolongó la supremacía militar española en el continente americano hasta el siglo XIX.

La gran flota británica fue avistada el 13 de marzo de 1741, lo que puso en vilo a la ciudad. Antes de disponerse a desembarcar, Vernon silencia las baterías de las fortalezas de Chamba, San Felipe y Santiago. Luego se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días. Bocachica estaba defendida por Carlos Desnaux con 500 hombres que, finalmente, tuvieron que replegarse ante la superioridad ofensiva. Tras esta fortaleza solo quedaba la Fortaleza de Bocagrande como entrada a la bahía. En la primera se destruyeron cuatro barcos para impedir la navegación del estrecho canal y, en la segunda, dos barcos, en contra de la opinión de Blas de Lezo de que no serviría para mucho tras lo visto en Bocachica, para impedir igualmente el acceso a la bahía. El bloqueo del canal de Bocagrande no sirvió para mucho, como había pensado el almirante De Lezo.

Tras esto, Vernon entró triunfante en la bahía y a su vez, todos los defensores en la fortaleza de San Felipe de Barajas tras haber abandonado la fortaleza de Bocagrande. Vernon, creyendo que la victoria era cuestión de tiempo, despachó un correo a Inglaterra dando la noticia de la victoria.
españoles se atrincheraron

Seguidamente, ordenó un incesante cañoneo del castillo de San Felipe por mar y tierra para ablandar a las fuerzas guarnecidas en la fortaleza. En ella solo quedaban 600 hombres bajo el mando de De Lezo y Desnaux. Vernon decide rodear la fortaleza y atacar por su retaguardia. Para ello se adentraron en la selva, lo que supuso una odisea para los británicos que contrajeron la malaria y perdieron a cientos de sus hombres. Sin embargo, llegaron a las puertas de la fortaleza y Vernon ordenó atacar con infantería. La entrada a la fortaleza era una estrecha rampa que De Lezo rápidamente mandó taponar con trescientos hombres armados con tan solo armas blancas, y lograron contener el ataque y causar 1500 bajas a los asaltantes.

La moral de los atacantes bajó considerablemente tras esto y por las epidemias que causaban continuas bajas. Vernon se puso muy nervioso en aquel momento ya que la resistencia a ultranza de los españoles superó con creces sus expectativas y ya había enviado la noticia de la victoria a Gran Bretaña. Vernon discutió acaloradamente con sus generales el plan a seguir. Finalmente decidieron construir escalas y sorprender a los defensores en la noche del 19 de abril.

Los asaltantes, al mando del general Thomas Wentworth, se organizaron en tres columnas de granaderos y varias compañías de casacas rojas. En vanguardia iban los esclavos jamaicanos armados con un simple machete. El avance era lento debido al gran peso de artillería que transportaban y al continuo fuego que salía de las trincheras y desde lo alto de la fortaleza, además de que estaban expuestos en una gran explanada; no obstante, lograron alcanzar las murallas. Pero Blas de Lezo, previendo este ataque, había ordenado cavar un foso en torno a la muralla, con lo que las escalas se quedaron cortas para superar el foso y la muralla, quedando los atacantes desprotegidos y sin saber qué hacer. Los españoles continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas invasoras.


A la mañana siguiente, el 20 de abril, pudieron verse innumerables cadáveres, heridos y mutilados en los alrededores de la fortaleza, poniéndose de manifiesto la gravísima derrota británica. Los españoles aprovecharon para cargar a bayoneta provocando la huida de los británicos. Los españoles lograrían matar a cientos de ellos y hacerse con los pertrechos que abandonaron los sitiadores tras la huida.

Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos. Ordenó durante treinta días más un continuo cañoneo, ya que todavía no aceptaban la derrota. Sin embargo, las enfermedades y la escasez de provisiones empezaban a hacer mella en lo que quedaba de tropa. Finalmente, el Alto Mando británico ordena la retirada, de forma lenta y sin cesar de cañonear. Las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación.

Los británicos tuvieron entre 8000 y 10 000 muertos y unos 7500 heridos, muchos de los cuales murieron en el trayecto a Jamaica. En Cartagena había sucumbido la flor y nata de la oficialidad imperial británica. Además perdieron 1500 cañones e innumerables morteros, tiendas y todo tipo de pertrechos. Diecisiete buques de guerra resultaron seriamente dañados,12 aunque no se perdió ninguno.Esto suponía un serio revés para la flota de guerra británica, que quedó prácticamente desmantelada y tardó mucho en reponerse.

