
Tras la unificación dinástica de los reinos de Castilla y Aragón, en 1469, y la conquista de los territorios musulmanes en la península, concretada con la toma de Granada en 1492, Los Reyes Católicos debieron hacer frente a un nuevo reto: la apertura de nuevas rutas comerciales a Oriente.
Por entonces, el comercio con las tierras orientales estaba monopolizado por los turcos otomanos, que bloqueaban las rutas marítimas, mientras que el comercio terrestre se encontraba en manos de Génova y Venecia.

En esta labor, destacaron navegantes como Vasco da Gama o Magallanes, los cuales encontraron nuevas rutas marítimas para el comercio con la India y Cipango (Japón), y establecieron importantes colonias en diversos puntos de la costa africana, que otorgaron a Portugal un gran poder comercial durante un largo período.


Para solucionar la disputa, Isabel y Fernando acudieron al papa Alejandro VI, para que mediase. Mediante cuatro bulas, el pontífice repartió los territorios descubiertos entre Castilla-Aragón y Portugal. Se fijó el meridiano divisorio a 100 leguas al oeste de Cabo Verde, siendo la zona occidental castellana y la oriental portuguesa. Este acuerdo se concretó con la firma del
De esta manera, quedaron marcadas las zonas de influencia de los que fueron dos de los más grandes imperios coloniales de la época. Esta división tendría profundas repercusiones en los movimientos emancipatorios latinoamericanos y en el surgimiento de las nuevas naciones, trescientos años después.
Fuente(s): http://claseshistoria.com/america/colonial-surgimiento.html
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