Mientras tanto, en Gran Bretaña se estuvo celebrando la «victoria» sin conocerse aún el desastroso final. Se acuñaron hasta once tipos diferentes de medallas y monedas conmemorativas ensalzando la toma de Cartagena por parte de las fuerzas angloamericanas. Una de ellas mostraba a Lezo arrodillado ante Vernon, entregándole su espada y con la inscripción «El orgullo de España humillado por Vernon». Estas llegaron a circular por España para la burla de los españoles. En 1742, Vernon, enterado de la muerte de Lezo, rondó de nuevo Cartagena, pero no se atrevió a atacar.

Medalla conmemorativa inglesa de la "toma" de Cartagena por Vernon. En ella aparece el almirante británico sosteniendo un bastón de mando mientras señala a la ciudad. La leyenda dice «Admiral Vernon vhiwing the town of Carthagana», es decir «El almirante Vernon tomando la villa de Cartagena».

Los británicos empezaron a preguntarse cuándo volverían los navíos y hombres que faltaban, y se descubrió la verdad, por lo que el rey Jorge II, avergonzado, prohibió a sus cronistas que hicieran mención alguna de tal suceso. Vernon murió en 1757.

Medalla conmemorativa inglesa, que representa a Blas de Lezo con ambas piernas, arrodillado ante Vernon y entregándole su espada. La leyenda dice: "The pride of Spain humbled by Ad. Vernon", es decir, "El orgullo de España humillado por el almirante Vernon".
En conjunto, la guerra reportó escasos éxitos y muchos problemas a Gran Bretaña, ya que al fracaso de Cartagena de Indias se sumaron varias derrotas cuando los británicos trataron de tomar San Agustín (Florida), La Guaira y Puerto Cabello (Venezuela) y Guantánamo y La Habana (Cuba). No obstante, el contraataque español en la batalla de Bloody Marsh, en Georgia, pudo ser repelido y por ello los combates finalizaron sin cambios fronterizos en América. Por su parte España consiguió mantener sus territorios, y prolongar su supremacía militar en América durante algunas décadas más.

Como resultado de esta batalla España fortaleció el control de su Imperio en América durante 70 años más aproximadamente y con él la prolongación de la rivalidad marítima entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX. Para el Reino Unido, las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves. Gracias a esta victoria sobre los británicos, España pudo mantener unos territorios y una red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para jugar un papel determinante en la independencia de las colonias británicas de Norteamérica, durante la llamada guerra de independencia estadounidense, en 1776. La Guerra del Asiento se fundiría más tarde en la Guerra de Sucesión Austríaca, por lo que Gran Bretaña y España no firmaron la paz hasta el Tratado de Aquisgrán, en 1748.

España renovó tanto el derecho de asiento como el navío de permiso con los británicos, cuyo servicio se había interrumpido durante la guerra. Sin embargo, esta restitución duraría apenas dos años, ya que por el Tratado de Madrid (1750), Gran Bretaña renunció a ambos a cambio de una indemnización de 100.000 libras. Estas concesiones, que en 1713 parecían tan ventajosas (y constituyeron unas de las cláusulas del Tratado de Utrecht), se habían tornado prescindibles en 1748. Además, entonces ya parecía claro que la paz con España no duraría demasiado (se rompió de nuevo en 1761, al sumarse los españoles a la Guerra de los Siete Años en apoyo de los franceses), así que su pérdida no resultaba para nada catastrófica.

Sátira británica de 1740, en la que se puede leer la leyenda «Los españoles construyen castillos en el aire, los británicos le otorgan su importancia al comercio».
Una curiosa consecuencia de esta campaña fue la que se derivó del oficial británico, Lawrence Washington, quien había participado en el sitio. Dio a su hacienda en Virginia (hoy Estados Unidos), el nombre de Mount Vernon, en honor a su almirante. Esa hacienda quedó posteriormente en manos del medio hermano de Lawrence, George Washington, líder revolucionario norteamericano y primer presidente de los Estados Unidos de América, por lo que Mount Vernon es hoy un emplazamiento histórico.

Fuente(s): ws.org
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